Si nos fijamos en el perfil socioeconómico de los estudiantes universitarios y atendemos al nivel de estudios y las ocupaciones de sus progenitores los datos muestran que el perfil familiar de los estudiantes universitarios es más alto que el de la media española.
CARLOS MAGRO MAZO
En el curso 2019-2020, cerca de dos tercios de los universitarios, el 61,5%, tenían al menos un progenitor con estudios superiores y únicamente un 0,8% procedían de hogares con los dos padres con estudios primarios o sin estudios (Datos y Cifras del Sistema Universitario Español 2022-2023. p.42 y p.55). Para ese mismo año de 2019, con datos de Eurostat, el 39,1% de la población de 40 a 59 años (edad teórica para tener hijos cursando estudios en la universidad) tenía estudios superiores, esto es 22,3 puntos menos que el dato mencionado para los matriculados en el sistema universitario español (Fundación CYD. Capítulo 1. p.57). La evolución de este indicador en los últimos años es a un incremento en el porcentaje de estudiantes con progenitores con estudios superiores (en parte por un aumento de la población adulta con estudios superiores, pero no solo). Así, en el curso 2018-2019 era el 57,4% y el 1% respectivamente, en el curso 2017-2018 era 56% y 3,4%.
Si nos fijamos en el nivel de ocupación de los progenitores encontramos un patrón similar. Así, un 44% tenía al menos uno de los dos progenitores con una ocupación alta.
El alumnado universitario matriculado en las universidades privadas cuenta, como era esperable por la barrera económica, aún en mayor proporción con padres con estudios superiores y ocupaciones altas. Cerca de tres cuartas partes tienen uno o ambos progenitores con un nivel de estudios superior, frente a algo menos del 60% en las públicas. Y el 60%, uno o ambos con ocupaciones de alta cualificación frente al 43,1% para los de las públicas.
Lejos de corregir desigualdades, este tipo de pruebas tienden a acentuarlas, ya que el rendimiento suele estar fuertemente condicionado por el origen socioeconómico, limitando las oportunidades de quienes parten desde posiciones más desfavorecidas
Más interesante es la influencia del perfil tanto de ocupación como de estudios de los progenitores en la elección de los estudios.
Es un buen ejemplo del funcionamiento de los factores secundarios que hemos visto arriba. Los estudiantes con progenitores con nivel de estudios y/o nivel de ocupación medios y bajos tienen más probabilidad de orientarse a estudios de Educación, Artes y Humanidades, mientras que los estudiantes con familias con perfiles de estudios y ocupación altos se matriculan en los ámbitos de Ciencias, Ingeniería y Ciencias de la salud, en especial, Medicina (El perfil socioeconómico del estudiantado universitario en España. 2024 p.18). Esta tendencia a cursar grados del área de sociales y de humanidades por parte de los estudiantes de origen social bajo también se confirma en el estudio Via Uniersìtaria 2025 para la universidades catalanas.
En el curso 2019-2020, el 42,7% de los estudiantes de Ingeniería tenían ambos progenitores con estudios superiores y solo el 0,7% eran hijos de padres con estudios primarios o sin estudios igual que en Ciencias de la Salud, donde el 40,9% tenían ambos con estudios superiores (Datos y Cifras del Sistema Universitario Español 2022-2023. p.57). Por su parte en Ciencias sociales y jurídicas y en Artes y Humanidades el porcentaje de estudiantes con ambos progenitores con estudios superiores es del 32%, diez puntos porcentuales de diferencia con Ingeniería. En Medicina, en los campus públicos, el 53% tiene los dos progenitores con título universitario.

Parece que la Universidad, y especialmente algunas enseñanzas, no es para todos.
El resultado de 12 años de escolaridad es que solo el 4,9% tienen como máximo un progenitor con estudios medios (Fundación CYD. Capítulo 1. p.57). En el camino, ese 4,9% ha superado multitud de filtros. Primero para no engrosar las estadísticas de no titulación de la ESO o del Abandono Educativo Temprano; luego para elegir bien la modalidad de Bachillerato y obtener notas excelentes en el Bachillerato y en la PAU. Todo apunta hacia una transferencia de facto de recursos públicos hacia las clases más favorecidas en detrimento de los más necesitados.
