La internacionalización de las universidades no está integrada con la política comercial ni con la diplomacia económica

Entrevista a Julio Cañero, profesor de Filología Inglesa en la UAH


“La internacionalización existe y ha avanzado mucho en movilidad y cooperación académica, pero no está integrada de forma tan directa con la política comercial ni con la diplomacia económica. Tampoco contamos con un mecanismo interministerial estable que coordine de manera continuada estas dimensiones.”, según Julio Cañero, profesor de Filología Inglesa en la UAH.


Julio Cañero Serrano es profesor titular de Filología Inglesa en la Universidad de Alcalá y ex vicerrector de Relaciones Internacionales, donde ha liderado la estrategia de internacionalización de la institución. Doctor por la propia universidad, ha desarrollado su trayectoria en el ámbito de los estudios culturales y la política estadounidense, combinando actividad académica y gestión universitaria.

Ha sido director del Instituto Franklin, desde donde impulsó las relaciones académicas entre España y Estados Unidos. Su perfil se sitúa en la intersección entre la producción de conocimiento y la proyección exterior, con un enfoque centrado en el desarrollo de redes internacionales, programas de movilidad y alianzas estratégicas en un entorno universitario global cada vez más competitivo.

En un contexto de reconfiguración del orden internacional y de cambios geopolíticos, ¿cómo están incidiendo estos factores en los flujos de estudiantes internacionales hacia las universidades públicas españolas y hacia su universidad en particular?

La situación geopolítica internacional siempre influye en los flujos de movilidad. Observamos que muchos estudiantes buscan destinos estables, con seguridad jurídica y costes razonables. En ese sentido, España se percibe como un entorno seguro dentro de la Unión Europea, con calidad académica reconocida y un coste de vida más accesible que otros países anglosajones.

En el conjunto de las universidades públicas españolas, los flujos siguen concentrados en América Latina y en el espacio europeo. No estamos viendo todavía una diversificación fuerte hacia Asia comparable a la de otros sistemas universitarios más agresivos en captación.

En el caso de la Universidad de Alcalá, nuestra posición histórica y académica nos vincula de manera natural con el espacio iberoamericano y europeo. Seguimos recibiendo un número significativo de estudiantes de América Latina, tanto en programas de movilidad como en estudios completos, y mantenemos una presencia sólida en Erasmus+, donde hemos crecido en los últimos cuatro años.

La reconfiguración internacional no ha reducido estos flujos; al contrario, en algunos casos, como el que he mencionado de Europa, los ha reforzado. Sin embargo, también nos obliga a diversificar mercados y a competir con mayor intensidad en un entorno cada vez más estratégico.

La reconfiguración internacional no ha reducido estos flujos; al contrario, en algunos casos, como el que he mencionado de Europa, los ha reforzado

¿Son las universidades españolas una pieza relevante en la diplomacia española?

Sí, lo son, aunque ese papel podría estar mejor articulado.

Las universidades proyectan la imagen del país a través de la movilidad, los acuerdos académicos y la cooperación científica. Cada estudiante que pasa por nuestras aulas mantiene después un vínculo profesional y personal con España. En el caso de la Universidad de Alcalá, nuestra relación sostenida con América Latina forma parte de esa proyección exterior y tiene un valor que va más allá de lo académico.

Existen instrumentos que contribuyen a esa presencia internacional, como el Instituto Cervantes o el programa Erasmus+. Sin embargo, no contamos con un marco estratégico comparable al de Campus France o el DAAD, donde la educación superior forma parte explícita de la acción exterior del Estado.

Las universidades españolas participan en la diplomacia académica, pero el sistema funciona en gran medida por la iniciativa de cada institución. Con una mayor coordinación nacional, el impacto sería más sólido y visible.

Las universidades proyectan la imagen del país a través de la movilidad, los acuerdos académicos y la cooperación científica

Después de conocer la reciente International Education Strategy: Excellence in Education, Partnerships for Growth (2026) del Reino Unido, ¿qué valoración le merece la estrategia española de internacionalización de la educación superior?

