Algo está fallando en el sistema cuando la participación del estudiantado en la gobernanza universitaria requiere del esfuerzo de los y las representantes de estudiantes para ser puesta en valor. Algo falla cuando sólo se respeta la opinión de aquellos representantes de estudiantes más formados. Algo está fallando cuando no se decide junto con quien, a ojos de algunos, no tienen beneficio que aportar
PABLO MAGNO PEZO
Un sentimiento común, habitual y compartido entre quienes ejercen la representación estudiantil es la frustración. Frustración al constatar que muchas decisiones están tomadas antes siquiera de sentarse a la mesa; que los márgenes reales de influencia son difusos; y que la participación acaba reduciéndose, en muchas ocasiones, a un trámite formal y estético más que a un ejercicio efectivo de corresponsabilidad.
A ello se suma el evidente desequilibrio entre el tiempo, la energía y el compromiso que exige representar al estudiantado y el escaso reconocimiento —tanto académico como institucional— que suele acompañar esa labor.
El sistema universitario español reconoce formalmente un papel al estudiantado en la gobernanza universitaria, algo sin duda positivo. Sin embargo, ese papel es, en la práctica, ambiguo y poco definido. Aunque el marco exista, hacer un ejercicio de corresponsabilidad real depende de múltiples factores. Tales como la atención que los equipos de gobierno estén dispuestos a prestar, así como la legitimidad y solvencia que cada representante logre transmitir.
El sistema universitario español reconoce formalmente un papel al estudiantado en la gobernanza universitaria, algo sin duda positivo. Sin embargo, ese papel es, en la práctica, ambiguo y poco definido
El ejercicio de la representación estudiantil requiere de múltiples cualidades. La gestión universitaria es extraordinariamente compleja, incluso gestores experimentados reconocen en ocasiones las dificultades para desenvolverse en ella. No es casualidad que la Conferencia de Rectores, junto con el Boletín Oficial del Estado, haya elaborado recientemente un código de normativa universitaria: 1.553 páginas conforman el marco normativo de la universidad española.
Ser representante de estudiantes requiere ser capaz de comprender ese marco de forma general. Si bien la gestión universitaria suele estar “compartimentada” en áreas, los representantes de estudiantes deben tener una visión global. Dicha visión global comprende aspectos sobre el marco legal mencionado, entender un presupuesto, la política de personal, los planes de estudios, etc. En definitiva, requiere de una capacidad de síntesis y análisis que descomponga problemas complejos.
Ser representante de estudiantes no se limita solo a un conjunto de conocimientos sobre la técnica universitaria. Requiere de habilidades que permitan surfear el conflicto. Un buen representante de estudiantes debe ser capaz de expresarse adecuadamente, tanto de forma oral como por escrito. Debe ser capaz de conciliar distintas visiones, viéndose en ocasiones emparedados entre los equipos de gobierno, y la lógica institucional, y las demandas de los colectivos a los que representa.
Un buen representante de estudiantes debe ser capaz de expresarse adecuadamente, tanto de forma oral como por escrito. Debe ser capaz de conciliar distintas visiones, viéndose en ocasiones emparedados entre los equipos de gobierno, y la lógica institucional, y las demandas de los colectivos a los que representa
Debe ser capaz de resistir y perseverar, ya que la presión no siempre viene de la institución, si no de los propios compañeros que consideran que podrían hacer ese trabajo mejor, y también debe contar con la insolencia y osadía de hablar delante de quienes no quieren escucharle y creen tener la razón. Ante todo, ser representante de estudiantes requiere tiempo y compromiso, lo que implica poner en juego el equilibrio personal y académico, haciendo malabares para poder conciliar todas las responsabilidades al final del día.
En definitiva, este conjunto de habilidades con dignas de respeto, y desde luego engloban un gran conjunto de las denominadas habilidades blandas, tan demandadas en la actualidad. Sin embargo, ejercer esta función no debería requerir de una suerte de heroísmo.
Algo está fallando en el sistema cuando la participación del estudiantado en la gobernanza universitaria requiere del esfuerzo de los y las representantes de estudiantes para ser puesta en valor. Algo falla cuando sólo se respeta la opinión de aquellos representantes de estudiantes más formados. Algo está fallando cuando no se decide junto con quien, a ojos de algunos, no tienen beneficio que aportar.
El consenso y la corresponsabilidad consisten en tender la mano, en escuchar las preocupaciones ajenas aunque no sean las propias, en respetar las opiniones transmitidas aunque se consideren necias, en tratar de explicar y descomponer cuales son las dificultades, y buscar la mejor solución
El consenso y la corresponsabilidad consisten en tender la mano, en escuchar las preocupaciones ajenas aunque no sean las propias, en respetar las opiniones transmitidas aunque se consideren necias, en tratar de explicar y descomponer cuales son las dificultades, y buscar la mejor solución. En ocasiones, la solución adoptada será la misma con o sin participación del estudiantado. Pero siempre será más consensuada, y por ello necesariamente mejor.
Introducir al estudiantado en la gobernanza universitaria tiene, además, un beneficio inmediato para los equipos de gobierno. Menospreciar el impacto y la capacidad de incidencia del estudiantado carece de sentido. Los y las representantes de estudiantes tienen presencia en todos los equipos de gobierno de la universidad. No solo eso, también ante el Gobierno de España y los Gobiernos Autonómicos. También existen conexiones entre todas las Universidades. De esta manera, la visión de conjunto y de diálogo global supone un activo enriquecedor en la gobernanza universitaria.
En la representación estudiantil se encuentran además, por lo general, estudiantes comprometidos con su institución, que no buscan ningún rédito ni personal ni económico, y que lo hacen creyendo que de verdad pueden realizar una aportación. Atender a la representación estudiantil sólo redunda en una universidad más inclusiva y participativa, de la que todos queramos formar parte.
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Pablo Magno Pezo, vicepresidente de CEUNE, presidente de la Delegación Central de Estudiantes UCM






