Hablar de universidad es, antes que nada, hablar de libertad

Campus Speech and Academic Freedom: A Guide for Difficult Times (

AGHM

El libro Campus Speech and Academic Freedom: A Guide for Difficult Times (Yale University Press, 2026), de Erwin Chemerinsky y Howard Gillman, es una guía práctica para líderes universitarios que aborda dilemas complejos en libertad de expresión y libertad académica en los campus. Su contenido desarrolla Free Speech on Campus (2017), donde defienden principios básicos como «permitir la expresión de la gama más amplia posible de vistas» en los campus, sin llegar a responder a los desafíos que el nuevo libro sí aborda.


En un momento en que informes como el Academic Freedom Index Update 2025 alertan sobre un declive significativo en 34 países —incluyendo erosiones en integridad de campus y autonomía institucional—, el debate central sobre el futuro de las universidades gira en torno a la libertad académica y de expresión. Lo que distingue a la universidad de otros centros educativos o investigativos es precisamente su autonomía como garantía última de la libertad: para cuestionar dogmas, debatir ideas controvertidas y avanzar el conocimiento sin injerencias externas.

Esta tensión queda reflejada en medidas como la Higher Education (Freedom of Speech) Act 2023 del Reino Unido, que impone deberes a universidades para proteger la libertad de expresión «dentro de la ley» para staff, estudiantes y ponentes visitantes; o el intento de control ideológico que ha supuesto el Compact for Academic Excellence in Higher Education propuesto por la administración Trump en octubre 2025, que condiciona fondos federales a aceptar límites impuestos por el gobierno a su libertad académica y autonomía de gestión. El libro de Chemerinsky y Gillman ilumina los contornos de estas tensiones, recordándonos que comprometer la libertad socava el sentido mismo de la universidad.

Los autores argumentan que las universidades deben ser «zonas de libre pensamiento» y no «zonas libres de ofensas». Sostienen que el propósito de la educación superior es el descubrimiento y la difusión del conocimiento, lo cual es imposible si ciertas ideas se prohíben por ser consideradas ofensivas o hirientes.

Las universidades públicas no pueden prohibir el discurso simplemente porque es ofensivo. Sin embargo, pueden y deben actuar cuando el discurso se convierte en acoso dirigido, amenazas verdaderas o difamación, los cuales no están protegidos por la ley. No hay lugar para los discursos de odio.

«En los últimos años, los campus universitarios se han convertido en el epicentro de un debate nacional sobre los límites de la libertad de expresión… Muchos estudiantes hoy sienten que su derecho a un entorno de aprendizaje seguro y exclusivo debe prevalecer sobre el derecho de otros a expresar ideas que consideran odiosas… Nuestra posición es que las instituciones de educación superior tienen el deber de proteger la libertad académica de manera absoluta, pero también deben garantizar que todos los estudiantes, independientemente de su origen, se sientan miembros plenos de la comunidad académica.

De este modo, el ensayo nos acerca a las preguntas que hacen vibrar los pilares de la institución universitaria más allá de disputas coyunturales.

¿Cuáles son los límites del discurso de los profesores en entornos académicos como las aulas, donde no aplica la libertad de expresión constitucional plena, sino normas específicas de conducta profesional y pedagógica?

Límites del discurso de los docente en las aulas

¿Cuáles son los límites del discurso de los profesores en entornos académicos como las aulas, donde no aplica la libertad de expresión constitucional plena, sino normas específicas de conducta profesional y pedagógica?

Los autores distinguen entre:

La libertad de expresión que se aplica generalmente en espacios públicos del campus. Protege el derecho de los estudiantes a protestar y expresar opiniones, incluso si son extremas.

La libertad académica y normas profesionales en entornos como aulas, laboratorios, talleres, seminarios docentes, reuniones académicas de departamento o actividades de evaluación o publicaciones académicas. Se refiere específicamente al entorno de enseñanza e investigación. Protege a los profesores para que enseñen su materia sin interferencias políticas, pero también exige estándares profesionales.

En estos entornos no se aplica la libertad de expresión de forma absoluta. Se espera una conducta profesional y respeto a estándares disciplinares (argumentación rigurosa, respeto mutuo, pertinencia temática). Los profesores tienen libertad académica para enseñar y debatir, pero también responsabilidades profesionales ineludibles, como evitar desviarse sin razón de los objetivos de la materia o usar lenguaje hostil cuando no es pertinente. La libertad académica no autoriza automáticamente toda forma de habla en el aula; existe un equilibrio entre explorar ideas y mantener un entorno de aprendizaje productivo y respetuoso.

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¿Cómo regular protestas tumultuosas o interrupciones a ponentes invitados realizadas por quienes discrepan con ellos?

Regulación de protestas provocadoras

¿Cómo regular protestas tumultuosas o interrupciones a ponentes invitados realizadas por quienes discrepan con ellos?

