Recogemos la opinión de 10 profesionales de la educación, en torno a la relación entre la educación secundaria y la denominada «educación superior». 10 personas que ofrecen miradas diferenciada desde posiciones muy distintas tanto laborales como ideológicas, Para ello les hemos formulado cuatro preguntas. La que nos ocupa en este artículo es: .¿Cómo mejorar la orientación vocacional en los estudiantes de secundaria? Las respuestas reflejan la complejidad en la que se desenvuelven las políticas educativas enfrentándonos a maneras muy distintas de entender el derecho a la educación superior, y por ende la propia sociedad. Le hemos pedido a una de las personas con más experiencia y reconocimiento en el sistema educativo español , como es Rafael Carbonell, que nos introduzca a estas opiniones con una visión general de la orientación vocacional.
RAFAEL CARBONELL
La orientación vocacional en la Educación Secundaria: Un proceso inclusivo y colaborativo para el desarrollo integral del alumnado
En nuestro país, la orientación vocacional en la Educación Secundaria se vincula con demasiada frecuencia con las tareas que desempeña en los centros docentes -con mayor o menor acierto- el profesional especializado en Orientación Educativa, obviando la participación de todo el profesorado, del alumnado, de sus familias, de los agentes externos y de los recursos del entorno.
Como principio general, la orientación vocacional, entendida como un derecho del alumnado, es un proceso continuado y planificado que comporta la colaboración de toda la comunidad educativa y la coordinación con servicios, instituciones y empresas a través de procesos y redes de trabajo en equipo en el mismo centro, entre centros docentes, en el ámbito socio-comunitario y entre las diferentes administraciones y entidades.
De especial importancia en los procesos de transición, la orientación vocacional ayuda al alumnado y a sus familias en el momento de la toma de decisiones que afectan a su vida personal, académica o profesional, siempre de acuerdo con sus capacidades, expectativas y valores. En este sentido, realiza una función preventiva en relación a futuros desajustes y, además, resulta de utilidad para aplicarla a lo largo de la vida.
la orientación vocacional, entendida como un derecho del alumnado, es un proceso continuado y planificado que comporta la colaboración de toda la comunidad educativa y la coordinación con servicios, instituciones y empresas a través de procesos y redes de trabajo en equipo en el mismo centro, entre centros docentes, en el ámbito socio-comunitario y entre las diferentes administraciones y entidades
A la vez, precisa de la aplicación flexible de múltiples recursos (organizativos, materiales, personales), porque las características del actual alumnado, son bien distintas al incorporarse, por ejemplo -como consecuencia de los procesos de inclusión-, jóvenes con necesidades educativas especiales derivadas de discapacidad o trastornos graves de la conducta, de la comunicación o del lenguaje, a la etapa. Conviene tener presente que la propia orientación vocacional es un elemento sustancial en el proceso hacia la inclusión y a la intervención educativa, y contribuye a la dinamización pedagógica, a la calidad y a la innovación.
Asumiendo como objetivo principal potenciar la madurez vocacional y la autoorientación del alumnado a lo largo de la vida para que, a partir de la información disponible, sea competente para tomar las decisiones más acertadas entre las múltiples opciones existentes -que abarcan no solo el entorno más próximo y los itinerarios más convencionales-, planteo las siguientes medidas para mejorar la orientación vocacional en el tramo de Educación Secundaria:
como objetivo principal potenciar la madurez vocacional y la autoorientación del alumnado a lo largo de la vida para que, a partir de la información disponible, sea competente para tomar las decisiones más acertadas
- Planificar la orientación vocacional como un proceso continuo y organizado, de manera colaborativa e interdisciplinaria, formando parte del propio currículo.
- Como parte de la función docente, integrarla en el proceso educativo a través de la propia docencia, de la tutoría y de los especialistas en Orientación Educativa.
- Diseñar y organizar actividades de información y orientación vocacional dirigidas a todo el alumnado y también a sus familias que incluya, entre otros, la aproximación a los diferentes estudios y profesiones; la competencia para la autoorientación a lo largo de la vida; el conocimiento de uno mismo, de la oferta formativa, de las oportunidades de empleo existentes y emergentes, de los perfiles profesionales y de los modelos productivos.

- Es tarea de la Administración planificar la respuesta formativa necesaria y regular las actuaciones en las etapas postobligatorias para dar respuesta a la diversidad de capacidades, intereses y motivaciones con la finalidad de que el alumnado consiga un nivel de cualificación que aumente sus posibilidades de inserción sociolaboral o pueda continuar sus estudios.
