Publica y perece. El final de una manera de reputación

Pablo Santana

X El presente texto forma parte del artículo «Hablemos de las universidades» en el que se nos ofrece un recorrido por los principales desafíos a los que se enfrenta la institución universitaria planteados desde una perspectiva global. El texto nos invita reflexionar sobre la singularidad y relevancia de las universidades, destacando la importancia de su integración en las sociedades que las acogen.

ALFONSO GONZÁLEZ HERMOSO DE MENDOZA


Cincuenta años de un modelo de éxito

En enero de 2023, la rectora de Harvard se veía obligada a dimitir después de un escándalo vinculado a la falta de integridad académica en algunas de sus publicaciones. La renuncia de Claudine Gay trasciende lo personal para cuestionar los fundamentos de la economía de la reputación sobre la que se soporta la vida académica. Nos encontramos ante un punto de inflexión en un modelo de éxito que ha funcionado durante décadas, situación que algunos califican como «bancarrota epistémica».

Asumido el más absoluto rechazo a cualquiera de las prácticas de plagio, las noticias publicadas durante la campaña electoral contra Kamala Harris por comportamientos contrarios a la ética académica pusieron de manifiesto el uso intencionado de estas denuncias, dirigido no solo a derribar individuos, sino también a deslegitimar universidades y el conocimiento de los expertos. Esta campaña partidista obliga a una reflexión profunda sobre el impacto en la vida académica de la expansión constante de las herramientas de escritura digital y los profundos cambios que estas «herramientas» aportan a la producción de conocimiento.

Desde los años setenta, la implantación de la cultura del paper ha propiciado un cambio radical en las prácticas académicas. El artículo científico se ha naturalizado como el medio de expresión de la actividad investigadora, llevando al confinamiento a otras expresiones tradicionales del conocimiento académico. De la misma manera, se ha impuesto como métrica hegemónica y objetiva de los méritos de las carreras profesionales.

En una realidad en la que los datos han sustituido al juicio, la vida profesional en las universidades depende del dominio del complejo arte de la publicación. Maximizar la eficiencia de los recursos y la objetividad de las decisiones ha terminado por deteriorar los valores esenciales del sistema académico.

Nunca como ahora se ha publicado tanto; nunca ha habido tantas revistas, tantos números especiales y tantos artículos en los números. La cantidad de artículos publicados ha pasado de 300.000 al año en 1975 a un millón a principios de siglo, llegando a los tres millones en 2020. El proyecto científico difícilmente soporta esta frenética carrera autorreferenciada, donde las urgencias curriculares, en el mejor de los casos, van sustituyendo al rigor.

La normalización del fraude

Es la comunidad científica quien denuncia con insistencia la insostenibilidad de la situación. Y lo hace, en primer lugar, dando a conocer la creciente dificultad para replicar los experimentos y resultados publicados, la denominada «crisis de la replicabilidad«. Desgraciadamente, ni las editoriales ni las instituciones han puesto el empeño necesario para adaptar la evaluación de las publicaciones a la evolución de las maneras de hacer ciencia en los últimos cincuenta años.

Por otra parte, la generalización de expresiones como «Academic Paper Mills» (fábricas de papers), p-hacking (manipulación de datos para crear falsos positivos), el más común «HARKing» (elaborar hipótesis después de conocer los resultados), «círculos de citas» o «mercado negro de citas» (las citas se pueden manipular fácilmente mediante la creación de preimpresiones falsas y a través de servicios de pago) ponen de manifiesto la normalización de comportamientos fraudulentos bajo el axioma «Publish or perish». Fraudes cuyas consecuencias económicas y sociales, así como para las carreras profesionales de compañeros, se han demostrado demoledoras.

Pablo Santana

Pensemos en el fenómeno de las fábricas de artículos académicos. La IA ha hecho que sea fácil generar artículos de investigación que parecen plausibles. Las universidades no son víctimas inocentes de la actual crisis del conocimiento sintético; la están acelerando. La IA no es la enfermedad; es el síntoma de un sistema que se construye predominantemente sobre resultados mensurables a través de un debilitamiento gradual de los criterios que distinguen el saber de la apariencia de saber.

En esta situación, no es de extrañar que la tasa de retractación se haya multiplicado por cuatro entre el año 2000 y el 2020, que más de 10.000 artículos se retractaran tan solo en el año 2023 según Nature o que mirar el reporte diario de la página de Retraction Watch produzca vértigo. De los 50 millones o más de artículos publicados en la última década, unos 40.000 (menos del 0,1 %) han sido retractados, según los conjuntos de datos de las empresas. Pero el aumento de los avisos de retractación (mediante los cuales las revistas anuncian que un artículo va a ser retractado) está superando el crecimiento de los artículos publicados.

