La necesidad de la participación estudiantil en la universidad

Informe "Rethinking student voice: how can higher education design effective student governance?"

Seminario de Nobles Madrid 1860

El Higher Education Policy Institute (HEPI) es el único think tank independiente del Reino Unido dedicado exclusivamente a la educación superior. Fundado en 2002, HEPI publica investigaciones, análisis y comentarios para informar políticas y fomentar el debate, actuando como puente entre el sector y los responsables políticos. HEPI lanzó en diciembre de 2025 el informe «Rethinking student voice: how can higher education design effective student governance?». A partir de entrevistas con antiguos representantes estudiantiles y equipos directivos universitarios, el estudio identifica obstáculos que limitan la participación real del alumnado en los órganos de gobierno y subraya la importancia de mejorar los procesos de elección y acompañamiento, así como de fomentar culturas institucionales más inclusivas que permitan a los estudiantes ejercer su papel con mayor peso e influencia.

ALFONSO GONZALEZ HERMOSO DE MENDOZA


El reciente informe de HEPI (2025), titulado Student Voice Report, reclama una participación real del estudiantado en el gobierno, vinculando su consecución a los valores constituyentes de la universidad. HEPI nos viene a recordar la urgencia de superar un relato que niega o infantiliza al estudiantado, un discurso más propio de una ideología retroutópica y frentista que reflejo de las realidades y las necesidades de la vida universitaria actual. Sin la legitimación y el criterio que aporta la participación estudiantl difícilmente la universidad superara las tensiones económicas y políticas a las que está sometida.

La securitización de la representación estudiantil, presentar la participación estudiantil más como una amenaza a la estabilidad o un riesgo de desorden que como un derecho democrático y una oportunidad de mejora, es manifestación de una ideología que teme el diálogo y la transparencia, incompatible con la universidad.

En una dirección coincidente, aunque con una finalidad distinta, el marketing universitario se ha centrado en la transformación del papel del estudiantado a través de la idea del «Student Journey», una propuesta que va mucho más allá de la experiencia de aprendizaje en el aula, incorporando como elementos esenciales de la universidad la vida en el campus, el uso de bibliotecas, o las prácticas profesionales, y de manera prioritaria la participación en el gobierno. El estudiantado universitario no puede ser considerado como un receptor pasivo y aislado de información.

Estigmatizar la presencia del estudiantado en la vida universitaria es un primer paso en el sometimiento de la libertad académica a la voluntad de los gobiernos

No es casualidad que los derechos de los estudiantes se hayan colocado en el centro de las presiones para controlar la libertad en las universidades. Estigmatizar la presencia del estudiantado en la vida universitaria es un primer paso en el sometimiento de la libertad académica a la voluntad de los gobiernos.

Así lo podemos apreciar en la carta enviada por la administración Trump a la Universidad de Harvard el 11 de abril de 2025 en la que se condicionaba miles de millones en fondos federales a reducir la participación de los estudiantes en la gobernanza universitaria; restringir el reconocimiento y financiación de grupos estudiantiles; limitar su libertad de expresión y, en su caso, exigir la expulsión.

La participación del estudiantado en el gobierno universitario no es una concesión graciosa, sino un imperativo democrático y funcional. Como tal, es asumido y promovido con normalidad por todas las instituciones universitarias de nuestro ámbito cultural. Defender esta participación implica reconocer algo tan consustancial a la universidad como que el estudiante no solo transita por la institución, sino que es su razón de ser y uno de sus activos más competentes.

La competencia cívica del estudiantado

La primera barrera que derriba el informe de HEPI es el prejuicio sobre la supuesta «falta de preparación» del estudiantado. Como ciudadanos mayores de edad, los estudiantes poseen plena capacidad jurídica y de discernimiento. El informe subraya que negarles el voto o el peso en decisiones estratégicas es una forma de infantilización que choca con la realidad social. El despotismo de «todo para los estudiantes, pero sin los estudiantes», como bien se ha encargado de señalar la UNESCO, conduce a la destrucción de la universidad.

No es casualidad que la autora del informe, en uno de sus pasajes clave, señale:

«La madurez de una institución académica se mide por su capacidad para tratar a sus estudiantes no como clientes que consumen un producto, sino como ciudadanos académicos con un interés legítimo en la dirección estratégica de su propia formación».

El estudiantado como experto en experiencia

El concepto de «autonomía universitaria» a menudo se usa para blindar a los estamentos docentes, pero la autonomía pertenece a la comunidad en su conjunto. Los estudiantes viven la universidad de una forma que ni los profesores ni los gestores pueden replicar: ellos experimentan la brecha entre la teoría y la práctica, viven la eficacia de los cuidados y conocen la calidad del entorno de aprendizaje.

