«Es imprescindible avanzar hacia un sistema más permeable e integrado, que facilite pasarelas reales entre universidad y formación profesional. El aprendizaje a lo largo de la vida exige itinerarios flexibles, donde se reconozcan los aprendizajes previos y se eviten compartimentos estancos», señala el presidente de la Conferencia de Consejos Sociales de España, Antonio Abril
Antonio Abril Abadín es uno de los referentes del sistema universitario español de la última década, especialmente por su intensa dedicación a la articulación de la relación universidad‑empresa y su porpósito de impulso del papel de los consejos sociales.
Como presidente de la Conferencia de Consejos Sociales de las Universidades Españolas, ha liderado un discurso claro sobre la necesidad de una universidad más abierta a la sociedad, más responsable y mejor financiada, defendiendo la cooperación con el tejido productivo como condición para el desarrollo económico y social de España.
Anteriormente, ha sido durante más de tres décadas alto directivo en Inditex, donde ejerció como secretario general y del consejo de administración, aportando una mirada estratégica y de gobernanza corporativa que hoy traslada a la universidad. Su experiencia se completa con una etapa de actividad docente como profesor de Derecho Administrativo, que refuerza su conocimiento interno del sistema universitario.
Finalizada la formación universitaria, bien sea de grado o de máster, la mayor parte del aprendizaje profesional de una persona se realiza en el seno de la empresa. ¿Qué lugar ocupan las universidades a partir de ese momento?
Desde mi punto de vista, las universidades deben ocupar un lugar central y permanente en el aprendizaje a lo largo de la vida, y no limitar su función a la formación inicial de grado o máster. La realidad profesional actual exige procesos continuos de actualización, recualificación y especialización, y en ese contexto la universidad tiene que seguir siendo un referente de confianza, calidad y rigor.
La universidad no puede desaparecer del itinerario formativo de las personas una vez obtenido un título. Al contrario, debe consolidarse como un socio estable del desarrollo profesional, capaz de acompañar a las personas a lo largo de toda su vida laboral, aportando conocimiento avanzado, pensamiento crítico y una visión a medio y largo plazo que no siempre está presente en otros agentes formativos.
(la universidad) debe consolidarse como un socio estable del desarrollo profesional, capaz de acompañar a las personas a lo largo de toda su vida laboral, aportando conocimiento avanzado, pensamiento crítico y una visión a medio y largo plazo que no siempre está presente en otros agentes formativos
A lo largo de la vida profesional una persona va acumulando competencias y experiencias susceptibles de ser valoradas e integradas en su CV. ¿Cómo podemos mejorar su acreditación para mejorar su empleabilidad? ¿Sería deseable que tuvieran reflejo en la adquisición de títulos oficiales?
A lo largo de la vida profesional se adquieren competencias de enorme valor que hoy no siempre encuentran un reconocimiento adecuado. Creo que debemos avanzar hacia sistemas más flexibles, comprensibles y fiables de acreditación, que permitan poner en valor la experiencia profesional sin rebajar los estándares de calidad.
No todas esas competencias deben traducirse necesariamente en títulos oficiales completos, pero sí deberían poder reconocerse mediante credenciales parciales, acumulables y contrastables, emitidas por instituciones con prestigio y solvencia académica. Las universidades pueden y deben desempeñar aquí un papel clave, aportando métodos de evaluación rigurosos y garantizando que ese reconocimiento tenga valor real en el mercado laboral.
Creo que debemos avanzar hacia sistemas más flexibles, comprensibles y fiables de acreditación, que permitan poner en valor la experiencia profesional sin rebajar los estándares de calidad
¿Cómo valoran las empresas la irrupción de las microcredenciales?
La percepción que trasladan muchas empresas es positiva, siempre que las microcredenciales respondan a necesidades concretas y reales y no se conviertan en un mero catálogo desordenado de certificados. Las empresas valoran la rapidez, la especialización y la orientación práctica, pero también demandan claridad, coherencia y confianza.
Por eso considero fundamental que las universidades participen activamente en este ámbito. Su implicación es clave para evitar la fragmentación, dotar de sentido a las microcredenciales y asegurar que tengan un valor reconocible, comparable y sostenible en el tiempo.

¿Y las acreditaciones digitales?
Las acreditaciones digitales representan una oportunidad muy relevante para mejorar la transparencia, la portabilidad y la actualización permanente del currículum profesional. Permiten visualizar mejor qué sabe hacer una persona y facilitan la verificación de competencias.
