Las universidades como nodos globales de sus comunidades

Universidades entre todos

IV El presente texto forma parte del artículo «Hablemos de las universidades» en el que se nos ofrece un recorrido por los principales desafíos a los que se enfrenta la institución universitaria planteados desde una perspectiva global. El texto nos invita reflexionar sobre la singularidad y relevancia de las universidades, destacando la importancia de su integración en las sociedades que las acogen.

ALFONSO GONZÁLEZ HERMOSO DE MENDOZA


Universidades cívicas

Las universidades tienen la oportunidad de demostrar su importancia no solo a nivel mundial y nacional, sino también para sus comunidades locales. Sin embargo, no siempre se considera a las universidades, o no siempre se ven a sí mismas, como parte de estas comunidades. Corresponde a las universidades liderar este cambio y promover su compromiso con el desarrollo sostenible de los territorios en los que se encuentran.

Las universidades pueden trabajar no solo en, sino también con, sus comunidades locales, y deben hacerlo de manera amplia, capaz de abarcar todos los propósitos de la educación superior. Los gestores, el profesorado y los estudiantes deben percibir la comunidad local como algo propio, y no solo como un lugar en el que vivirán durante un período más o menos largo de sus vidas.

Reposicionar las universidades en relación con sus comunidades es una respuesta posible que las refuerza de cara al siglo XXI. En un momento crítico como el actual, en el que se manifiesta de manera generalizada una situación insostenible debido a sus problemas financieros, reivindicar las universidades como instituciones de anclaje comunitario parece una opción poderosa, si no la única, para fijar un propósito a las universidades en la sociedad actual. Estas instituciones desempeñan un papel clave en el desarrollo local debido a su presencia significativa y su compromiso a largo plazo con el territorio.

Es fundamental considerarlas desde su condición de grandes empleadoras y compradoras de bienes y servicios, que controlan activos físicos importantes y mantienen relaciones profundas con la comunidad. Asimismo, es crucial valorar su misión educativa y de investigación, intrínsecamente ligada a la mejora del entorno local, contribuyendo a la economía, la cohesión social y la innovación.

No es casualidad que estas ideas coincidan plenamente con las propuestas que emanan del Libro Blanco sobre la Devolución de Competencias del Gobierno inglés, publicado en diciembre pasado. Las universidades que no están integradas en sus comunidades locales corren el riesgo de generar cada vez más resentimiento. El peligro común es que los residentes locales las perciban como parte de grandes estructuras de poder distantes. El Libro Blanco sobre la Descentralización enfatiza la necesidad de avanzar hacia una colaboración significativa entre el Gobierno central y el local, y las universidades están bien posicionadas para contribuir a esta relación.

La relación del territorio con las universidades

La relación entre la ciudad y la universidad debe ser de respeto mutuo, donde tanto las universidades como las comunidades locales reconozcan el potencial y las competencias de cada una. La investigación y la docencia pueden inspirarse en problemas y requerimientos tanto locales como nacionales y globales. Esta propuesta para un futuro posible de las universidades se ve avalada por los ministros europeos y está recogida en los «Indicadores para los principios de la dimensión social de la educación superior», aprobados en su reunión de Tirana en mayo de 2024.

El documento titulado «More than Commercialisation: Understanding University Engagement», elaborado por UIIN (University Industry Innovation Network), representa una llamada a repensar profundamente el significado de la “tercera misión” universitaria, pasando de una lógica centrada en la productividad económica a otra basada en el impacto social, la cocreación de valor y la transformación colectiva. El compromiso universitario debe entenderse no solo en términos de producción económica, sino también a través de su contribución social y su capacidad de cocreación. Valorar las actividades de compromiso requiere cambiar la forma en que definimos la excelencia académica.

La experiencia en Iberoamérica sobre la responsabilidad social de las universidades y el compromiso con las demandas de las comunidades que las acogen, con programas como URSULA que implican a cientos de universidades en un modelo de desarrollo sostenible, invita a una reflexión sobre la homogeneización y jerarquización de las universidades.

Mas allá de sus fronteras.

Por otra parte, ante las crecientes incertidumbres económicas y políticas en Estados Unidos, especialmente bajo la Administración Trump, varias universidades estadounidenses están recurriendo a la creación de campus satélites en terceros países como estrategia de mitigación de crisis y diversificación de ingresos.

Esta opción representa una vía atractiva pero compleja para que las universidades enfrenten la incertidumbre, combinando oportunidades de crecimiento —mantiene la proyección internacional de las instituciones y facilita el acceso a talento global, permite a las universidades acceder a nuevas fuentes de financiación o sirve como salvaguarda ante recortes de fondos públicos— con riesgos significativos y condicionamientos políticos y económicos. Asociarse con ciertos países puede ser visto como un movimiento político controvertido, o algunos campus pueden convertirse en “elefantes blancos” si el contexto cambia de nuevo.

No obstante las alianzas transnacionales de universidades pueden plantear serios cuestionamientos desde la ética académica, especialmente cuando se vinculan a proyectos que, como en el caso de la creación de una “ciudad académica” en Armenia, podrían favorecer la concentración y el control institucional en detrimento de la autonomía universitaria y la libertad de pensamiento. Así, la ética académica exige que las universidades valoren no solo los beneficios económicos de sus alianzas, sino también el impacto que estas pueden tener sobre los derechos fundamentales y la democracia en los contextos donde se implementan.

Artículo completo «Hablemos de las universidades»


Alfonso González Hermoso de Mendoza

Presidente de la Asociación Espacios de Educación Superior


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