- Con el objetivo de contribuir a desarrollar intereses vocacionales, abrir el centro a su entorno más próximo mediante la colaboración en el desarrollo de planes y programas de desarrollo comunitario, el aprovechamiento de los recursos del contexto y la participación en redes de trabajo y de intercambio de experiencias con otros centros, entidades, instituciones o empresas.
- Efectuar un acompañamiento personalizado que se adecúe a las capacidades e intereses vocacionales del alumnado. En la medida de lo posible, efectuar un seguimiento del alumnado una vez haya abandonado el centro, tras la finalización de sus estudios

- Priorizar itinerarios vocacionales dirigidos al alumnado con necesidad específica de apoyo educativo, así como al que se encuentra en situación de desventaja o en riesgo de abandono por pertenecer a colectivos vulnerables.
- Crear estructuras funcionales de orientación vocacional externas a los centros docentes que faciliten el desarrollo de actuaciones conjuntas, la unificación de criterios profesionales, el estudio de casos, la dotación de material específico y el trabajo cooperativo entre el personal de orientación educativa.
- Establecer un plan específico de formación dirigido a los profesionales de la orientación que dé respuesta a las necesidades vocacionales del alumnado.
- Activar programas de colaboración y proyectos de investigación con las Universidades que ofertan enseñanzas de Grado (Pedagogía, Psicopedagogía, Psicología), que habilitan para el ejercicio profesional de orientador educativo.

Albano de Alonso Paz. Director del IES San Benito. Tenerife
Los estudiantes que, por su orientación vocacional y preferencias, van enfocados hacia estudios más instrumentales, podrían realizar inmersiones prácticas en contextos manipulativos o en el propio tejido empresarial de la zona, sin que estos tengan que ser estudiantes de FP. También es interesante, dentro de los planes de acción tutorial, mantener encuentros y diálogos con alumnado de etapas superiores (FP, Bachilleratos y Universidad), de diferentes ramas, con el fin de conocer de primera mano inquietudes basadas en experiencias concretas que de otra mano son más complicadas de resolver.
Por otro lado, el propio enfoque integrador, competencial y contextualizado de las materias, menos “teóricas” y planteadas en torno a centros de interés o el entorno del propio estudiante, puede permitir que se le dé sentido a lo que se aprende y el alumnado conecte mejor con sus experiencias previas, sus inquietudes. De esa manera existen más posibilidades de potenciar los talentos o habilidades que todo estudiante lleva dentro desde épocas tempranas, eclipsados a veces por un sistema encorsetado que fuerza a que se busquen salidas por criterios más pragmáticos o utilitaristas, en lugar de a partir de verdaderas fuentes de interés.
La orientación vocacional debe comenzar en secundaria. Muchos centros educativos lo retrasan al bachillerato o a la FP y ya es muy tarde
Elena Cid. Directora general de CICAE
A nuestro juicio la orientación vocacional requiere de nuevas estructuras y de mucha actualización de los prescriptores. El primer cambio a introducir es tener un claro plan estratégico, con objetivos e iniciativas que lo profesionalicen y hagan de él hago sistémico y constante. La orientación vocacional debe comenzar en secundaria. Muchos centros educativos lo retrasan al bachillerato o a la FP y ya es muy tarde.
Otra mejora fundamental es la actualización y formación de los prescriptores. Es casi imposible para los tutores y orientadores, estar al día de todas las ofertas académicas a las que tendría acceso un alumno. En esa actualización, hay que aprovechar la aparición de nuevas herramientas tecnológicas que acceden fácilmente a todas las bases de datos de las posibilidades académicas y facilitan la labor del tutor u orientador escolar.
El primer orientador es el tutor, quien a estas edades debe tener más tiempo para entrevistas personales de acompañamiento en el proceso de aprendizaje y en el proceso de definición de los intereses preferentes del alumno. Se deben pasar pruebas, que hoy en día son de fácil corrección automatizada, tanto de capacidades, como de intereses. Y se deben cotejar con el historial de resultados académicos.
Terminado el estudio preliminar, el consejo orientador debe llevarse a cabo en entrevista individual, ya que se busca establecer un diálogo con el alumno que es quien debe elegir, no dictaminar un consejo orientador. Los padres deben tener conocimiento de todo el proceso y, al menos recibir un informe fundamentado sobre la orientación. Mucho mejor es que, cuando se demande por parte de las familias, se realice una entrevista con los responsables de la orientación en el centro.
