«Las universidades públicas pueden ser instituciones incómodas para ciertos gobiernos»

Entrevista a Estebán Romero Frías

«Las universidades deben seguir siendo espacios abiertos y democráticos para el diálogo político y la expresión crítica. Sin embargo, hay una línea muy delgada entre fomentar el pensamiento libre y convertirse en plataformas para discursos que instrumentalizan la libertad de expresión con fines polarizadores. Si las posiciones extremas alcanzan más poder institucional, es previsible que esta tensión se traslade al aula y afecte también a los marcos de financiación y autonomía universitaria«, señala Esteban Romero Vicerrector de Innovación Social, Empleabilidad y Emprendimiento en la Universidad de Granada


Esteban Romero Frías desempeña el cargo de vicerrector de Innovación Social, Empleabilidad y Emprendimiento en la Universidad de Granada. Su trayectoria está marcada por una profunda vocación de servicio y compromiso social, liderando iniciativas que buscan conectar la universidad con las necesidades reales del territorio. Desde Medialab UGR y proyectos como Impronta Granada, Romero ha impulsado la participación ciudadana, la innovación democrática y el desarrollo de soluciones colaborativas de impacto social. Destaca también su trabajo en el ámbito de la economía digital y la transferencia de conocimiento, así como su implicación en redes internacionales de innovación pública, posicionando a la UGR como referente en transformación social y digital.

De manera especial, la labor de Esteban Romero ha beneficiado a la provincia de Granada, articulando alianzas con administraciones locales y el tejido social para revertir la despoblación rural y fomentar la sostenibilidad. Ejemplos como el Agrohub y el proyecto Soilcrates, desarrollados junto a la Diputación, muestran el compromiso por fortalecer la economía local, apoyar a los agricultores y crear ecosistemas de innovación que repercuten en la calidad de vida de toda la provincia. Este enfoque colaborativo y transdisciplinario refuerza la función de la universidad como motor de transformación territorial, social y medioambiental, promoviendo modelos de desarrollo más inclusivos y sostenibles.

¿Qué es una buena universidad en el siglo XXI?

Una buena universidad del siglo XXI es aquella que logra generar un impacto transformador en las comunidades a las que sirve y en los territorios sobre los que se proyecta. No se trata solo de alcanzar indicadores académicos o escalar posiciones en rankings, sino de desarrollar una misión comprometida con el bien común desde una perspectiva integral. Para ello, es esencial que articule adecuadamente sus tres grandes funciones: la docencia, la investigación y la misión transformadora, que, en mi opinión, va más allá de la tradicional “extensión universitaria” tal y como se ha materializado en la práctica.

Por un lado, la docencia debe enfocarse en formar talento, desarrollar pensamiento crítico y preparar a los y las estudiantes para afrontar los desafíos de un mundo en cambio constante. La investigación, por su parte, no solo sustenta una docencia de calidad, sino que también debe orientarse a resolver retos locales y globales, aplicando el conocimiento al servicio de la sociedad. Finalmente, esa tercera dimensión transformadora implica un compromiso activo con los valores democráticos, el método científico y el deseo de mejorar la vida de las personas y el entorno en procesos compartidos.

En definitiva, una buena universidad del siglo XXI no es necesariamente la más competitiva, sino aquella que logra equilibrar estas funciones con sentido, atendiendo a las necesidades de su contexto y actuando con responsabilidad social.

Una buena universidad del siglo XXI es aquella que logra generar un impacto transformador en las comunidades a las que sirve y en los territorios sobre los que se proyecta

Las Comunidades Autónomas son las administraciones de tutela de las universidades, ¿cómo podemos articular la relación entre autonomía universitaria y dependencia institucional desde la confianza?

La relación entre las universidades y las administraciones autonómicas debe construirse sobre los pilares de la confianza mutua, la lealtad institucional y el respeto a la autonomía universitaria. Las universidades públicas son instituciones fundamentales para el progreso de una sociedad democrática. Su papel va mucho más allá de la docencia o la investigación: son espacios de pensamiento crítico, de libertad y de experimentación, comprometidos con el desarrollo de políticas públicas más eficaces, la mejora del bienestar colectivo y la generación de riqueza a través de la transferencia de conocimiento.

Aunque dependen administrativamente de las Comunidades Autónomas, las universidades deben mantener su independencia para cumplir con su misión transformadora. Esta autonomía no significa aislamiento ni confrontación, sino una capacidad crítica al servicio del interés general. Sea cual sea el color político del gobierno autonómico, la universidad debe ser un actor leal pero también reivindicativo, garantizando que el sistema público de educación superior funcione como un verdadero ascensor social.

