Reimaginar la universidad desde la educación

Reimaginar la universidad desde la educación

Pablo Santana

XII El presente texto forma parte del artículo «Hablemos de las universidades» en el que se nos ofrece un recorrido por los principales desafíos a los que se enfrenta la institución universitaria planteados desde una perspectiva global. El texto nos invita reflexionar sobre la singularidad y relevancia de las universidades, destacando la importancia de su integración en las sociedades que las acogen.

ALFONSO GONZÁLEZ HERMOSO DE MENDOZA


Revisando el papel del estudiantado, rehaciendo la universidad

La desertización de las aulas

Cuando leemos que los campus se están quedando vacíos, lo que nos está contando es que el estudiantado no ve suficientemente reflejado en su experiencia universitaria la realidad en la que viven. Pocas cuestiones pueden ser más determinantes para el futuro de las universidades que el desapego de su estudiantado. Tanto da a estos efectos si están ausentes porque creen que estar presente es una pérdida de tiempo, como si es porque las condiciones de la presencialidad son incompatibles con su trabajo o condiciones de vida.

El aula, como sinécdoque del campus, es un lugar casi mágico e irreemplazable para el aprendizaje universitario: «donde el pensamiento se hace visible, donde las ideas se construyen con otros y no solo se reciben de otro, donde equivocarse tiene testigos y los testigos aprenden del error tanto como quien lo cometió, donde un experto muestra no solo lo que sabe sino cómo lo sabe y cómo sigue aprendiendo. Donde la presencia tiene una razón de ser que no puede ser replicada por ninguna herramienta”, señala Ángel García Crespo

La universidad es un lugar singular para un aprendizaje también diferencial, que si no es exclusivo, al menos lo es excluyente de otras formas de relacionarse con la adquisición de conocimiento, pues, se soporta, y aporta, en una comprensión profunda, una concentración sostenida, en la práctica —y no solo la escucha—, en la competencia para formular problemas y comprender qué hay detrás del resultado, o en la asunción de la responsabilidad personal.

Fuera de paternalismos el reconocimiento de la condición de adulto responsable para el estudiantado es esencial para facilitar su implicación en el aprendizaje, de la misma manera que para integrar éste en su vida y en la búsqueda de un impacto en su entorno, así como para la asimilación en su actuación de la ética académica. Para un aprendizaje que merezca ser considerado universitario.

De la misma manera, no podemos olvidar que, sin la incorporación del conocimiento y la experiencia del estudiantado a la vida universitaria, hablar de transformación, de diversidady de cuidados no dejará de ser un señuelo o, en el mejor de los casos, una entelequia. 

Es importante destacar que la peculiaridad de la institución universitaria hace que ser estudiante también lleve consigo no sólo responsabilidades personales o académicas, sino también políticas. La actividad del estudiantado, a la vez que está sujeta a las restricciones propias de su aceptada condición de discente, y, por lo tanto, al principio de autoridad propio de la enseñanza, también está impregnada por la libertad académica y el ejercicio de la libertad intelectual.

Solo un poco más del 40% de las universidades europeas consideran estable y bastante buena la participación del estudiantado, según la encuesta de la EUA. Una universidad para los estudiantes, pero sin los estudiantes, no parece hoy una opción viable. Las universidades del siglo XXI sólo podrán construirse entre todos.

La reivindicación de la docencia

Si el vínculo con el estudiantado es una de las claves del futuro de la universidad, lo es en gran medida por la recuperació del valor de la docencia. Tenemos que recordar la multitud de iniciativas promovidas por entidades internacionales y centros de estudios universitarios que cuestionan la preeminencia que actualmente tiene de la actividad investigadora en la vida universitaria. Propuestas que reclaman el reconocimiento de la actividad docente como elemento definitorio y diferenciador de las universidades. 

Baste como ejemplo citar el informe, “Ideas for designing an Affordable New Educational Institution” del Laboratorio de Educación Mundial Jameel del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT.) En este documento, que me permito calificar como imprescindible, de la prestigiosa universidad investigadora norteamericana se propone abiertamente reivindicar una carrera profesional universitaria construida desde la docencia, asignando a esta tarea el 80% de la dedicación del profesorado. Revisitar la universidad desde la relación con el estudiantado.

