Calidad, claridad y libertad

Es en la defensa de la autonomía y la libertad en los campus universitarios en donde la calidad alcanza su último sentido

AGHM

El siglo XXI para las universidades europeas  vino de la mano de la Declaración de Bolonia y de su promesa de un Espacio Europeo de Educación Superior (EEES). Bajo el marco legal del Acuerdo General de Comercio de Servicios de 1995 de la Organización Mundial del Comercio, y propósito político en la Unión Europea de la «Quinta Libertad»: la libre circulación de conocimientos” las sociedades europeas cambiaron su mirada sobre la universidad. Un proceso tan exitoso como difuso en sus términos (ver Guillermo Cisneros exrector de la Universidad Politécnica de Madrid)

ALFONSO GONZÁLEZ HERMOSO DE MENDOZA


El origen y la transformación de las agencias de calidad

En paralelo, guiadas por la ambición de superar las desconfianzas entre los países adheridos a la Declaración de Bolonia, 29 inicialmente y 49 en la actualidad, se implantaron las agencias de calidad en los sistemas universitarios nacionales.

Es importante recordar que las agencias con este nombre habían surgido en EEUU en 1855 impulsadas por las propias instituciones académicas. Su finalidad no era otra que dotarse de un marco de autorregulación que preservara la libertad académica frente a las intromisiones del poder político.En el ejercicio de esta función se han mantenido como el fulcro del sistema universitario de EEUU. Así lo podemos apreciar en la actualidad con su enérgico rechazo a las intimidaciones del gobierno federal de EEUU que pretenden condicionar ideológicamente su criterio

Su finalidad no era otra que dotarse de un marco de autorregulación que preservara la libertad académica frente a las intromisiones del poder político

La evolución del EEES nos ha llevado a una institucionalización de calidad muy diferente a la de EEUU. Las agencias de calidad universitaria en el EEES tienen su origen de arriba hacia abajo, por lo tanto su legitimidad es administrativa/pública. Así su función esencial frente al servicio público educativo es inspectora, cuando no lo es, al menos de facto, normativa, y en ocasiones abiertamente de decisión política. De la misma manera que actúan como un regulador frente al mercado que supone la educación superior y al mercado laboral, en especial en los títulos habilitantes profesionalmente.

El ejercicio de este poder se realiza desde una arquitectura institucional poco robusta, pues no podemos ignorar que la clave del sistema de calidad del EEES, tal y como es recogido por la Ley orgánica del sistema universitario (LOSU) en España, es EQAR (European Quality Assurance Register for Higher Education), una AISBL (asociación internacional sin ánimo de lucro de derecho belga) fundada en 2008.

Las agencias de calidad universitaria en el EEES tienen su origen de arriba hacia abajo, por lo tanto su legitimidad es administrativa/pública

El poder creciente de las agencias en el sistema universitario español

Con más de 25 años andados en el Proceso de Bolonia parece necesario abrir un debate sobre las funciones que han asumido las agencias de calidad y las condiciones en las que las ejercen, así como sobre su impacto en la vida y su influencia en la gestión de las universidades.

Esta reflexión se hace especialmente importante en el sistema universitario español (SUE) en donde la multiplicidad de agencias, una de cada cinco de las cincuenta y cinco registradas en ENQA (Asociación Europea para la Garantía de la Calidad en la Educación Superior) son españolas, así como la falta de propósito político explícito de los poderes públicos con respecto a las universidades ha derivado en un sistema paradójicamente centralizado e influenciado por las administraciones.

Desde su creación hemos vivido cómo se han ido expandido las competencias de las agencias, en la misma medida en que ha crecido la desconfianza frente a las universidades. Esto ha sido tanto a costa de aspectos esenciales de la autonomía de las universidades, como de las funciones propias de las administraciones, al mismo tiempo que se ha ido produciendo una silenciada ocupación política de sus puestos de dirección. Su poder alcanza a aspectos esenciales de las universidades que van desde la selección del profesorado, el control de los planes de estudio, pasando por la supervisión de los recursos al reconocimiento o autorización de nuevas universidades.

Por lo que, parece oportuno reflexionar sobre sí bajo la retórica de la calidad y la aquiescencia de las universidades las agencias de calidad se han convertido en el actor político, académico y comercial más relevante del sistema universitario español, así como las condiciones de su efectiva independencia.

Desde su creación hemos vivido cómo se han ido expandido las competencias de las agencias, en la misma medida en que ha crecido la desconfianza frente a las universidades

La crisis del modelo de evaluación y la necesidad de redefinir la calidad

En este sentido no podemos olvidar la llamada de atención del informe del Parlamento Europeo «Academic Freedom Monitor 2025» en donde nos alerta de la progresiva intervención de los gobiernos en las universidades a través de las agencias de calidad.

Afirmaciones como las de Rafael Garesse, exrector de la Universidad Autónoma de Madrid, “El sistema de acreditaciones del profesorado es el ataque más importante que existe a la autonomía universitaria”, las del profesor Fernando Broncano, “Se ha creado es una inmensa burocracia que vive de imponer indicadores de calidad que se inventa para su propia existencia”, o las de la vicerrectora de la calidad de la Universitat Politècnica de Catalunya, Vega Pérez, “La garantía de calidad está hoy en entredicho” deben invitarnos pensar si la transformación del sistema universitario no pasa por la de las agencias de calidad.

Frente a la  “fatiga de evaluación” que invade la vida universitaria no cabe la indiferencia nos señala la profesora Teresa Sánchez Chaparro. Como destaca la reciente publicación de UNESCO “Transforming higher education: global collaboration on visioning and action” el reto ya no es solo asegurar calidad, sino  redefinirla desde el valor público, el impacto y la acción colectiva. No se trata sólo de revisar los ESG (Criterios y Directrices para la Garantía de Calidad). Como la propia ENQA en el Informe Stakeholder involvement in quality assurance reconoce, se trata de dar forma a un nuevo pacto con los agentes sociales, en especial con el estudiantado, a través de la calidad, que de propósito a las universidades. Menos ámbitos de control, menos burocracia, menos politización. Más valor al estudiante y a la sociedad, más  incentivar que las universidades se conviertan en espacios de referencia en la lucha contra las desigualdades y el deterioro ambiental, como nos señala la profesora Daniella Tilbury, del Comité Directivo de la UNECE  (Comisión Económica de las Naciones Unidas para Europa)

El reto ya no es solo asegurar calidad, sino redefinirla desde el valor público, el impacto y la acción colectiva

Sin duda el sistema universitario no puede validarse a sí mismo por completo, precisamente por esto lo que necesitan las universidades son menos reglas y más ética, más confianza y menos silencios. Y es aquí en donde las agencias pueden recuperar su sentido más allá de la autojustificación burocrática y de la extensión del poder político. Es en la defensa de la autonomía y la libertad en los campus universitarios en donde la calidad alcanza su último sentido.

Este artículo se ha publicado en el diario El País el 12 de mayo del 2026


ALFONSO GONZÁLEZ HERMOSO DE MENDOZA

Presidente Espacios de educación superior


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