A ello se añadiría un seguimiento de cada estudiante para conocer sus puntos fuertes y débiles, ayudarle a elaborar un proyecto de vida y orientarlo sobre las acciones para desarrollarlo
Florencio Luengo. Coordinador general del proyecto Atlántida. Madrid.
Se podrían usar dos vías. La primera correspondería a la labor tutorial en la que se informaría sobre las opciones académicas y profesionales que existen. A ello se añadiría un seguimiento de cada estudiante para conocer sus puntos fuertes y débiles, ayudarle a elaborar un proyecto de vida y orientarlo sobre las acciones para desarrollarlo. En segundo lugar, desde las materias se debería mostrar la conexión de lo que están aprendiendo con los contenidos de cursos posteriores y de los diversos campos profesionales. Ello contribuiría a hacer más significativos los aprendizajes. También debería facilitarse una conexión permanente entre ellos y las personas que tienen ya experiencia tanto en los estudios posteriores como en la incorporación al mundo profesional.
La realización de proyectos que se asemejen a los que se desarrollan en el mundo profesional, el llevar a cabo alguna actividad con la presencia y apoyo de un profesional o la realización de actividades con alumnado de niveles superiores pueden servir para dar a conocer las diversas opciones e ir configurando su vocación y su proyecto vital.
Cuando el currículo y la evaluación está conectada con el mundo real, los estudiantes tienen más oportunidades de ser biólogos, historiadores, matemáticos,…, dado que aplican los conocimientos a situaciones de su día a día
Rebeca Martínez Sánchez Profesoras del IES Abastos Valencia
Con más recursos y más estructurados (la nueva ley de FP ya diferencia diferentes tipos de orientación). Las funciones del orientador son tan amplias que impiden centralizar las tareas de modo más especializado y técnico. Orientadores académicos y profesionales, orientadores personales /emocionales y orientadores para el ámbito de la inclusión (más especializados en la detección, prevención e implementación de medidas).
La orientación puede comenzar desde primaria realizando proyectos interdisciplinares con los centros adscritos, por ejemplo. En este sentido, muchas familias temen el paso del colegio al IES y terminan llevándolos a centros donde la EP, ESO y Bach están unidos. El trabajo en este aspecto desde EP es importante para acercar tanto a las familias como al alumnado a la realidad de la ESO y crear confianza en la transición y en las opciones que ofrece la ESO.
Maripé Menéndez. Head of Development and Recognition for Iberoamérica. Organización del Bachillerato Internacional
Cuando el currículo y la evaluación está conectada con el mundo real, los estudiantes tienen más oportunidades de ser biólogos, historiadores, matemáticos,…, dado que aplican los conocimientos a situaciones de su día a día. Es muy importante que los estudiantes aprendan de la misma forma en la que viven, así podrán saber lo que más les gusta o en lo que sienten puedan tener más curiosidad por saber más. Con el modelo actual no pueden salir del aula y ver un mundo diferente.
Uno de los principios pedagógicos en los que se fundan todos los programas del IB es el de la enseñanza basada en la indagación. Se considera que este proceso implica el desarrollo de la curiosidad natural del alumnado, así como de las habilidades necesarias para permitirle aprender de forma autónoma durante el resto de su vida. El aprendizaje se construye por medio de un proceso que pasa de ejemplos del mundo real a conceptos, ideas, teorías y datos objetivos. El alumnado es responsable de encontrar gran parte de la información y procesarla para sacar las conclusiones importantes. Y estas conclusiones únicas y personales les hacen tener una mejora orientación vocacional.
Por parte de los colegios, también ahora es más frecuente la figura del orientador vocacional, pero no es suficiente si ésta no se acompaña de unos enfoques de enseñanza y aprendizaje que faciliten que los estudiantes también tengan la agencia para descubrir sus vocaciones por ellos mismos.
Todo ello no será viable sin una mayor inversión en recursos materiales y, sobre todo, en recursos humanos en orientación
Marta Montero Baeza. Dirección de Centros Educativos. Formadora y coach educativa. Madrid
La orientación vocacional debería ser integral, continua y personalizada.
Algunas cuestiones a tener en cuenta para guiar de la forma más adecuada a los estudiantes en la toma de decisiones sobre su futuro, podrían ser:
- Orientación personalizada y continua: Detección temprana de intereses y talentos y seguimiento individualizado.
- Metodologías activas: Uso de los proyectos, aprendizaje basado en problemas y aprendizaje y servicio para facilitar la aplicabilidad del conocimiento más teórico.