Articular esta relación desde la confianza implica diálogo constante, transparencia, corresponsabilidad y una visión compartida: la de una universidad pública fuerte, inclusiva y comprometida con el futuro de su territorio y con el impulso del talento que en ella se forma.

Sea cual sea el color político del gobierno autonómico, la universidad debe ser un actor leal pero también reivindicativo

En España en la recuperación de la crisis del 2008 las grandes olvidadas han sido las universidades, baste ver las transferencias de las CCAA o los fondos recibidos procedentes de Next Generation ¿Cuándo dejaron de creer los políticos en las universidades?

La exclusión relativa de las universidades del proceso de recuperación tras la crisis de 2008, así como de los fondos Next Generation, evidencia una desconexión creciente entre la política institucional y el valor estratégico de la educación superior. Esta situación puede explicarse desde diferentes ángulos. En primer lugar, invertir en universidad no ofrece réditos políticos inmediatos: los efectos transformadores de la educación y la investigación se proyectan a medio y largo plazo, y eso dificulta que se conviertan en prioridad para quienes gestionan con horizontes cortos.

Además, las universidades públicas, por su naturaleza crítica, su autonomía y su capacidad de influencia sobre la juventud, pueden ser instituciones incómodas para ciertos gobiernos. Aunque el problema de la financiación ha afectado a universidades bajo administraciones de diferentes colores políticos, es evidente que en los últimos años, especialmente con gobiernos más conservadores, muchas instituciones han visto mermada su capacidad financiera hasta extremos preocupantes, como podemos observar en la Comunidad de Madrid o como hemos empezado a experimentar también en Andalucía, donde el tema de la financiación es un problema recurrente.

Esta situación se agrava con la promoción indirecta —o incluso explícita— de modelos privados, más centrados en el mercado que en la función pública. El auge de estas universidades privadas responde a una lógica empresarial con fuertes inversiones en publicidad, pero difícilmente puede identificarse con la misión pública, democrática y transformadora que debería encarnar la universidad del siglo XXI.

AGHM

En el año 2003 apareció el ranking ARWU de la Universidad Jiao Tong de Shanghai, al año siguiente el QS World University Ranking de la firma británica Quacquarelli Symonds y el Times Higher Education (THE) World University Rankings. ¿Cuál ha sido el impacto del paradigma de la excelencia investigadora en las políticas universitarias españolas?

El paradigma de la excelencia investigadora, impulsado por la aparición de rankings internacionales como el ARWU de Shanghai, el QS World University Ranking o el Times Higher Education, ha tenido un impacto profundo —y ambivalente— en las políticas universitarias españolas. En nuestras universidades no existe un rechazo a la evaluación o la comparación; de hecho, los rankings han contribuido a visibilizar la posición relativa de las instituciones en el sistema global. Sin embargo, muchos de sus indicadores responden a una visión limitada y parcial de lo que debe ser una universidad en el siglo XXI.

Buena parte de estas clasificaciones priorizan la producción científica más cuantitativa, ignorando en muchos casos la docencia, la innovación social, la sostenibilidad o el impacto territorial, dimensiones igualmente esenciales para una universidad pública comprometida con su entorno. Aunque hoy existen rankings más amplios en sus enfoques, centrados en la innovación o la sostenibilidad, por ejemplo, el riesgo sigue siendo que las estrategias institucionales se diseñen pensando en subir posiciones, incluso cuando eso distorsiona la misión real de las universidades.

En un contexto internacional desigual, donde las reglas del juego favorecen a ciertos bloques geopolíticos, debemos relativizar estos rankings y trabajar en desarrollar nuestros propios indicadores de impacto, coherentes con el modelo de universidad que queremos construir: abierta, transformadora y con sentido público.

El riesgo sigue siendo que las estrategias institucionales se diseñen pensando en subir posiciones, incluso cuando eso distorsiona la misión real de las universidades

Resulta interesante que sea UIIN (University Industry Innovation Network) una red internacional que promueve la innovación y el compromiso entre universidades, empresas y sociedad quien haya presentado el  informe «Reimagining Engagement: A New Framework for University Engagement» para plantear la transformación de la universidad moderna en un contexto donde se espera mucho más que la producción de investigación y graduados. ¿Están las universidades españolas dispuestas y capacitadas  para repensar y redefinir su compromiso o «engagement» con el entorno externo?

