La comunidad estudiantil es un actor geopolítico clave infrarrepresentado en la gobernanza de la educación superior. Eso conlleva como resultado unas políticas públicas y educativas que no son representativas ni inclusivas. Poner a los estudiantes en el centro de los procesos educativos globales y de toda la vida universitaria local implica entonces reformar la participación estudiantil a 360 grados. A nivel local, es esencial innovar los procesos de generación, investigación y aplicación del conocimiento, al igual que los procesos administrativos y de servicios.
MARTINA BO
Si cerramos los ojos e imaginamos las características de la comunidad estudiantil en 2050, observamos un conjunto de individuos que no se limita a aprender en las cuatro paredes del aula universitaria, sino que aplica de manera activa el conocimiento, que sale a las calles y crea grupos colectivo-asociativos sin fronteras. El acto de estudiar cambia de significado: se vuelve flexible, interactivo e impactante. El estudiante no recibe pasivamente las nociones sino que las cuestiona, busca alternativas y no se conforma. Complementa el aprendizaje con viajes, estadías y prácticas en otros países, sigue cursos especializados para su crecimiento personal y profesional y, al hacerlo, transforma la educación superior.
Y ahora, ¡abrimos los ojos!: esta comunidad estudiantil no es una utopía sino la realidad. Cada vez más estudiantes se sienten ciudadanos globales y agentes de cambio: abandonan el hogar para construir puentes con el extranjero, ven las diferencias como oportunidades de innovación en lugar de obstáculos, crean comunidades locales, regionales e internacionales para enfrentar los retos de un mundo globalizado. Un mundo donde los desafíos como el cambio climático, la construcción y la preservación de la paz, el fortalecimiento de la democracia, la seguridad alimentaria, la revolución tecnológica y la inteligencia artificial trascienden las fronteras y necesitan respuestas coordinadas. En este contexto, la comunidad de estudiantes se hace propulsora del poder transformador de las conexiones multilaterales entre países…
El acto de estudiar cambia de significado: se vuelve flexible, interactivo e impactante. El estudiante no recibe pasivamente las nociones sino que las cuestiona, busca alternativas y no se conforma
La flexibilidad se expresa también fuera del estudio en el tiempo dedicado a actividades extracurriculares y de voluntariado. La comunidad estudiantil se convierte entonces en una comunidad de palabras y hechos: los / las estudiantes forman asociaciones, impulsando la vida comunitaria en la universidad. Estas asociaciones permiten el encuentro e intercambio entre estudiantes provenientes de diferentes contextos sociales y entornos culturales heterogéneos.
Los participantes se reúnen en un ambiente de respeto recíproco e igualdad, promoviendo temas de interés común como el medio ambiente, cuestiones de género, derechos humanos, geopolítica, etc. La vida asociativa nace a nivel local y se extiende a nivel nacional e internacional, con formas de colaboración globales (a través de hackathons, foros, etc.) y portavoces en todo el mundo.
Por ejemplo, Erasmus Student Network tiene una red capilar con más de 500 asociaciones locales presentes en 1,000 instituciones de educación superior en 45 países. Lo mismo se puede afirmar para la Unión Europea de Estudiantes (ESU), que representa a más de 45 sindicatos nacionales de estudiantes en 40 países. A nivel mundial, la comunidad de estudiantes está representada por el Foro Global de Estudiantes, que defiende los intereses educativos, culturales, económicos y sociales de más de 300 millones de estudiantes en todo el mundo. Estas redes conllevan un activismo estudiantil global, que es ampliado aún más gracias a las plataformas digitales y las redes sociales…
Erasmus Student Network tiene una red capilar con más de 500 asociaciones locales presentes en 1,000 instituciones de educación superior en 45 países
El plan de estudios contemporáneo está caracterizado por experiencias en el extranjero y alianzas universitarias transfronterizas. En casi todos los países del mundo, cada vez más estudiantes deciden realizar una experiencia de movilidad como catalizador de excelencia académica, intercambio cultural y comprensión internacional en un mundo interconectado. De hecho, estas experiencias permiten desarrollar competencias transversales como la inteligencia cultural, el pensamiento crítico, la capacidad de resolución de problemas, la creatividad, el multilingüismo y la adaptabilidad.
No sorprende entonces que a nivel global la proporción de estudiantes internacionales haya aumentado entre 2013 y 2022, a pesar de las interrupciones debidas a la pandemia de COVID-19, según los datos de la OCDE. En Europa, por ejemplo, el programa Erasmus+ ha permitido a 15 millones de beneficiarios formarse en el extranjero desde su creación, con 4 mil millones de subvenciones asignadas y casi 100,000 instituciones involucradas solo en 2023.
Más que un momento histórico colectivo específico, la movilidad estudiantil y la libertad de movimiento (en el sentido de viajar, estudiar, trabajar y vivir en el extranjero) ha definido los años de formación de los jóvenes europeos, con el 40 % que menciona los intercambios Erasmus como su momento formativo más significativo.
Si bien la movilidad estudiantil es una experiencia fundamental en el crecimiento académico, desarrollo personal y oportunidades de empleo, no es accesible a toda la comunidad global de estudiante
Si bien la movilidad estudiantil es una experiencia fundamental en el crecimiento académico, desarrollo personal y oportunidades de empleo (con tasas de desempleo un 23 % más bajas entre los participantes Erasmus), no es accesible a toda la comunidad global de estudiantes.