Acercar los profesores a la condición de maestros, primar una relación directa y personal con el estudiantado, así como estimular el aprendizaje autónomoo, exigirá cambios radicales en los criterios de selección y de ponderación de su actividad, cambios que transformarán la vida académica. Un profesorado que percibe con resignación la relación con el estudiantado como una carga, a los estudiantes como personas desinteresadas en aprender, que si asistena clase no participan, y si lo hacen es para mostrar su incapacidad para leer y comprender, como sujetos sin ética que integran las trampas en su relación académica sin sentir culpa, en definitiva como seres ajenos, difícilmente comprensibles, separados por los cambios generacionales, a los que solo les une la vaga pretensión de obtener una benévola decisión de un aprobado, este profesor, no merece la dignidad de ser llamado universitario.

Por otro lado, un estudiantado al que no transforma la universidad como persona, desconfiado o apático hacia la autoridad,sin interés en particpar en las cereminias del aprendizaje, para el que la universidad ha pasado a ser la siguiente parada en una cadena de producción, personas que no se sienten importantes para la organización, ni atendidos, que no encuentran modelos de vida en su profesorado, es un estudiantado que anuncia un declive irreversible del proyrcto universitario actual.. El primer paso en cualquier propósito de transformación de las universidades pasa por sanar la relación entre maestros y discípulos.

Los profesores son universitarios porque exigen cuando saben que una persona puede dar más, creen en alguien antes de que esa persona tenga razones para creer en sí misma, porque son capaces de generar la incomodidad útil de no saber todavía, son los que están presentes para hacer que la pregunta sea posible. Capaces de hacer visible cómo se piensa y hacer posible aprender que la incertidumbre es una condición permanente del pensamiento, de hacernos saber que no sabemos, llevarnos a pensar sobre el propio pensamiento, a sentir lo que siente otro, a tolerar no saber qué hacer y seguir adelante 

No podemos olvidar, en este apartado, la paradoja universitaria de un profesorado que asume su tarea docente sin haber aprendido a enseñar ni haber reflexionado sobre cómo se aprende enseñando. Circunstancia que tiene como consecuencia una práctica docente basada en la reproducción de modelos tradicionales, muchas veces centrados en la transmisión unidireccional del conocimiento. Lo que afecta negativamente tanto el aprendizaje profundo y significativo de los estudiantes comoel crecimiento profesional de los propios docentes, quienes no siempre revisan ni transforman su forma de enseñar.

Urge reconstruir la confianza entre profesores y estudiantes. La sombra de que unos solo persiguen adquirir un título obtener un título y de que el profesorado se preocupa más por su propia investigación y del éxito personal que por sus estudiantes, corroe la Universidad.

Reivindicar el pensamiento

Escribir es una tecnología para pensar —posiblemente la mejor que tenemos— y la universidad es el espacio natural donde se adquiere y se perfecciona. Por eso, renunciar a la escritura en los campus, con la excusa de que así lo exige el mercado laboral, equivale a que la propia universidad tire la toalla.

La inteligencia artificial forma parte de cómo los estudiantes producen sus textos. Según encuestas recientes en EEUU, entre dos tercios y el 90% de los estudiantes de secundaria y universidad usan la IA para sus tareas, y con frecuencia le piden ayuda directamente para escribir sus ensayos y trabajos. El problema es que ninguna fase del proceso de escritura puede delegarse en la IA sin pagar un precio. El crecimiento intelectual ocurre en cada etapa, desde ir recogiendo las ideas hasta la redacción final del documento. Si escribir es pensar, entonces externalizar cualquier parte de ese proceso a la tecnología significa renunciar a una parte de la libertad de percepción.

Por eso los estudiantes deben seguir esforzándose por construir sus propias oraciones, sus propios párrafos y, finalmente, sus propios ensayos sobre su vida y sobre lo que leen, ya sea ficción o no ficción. Este ejercicio, desde luego, enseña gramática y vocabulario. Pero sobre todo permite a los estudiantes hacer suyo el conocimiento que están adquiriendo.Las investigaciones demuestran que la redacción tradicional, sin ayuda, es valiosa, no a pesar de su dificultad, sino precisamente por ella.

