Sobre los modelos de universidad y la pretendida necesidad de reforma

AGHM

Las maneras de aproximarse a la realidad de las universidades españolas son tan diversas como profesores, y seguramente estudiantes, hay.  Sin embargo, a nadie se le escapa que una de las más relevantes es la del Derecho, ya que el Derecho universitario se ha consolidado como un ámbito propio. El último libro del profesor Pablo Acosta nos acerca a comprender cómo lo propio de las universidades, por encima de cualquier otro atributo, es su condición de espacio de libertad, espacio garantizado por la autonomía para limitar las intromisiones partidistas y de intereses espurios. Un libro oportuno y una lectura recomendada en un momento en el que la autonomía universitaria está siendo puesta en cuestión.

PABLO ACOSTA


La dualidad de la Universidad: mercantilización vs. humanismo

Como hemos dicho en anteriores líneas, existiendo una práctica unanimidad ante la necesidad de reformar el actual modelo de universidad, no existe el mismo consenso sobre el modelo que debe ser adoptado. La realidad empuja a las universidades a la mercantilización, a la monetización de resultados y a la creación de riqueza, en detrimento de otros objetivos de carácter más humanista. Como ha señalado González García (2009b: 639), “los planes de estudio inciden en las capacidades que requieren las empresas en lugar de promover el conocimiento”.

Existe una estrecha relación entre el modelo de organización y la autonomía. Puede existir un adecuado desarrollo de la autonomía en distintos modelos de organización, siempre que respeten y hagan posible el ejercicio de las libertades académicas de los miembros de la organización (Mora Ruiz, 2018: 488). En este sentido, el artículo 3.1.c LOSU c) incluye entre las funciones que derivan de la autonomía “la determinación de su organización y estructuras, incluida la creación de organismos y entidades que actúen como apoyo para sus actividades”.

Rivero Ortega (2019: 16) recela de los modelos de tecnificación y profesionalización por las que han optado otros países, considerando que son menos democráticos y someten a la universidad a las veleidades del poder político.

La realidad empuja a las universidades a la mercantilización, a la monetización de resultados y a la creación de riqueza, en detrimento de otros objetivos de carácter más humanista

Lo que es innegable es que el diseño institucional de las universidades públicas lleva tiempo siendo debatido. Muchas de las aportaciones doctrinales vertidas en publicaciones científicas durante las últimas décadas y de las opiniones de expertos reflejadas en informes contienen, incluso en sus títulos, la palabra “reforma”. También la ley universitaria de 1983 se denominó Ley de Reforma Universitaria. Puede llegar a sorprender que se haya llegado a alargar tanto en el tiempo la convicción de que es necesaria la reforma de una institución, la universidad, que es “uno de los espacios sociales más examinados, evaluados, estudiados y legislados que existen” (Pedrosa, 2015: 17).

La Universidad en el debate

Como ha señalado Prieto Álvarez (2015: 27), “de pocos ámbitos públicos de este país -si es que existe alguno- se han elaborado en los últimos tiempos más informes y documentos de reflexión como de la Universidad”. Entre estos, destacan los siguientes:

– Informe Universidad 2000, coordinado por Josep Maria Bricall y editado por la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (2000).

– La gobernanza de la Universidad y sus entidades de investigación e innovación, encargado por la CRUE a la Fundación Conocimiento y Desarrollo (2010).

– Diagnóstico, informe técnico-jurídico y propuestas de actuación en relación con las estructuras organizativas internas de las Universidades españolas (Gobernanza Universitaria), elaborado por la Comisión Técnica de desarrollo de la Estrategia Universitaria 2015, coordinado por Joan Maria Malapeira Gas (2011).

de pocos ámbitos públicos de este país se han elaborado en los últimos tiempos más informes y documentos de reflexión como de la Universidad

– Audacia para llegar más lejos: universidades fuertes para la España del mañana, elaborado por la Comisión constituida por el Ministerio de Educación y presidida por Rolf Tarrach para valorar la puesta en marcha de la Estrategia Universitaria 2015 (2011).

– Propuestas para la reforma y mejora de la calidad y eficiencia del Sistema Universitario Español, Ministerio de Educación (2013).

– Si se habla de reforma durante décadas, será porque ha sucedido una de estas dos cosas: que la reforma no se ha acometido o que está inacabada, y cualquiera de las dos conclusiones tendría una connotación negativa, pues lo que beneficia a las instituciones no es la sensación de provisionalidad, sino la estabilidad. La sensación sostenida en el tiempo de la necesidad de reformas conlleva una larga historia de expectativas frustradas, una “permanente encrucijada”, expresión que al efecto utilizó Nombela Cano (2015: 48).

Pablo Acosta

La excelencia en la Educación Superior: un ideal en crisis

Otro de los conceptos a los que se alude de forma casi constante es la excelencia. El término, desgastado de tanto uso, se refiere a un nivel de calidad aspiracional y definido por la exclusividad. Como la aspiración es compartida, sin excepción, por todos los actores, y no acaba de haber acuerdo pacífico sobre la bondad de las herramientas que se utilizan para medir la calidad, el resultado acaba siendo el aprobado general. En este sentido, Azcárraga (2015: 66-70) argumenta que la ausencia de rigor terminológico tiene un efecto nocivo aludiendo a términos que se han puesto de moda en nuestro entorno y que se usan con normalidad sin atender a su verdadero significado: excelencia, gobernanza y otros relacionados.