La encuesta de Erasmus Student Network, que cada año recibe más de 20,000 respuestas por parte de la comunidad estudiantil, destaca tres obstáculos principales. Antes de todo, se observa una preocupación por la falta de recursos financieros para participar en un programa de movilidad (subrayado por casi el 40 % de encuestados – con el 62,7 % que afirma haber recibido su beca después de su intercambio). Este dato es relevante en el ámbito de las últimas declaraciones estadounidenses de recortes financieros para programas de movilidad. En segundo lugar, se destaca la búsqueda de un alojamiento accesible (según el 35,5 % de los encuestados). Por último, se señalan los problemas relacionados con los cursos, entre otros, la inscripción y el reconocimiento de los exámenes sostenidos en otra universidad (según el 34 % de los encuestados).
Los desafíos aumentan si se consideran a los estudiantes de entornos desfavorecidos (entre otros, de bajos niveles socioeconómicos o de minorías étnicas). Para participar en un programa de movilidad, por ejemplo, necesitan que por lo menos el 75 % de los gastos sean cubiertos de antemano por una subvención en comparación a otros becarios. Además, los estudiantes que pertenecen a esta categoría muestran más dificultades en integrarse en la comunidad estudiantil y temen situaciones de discriminación. De hecho, según otra encuesta de Erasmus Student Network sobre la inclusión social estudiantil, los estudiantes de entornos desfavorecidos afirman recibir un trato diferente o injusto, así como un acceso distinto a los recursos y oportunidades universitarias…
Esta desigualdad se ve agravada por dinámicas como el “brain drain”, o fuga de cerebros, fenómeno en el que los estudiantes más capacitados migran y rara vez regresan, reforzando un colonialismo académico que concentra el conocimiento en el norte global
Los datos de Erasmus Student Network subrayan que el proceso de solicitud de visado suele ser demasiado exigente o estricto, y aumenta de complejidad en función del país de acogida o de la nacionalidad del estudiante. Por ejemplo, varios países expiden un visado de estudiante solo si el solicitante puede presentar pruebas de que dispone de fondos suficientes o apoyo financiero durante su estancia, resultados de un reconocimiento médico, certificado de antecedentes penales, partida de nacimiento, copia del pasaporte, carta de aceptación de la universidad de acogida, una lista de los países visitados en los últimos cinco años y una prueba de billete de ida y vuelta.
Además, la solicitud debe iniciarse seis meses antes del viaje, lo que hace que el proceso sea bastante largo y agobiante. En el caso de los Estados Unidos, en 2025 el gobierno decidió suspender el proceso para emitir nuevos visados estudiantiles. En este contexto, aproximadamente el 17 % de los encuestados en la ESNsurvey afirmó que el proceso de solicitud de visado fue demasiado complicado o estricto, creando un obstáculo a la movilidad.
Las dificultades de movilidad aumentan para estudiantes del sur global, subrayando una brecha norte-sur en la educación superior. Mientras las universidades del norte compiten en una «guerra por el talento», relajando criterios de admisión para atraer a estudiantes internacionales (por ejemplo, a través de la nueva estrategia de visados para talentos de la Comisión Europea, parte de la «Unión de las Competencias»), muchos jóvenes del sur enfrentan barreras lingüísticas, limitaciones económicas y obstáculos burocráticos que restringen su acceso. Esta desigualdad se ve agravada por dinámicas como el “brain drain”, o fuga de cerebros, fenómeno en el que los estudiantes más capacitados migran y rara vez regresan, reforzando un colonialismo académico que concentra el conocimiento en el norte global.
Poner a los estudiantes en el centro de los procesos educativos globales y de toda la vida universitaria local implica entonces reformar la participación estudiantil a 360 grados
La comunidad estudiantil es un actor geopolítico clave infrarrepresentado en la gobernanza de la educación superior. Eso conlleva como resultado unas políticas públicas y educativas que no son representativas ni inclusivas. Poner a los estudiantes en el centro de los procesos educativos globales y de toda la vida universitaria local implica entonces reformar la participación estudiantil a 360 grados. A nivel local, es esencial innovar los procesos de generación, investigación y aplicación del conocimiento, al igual que los procesos administrativos y de servicios.
Por ejemplo, Erasmus Student Network ha lanzado la plataforma de la Generación Erasmus para recopilar toda la información relevante para los / las estudiantes que desean realizar una movilidad en el extranjero, garantizando la igualdad de acceso a la información. A nivel nacional, los ministerios de educación necesitan repensar el modelo de aprendizaje no formal, reconociendo el trabajo asociativo de la comunidad estudiantil y las competencias adquiridas gracias al voluntariado; por ejemplo, a través de créditos curriculares asignados a actividades voluntarias con alto impacto social y ambiental.
Por último, a nivel internacional, es esencial que los / las estudiantes tengan un asiento en los organismos internacionales, sobre todo si se debate sobre temas de educación, internacionalización y acceso al mundo del trabajo. Como suelen afirmar los jóvenes delegados en las Naciones Unidas: “nada sobre nosotros, sin nosotros”.

Martina Bo, Representante para las Américas de Erasmus Student Network (ESN)