La libertad sólo se aprende ejerciendo la libertad

La recuperación de esta relación entre profesores y estudiantes conduce necesariamente a otra cuestión central: la libertad. La libertad de expresión no es un privilegio docente, sino un derecho de toda la comunidad universitaria en el ámbito de la libertad académica. Sin libertad de expresión para el estudiantado la universidad linda con el adoctrinamiento. Sin embargo, las condiciones en las que el estudiantado ejerce este derecho no siempre garantizan su virtualidad. La desvinculación de los estudiantes universitarios con la libertad de expresión está creciendo a un ritmo alarmante.

Ya en el año 2022 una encuesta de la Fundación para los Derechos Individuales y la Expresión, (FIRE) en EE. UU., reveló que el 63 % de los estudiantes se sentían demasiado intimidados para compartir sus ideas, opiniones o creencias en clase porque eran diferentes a las de sus compañeros. Alrededor del 84 % de los encuestados coincidió en que los estudiantes necesitan una mejor educación sobre el valor de la libertad de expresión y la diversidad de opiniones en el campus. La mayoría de los estudiantes universitarios se sienten intimidados al compartir su opinión y es poco probable que manifiesten su desacuerdo con el profesor.

El creciente uso de la violencia y otras tácticas disruptivas para silenciar a los oradores en los campus universitarios se ha convertido en una forma de censura en la que se cancela el evento de un orador debido a la hostilidad real o potencial de sus oponentes ideológicos, se denomina “ Veto del provocador ”.

Para proteger la libertad de expresión y garantizar la seguridad de sus comunidades educativas, las universidades deben aclarar que el uso de la fuerza para silenciar la expresión no es un ejercicio de libertad de expresión:es censura.

La misma fundación nos recuerda que en los últimos dos años la espiral de sanciones vinculadas a la libertad de expresión de los estudiantes universitarios en EE. UU. no ha parado de crecer. Con la peculiaridad de que los destinatarios de las sanciones han cambiado radicalmente, pasando de ser estudiantes con posiciones conservadoras, por opiniones vinculadas a la raza o al género, a estudiantes liberales, por las protestas ante la guerra de Gaza o la defensa de la diversidad.

Baste citar  la célebre sentencia Sweezy v. New Hampshire, en la que se fijo el principio constitucional de que «La erudición no puede florecer en una atmósfera de sospecha y desconfianza…los profesores y los estudiantes deben permanecer siempre libres de indagar, estudiar y evaluar, para adquirir nueva madurez y comprensión; de lo contrario, nuestra civilización se estancará y morirá».

Frente a un sistema universitario estructurado sobre la elección de una carrera no falta quien plantea que la universidad sea hackeada por el estudiantado. Esto es, que los estudiantes identifiquen y sigan sus intereses personales y pasiones, aunque no encajen perfectamente en una titulación oficial, y busquen maneras de conectar esas motivaciones con su formación académica y su futuro profesional. Recoger la idea de los “desire paths” (caminos del deseo de nuestros parques): rutas alternativas que las personas crean espontáneamente en un campus porque son más directas o útiles que los caminos oficiales. Así, los estudiantes pueden trazar sus propios recorridos a través de la universidad, mostrando a la institución nuevas posibilidades y necesidades.

Las elecciones de los estudiantes conducen a la polarización

Las decisiones cotidianas de los estudiantes desempeñan un papel fundamental en la creciente polarización dentro de las instituciones de educación superior. Más allá de los debates políticos formales o el contenido del plan de estudios, los alumnos moldean su entorno social al seleccionar minuciosamente a sus compañeros de vivienda, clubes de pertenencia y círculos de amistad. Esta tendencia a interactuar preferentemente con personas de pensamiento afín genera burbujas ideológicas y cámaras de eco que evitan la exposición a perspectivas diversas. Como consecuencia de este aislamiento voluntario, se refuerza el sesgo de confirmación, las opiniones individuales se radicalizan paulatinamente y la visión del opuesto se construye a partir de prejuicios y desconfianza, dificultando severamente el diálogo constructivo en el campus.