Sí, creo firmemente que las universidades españolas están cada vez más dispuestas y capacitadas para repensar y redefinir su compromiso con el entorno. El informe de UIIN es una referencia clave para entender que el papel de la universidad en el siglo XXI va mucho más allá de producir investigación o formar profesionales: se trata de generar impacto real, compartido y sostenible en el entorno donde opera, desde lo local hasta lo global. Un buen ejemplo de ello es el marco que estamos elaborando para ANECA centrado en promover una ciudadanía crítica.

Este es precisamente uno de los ejes estratégicos de mi trabajo de gestión en la Universidad de Granada. Aquí estamos impulsando una visión de “engagement” que no se limita a la transferencia unidireccional de conocimiento, sino que reconoce la existencia de múltiples saberes en la sociedad y apuesta por construir ecosistemas colaborativos. La universidad debe ofrecer su conocimiento científico, pero también abrirse al diálogo con otros actores —ciudadanía, instituciones, empresas— para co-crear respuestas a los retos actuales.

En nuestro caso, esta visión se concreta en Impronta Granada (https://improntagranada.es/), una estrategia compartida con la Diputación y los municipios, que refuerza el papel de la universidad como agente de transformación territorial. Estudios del propio Ministerio de Universidades avalan este enfoque: la UGR es la universidad española con mayor impacto en el PIB de su provincia.

La universidad debe ofrecer su conocimiento científico, pero también abrirse al diálogo con otros actores —ciudadanía, instituciones, empresas— para co-crear respuestas a los retos actuales

La polarización ha llegado a las universidades de una forma brutal. El presidente Donald Trump las señalaba en el 2024 como fábricas de comunistas y terroristas, el Vicepresidente  J. D. Vance, indicaba a los responsables hace unas semanas al decir, “los profesores son los enemigos”. En España empieza a ser frecuente que algunos sectores identifiquen la libertad de cátedra con el adoctrinamiento. ¿Están sabiendo reaccionar las universidades?

La creciente polarización política ha llegado a las universidades con una intensidad preocupante. En algunos contextos internacionales, como en Estados Unidos, vemos discursos que atacan frontalmente a las instituciones académicas, acusándolas de ser focos de adoctrinamiento. En España, aunque con matices distintos, asistimos también a una narrativa que equipara la libertad de cátedra con el adoctrinamiento ideológico, especialmente desde sectores políticos extremos.

Hoy mismo, en la Universidad de Granada, hemos vivido un episodio que ilustra bien este clima: un acto no autorizado protagonizado por el pseudoperiodista Vito Quiles ha generado un enfrentamiento verbal entre grupos de extrema derecha y colectivos antifascistas en la Plaza de la Universidad. Aunque el hecho no ocurrió dentro del aula, la carga simbólica del espacio universitario lo convierte en un campo de batalla ideológica.

Las universidades deben seguir siendo espacios abiertos y democráticos para el diálogo político y la expresión crítica. Sin embargo, hay una línea muy delgada entre fomentar el pensamiento libre y convertirse en plataformas para discursos que instrumentalizan la libertad de expresión con fines polarizadores. Si las posiciones extremas alcanzan más poder institucional, es previsible que esta tensión se traslade al aula y afecte también a los marcos de financiación y autonomía universitaria.

AGHM

Si le parece podemos continuar la entrevista hablando de su universidad de la Universidad de Granada. ¿Cómo ha llegado la ciudad de Granada a convertirse en un referente internacional de ciudad universitaria?

Granada se ha consolidado como un referente internacional de ciudad universitaria gracias a una combinación de factores estructurales, históricos y culturales. La Universidad de Granada, con cerca de 500 años de historia, representa un motor vital para la ciudad y su provincia. En una capital que ronda los 235.000 habitantes y un área metropolitana cercana al medio millón, una comunidad universitaria que supera las 70.000 personas tiene un peso social, económico y cultural indiscutible.

Esta intensa presencia hace que Granada respire universidad en cada rincón. No es solo la institución con mayor movilidad Erasmus de Europa —tanto en envío como en recepción de estudiantes—, sino que también destaca por su prestigio internacional en investigación, situándose en los primeros puestos nacionales en rankings como el de Shanghai.

A este ecosistema universitario se suma el atractivo patrimonial y paisajístico de la ciudad, su rica vida cultural y un entorno que permite vivir la experiencia universitaria de forma intensa, diversa y plenamente integrada con la ciudad. Granada no solo acoge una universidad: es una ciudad que se ha construido en torno a ella, que la valora y la proyecta, y que ha sabido convertirla en un verdadero eje de identidad y de proyección internacional.

