SHIFT (Student-centred Higher Education Innovation for the Future of Teaching), financiado por Erasmus+ y coordinado por la Erasmus Student Network, sostiene que la universidad europea no puede seguir tratando a sus estudiantes como simples destinatarios de un servicio, sino como protagonistas activos en la construcción de sus trayectorias académicas. El proyecto trabaja en herramientas concretas para que estudiantes, profesorado e instituciones construyan juntos la enseñanza, sobre todo en los nuevos espacios transnacionales que abren las Alianzas de Universidades Europeas y el futuro Título Europeo
ALBERTO ESPARZA-HUETO
Casi toda la conversación europea sobre educación superior gira hoy en torno a las grandes estructuras: el Título Europeo, las Alianzas de Universidades Europeas, los microcréditos o el reconocimiento automático de las estancias en el extranjero. Una conversación necesaria, pero que se queda corta. Por muy bien diseñados que estén esos andamiajes, no se sostendrán si la pregunta de fondo, quién decide qué se enseña y de qué manera, se sigue respondiendo en el mismo círculo cerrado de siempre y deja fuera al grupo más numeroso de la comunidad universitaria: el estudiantado.
Ahí es donde entra SHIFT (Student-centred Higher Education Innovation for the Future of Teaching). Puesto en marcha en 2026 con financiación Erasmus+ y coordinado por la Erasmus Student Network, el proyecto reúne durante tres años a siete socios europeos del mundo estudiantil, universitario y de la política educativa. Su principal propósito es que los estudiantes asuman un papel real en la construcción de aquello que aprenden.
Veinte años de un lema que casi nadie aplica
Que el alumnado debe estar en el centro del aprendizaje se repite en los documentos del Espacio Europeo de Educación Superior desde hace dos décadas. La fórmula suena bien y nadie la discute. El problema surge al descender a los datos: el último Informe de Implementación del Proceso de Bolonia señala que en catorce de los cuarenta y ocho sistemas universitarios europeos esa idea ni siquiera figura en la normativa, y en otros veintiocho aparece mencionada, pero sin que nadie haya explicado qué significa en la práctica. Entre lo que se proclama y lo que se hace, media un abismo.
SHIFT nace precisamente para cubrir ese vacío mediante herramientas prácticas. Si cuando más permea el aprendizaje en los estudiantes es cuando participan en cómo se organiza su enseñanza, SHIFT defiende que las metodologías, los itinerarios y la evaluación deben diseñarse escuchando esa voz desde el principio.
Que el alumnado debe estar en el centro del aprendizaje se repite en los documentos del Espacio Europeo de Educación Superior desde hace dos décadas…Entre lo que se proclama y lo que se hace, media un abismo
El proyecto parte de que los itinerarios educativos no pueden diseñarse únicamente en función de las preferencias del profesorado ni exclusivamente de las necesidades inmediatas del mercado laboral. La formación universitaria adquiere sentido cuando logra articular, en un programa, el conocimiento académico que aporta el profesorado, las competencias y los desafíos que plantea el mundo profesional y las aspiraciones, experiencias y necesidades de quienes aprenden. Desde esta lógica, la cocreación no consiste en sustituir unas voces por otras, sino en construir espacios donde todas ellas puedan dialogar y contribuir al diseño de la experiencia educativa.
A partir de ahí, el proyecto avanza en dos frentes que se necesitan mutuamente: uno dirigido al profesorado, para darle un lenguaje común con el que llevar esa idea al aula; otro dirigido al estudiantado, para que pueda intervenir en el rediseño de lo que estudia.
De completar una encuesta a sentarse a decidir
Hay mucha distancia entre escuchar a los estudiantes y darles capacidad de decisión. La misma que separa marcar casillas en un cuestionario de fin de curso de sentarse en la mesa donde se discute el próximo plan de estudios. SHIFT apunta a lo segundo. El proyecto prepara una caja de herramientas de ‘cocreación’ pensada para los representantes de estudiantes, para sus órganos de gobierno y, muy en especial, para los consejos estudiantiles que han echado a andar hace poco dentro de las alianzas de universidades europeas. La idea es desarrollar una metodología que vaya desde cómo se convoca una sesión de trabajo sobre el currículo hasta cómo se verifica más tarde si los cambios acordados han servido de algo.
En paralelo, el proyecto quiere desarrollar una plataforma digital para que cada estudiante se mueva por su cuenta entre las opciones de formación internacional que tiene a su alcance, desde la estancia de un semestre de toda la vida hasta los microcréditos, los itinerarios flexibles o los programas conjuntos que traerá el Título Europeo. Las oportunidades están ahí, pero hoy resultan indescifrables para casi cualquiera que no tenga detrás a alguien que se las explique.
Hay mucha distancia entre escuchar a los estudiantes y darles capacidad de decisión. La misma que separa marcar casillas en un cuestionario de fin de curso de sentarse en la mesa donde se discute el próximo plan de estudios
Sin el profesorado no hay nada que hacer
Hablar de ‘cocreación’ dejando al margen al profesorado sería absurdo. Por eso, buena parte del trabajo de SHIFT mira directamente a quienes dan clase. El proyecto está elaborando un marco teórico y, sobre todo, un manual práctico para enseñar desde una perspectiva centrada en el estudiante en contextos internacionales. El manual se ha pensado por piezas, de modo que cada equipo docente combine los componentes que le encajen según su disciplina, el tipo de programa y la diversidad de procedencias que tenga en el aula.
Todo ese material no se quedará en el papel. Una red de en torno a veinte universidades europeas y otros tantos representantes de estudiantes lo pondrá a prueba durante más de un año, con formaciones, talleres en línea y dos encuentros presenciales. De esa experiencia, el consorcio sacará recomendaciones dirigidas a quienes tienen en la mano la política universitaria europea y nacional, justo cuando esas instituciones deben decidir cómo se van a gobernar las nuevas estructuras que están naciendo.
Qué está en juego
El futuro del Título Europeo y la consolidación de las más de sesenta Alianzas de Universidades Europeas se decidirá durante estos años. Si se hace sin contar con los estudiantes, lo que salga de ahí repetirá los errores del pasado. SHIFT busca evitarlo poniendo nuevos métodos y experiencias sobre la mesa de quienes están redactando las reglas del nuevo capítulo de la educación superior europea.
SHIFT es un consorcio de siete socios coordinado por la Erasmus Student Network, la mayor red estudiantil del continente europeo. Junto a ella trabajan la European Students’ Union, que federa a los sindicatos y uniones nacionales de estudiantes; la Academic Cooperation Association, asociación europea de las agencias nacionales de internacionalización de la educación superior, y el Institute for Development in Education, centro de estudios dedicado a la reforma de la enseñanza universitaria. Completan el grupo el European Consortium of Innovative Universities, alianza de universidades centrada en el aprendizaje basado en retos, y dos universidades que coordinan sendas alianzas europeas, la de Poitiers en la alianza EC2U y la de Oviedo en la alianza INGENIUM.

Alberto Esparza-Hueto
Comunicación y Relaciones Institucionales
Oficina INGENIUM en la Universidad de Oviedo