Su experiencia no es anecdótica; es la esencia misma de la evaluación institucional. El informe de HEPI destaca que el criterio estudiantil es el sensor más preciso para medir si la universidad está cumpliendo su misión social y educativa en tiempo real.

La gestión profesional y la visión estratégica

Un argumento común contra la participación estudiantil es la complejidad de la gestión económica y administrativa. No obstante, este argumento es falaz: la universidad moderna cuenta con una administración profesionalizada (gerencia, servicios jurídicos, departamentos de RR. HH.) que se encarga de la ejecución técnica.

El papel del estudiantado en los órganos de gobierno no es llevar la contabilidad, sino aportar su visión en la toma de decisiones estratégicas. El informe de HEPI insiste en que, si los decanos y rectores confían en técnicos para la gestión financiera, no hay razón para no contar con la visión de los estudiantes para definir las prioridades de inversión y desarrollo académico.

Desmitificando la politización

Se suele acusar a los estudiantes de actuar por intereses partidistas, pero el informe de 2025 es tajante al respecto: el grado de implicación política de los estudiantes no difiere en absoluto del que presentan los claustros de profesores o el personal de administración y servicios (PAS). De hecho, en el prólogo del informe se lee una reflexión contundente:

«Es una hipocresía institucional temer la politización de los representantes estudiantiles mientras se ignora que las cátedras y los rectorados han sido, históricamente, espacios de intensa negociación e influencia ideológica».

La participación estudiantil no introduce la política en la universidad; simplemente la democratiza, permitiendo que la voz del colectivo más numeroso tenga peso al igual que la de los otros grupos de interés.

El compromiso con el futuro

Del mismo modo que otros colectivos que pueden ver la universidad como el lugar para una carrera funcionarial o un empleo estable, el estudiante tiene un compromiso existencial con la institución. Su futuro profesional y personal depende directamente del prestigio, la calidad y la sostenibilidad de su universidad. Si la institución decae, es el título del estudiante el que pierde valor. Por ello, su compromiso con la institución es, al menos, tan exigente como el de cualquier otro estamento.

Los estudiantes como creadores de conocimiento

Este enfoque aporta una de las reflexiones con mayor fuerza de transformación institucional. En el Reino Unido, instituciones de élite como la Universidad de Cambridge han impulsado el modelo «Students as Partners», o opciones semejantes podemos encontrar en EEUU en la Universidad de Harvard o en el MIT. Este marco redefine la relación educativa como una colaboración de co-creación. Se busca que el estudiante participe en el diseño curricular, no solo en la encuesta de satisfacción posterior y que su aprendizaje se realice en relación directa con el entorno creando conocimiento.

El informe HEPI resalta que las universidades que adoptan estos modelos de colaboración representan mayores índices de retención, mejor bienestar estudiantil y una mayor agilidad para adaptarse a los cambios tecnológicos.

Recomendaciones del Informe HEPI 2025

El informe concluye con una hoja de ruta clara para la transformación de las universidades:

  • Paridad en los órganos de decisión: No basta con una representación simbólica; se recomienda alcanzar cuotas que permitan un impacto real en las votaciones sobre presupuestos y planes de estudio.
  • Transparencia radical: Las universidades deben publicar de forma accesible cómo las aportaciones estudiantiles han modificado políticas concretas, cerrando el círculo de retroalimentación.
  • Remuneración y reconocimiento: Dado que la gobernanza exige tiempo y competencia, el informe sugiere reconocer la labor de los representantes estudiantiles con créditos académicos o becas de colaboración, valorando su trabajo como una formación en alta gestión.
  • Institucionalización del diálogo: Pasar de la queja reactiva a la propuesta proactiva a través de comités mixtos permanentes de innovación.

Conclusión

La universidad del siglo XXI no puede gobernarse con ideologías que perpetúan la ineficiencia, cuando no la arbitrariedad. La participación del estudiantado, avalada por el rigor del informe de HEPI y el éxito de modelos como el de Cambridge, es una de las pocas vías para hacer de la universidad una institución vibrante, relevante y verdaderamente autónoma. Al empoderar a los estudiantes, la universidad no pierde autoridad; gana legitimidad y futuro.

Acceder a informe «Rethinking student voice: how can higher education design effective student governance?»


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ALFONSO GONZÁLEZ HERMOSO DE MENDOZA Presidente EsdeES


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