La emergencia de nuevos operadores de aprendizaje. Hablemos de las universidades

Pablo Santana

El presente texto forma parte del artículo «Hablemos de las universidades» en el que se nos ofrece un recorrido por los principales desafíos a los que se enfrenta la institución universitaria planteados desde una perspectiva global. El texto nos invita reflexionar sobre la singularidad y relevancia de las universidades, destacando la importancia de su integración en las sociedades que las acogen.

ALFONSO GONZÁLEZ HERMOSO DE MENDOZA


La plataformización de la educación superior 

En una reciente entrevista, el CEO de Coursera Jeff Maggioncalda nos recordaba que su empresa tiene en España 2.400.000 estudiantes, un 35% más que todo el sistema universitario español a 2024. “Aprender sin límites” parece ser más que un lema comercial. Otro de los gigantes de los MOOCs, Edx, en este caso bajo el eslogan, “Tú marcas el objetivo, nosotros marcamos el camino”, ofrece 3.500 cursos en línea, tantos como másteres oficiales en España, avalados por más de 250 universidades, empresas o entidades de la relevancia de IBM, Amazon, o el Banco Interamericano de Desarrollo. De igual manera que bajo la promesa de, “Hacemos que lo digital sea una oportunidad para todos en todas partes”, 42 The Network está presente en 36 países, con más de 50 campus. 

El aprendizaje autónomo ya es una realidad cotidiana posible en cualquier lugar y en cualquier momento. La plataformización y automatización del aprendizaje atrae la atención especialmente de los aprendices con pretensiones de capacitación laboral, y lo hace ofreciendo certificados o titulaciones no universitarias que compiten de manera ventajosa con los títulos oficiales de las universidades. 

En este entorno imparable de digitalización no basta para defender el valor diferencial de las universidades con declaraciones formales o enérgicas reivindicaciones ideológicas. En último término, la salvaguardia de las universidades corresponde a cada profesor que ha de hacer sentir a cada estudiante la experiencia transformadora de su paso por las universidades. 

La plataformización y automatización del aprendizaje atrae la atención especialmente de los aprendices con pretensiones de capacitación laboral

La expansión de las Universidades virtuales

Entre medias de las “universidades no formales” y las universidades presenciales nos encontramos con el reconocimiento como universidades de centros de educación superior puramente virtuales. De hecho, la irrupción de las universidades virtuales ha reconfigurado todos los sistemas universitarios. Entre los años 2000 y 2020 sus estudiantes crecieron en el mundo un 900%

Si la orientación de las universidades al mercado está cambiando el software del sistema, las universidades online lo están haciendo con el hardware. La regulación, siempre un paso atrás, espera a consolidar las disrupciones aceptadas como irreversibles. 

Las claves de su expansión se puede resumir en una oferta de títulos oficiales directamente vinculados a la capacitación profesional a precios asequibles, unas políticas comerciales innovadoras dirigidas a segmentos del estudiantado que difícilmente pueden compatibilizar su aprendizaje con las exigencias de las universidades tradicionales, y por encima de cualquier otro apartado en su capacidad para romper las fronteras nacionales, incluso las idiomáticas, para la obtención de los títulos. Hoy en día, lo que sucede en un sistema universitario incide de manera directa en las universidades de cualquier otro lugar en el mundo.

la irrupción de las universidades virtuales ha reconfigurado todos los sistemas universitarios. Entre los años 2000 y 2020 sus estudiantes crecieron en el mundo un 900%

Esta explosión de demanda educativa nos invita a pensar sobre la sensibilidad que han demostrado hasta el momento las universidades tradicionales, tanto para la incorporación de nuevos públicos, como en el uso de las tecnologías del aprendizaje. 

Otras opciones de aprendizaje

Tampoco podemos olvidar en este capítulo el potencial de las universidades promovidas por grandes empresas. Instituciones que unas veces toman la forma de universidades coorporativas no formales o formales con títulos oficiales, u otras de “spin offs” específicos para el mercado educativo, o bien directamente de universidades propias dentro de sus entramados corporativos, o en alianza con universidades existentes.  

El futuro de las universidades de empresas corre de la mano del de las empresas universitarias. Figuras como el aprendizaje dual o los itinerarios conjuntos de formación profesional superior y universidad parecen marcar un futuro alentador para estas iniciativas. Su complementariedad con las universidades tradicionales dependerá del desarrollo de una regulación adecuada y, en último término, de quien perciba el estudiantado que aporta más valor a su aprendizaje.

Por otra parte, más allá de la reputación de los sistemas nacionales, en un mercado global de la educación superior no podemos olvidar la dificultad de garantizar que detrás de la expresión “Universidad” haya un servicio público universitario de calidad. Conviene recordar como bajo la denominación “Universidad” operan tanto las conocidas como“ Micky Mouse, patito, garaje o de cartón”, como un sinfín de instituciones de aprendizaje no formal de difícil valoración. 