La estrategia británica de 2026 es una política de Estado en sentido estricto. No se limita a la captación de estudiantes, sino que integra educación, comercio exterior y acción diplomática en un mismo marco. Hay dos elementos que me parecen especialmente relevantes.

Primero, el énfasis en la presencia internacional de las instituciones británicas a través de alianzas, campus en el extranjero y programas conjuntos. Segundo, la consideración explícita de la educación como sector exportador estratégico, con un objetivo económico claro de crecimiento sostenido.

En España el planteamiento es distinto. La internacionalización existe y ha avanzado mucho en movilidad y cooperación académica, pero no está integrada de forma tan directa con la política comercial ni con la diplomacia económica. Tampoco contamos con un mecanismo interministerial estable que coordine de manera continuada estas dimensiones.

Desde la experiencia de gestión en la Universidad de Alcalá, percibo que las universidades españolas están comprometidas con la internacionalización, pero el marco nacional no está cohesionado y está menos orientado a la proyección exterior estructural. Si aspiramos a competir en un entorno global cada vez más estratégico, necesitamos mayor coordinación estatal, estabilidad normativa y una visión a largo plazo que vincule educación superior, enseñanza de calidad, influencia internacional y desarrollo económico.

Pablo Santana

 ¿Cómo describiría la situación actual del espacio común de educación superior entre América Latina y el Caribe y la Unión Europea (ALC–UE)?

El espacio ALC–UE es una realidad en términos de cooperación, pero no es en absoluto un espacio académico integrado. Existen programas consolidados que han fortalecido la movilidad y los proyectos conjuntos, como Erasmus+ y Horizonte Europa. También hay redes universitarias activas y una interlocución política estable entre ambas regiones. En los últimos años se ha intensificado el diálogo birregional en materia de educación superior e investigación.

Sin embargo, no contamos con un marco equivalente al Espacio Europeo de Educación Superior. El reconocimiento de títulos sigue siendo complejo, los sistemas de aseguramiento de calidad no están plenamente armonizados y la financiación es desigual. La asimetría institucional y económica entre países europeos y latinoamericanos condiciona el desarrollo de un verdadero espacio común.

Desde la Universidad de Alcalá mantenemos una relación histórica y académica muy estrecha con América Latina, tanto en movilidad como en programas de posgrado y proyectos de investigación. Esa relación funciona bien a nivel institucional.

El problema no está en la voluntad de las universidades, sino en el marco general. Es decir, los procesos de reconocimiento académico siguen siendo lentos y poco homogéneos, y no existe una financiación birregional estable que dé continuidad a las iniciativas. Sin esos elementos, el espacio ALC–UE avanza, pero lo hace más por acuerdos bilaterales concretos entre universidades que por un sistema común consolidado.

Existen programas consolidados que han fortalecido la movilidad y los proyectos conjuntos, como Erasmus+ y Horizonte Europa

Partiendo de la premisa del español como activo lingüístico, cultural y económico de las universidades españolas, ¿hasta qué punto considera que este recurso está siendo estratégicamente aprovechado en las políticas de internacionalización?

El español es uno de los grandes activos internacionales de nuestras universidades. Es una lengua con presencia global y con un peso cultural evidente. Para muchos estudiantes, especialmente de América Latina y de Estados Unidos, estudiar en España tiene un valor añadido precisamente por la lengua.

Sin embargo, no siempre lo estamos utilizando con una planificación clara. A menudo el español actúa como atractivo por sí mismo, pero no forma parte de una estrategia bien definida. Necesitamos más programas diseñados para estudiantes no hispanohablantes y una oferta académica que conecte mejor la formación en español con el acceso a oportunidades profesionales internacionales.

En la Universidad de Alcalá el vínculo con la lengua es parte de nuestra identidad. Esa fortaleza está ahí. El desafío consiste en convertirla en una herramienta estructurada dentro de nuestra política de internacionalización, no solo en un elemento simbólico

El español es uno de los grandes activos internacionales de nuestras universidades

Cada vez adquiere más importancia en la internacionalización la idea de la transnacionalidad (campus en el extranjero, dobles titulaciones, programas online transfronterizos), ¿cómo valoraría la situación de las universidades españolas en estos proyectos?