Un estudio pionero, liderado por investigadores de la Universidad de Granada, ha revelado que prácticas éticamente dudosas, como la inclusión de autores sin mérito o la citación de artículos por presión editorial, están bastante extendidas entre la comunidad científica hispanohablante. El trabajo, basado en las respuestas de 1.254 científicos de 19 países, alerta de que estas conductas, aunque no constituyen fraudes directos como la falsificación o el plagio, dañan la credibilidad de la ciencia y agravan la polarización social.

Los autores del estudio vinculan estas prácticas a sistemas de incentivos laborales y formativos deficientes, y advierten de que la presión por publicar y la existencia de liderazgos tóxicos favorecen su proliferación, especialmente entre los jóvenes investigadores. El estudio concluye que es urgente reformar los sistemas de evaluación científica y reforzar la ética en la formación académica para preservar la confianza en la ciencia.

La falta de rigor, maliciosa o negligente, que manifiestan las crecientes retractaciones no nos puede hacer olvidar el reproche que, desde el punto de vista de la ética académica, merece la plaga de artículos destinados a no ser leídos por nadie. Publicaciones tan insignificantes que ni siquiera resulta de interés clasificarlas como «verdaderas» o «falsas», sino como depredadoras de recursos públicos. Los datos son contundentes: el 90 % de los artículos publicados no recibe ninguna cita y el 50 % solo será leído por los editores.

Una reacción institucional 

El problema no se resuelve sólo castigando: mientras el sistema siga premiando la cantidad de publicaciones, persistirán los incentivos al fraude. Ahora bien, las sanciones tradicionales —correcciones y retractaciones— ya no parecen suficientes para disuadir determinadas formas de fraude científico, especialmente ante la expansión de las paper mills y el uso de IA. 

La inacción no parece la solución mientras se degrada el sistema, parece urgente una respuesta que combine mayor vigilancia, sanciones proporcionales y consecuencias profesionales. Entre las medidas posibles podemos encontrar prohibiciones temporales de publicar, retirada de financiación, exclusión de futuros proyectos y la obligación de declarar las retractaciones al solicitar financiación.

No obstante es esencial tener en cuenta que, no todo error debe considerarse fraude. Una referencia alucinada por una IA puede ser un descuido, mientras que su repetición sistemática o la manipulación deliberada de datos exige una respuesta mucho más severa. Las universidades deberían investigar los casos y sancionar a los responsables, preferiblemente mediante comités independientes para evitar conflictos de interés.

El negocio editorial y la ciencia abierta

El exitoso sistema de coproducción entre investigadores y editoriales también está siendo puesto en cuestión en cuanto a su estructura comercial. El poder del oligopolio de las editoriales sobre el sistema científico y las carreras profesionales ha generado una actividad económica que depara unos beneficios fuera de toda lógica para las empresas editoriales. Ganancias que originan unos costes descontrolados para las universidades, sufragados mayoritariamente con recursos públicos. Gastos que se han vuelto insostenibles, incluso para la Universidad de Harvard. La crisis de los «papers» también es consecuencia y se evidencia en el cuestionable modelo de negocio de una industria que bien podríamos calificar como extractiva.

Solo un tercio de los investigadores, editores, financiadores y bibliotecarios creen que los sistemas de recompensa y reconocimiento académico están funcionando bien, según una encuesta de Cambridge University Press.

En paralelo, el sistema universitario soporta otra fuerte tensión en torno al sistema de publicaciones, en este caso provocada por los defensores de las publicaciones en abierto. Nunca ha habido una conciencia institucional tan clara, tanto entre los responsables políticos como entre las asociaciones científicas internacionales, sobre la necesidad de compartir en abierto las publicaciones y los datos que surgen de las investigaciones universitarias. Ahora bien, hacer posible una ciencia abierta demanda un difícil y profundo cambio cultural en las prácticas científicas y los modos de gestión de la investigación.

Artículo completo «Hablemos de las universidades»


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Alfonso González Hermoso de Mendoza

Presidente de la Asociación Espacios de Educación Superior

Espacios de Educación Superior está dirigido a poner en contacto a las personas e instituciones interesadas en la sociedad del aprendizaje en Iberoamérica y España.