Frente a esta dinámica divisiva impulsada por el propio alumnado, la postura pasiva o neutral de las universidades resulta insuficiente y contraproducente para resolver el problema. Aunque las instituciones suelen destacar la diversidad de su comunidad, la falta de una intervención proactiva permite que esa heterogeneidad se fragmente en grupos aislados e incomunicados. Por ello, la educación superior debe asumir un rol activo mediante el diseño de espacios de encuentro estratégicos, guiados u obligatorios, tanto en la asignación de residencias como en actividades académicas y comunitarias. Al estructurar estas interacciones, las universidades obligan a los estudiantes a salir de su confort ideológico, promoviendo el hábito de convivir y debatir de manera respetuosa dentro del pluralismo.

La universidad no es neutra

La universidad influye en la ideología de los estudiantes porque transforma sus formas de mirar y comprender el mundo; su responsabilidad no debería ser evitar esa influencia, sino garantizar que se produzca mediante el pluralismo, la libertad académica y el pensamiento crítico.

La universidad amplía los marcos desde los que los estudiantes interpretan el mundo, no transmite únicamente conocimientos profesionales: introduce a los estudiantes en nuevas ideas, formas de razonamiento y maneras de comprender la sociedad. Esa exposición puede modificar sus perspectivas políticas y sociales. Además, cada disciplina académica desarrolla formas diferentes de pensar. Las humanidades y las ciencias sociales tienden a impulsar una mayor reflexión sobre cuestiones sociales y políticas; otras disciplinas ponen más énfasis en dimensiones económicas, científicas o técnicas. La especialización, por tanto, no solo proporciona competencias profesionales, sino también marcos intelectuales para comprender la realidad.

La educación superior puede fortalecer la ciudadanía y la participación pública, así los estudiantes de humanidades y ciencias sociales aumentan su interés por la política y las cuestiones sociales y muestran una mayor disposición a participar en manifestaciones. La influencia universitaria, vista positivamente, puede entenderse así como formación para la participación cívica, no como imposición de una determinada ideología

El activismo estudiantil

La libertad y la participación del estudiantado encuentran una expresión particularmente intensa en el activismo estudiantil. El activismo político estudiantil ha sido históricamente un motor de cambio social y político. Estas movilizaciones también generan tensiones dentro de las instituciones académicas. Un claro ejemplo es el caso de los Estados Unidos, donde las universidades han sido escenario de intensas movilizaciones relacionadas con la guerra de Gaza. Las protestas han generado debates sobre la libertad de expresión, el antisemitismo y el apoyo a la causa palestina, lo que ha llevado a tensiones entre la comunidad académica y las autoridades universitarias, y y, fundamentalmente, a un enfrentamiento sin precedentes con el Gobierno de la Nación. En la práctica totalidad de las universidades occidentales y de países árabes se han reproducido estas manifestaciones, si bien las consecuencias para las instituciones universitarias han sido menos relevantes que en EE. UU..

Otros casos reseñables de estas tensiones universitarias se encuentran en lugares tan diversos como Perú, con la toma de la Universidad Mayor de San Marcos en octubre de 2023; Serbia, donde se produjo una ola de ocupaciones estudiantiles a nivel nacional en contra de la corrupción sistémica, el abuso de poder institucional y la violencia generalizada; Irán, a raíz de la muerte de Mahsa Amini; Turquía, donde las protestas estudiantiles han sido intensas debido al arresto del alcalde de Estambul, Ekrem İmamoğlu; o Argentina, en contra de la destrucción de los servicios públicos. La inestabilidad política y la polarización social inciden directamente en la experiencia universitaria del estudiantado, su politización y la percepción que la sociedad tiene de de las universidades.

No falta quien ha señalado críticamente la pasividad del estudiantado frente a las agresiones a las universidades de la Administración Trump, señalando que esta actitud suele estar marcada por el silencio, la apatía y, en algunos casos, la normalización de la violencia. Se menciona que existe una percepción generalizada de que las universidades no actúan ante estos problemas, lo que genera desmotivación y falta de denuncia entre los estudiantes. Esta inacción es descrita como una “conspiración de silencio” o “cultura de la simulación”, donde tanto autoridades como parte del estudiantado optan por no enfrentar el problema para proteger la reputación institucional.

Artículo completo «Hablemos de las universiades»


Alfonso González Hermoso de Mendoza

Presidente de la Asociación Espacios de Educación Superior

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