La transnacionalidad forma parte ya del escenario habitual de la educación superior. Las universidades no solo reciben estudiantes, sino también desarrollan programas conjuntos, crean titulaciones compartidas y buscan presencia académica fuera de su país.

En España tenemos una sólida participación en dobles titulaciones y en alianzas europeas. Ese es nuestro punto fuerte, demostrado con el caso de EUGLOH (the European University Alliance for Global Health) a la que pertenecemos y que lidera Paris-Saclay, la primera universidad de habla no inglesa en el ranking de Shanghái y la primera de la Unión Europea en ese mismo ranking. En cambio, la implantación de campus propios en el extranjero es escasa y nuestra presencia institucional fuera de Europa sigue siendo limitada. En el ámbito de la formación online internacional, el avance ha sido gradual y todavía puede crecer con mayor decisión.

Hemos comenzado a firmar convenios con universidades chinas para desarrollar campus conjuntos bajo la fórmula 4+0

En la Universidad de Alcalá partimos de una idea clara: el español es un eje central de nuestra identidad y de nuestra proyección exterior. Apostamos por la enseñanza en español y por el valor académico de nuestra lengua. Al mismo tiempo, hemos desarrollado una política lingüística que amplía la docencia en inglés para responder a un perfil de estudiante que busca calidad académica en un entorno internacional.

Además, estamos dando pasos en proyectos de mayor alcance. Hemos comenzado a firmar convenios con universidades chinas para desarrollar campus conjuntos bajo la fórmula 4+0. En este modelo, nuestro profesorado se desplaza a China para impartir docencia en inglés a estudiantes chinos que cursan íntegramente allí el grado, con reconocimiento de créditos que les permite obtener un título español y un título chino.

Estamos creando la estructura necesaria para ello, principalmente en la Escuela Politécnica Superior, en distintas ingenierías. Es un proyecto exigente desde el punto de vista académico y organizativo, pero representa una apuesta clara por una presencia internacional más activa.

Pablo Santana

Considerando el marco normativo actual de acceso y admisión a las universidades públicas españolas (EBAU, cupos, homologaciones, plazos y procedimientos administrativos), ¿cuáles diría que son las principales limitaciones que dificultan la captación y acogida de estudiantes internacionales?

El principal problema es que el sistema de acceso está pensado para el estudiante nacional y después se adapta, con dificultad, al internacional. Eso genera rigidez y, en algunos casos, inseguridad para quien quiere venir a estudiar a España.

Los procesos de homologación y de reconocimiento de estudios previos siguen siendo lentos y poco previsibles en los plazos. Para un estudiante internacional, la incertidumbre es un factor decisivo. Si no tiene garantías claras sobre tiempos y procedimientos, opta por otros destinos.

También influyen los calendarios. Nuestros plazos administrativos no siempre encajan con los ciclos académicos de otros países. A eso se suman los cupos y una capacidad limitada de flexibilidad en determinados grados con alta demanda.

Desde la gestión universitaria, la dificultad no está en la voluntad de captar talento. Está en un marco normativo complejo, con distintos niveles de decisión administrativa, que hace que el proceso resulte poco competitivo frente a sistemas más ágiles como el británico o el estadounidense.

Los procesos de homologación y de reconocimiento de estudios previos siguen siendo lentos y poco previsibles en los plazos

Desde una perspectiva de política pública y de gestión institucional, ¿qué medidas de reforma del sistema de acceso y admisión considera más urgentes o viables para facilitar la internacionalización?

Hay un elemento que conviene señalar y es que el sistema no diferencia con claridad entre perfiles. No es lo mismo un estudiante que accede a un grado completo que uno que solicita un máster altamente especializado o un programa con fuerte componente internacional. Sin embargo, los procedimientos tienden a ser similares y poco adaptados a esa diversidad.

Además, la coordinación entre administraciones no siempre es fluida. Universidad, comunidad autónoma y administración central intervienen en distintos momentos del proceso. Esa fragmentación complica la gestión y ralentiza decisiones.

También debemos tener en cuenta la fase posterior a la admisión. La obtención de visado y la formalización de la matrícula están condicionadas por tiempos administrativos que no dependen directamente de la universidad. Cuando los procesos son largos, se pierde competitividad.