Ahora bien, su utilidad dependerá de que se desarrollen dentro de marcos comunes de calidad y reconocimiento. Sin ese marco, existe el riesgo de inflación de credenciales y de pérdida de confianza. De nuevo, las universidades están llamadas a actuar como garantes del valor académico y profesional de estas acreditaciones.
existe el riesgo de inflación de credenciales y de pérdida de confianza. De nuevo, las universidades están llamadas a actuar como garantes del valor académico y profesional de estas acreditaciones
¿Cómo valora la formación en línea en relación con las necesidades de formación de las empresas? ¿Se han adaptado la oferta de las universidades a está modalidad?
La formación en línea es hoy imprescindible para atender las demandas de las empresas y de los profesionales en activo. Las universidades han avanzado mucho en este terreno, especialmente tras la pandemia, pero el desafío ya no es solo tecnológico.
El verdadero reto es ofrecer formación en línea de calidad, con metodologías adecuadas, evaluación rigurosa y orientación clara a resultados de aprendizaje. No se trata de trasladar la docencia presencial a una pantalla, sino de repensar los modelos pedagógicos, manteniendo el nivel académico y adaptándose a perfiles profesionales diversos.
No se trata de trasladar la docencia presencial a una pantalla, sino de repensar los modelos pedagógicos, manteniendo el nivel académico y adaptándose a perfiles profesionales diversos
¿Cuál es la relación entre la formación que proporcionan las universidades con los servicios y resultados de aprendizaje que ofrecen los MOOC, los infoproductos o los bootcamps?
Estos formatos han demostrado una gran capacidad de respuesta rápida y de adaptación a nichos concretos de demanda. Sin embargo, suelen presentar limitaciones en cuanto a profundidad, evaluación y reconocimiento formal.
Desde mi punto de vista, la universidad no debe competir frontalmente con estos modelos, sino integrar algunos de sus elementos positivos (flexibilidad, modularidad, orientación práctica) dentro de un marco académico sólido. La clave está en la complementariedad, no en la sustitución.

¿Cómo afectará la inteligencia artificial a los servicios de formación en las empresas?
La inteligencia artificial va a transformar profundamente la formación, tanto en contenidos como en metodologías. Permitirá personalizar itinerarios, anticipar necesidades formativas y mejorar la eficiencia de los procesos de aprendizaje.
Pero, al mismo tiempo, incrementará la necesidad de competencias humanas, éticas y críticas, así como de una comprensión profunda de los impactos sociales y económicos de la tecnología. En este ámbito, la universidad tiene una responsabilidad especial: no solo formar en el uso de la IA, sino también en su comprensión responsable y crítica.
¿Cómo colaboran empresas y universidades en la definición de la oferta de formación permanente?
Creo que debemos avanzar hacia una colaboración más estructural y menos coyuntural. No basta con respuestas puntuales a demandas concretas; es necesario establecer espacios estables de diálogo y codiseño de la oferta formativa.
Los consejos sociales, precisamente por su composición y función, pueden desempeñar un papel clave como puente entre la universidad y el tejido productivo, ayudando a alinear la formación permanente con las necesidades reales de la sociedad y la economía.
Los consejos sociales, precisamente por su composición y función, pueden desempeñar un papel clave como puente entre la universidad y el tejido productivo, ayudando a alinear la formación permanente con las necesidades reales de la sociedad y la economía
A la hora de atender las demandas de formación de las empresas, ¿hay diferencias entre las universidades públicas y privadas?
Existen diferencias en cuanto a gobernanza, flexibilidad y capacidad de reacción, pero también claras complementariedades. Las universidades públicas aportan escala, diversidad, vocación de servicio público y legitimidad institucional, mientras que las privadas suelen mostrar mayor agilidad en determinados ámbitos.
Desde mi punto de vista, el objetivo no debe ser la confrontación, sino la coexistencia equilibrada, con reglas claras y orientada al interés general del sistema universitario y del país.
¿Cómo cree que podría mejorarse la movilidad entre la formación universitaria y la formación profesional en España?
Es imprescindible avanzar hacia un sistema más permeable e integrado, que facilite pasarelas reales entre universidad y formación profesional. El aprendizaje a lo largo de la vida exige itinerarios flexibles, donde se reconozcan los aprendizajes previos y se eviten compartimentos estancos.
Esto requiere cambios normativos, coordinación institucional y, sobre todo, una cultura compartida de reconocimiento mutuo, en la que universidad y formación profesional se conciban como partes complementarias de un mismo sistema.
Entrevista Cecilia Llop EsdiES
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