La Prueba de Acceso a la Universidad (PAU) es la primera —y casi única— prueba de alto impacto (high stakes) en el sistema educativo español.
Los efectos de este tipo de evaluaciones están ampliamente documentados. Suelen generar, como ocurre en el caso de la PAU, un aumento del estrés y la ansiedad, con consecuencias negativas para el bienestar emocional y el rendimiento académico. También conlleva una reducción del currículo real: muchos docentes orientan la enseñanza hacia el examen, dejando de lado contenidos no evaluables. Lejos de corregir desigualdades, este tipo de pruebas tienden a acentuarlas, ya que el rendimiento suele estar fuertemente condicionado por el origen socioeconómico, limitando las oportunidades de quienes parten desde posiciones más desfavorecidas.
Aunque la mayoría del alumnado supera la prueba, no alcanzar la nota deseada genera frustración, desmotivación e incluso abandono educativo. Además, sus efectos sobre el autoconcepto y la identidad académica son significativos: refuerzan etiquetas tempranas de éxito o fracaso que los estudiantes han interiorizado a lo largo de su trayectoria escolar, condicionando su percepción de sí mismos y sus decisiones futuras.
Cualquier propuesta de modificación debería tener en cuenta la estructura y las dinámicas del sistema educativo antes de llegar a la PAU, pero también lo que hay y lo que ocurre una vez superada
La mayoría de los aspectos de este texto son bien conocidos y, sin embargo, la prueba de acceso a la universidad funciona en España, con algunas modificaciones, desde 1973. Hay consenso, como hemos visto al preguntar a los profesionales, sobre los problemas que genera. También existe un cierto consenso sobre la necesidad de transformar el sistema de acceso a la universidad. Pero, a partir de ahí, aparecen las dificultades. No es fácil —dicen algunos— modificar algo en pleno vuelo. Cualquier cambio afecta, como hemos señalado, a cerca de 300.000 estudiantes cada año. Para otros, es un mal menor que debemos aceptar.
También, como hemos visto, la PAU, siendo importante y determinante, no deja de ser un elemento más dentro de un sistema que no está funcionando como debería en términos de equidad y justicia educativa. Cualquier propuesta de modificación debería tener en cuenta la estructura y las dinámicas del sistema educativo antes de llegar a la PAU, pero también lo que hay y lo que ocurre una vez superada.
Ya sé que no está de moda demandar más recursos, pero en este caso todo parece apuntar a la necesidad de aumentar la inversión y la financiación, tanto en las enseñanzas obligatorias como en la secundaria postobligatoria y, por supuesto, en una reforma profunda y una inversión de calado en el sistema universitario público.
Continuación del artículo. Dada la extensión del artículo lo hemos presentado en tres entredas diferenciadas que facilien su lectura.

CARLOS MAGRO MAZO
Presidente Asociación educación abierta
Co.labora.red
Otros artículos relacionados con la encuesta a los profesionales de la educación.
Agradecer su participación a los profesionales encuestados. Puedes leer sus intervenciones integras en:
- Albano de Alonso Paz. Director del IES San Benito. Tenerife
- Elena Cid. Directora general de CICAE
- Florencio Luengo. Coordinador general del proyecto Atlántida. Madrid.
- Rebeca Martínez Sánchez y Mª José Wauquier Costa Profesoras del IES Abastos Valencia
- Maripé Menéndez. Head of Development and Recognition for Iberoamérica. Bachillerato Internacional
- Marta Montero Baéna. Dirección de Centros Educativos. Formadora y coach educativa. Madrid
- Carmen Sanz Chacón. Psicóloga Directora de El Mundo del Superdotado
- Toni Solano Catedrático de Lengua y Literatura Director del IES Bovalar. Castello
- Horacio Silvestre Landrobe, Catedrático de Latín (Bachillerato) y Doctor en Filosofía y Letras Director IES San Mateo. Madrid
- Pilar Vivo Murciano. Orientadora General Manager en Grupo IVEP. Valencia