Desde mi experiencia en la Universidad de Alcalá, el sistema podría ganar mucho con mayor simplificación, más autonomía en determinados casos y una gestión digital plenamente integrada. El talento internacional compara destinos. Si el procedimiento es complejo, elige otro país. Debemos ser menos burocráticos y mucho más ágiles administrativamente hablando.

En grados, una presencia en torno al 10–20% de estudiantes extranjeros puede generar un efecto positivo y mantener el equilibrio del grupo

En términos estrictamente académicos y pedagógicos, ¿cuáles son, a su juicio, los principales beneficios educativos de contar con estudiantes extranjeros en las aulas? ¿Qué proporción considera la óptima?

La presencia de estudiantes internacionales tiene un valor académico claro, pero me interesa subrayar especialmente la idea de la internacionalización en casa. No todos nuestros estudiantes van a realizar una movilidad exterior. Sin embargo, todos pueden beneficiarse de un entorno académico diverso si en sus aulas conviven perfiles de distintos países. Ese contacto cotidiano es formativo y tiene un impacto directo en su preparación profesional.

La internacionalización en casa permite que nuestros estudiantes trabajen en equipos multiculturales, contrasten enfoques y desarrollen habilidades que hoy son imprescindibles. Para mí, no se trata solo de mejorar el ambiente del aula, sino de preparar mejor a quienes estudian con nosotros.

Desde el punto de vista docente, esta diversidad también exige mayor claridad en la explicación de contenidos y una organización más cuidada de la dinámica de clase. Eso mejora la calidad del proceso formativo.

En cuanto a la proporción, no creo que haya una cifra única válida para todos los casos. En grados, una presencia en torno al 10–20% puede generar un efecto positivo y mantener el equilibrio del grupo. En másteres con vocación internacional el porcentaje puede ser superior. Lo decisivo no es el número exacto, sino que exista integración real y participación efectiva en la vida académica.

Pablo Santana

¿Hasta qué punto cree que podría considerarse un derecho educativo que todos los estudiantes tengan al menos una experiencia internacional a lo largo de sus estudios?

Lo plantearía como un objetivo estructural del sistema, más que como un derecho en sentido jurídico. No todos los estudiantes pueden realizar una movilidad larga en el extranjero, pero sí es razonable aspirar a que todos tengan alguna experiencia internacional durante su formación.

En este punto la internacionalización en casa es decisiva. No se limita a compartir aula con estudiantes de otros países. Incluye docencia en otros idiomas, asignaturas con enfoque comparado, participación de profesorado visitante, proyectos colaborativos en línea con universidades extranjeras y formatos mixtos de movilidad.

Un buen ejemplo son los Blended Intensive Programs (BIPs) impulsados dentro de Erasmus+. Estos programas combinan trabajo virtual previo con una estancia corta presencial en otro país. Permiten que más estudiantes participen en experiencias internacionales sin asumir el coste o la duración de una movilidad tradicional. Son una fórmula flexible y eficaz.

Desde la Universidad de Alcalá entendemos que la dimensión internacional debe formar parte del currículo. La movilidad larga seguirá siendo importante, pero no puede ser la única vía. Si ampliamos las modalidades, podremos acercar la experiencia internacional a un porcentaje mucho mayor de estudiantes.

La movilidad larga seguirá siendo importante, pero no puede ser la única vía

¿Qué papel desempeñan hoy los estudiantes internacionales en la sostenibilidad financiera de las universidades públicas españolas y cuál sería, en su opinión, un equilibrio razonable?

En el conjunto de las universidades públicas españolas, los estudiantes internacionales no son todavía el pilar central de la financiación, como ocurre en otros países. Sin embargo, en el posgrado su peso es significativo.

En la Universidad de Alcalá, casi la mitad de los estudiantes de posgrado proceden de América Latina. Esto tiene un impacto académico evidente, pero también supone un impulso económico importante para la institución y para el entorno local. Los másteres internacionales contribuyen a la sostenibilidad de determinados programas y permiten mantener una oferta especializada.