Las fábricas de títulos universitarios se han convertido en próspero negocio global de 7.000 millones de dólares al año, que ha producido decenas de millones de títulos falsos

En el límite contiguo a los títulos de ínfima calidad o a la publicidad engañosa, el mercado ha creado su propio mercado negro de titulaciones universitarias. Las fábricas de títulos universitarios se han convertido en próspero negocio global que poco tiene que envidiar en su extensión y sofisticación al de otras industrias de la falsificación del crimen organizado.

Un negocio de 7.000 millones de dólares al año, que ha producido decenas de millones de títulos falsos, con un impacto, no sólo en la instituciones universitarias atacadas y en las personas de buena fe que puedan ser engañadas, sino directamente en la sociedad, incalculable.

Esta situación ha sido denunciada por Consejo de Europa a través del Comité Directivo de Educación (CDEDU), pidiendo a los estados que establezcan medidas de manera urgente y ha llevado a la creación de un Observatorio dedicado a prevenir y combatir el fraude educativo.

Su complementariedad con las universidades tradicionales dependerá del desarrollo de una regulación adecuada y de quien perciba el estudiantado que aporta más valor a su aprendizaje

El auge de la Formación Profesional postsecundaria

Naciones Unidas da una cifra de 24.000 organizaciones en el mundo que con la denominación de Universidad desarrollan las más diversas actividades. La marca Universidad desvinculada de la institución concreta y del sistema universitario de origen, cada vez aporta menos referencias en cuanto a la relevancia del aprendizaje ofertado.  

Junto a estos actores hay que añadir el creciente atractivo de las instituciones de formación profesional o vocacional postsecundaria, dotadas de una oferta de titulaciones cada vez menos diferenciable de la universitaria, que sin embargo ofrecen estudios más cortos en el tiempo, menos costosos, más sencillos de compatibilizar con actividades retribuidas, más experienciales y con una vinculación al empleo más directa. 

Un modelo educativo del que aprender que no para de crecer y de atraer a colectivos a la educación, como jóvenes varones que antes proyectaban sus ilusiones en las universidades, o aquellos que no tienen la esperanza de poder asistir a los campus universitarios. 

Revisar la inserción entre la formación profesional y la universitaria es una necesidad global que empieza a ser urgente. No falta quien señala que, en lugar de ir de la educación secundaria a la universidad y luego al trabajo, deberíamos reordenar la progresión, de la educación secundaria al trabajo y luego a la universidad. Todo un desafío  de organización e inversiones para los gobiernos y los empleadores que quieran asomarse a este camino.

Un modelo educativo del que aprender que no para de crecer y de atraer a colectivos a la educación, como jóvenes varones que antes proyectaban sus ilusiones en las universidades, o aquellos que no tienen la esperanza de poder asistir a los campus universitarios. 

El valor diferencial de la educación presencial

La emergencia del aprendizaje digital, sin perjuicio de que en una sociedad híbrida como en la que vivimos difícilmente cabe imaginar hablar de educación sin que ésta también lo sea, nos hace plantearnos ¿hasta qué punto la presencialidad es insustituible en una educación que merezca llamarse universitaria?. 

Determinadas competencias, curriculares y extracurriculares, propias de conocimientos no formalizados, como el aprendizaje colectivo o interrelacional, así como el aprendizaje tácito y experiencial vinculado al  “currículum oculto”, o la creación de capital relacional desde la convivencia y la confianza, se antojan difíciles de conseguir sin el contacto personal, la proximidad física, el contaminación acumulativa de una relación humana y directa con los profesores y compañeros. 

Esta reflexión es tanto más importante en cuanto son estos conocimientos no formalizados de los que devienen los atributos diferenciadores de una educación de calidad, pues, son ellos y no otros, los que configuran en mayor medida el desarrollo personal, el “salvavidas contra el vacío”. Aprendemos entre personas, y cuanto más opciones tenemos de ver, escuchar y sentir, cuánto más cercana y rica es la relación, más posibilidades tenemos de aprender. El qué aprendemos y el por qué aprendemos son indisociables del cómo aprendemos. 

Es en la responsabilidad de generar valor diferencial desde la presencialidad para el estudiantado desde donde los docentes construyen la mayor parte de la singularidad de la experiencia universitaria

Como señala Jeff Maggioncalda en la entrevista antes citada, el core de las universidades del futuro se construye “desde la experiencia de estar juntos”. Es en la responsabilidad de generar valor diferencial desde la presencialidad para el estudiantado desde donde los docentes construyen la mayor parte de la singularidad de la experiencia universitaria.

En un mundo con entornos laborales desregulados, en el que el conocimiento se puede adquirir de manera autónoma, como nunca ha sido posible, y en el que la empleabilidad está condicionada por las competencias y la experiencia de cada persona, antes que por sus títulos, las universidades tienen ante sí el reto apasionante para reivindicar el valor de la educación desde la riqueza única que poseen de complejidad en el conocimiento y del entorno.

Artículo completo «Hablemos de las universidades»


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Alfonso González Hermoso de Mendoza

Presidente de la Asociación Espacios de Educación Superior

Espacios de Educación Superior está dirigido a poner en contacto a las personas e instituciones interesadas en la sociedad del aprendizaje en Iberoamérica y España.