«Hacer educativa la IA implica confrontar sus lógicas instrumentales con las características propias de los procesos pedagógicos: el afecto y la confianza, el tiempo lento de la comprensión, el valor del error, la necesidad del pensamiento crítico, la apertura al otro, y el reconocimiento de la singularidad de cada trayectoria de aprendizaje» Presentación del libro IA y educación. Una relación con costuras, Tíscar Lara y Carlos Magro en Biblioteca Digital Journey, Trama Editorial. 2025
PEPE CEREZO
Repensar las costuras de lo tecnológico y la educación
En tiempos de fascinación por lo inmediato, cuando la inteligencia artificial (IA) se nos presenta como una promesa transformadora incuestionable, el propósito del nuevo volumen de la Biblioteca Digital Journey que acabamos de publicar, es precisamente lo contrario: una invitación a la pausa y a la reflexión crítica. Este no es un libro de exaltación tecnológica ni una guía instrumental de uso. Pretende ser, ante todo, una llamada a pensar, a revisar lo vivido y a proponer alternativas que eviten reproducir errores del pasado.
Como toda tecnología, la IA es una construcción social, lejos de ser neutra o inocente. Detrás de sus algoritmos conviven intereses, valores, lógicas de poder, explotación laboral y extractivismo de datos. Su presencia no solo transforma lo visible, sino que también oculta y silencia aspectos fundamentales que, desde la educación, debemos hacer emerger. La responsabilidad pedagógica es precisamente esa: visibilizar sus costuras.
A lo largo de estas páginas, se explora cómo la IA, especialmente la generativa, funciona como un espejo de la educación, reflejando sus carencias y tensiones. Lejos de ofrecer soluciones automáticas, su verdadero potencial reside en hacernos enfrentar de manera más nítida los desafíos estructurales de nuestros sistemas educativos. Nos obliga a revisar las lógicas que rigen la escuela contemporánea, a asumir que los cambios profundos no vendrán de la tecnología por sí sola, sino de cómo, como sociedad, decidamos repensar el sentido mismo de educar.
En un mundo crecientemente gobernado por datos y automatismos, la educación tiene la responsabilidad de preparar a los estudiantes para vivir en la incertidumbre, más allá de las certezas absolutas
La penetración de la IA es ya tan profunda y expansiva que exige un ejercicio consciente y permanente de reflexión sobre cuándo, cómo y por qué la incorporamos en los procesos educativos. En un entorno donde los asistentes inteligentes ya están presentes en editores de texto, plataformas de aprendizaje, sistemas de evaluación y correo electrónico, resulta urgente decidir con sentido pedagógico cuándo su uso aporta y cuándo, en cambio, conviene resistir su automatización.
En este sentido, la escuela debería ser menos un espacio de adaptación acrítica a los desarrollos tecnológicos y más un lugar de resistencia propositiva. No se trata de negar los avances, sino de tomar en serio sus implicancias, de reclamar agencia en las decisiones y de establecer los ajustes necesarios desde los objetivos educativos y los valores que queremos preservar.
Las promesas habituales de la IA -productividad, eficiencia, automatización-, lejos de transformar positivamente la educación, pueden profundizar su actual crisis de sentido. Hacer educativa la IA implica confrontar sus lógicas instrumentales con las características propias de los procesos pedagógicos: el afecto y la confianza, el tiempo lento de la comprensión, el valor del error, la necesidad del pensamiento crítico, la apertura al otro, y el reconocimiento de la singularidad de cada trayectoria de aprendizaje.

Sin olvidar que existe además el riesgo real de atrofia cognitiva cuando abusamos de la delegación de tareas intelectuales en los sistemas de IA. Especialmente en la educación inicial, donde el proceso debe primar sobre el resultado, es crucial preservar competencias como el pensamiento crítico, analítico, reflexivo y creativo.
La educación requiere, por tanto, repensar también sus tiempos y espacios, pero no para diluirlos o borrar sus límites, como proponen muchas soluciones tecnológicas, sino para dotarlos de un nuevo sentido. Las costuras, las fricciones, los umbrales de acceso siguen siendo imprescindibles. El reto está en hacer convivir las tensiones entre la apertura al mundo y la preservación del carácter distintivo de la escuela como espacio de formación humana.
Para lograrlo, es necesario comprender los engranajes de la IA: saber qué es, cómo funciona y desde qué lógicas se construye. Abrir la caja negra del algoritmo, sí, pero también educar para convivir con la incertidumbre inherente a muchos de sus sistemas. En un mundo crecientemente gobernado por datos y automatismos, la educación tiene la responsabilidad de preparar a los estudiantes para vivir en la incertidumbre, más allá de las certezas absolutas.
Por todo ello, urge incorporar una competencia digital crítica que contemple tanto la educación con IA como la educación sobre IA, entendidas como procesos inseparables. Decidir cuándo y cómo utilizar la inteligencia artificial debe ser siempre un acto consciente, dialogado y contextualizado. Cada jornada que pasa sin abrir este debate en las aulas es un tiempo valioso perdido.
Este libro, concebido desde el compromiso y la independencia, nace del deseo de Digital Journey de fomentar e intervenir en el debate público con una voz serena pero crítica y reflexiva. En un tiempo dominado por algoritmos y soluciones instantáneas, somos de los que pensamos que se necesita recuperar el valor del pensamiento calmado, de la pedagogía, la crítica informada y del compromiso con la ciudadanía. Porque, en definitiva, educar sigue siendo una tarea radicalmente humana, y como tal, requiere tiempo, cuidado, esfuerzo y responsabilidad.

Pepe Cerezo
Founder and Managing Director Digital Journey
IA y educación. Una relación con costuras Autores: Tíscar Lara y Carlos Magro, Biblioteca Digital Journey, Trama Editorial. 2025, Fecha de publicación: 18/06/25