Ahora bien, nuestro perfil sigue muy vinculado al espacio hispanohablante. No contamos con un número elevado de másteres completamente impartidos en inglés, y eso limita nuestra capacidad para atraer a estudiantes que no tienen el español como lengua materna o que, aun valorando nuestra calidad académica, buscan formación íntegramente en inglés. Ahí tenemos un margen claro de crecimiento si queremos diversificar orígenes y reforzar nuestra competitividad.

En cuanto al equilibrio, no considero deseable una dependencia estructural de las tasas internacionales. La universidad pública debe sostenerse sobre financiación estable. Pero sí es razonable que el posgrado internacional tenga un peso relevante, siempre que esté alineado con criterios académicos y no únicamente financieros.

Los másteres internacionales contribuyen a la sostenibilidad de determinados programas y permiten mantener una oferta especializada

En relación con las estructuras organizativas de las universidades públicas para la captación y gestión de estudiantes internacionales (oficinas de internacionalización, agencias intermedias, redes y consorcios), ¿qué modelos organizativos considera más eficaces y qué carencias observa en el sistema actual?

La captación internacional exige continuidad, especialización y seguimiento. No es una tarea puntual ni puede depender solo de la firma de convenios. Requiere un trabajo profesional desde el primer contacto con el estudiante hasta su integración plena en la universidad.

En las universidades públicas tenemos una limitación estructural clara. El régimen funcionarial y la organización administrativa no están pensados para una actividad comercial o de captación activa. La atención suele fragmentarse entre distintas unidades y no siempre existe un responsable que acompañe al estudiante durante todo el proceso.

Además, no contamos en muchos casos con técnicos especializados en captación internacional. Dependemos del compromiso del PTGAS, que asume estas funciones con voluntad, pero sin formación específica y, en ocasiones, con la percepción de que no forman parte estricta de sus competencias. Eso genera desigualdad en el seguimiento y falta de continuidad.

Un estudiante internacional necesita acompañamiento desde que solicita información hasta que se matricula. Y después también. La experiencia de acogida, la orientación académica y el apoyo administrativo son determinantes. En este terreno, las universidades privadas suelen ser más ágiles y funcionales porque tienen estructuras diseñadas específicamente para ese objetivo.

Si queremos competir en un entorno internacional exigente, las universidades públicas debemos reforzar nuestras oficinas de internacionalización, profesionalizar la captación y asumir que esta tarea requiere recursos humanos especializados y una organización más flexible.

Un estudiante internacional necesita acompañamiento desde que solicita información hasta que se matricula. Y después también

¿De qué manera el marco de inmigración español facilita o dificulta la internacionalización de las universidades públicas y qué cambios normativos serían más relevantes para mejorar la competitividad del sistema?

El marco de inmigración ha avanzado, pero sigue siendo un elemento sensible en la decisión de muchos estudiantes. La percepción de complejidad o de lentitud puede desviar a potenciales candidatos hacia otros países con procedimientos más claros.

Desde mi experiencia, habría cinco mejoras concretas que ayudarían a reforzar nuestra competitividad:

  1. Plazos garantizados de resolución de visados, especialmente para estudiantes ya admitidos por una universidad pública. La previsibilidad es fundamental.
  2. Digitalización completa de los trámites, evitando la dependencia de citas presenciales que retrasan la incorporación al curso.
  3. Mejor coordinación entre consulados, oficinas de extranjería y universidades, con canales directos de comunicación para resolver incidencias.
  4. Autorización automática de estancia para búsqueda de empleo al finalizar los estudios, sin necesidad de procedimientos adicionales complejos. Sería interesante, por ejemplo, que los estudiantes pudieran trabajar “on campus”, como hacen en Estados Unidos, para sufragar sus matrículas.
  5. Facilitación del tránsito de permiso de estudiante a permiso de trabajo cualificado, cuando exista una oferta laboral acorde con la formación recibida.

La internacionalización no depende solo de la calidad académica. El entorno administrativo influye de forma directa en la decisión final del estudiante. Si el marco migratorio es claro, ágil y coherente con la estrategia educativa, el sistema gana en atractivo y en credibilidad.


Entrevista por Alfonso González EsdeEs


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