El curso que estamos cerrando ha sido todo menos tranquilo. Los dilemas a los que se enfrentan las universidades se suceden y cuestionan sus valores esenciales, mientras el debate público se diluye en cuestiones corporativas, cortoplacistas o dirigidas a promover la polarización. En Espacios para el diálogo en educación superior (EsdiES) hemos dirigido nuestras conversaciones a temas relevantes pero genralmente ignorados, y hemos buscado como interlocutores a los gestores que se enfrentan a las nuevas realidades. Para este boletín hemos elegido un equipo de once universitarios para reflexionar sobre once palabras que están marcando el devenir de las universidades.
Alfonso González Hermoso de Mendoza
Calidad
El tema nuclear del que deriva buena parte de las conversaciones públicas sobre las universidades es el de la calidad. La profesora Vega Pérez, Vicerectora de Qualitat de la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC), en una entrevista imprescindible por su profundidad y conocimiento, nos dejaba un titular esclarecedor: «La garantía de calidad hoy está en entredicho». En términos semejantes se expresaba el exrector de la Universidad Politécnica de Madrid, Javoer Uceda, cuando declaraba: «No creo que las agencias de calidad puedan asegurar un umbral de calidad mínima a las titulaciones impartidas por las universidades». Esta es una reflexión que impregna el debate sobre cuáles son los límites del lucro y del uso de la tecnología en un espacio que pueda seguir llamándose universitario, así como que nos invita a valorar el papel que están asumiendo las administraciones que tutelan el sistema universitario.
También en su entrevista, la profesora Vega Pérez nos abre las puertas del futuro de las universidades al hacer evidente que «la universidad ya no es solo un lugar a donde se asiste a clase, sino un ecosistema de servicios». Esta es una realidad que tanto las administraciones financiadoras como no pocos universitarios se empeñan en despreciar.
Estudiantado
La universidad vista como un ecosistema que resignifica al estudiantado. Revisar el lugar de los estudiantes en la universidad ha dejado de ser un ruido marginal en la gobernanza universitaria para ocupar la centralidad en el debate sobre el futuro de las instituciones. Así nos lo recuerda la entrevista con el profesor Raúl Ruiz Callado, vicerrector de estudiantes y empleo de la UA – Universidad de Alicante / Universitat d’Alacant, cuando nos señala que «la transformación universitaria pasa necesariamente y de forma urgente por redefinir el papel del estudiantado, superando la premisa paternalista de todo para los estudiantes, pero sin los estudiantes». En la actualidad, este debate tiene un carácter constituyente en las principales universidades del mundo; esperemos que en nuestro país pronto adquiera una consideración similar.
Cuidados
Posiblemente el tema que este curso ha irrumpido con mayor vigor en las universidades sea el de los cuidados de la comunidad universitaria, y de manera especial del estudiantado. Como coordinadora de la Comunidad Orientada a Retos Estratégicos en Salud Mental de la Universitat Autònoma de Barcelona, la profesora Sonia Sánchez-Busques nos hace ver que «vivimos una crisis múltiple —económica, de acceso a la vivienda, de sentido vital— que impacta directamente en las familias y en los jóvenes, generando un estado de incertidumbre constante con consecuencias reales en el bienestar emocional». Disponer de protocolos, recursos y de un profesorado con sensibilidad y competencias profesionales adecuadas es un reto ineludible para las universidades que quieran seguir siéndolo en el siglo XXI. Humanizar las universidades es la mejor forma de defender la Universidad.
Absentismo
La constatación de que las aulas se quedan vacías debería ser suficiente para hacer meditar a los claustros universitarios. Si los estudiantes no encuentran en la universidad un espacio adecuado a sus experiencias vitales y expectativas de aprendizaje, las opiniones que cuestionan la utilidad del gasto público universitario se podrín ver legitimadas. José Saturnino Martínez García profesor de Sociología de la Universidad de La Laguna y ex director de la Agencia de Calidad de las Islas Canarias nos invita a reflexionar sobre este tema al afirmar: «El mayor cambio que he visto en los últimos años es que la persona que habla cada vez logra que venga menos gente a clase, a no ser que lleve un control de asistencia. Un problema que se está dando incluso en las universidades más elitistas».
Empleabilidad
No obstante, en relación con el estudiantado, el tema que ocupa más titulares en los medios de comunicación de todo el mundo es el de la empleabilidad. Cuál es la relación entre la formación universitaria y el empleo es una discusión omnipresente en la que, desgraciadamente, las ideologías impregnan las respuestas hasta imposibilitar el diálogo. Jesús Nuño de la Rosa, presidente del Consejo Social de la Universidad Complutense de Madrid, cierra filas en esta polémica defendiendo el valor diferencial de la formación universitaria al recordarnos que «los títulos universitarios siguen siendo el principal entorno donde se adquieren de forma sistemática los conocimientos y competencias avanzadas que el mercado necesita». No todo aprendizaje merece ser identificado como universitario. Pero, sin el aprendizaje profundo que propician las universidades, no solo se quebraría la convivencia, sino también el mercado.