Granada no solo acoge una universidad: es una ciudad que se ha construido en torno a ella, que la valora y la proyecta, y que ha sabido convertirla en un verdadero eje de identidad y de proyección internacional

¿Cuál es la aproximación que hace la UGR en relación con las demandas sociales, económicas y culturales de su provincia, y por ende de Andalucía?

La Universidad de Granada es, sin duda, el principal actor institucional en la provincia de Granada, tanto por su tamaño como por su capacidad de influencia. Esta posición de liderazgo también se refleja a nivel andaluz, donde destaca en numerosos indicadores académicos, científicos y sociales. La conexión de la UGR con su entorno no es coyuntural, sino fruto de décadas de trabajo y presencia activa en el territorio. Sin embargo, en los últimos años estamos haciendo un esfuerzo consciente por sistematizar y fortalecer esa vinculación mediante nuevas estrategias e instrumentos.

Uno de los ejemplos más destacados es Impronta Granada, una alianza con la Diputación y los municipios que articula las demandas sociales, económicas y culturales de la provincia a través de su Agenda Urbana. Este marco, que cuenta con una plataforma digital abierta (improntagranada.es), nos permite impulsar Living Labs, programas de asesoramiento científico, acciones de emprendimiento y empleabilidad vinculadas al territorio, así como estrategias para reconectar talento universitario con las comarcas más afectadas por la despoblación.

Este enfoque territorial y transformador ha empezado a escalarse con Impronta Andalucía (https://improntaandalucia.es/), una iniciativa que busca proyectar esta visión al conjunto del sistema universitario andaluz y fomentar una colaboración real entre universidades y administraciones públicas.

La conexión de la UGR con su entorno no es coyuntural, sino fruto de décadas de trabajo y presencia activa en el territorio

Los crecimientos en la demanda de formación universitaria han venido impulsados en la última década por dos circunstancias: el aprendizaje on line y el aprendizaje a lo largo de la vida. ¿Cómo ha respondido la UGR a estos desafíos?

El crecimiento de la demanda de formación universitaria en formatos digitales y a lo largo de toda la vida ha supuesto un desafío profundo para las universidades. Nuestra universidad lo ha afrontado con determinación. En los últimos años, la UGR ha avanzado significativamente en la incorporación de modelos de formación online y en el diseño de microcredenciales, cada vez más alineadas con las necesidades del entorno profesional, institucional y social. Este nuevo marco formativo permite a la universidad ofrecer programas más flexibles, modulares y orientados a la empleabilidad, respondiendo así tanto a estudiantes tradicionales como a profesionales en activo que necesitan actualizar o reconvertir sus competencias. Aunque aún enfrentamos retos importantes —como una mayor agilidad administrativa y una adaptación más efectiva a estos formatos—, la Universidad de Granada está dando pasos firmes hacia un ecosistema formativo más abierto, dinámico y conectado con las demandas reales.

La competencia con universidades privadas, que operan con mayor flexibilidad y mayores recursos en algunos casos, pone de manifiesto la necesidad de seguir fortaleciendo estas líneas. Además, este tipo de oferta formativa se perfila como una vía clave para generar nuevas fuentes de financiación, diversificando los ingresos y reforzando la sostenibilidad del sistema público.

¿Cómo conecta la UGR a su territorio con el mundo?

La Universidad de Granada conecta su territorio con el mundo a través de múltiples canales, convirtiéndose en una verdadera embajadora del lugar donde se asienta. Esta conexión no se limita solo a la provincia de Granada, sino que se extiende también a Andalucía y a las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, donde la UGR tiene presencia activa. El estudiantado es, sin duda, el primer vector de internacionalización: miles de estudiantes que estudian, investigan o trabajan en otros países llevan consigo el conocimiento y la identidad de su universidad y su territorio.

Pero esta proyección global va más allá de la movilidad académica. A través de la participación en redes científicas internacionales, proyectos europeos y foros globales, la UGR lleva problemáticas locales al debate internacional, contribuyendo a generar soluciones con impacto global. Un ejemplo emblemático es Impronta Granada, que ha sido presentada en conferencias europeas como una experiencia pionera de conexión universidad-territorio.

Este enfoque permite que la propia provincia, con sus municipios y su Diputación, tenga un rol protagonista en espacios de diálogo internacional. La UGR no solo internacionaliza el conocimiento, sino que internacionaliza el territorio, situándolo en el mapa global como un lugar de innovación, cultura y desarrollo compartido.


ENTREVISTA ALFONSO GONZÁLEZ y CECILIA LLOP EsdeES

Espacios de Educación Superior está dirigido a poner en contacto a las personas e instituciones interesadas en la sociedad del aprendizaje en Iberoamérica y España.