- Visibilización de opciones formativas: Información y normalización de todas las trayectorias existentes (universitarias, formación profesional, enseñanzas artísticas superiores, deportivas o militares, estudios no reglados…), así como organización de visitas a centros educativos y empresariales.
- Programas de mentoría: Contacto con profesionales y exalumnos que transmitan su experiencia académica y laboral.
- Desarrollo de competencias clave: Fomento de habilidades como el pensamiento crítico, la resolución de problemas y el trabajo colaborativo.
- Participación familiar: Involucración de las familias mediante talleres y espacios de diálogo sobre aspiraciones y expectativas.
- Apoyo emocional: Refuerzo de la autoestima y gestión de expectativas para facilitar una toma de decisiones vocacionales más alineada con las mismas.
Todo ello no será viable sin una mayor inversión en recursos materiales y, sobre todo, en recursos humanos en orientación. No es factible una personalización, tal y como sería deseable, con las ratios actuales que deben asumir los orientadores escolares y las horas lectivas que deben asumir los tutores.
en terapia decimos que no es mejor una ardilla que una tortuga, pero sus capacidades son muy diferentes si están en el bosque o en el agua
Carmen Sanz Chacón. Psicóloga Directora de El Mundo del Superdotado
Se debería evaluar al estudiante con pruebas específicas tanto de sus diferentes capacidades como de preferencias profesionales. Esto debería ser obligatorio durante la secundaria para que se conozcan mucho mejor a sí mismos y clarificar sus opciones y expectativas profesionales.
Como ejemplo, en terapia decimos que no es mejor una ardilla que una tortuga, pero sus capacidades son muy diferentes si están en el bosque o en el agua. Conocerse ayuda a elegir mejor y así tener éxito en los estudios superiores.
la única manera de orientar decentemente a los estudiantes es ofreciéndoles unos programas formativos acordes a sus capacidades e intereses
Toni Solano Catedrático de Lengua y Literatura Director del IES Bovalar. Castellón
Hay que ofrecer modelos desde sus iguales. Por ejemplo, jornadas como las que hacen algunos centros en las que antiguos alumnos explican sus trayectorias académicas y profesionales. Creo que escuchar a sus antiguos compañeros les llega mejor y resulta más eficaz que las charlas de tutores u orientadores.
Horacio Silvestre Landrobe, Catedrático de Latín (Bachillerato) y Doctor en Filosofía y Letras Director IES San Mateo. Madrid
A tenor de las respuestas anteriores, queda claro que la única manera de orientar decentemente a los estudiantes es ofreciéndoles unos programas formativos acordes a sus capacidades e intereses. No se puede mantener un menú igual para todos hasta los dieciséis años. No se puede a unos condenarlos a una formación deficiente y repetitiva; y a otros, a un tedioso plan de estudios teóricos, en los que no tienen interés y para los que tampoco tienen asiento, tiempo o capacidad.
Por otro lado, la mejor orientación vocacional consiste en unos exámenes objetivos —llámeseles ‘reválidas’ o como se quiera— serios y bien planteados, a fin de que cada cual, en función de sus aspiraciones y la capacidad que haya demostrado, pueda elegir elegir unos estudios en los que se sienta a gusto.
Hay que ofrecer modelos desde sus iguales
Pilar Vivo Murciano. Orientadora General Manager en Grupo IVEP. Valencia
Sin la acción tutorial real de los responsables de las tutorías no es posible. Los equipos de orientación afortunadamente han duplicado plantillas, al menos en la Comunidad Valenciana; de manera que por cada 600 estudiantes podemos contar con un/a orientador/a. Sin embargo, esta figura, que por supuesto, tiene muchas más funciones, no puede sustituir ni suplir las responsabilidades del tutor/a que también ha visto reducida su carga lectiva por tareas propias de la tutoría.
La figura del tutor es esencial para la intervención con el alumnado , así como para coordinar las acciones que el/la orientador/a pueda realizar con las familias. Contar con plataformas y herramientas digitales que permitan optimizar los procesos de búsqueda de información y toma de decisiones sería muy útil para familias, alumnos y profesionales.
La figura del tutor es esencial para la intervención con el alumnado , así como para coordinar las acciones que el/la orientador/a pueda realizar con las familias
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RAFAEL CARBONELL
Inspector educativo, ha sido Secretario General de Educación de la Generalitat de Valencia y Presidente del Consejo Escolar de Madrid