Chemerinsky y Gillman parten de que toda persona tiene derecho a expresar desacuerdo o protesta, pero también sostienen que nadie debe usar su protesta para impedir el discurso de otros; en otras palabras, no se debe permitir que una protesta se convierta en una disrupción total del evento. Esto se conecta con el principio legal de evitar el “heckler’s veto”, esto es, la censura indirecta de un orador por la reacción hostil de la audiencia: que las universidades silencien un discurso para evitar los disturbios causados por opositores ruidosos, permitiendo que los abucheadores decidan qué se puede decir.

Las universidades deben, por tanto, proteger el derecho de protesta (voz, pancartas, manifestaciones pacíficas), el derecho del ponente a ser escuchado (que pueda hablar sin ser interrumpido de forma permanente) y establecer reglas claras de conducta para protestas (tiempo, lugar, límites de volumen, coordinación con seguridad) que se apliquen de modo consistente cuando la protesta cruce la línea hacia la disrupción completa del discurso. La autoridad universitaria puede y debe poner límites que permitan la convivencia de expresión y protesta, evitando que grupos mayoritarios o más ruidosos silencien a otros.

¿Cómo equilibrar la neutralidad institucional ante acontecimientos internacionales controvertidos con los valores universitarios de diversidad e inclusión, sin censurar el debate abierto?

Neutralidad política ante sucesos de carácter global

¿Cómo equilibrar la neutralidad institucional ante acontecimientos internacionales controvertidos con los valores universitarios de diversidad e inclusión, sin censurar el debate abierto?

Los autores explican que la neutralidad institucional absoluta es impracticable: una universidad es, en sí misma, una comunidad con valores y compromisos, por lo que temas globales sensibles inevitablemente impactan en el campus. Su idea es que una universidad no debería tomar posiciones políticas oficiales sobre cuestiones internacionales complejas para evitar parcialidad o polarización interna. Los líderes deben mostrar prudencia y restricción, equilibrando la apertura al debate con declaraciones institucionales que no silencien voces disidentes. Deben fomentar debates amplios en torno a temas globales dentro de los foros académicos y evitar declaraciones institucionales que cierren espacios de diálogo, siendo conscientes de que las universidades no operan en un vacío moral o social y de que, por lo tanto, los silencios institucionales pueden ser percibidos como alineamientos tácitos. Deben pronunciarse solo cuando sea necesario para clarificar valores fundamentales sin cerrar la discusión académica.

¿Cuándo un profesor cruza la línea en el aula, entre libertad académica e insultos o epítetos despectivos dirigidos contra personas por su pertenencia a categorías vulnerables o minoritarias?

Línea roja de respeto a las minorías en el aula

¿Cuándo un profesor cruza la línea en el aula, entre libertad académica e insultos o epítetos despectivos dirigidos contra personas por su pertenencia a categorías vulnerables o minoritarias?

La libertad académica permite a profesores enseñar y debatir ideas controvertidas. Pero no autoriza un ambiente donde se use lenguaje o conductas discriminatorias que puedan generar hostilidad. Si el uso de lenguaje histórico o polémico se hace para ilustrar un punto académico legítimo, con contexto y cuidado pedagógico, suele estar dentro de la libertad académica. Si se usa de manera que no es relevante al aprendizaje y sirve solo para degradar, intimidar o discriminar, podría constituir acoso o hostigamiento.

¿Es legítimo desmantelar acampadas de protesta pacíficas cuando su duración o disrupción amenaza seriamente las funciones educativas básicas del campus, como clases y seguridad?

Desmantelamiento de acampadas y ocupaciones

¿Es legítimo desmantelar acampadas de protesta pacíficas cuando su duración o disrupción amenaza seriamente las funciones educativas básicas del campus, como clases y seguridad?

El libro argumenta que la paz no exime de reglas preexistentes neutrales en contenido, como prohibiciones a ocupaciones prolongadas que bloquean accesos, generan riesgos de higiene o sanidad o distraen de la misión académica. Los líderes universitarios deben analizar: el impacto real (si la protesta causa un trastorno grave que va más allá de solo hacer ruido o estar presente), aplicar normas imparciales previas (no actuar solo por desacuerdo ideológico) y ofrecer opciones como áreas específicas para protestar. Quedarse callados no funciona; es mejor actuar con firmeza para defender la libertad de expresión de toda la comunidad, sin favoritismos, priorizando la función educativa sobre ocupaciones simbólicas


ALFONSO GONZÁLEZ HERMOSO DE MENDOZA

Presidente EsdeES


Otras publicaciones del autor;

Espacios de Educación Superior está dirigido a poner en contacto a las personas e instituciones interesadas en la sociedad del aprendizaje en Iberoamérica y España.