Formación profesional
En este debate sobre la relación entre empleabilidad y educación, contar con la voz serena y la experiencia de Antonio Arenas Alonso , exvicerrector de Universidad Pontificia Comillas ICAI-ICADE Comillas, para descubrir la porosa frontera entre la formación profesional y la universidad es un auténtico privilegio. «La desalineación entre el sistema educativo y la estructura del empleo exige reconfigurar la relación entre Formación Profesional y universidad como un itinerario integrado, flexible y socialmente revalorizado». Claro y preciso.
Impacto social
Decía una famosa canción de Joaquín Sabina que «las niñas ya no quieren ser princesas»; igualmente podríamos decir que, hoy en día, «las universidades ya no quieren ser Harvard». Las universidades referentes en la actualidad construyen cada vez más su discurso y, sobre todo, su acción poniendo el foco en el impacto en sus comunidades, el anclaje con sus territorios o en su responsabilidad cívica. En este sentido, es una suerte poder aprender de universidades españolas socialmente comprometidas como es el caso de la Universidad de Granada, cuyo vicerrector de Innovación Social, Empleabilidad y Emprendimiento, el profesor Esteban Romero Frías, nos recuerda que «una buena universidad del siglo XXI es aquella que logra generar un impacto transformador en las comunidades a las que sirve y en los territorios sobre los que se proyecta».
Transnacionalidad
La otra cara de la moneda de las universidades de impacto es su vertiente internacional: ser nodos globales de sus comunidades. Las formas en las que las universidades se internacionalizan están en pleno cambio y la transnacionalidad aparece como respuesta a las restricciones políticas a la movilidad. En paralelo, «las universidades proyectan la imagen del país a través de la movilidad, los acuerdos académicos y la cooperación», nos recuerda el exvicerrector de relaciones internacionales de la Universidad de Alcalá, el profesor JULIO CAÑERO SERRANO.
Impulso institucional
«No hemos sabido construir el sentimiento de pertenencia y orgullo institucional que es la base del advancement. Las universidades españolas han sido históricamente lugares de paso, no comunidades de por vida», nos señala Jose F. Monserrat, vicerrector de Comunicación e Internacionalización de la Universitat Politècnica de València (UPV). El advancement, o impulso institucional, como conjunto de políticas que aglutinan captación de estudiantado, reputación, marketing, mecenazgo e internacionalización, no ha arraigado en España; de su suerte dependerá en gran medida la percepción social de las universidades y, en último término, su solvencia económica.
Inteligencia artificial
No hemos empezado a hablar de inteligencia artificial y ya estamos cansados; no hay artículo que no la mencione, y seguramente tampoco en el que no intervenga. Ser académico, jurista, emprendedor, experto en IA y gestor universitario no son atributos que suelan reunirse en una sola persona, de ahí la importancia de poder conversar con el profesor Antonio Serrano Acitores de la Universidad Rey Juan Carlos. «La universidad es, por definición, un espacio de pluralidad y crítica: la IA puede ayudar a comparar enfoques, detectar sesgos, abrir bibliografía, simular objeciones… pero también puede homogeneizar el pensamiento (la “respuesta promedio”), desplazar voces minoritarias y reforzar dependencias de plataformas». Como el mismo entrevistado nos recuerda, «la IA no puede asumir nuestra responsabilidad», son las universidades las que tienen que responder sin que puedan ignorar que, el tiempo corre en contra de su margen de actuación.
Gobernanza
Para la undécima palabra hemos reservamos el termino de gobernanza. Mientras la capacidad de reacción del sistema universitaro parece agotarse, las posibilidades de pasar de la conversación a la acción en las sempiternas controversias sobre la gobernanza universitaria siguen siendo una constante lejana. Para reflexionar sobre esta cuestión traemos las ideas de la nueva presidenta de la Conferencia de Consejos Sociales de las Universidades Españolas y del Consejo Social de la Universidad de Oviedo, Angela Santianes, que en sus respuestas dejó una solemne declaración institucional para todos los que cuestionan la efectividad de esta institución: «Los Consejos Sociales tienen más sentido que nunca».
Se acabó el curso universitario, como el fútbol del mundial, pero, no creo que lo olviden, solo para volver con todos los temas pendientes antes de que nos demos cuenta.
Alfonso González Hermoso de Mendoza
Presidente de Espacios de educación superior