Todas las titulaciones terminan superando el proceso de acreditación ante las agencias de calidad. Estas, a su vez, acaban obteniendo las evaluaciones positivas de las agencias europeas. La exclusividad se diluye en el proceso y el pretendido impulso de la calidad se pierde en el camino.

La cuestión que puede plantearse es si todas las titulaciones y todas las universidades pueden aspirar a un mismo nivel de excelencia o calidad. En su búsqueda, se ha acabado implantando lo que Acosta Silva (2019: 83) ha denominado “la épica de los indicadores”. Según sus palabras, “Vivimos en la era de los indicadores. Ese es el espíritu de nuestra época. Medir, calcular, evaluar, comparar, forman parte de las prácticas que han colocado en el centro de los relatos sobre la calidad, el mejoramiento o el cambio de los comportamientos individuales, sociales e institucionales”.

a cuestión que puede plantearse es si todas las titulaciones y todas las universidades pueden aspirar a un mismo nivel de excelencia o calidad

La tiranía de los indicadores en la calidad universitaria

Este mismo autor observa en cuanto a los sistemas de calidad que los términos calidad, evaluación, rendición de cuentas, internacionalización, eficacia, gobernanza e innovación “forman parte del núcleo duro de los códigos verbales que ordenan el nuevo lenguaje en los campus universitarios”. En efecto, en materia de calidad se aprecia cierta tiranía de las palabras, con términos como “excelencia” que, a fuerza de ser repetidos, han acabado diluyendo su significado. El sometimiento a los indicadores acaba creando una suerte de “capitalismo académico” en el que la autonomía, en su vertiente de libertad, acaba siendo sometida al rendimiento institucional.

Los indicadores no son inocentes ni neutros. La obtención de datos se realiza mediante un instrumento de medición que es producto de un diseño en el que intervienen condicionantes como las convicciones personales o la ideología del diseñador. Por ejemplo, si lo que se pretende medir es el índice de empleabilidad de las titulaciones es porque el actor que busca esta información considera que es relevante, pues parte de la idea de que las titulaciones universitarias deben facilitar el acceso al empleo de los egresados. No se mide, por tanto, lo que no se considera relevante, y la labor de medición responde a cierto sesgo de confirmación del investigador. No hay nada más político que un falso rigor técnico.

Por otra parte, los sistemas de medición de indicadores puede provocar lo que se denomina “el efecto del observador” o “efecto Hawthorne”; esto es, la perturbación de un sistema observado por el acto de observación. 1 Este fenómeno es el resultado de instrumentos que, por necesidad, alteran el estado de lo que miden de alguna manera. Dicho de otra manera: el gestor universitario que tiene algún carácter decisor sobre una política procurará adaptarla a lo que sabe que será objeto de medición. Si la agencia de calidad valora positivamente un indicador, el gestor procurará un buen resultado para dicho indicador, tal vez detrayendo recursos de otras virtudes que no sean objeto de medición. Quien haya participado en paneles de evaluación sabrá de qué hablamos: los indicadores bajos pueden tener una explicación lógica en el conjunto y no ser tan negativos como aparentan y, al contrario, hay indicadores favorables que pueden no tener un impacto tan positivo en una valoración global.

en materia de calidad se aprecia cierta tiranía de las palabras, con términos como “excelencia” que, a fuerza de ser repetidos, han acabado diluyendo su significado

El desafío de la evaluación y gobernanza universitaria

En cualquier caso, la cultura de evaluación ha llegado para quedarse, pues sin evaluación, son imposibles la corresponsabilidad, la confianza mutua y la rendición de cuentas.

Ambas cosas -la reforma de la gobernanza y la consecución de la excelencia- requieren un consenso entre los actores involucrados que no parece fácil conseguir. En la universidad, como en otras instituciones sociales, se generan islas de poder, “lobbies”, sectores que protegen intereses propios difícilmente conciliables con los de otros sectores y, en muchos casos, incompatibles con el interés general. Esto no es un mal exclusivo de la universidad, sino que es consustancial a toda organización social.

En cualquier caso, la doctrina ha venido advirtiendo la necesidad de modernización del sistema de gobernanza de las universidades públicas españolas (por todos, Martínez Martínez, 2012). Aunque tal como se afirmaba el informe Universidad 2000, el actual sistema de gobierno cuenta con un aceptable grado de consenso en la comunidad universitaria, es razonable sostener que el modelo es mejorable, sobre todo en lo relativo a eficiencia y rendición de cuentas. 2

la doctrina ha venido advirtiendo la necesidad de modernización del sistema de gobernanza de las universidades públicas españolas

Con mayor o menor intensidad, son muchos los autores que abogan por una reforma del sistema de gobierno. Unos son más optimistas que otros; Miras (2015: 82) afirma que la calidad, la eficacia y el sentido común son “aspectos bastante alejados de la realidad cotidiana en el gobierno de la mayoría de nuestras Universidades”. 3

Se ha señalado a menudo la endogamia universitaria como un defecto del actual modelo institucional. Sin embargo, a mi juicio, la clave no está aquí, pues la endogamia es consustancial a toda organización social (pensemos en un partido político). La cuestión está más bien en los principios y mecanismos de los que se reviste el diseño institucional.


Extracto del libro «Las universidades españolas, entre la autonomía y la regulación», Tirant Humanidades (2024).

Disponible en https://editorial.tirant.com/es/libro/las-universidades-espanolas-entre-la-autonomia-y-la-regulacion-pablo-acosta-gallo-9788411835619


1 El Efecto Hawthorne se refiere a la reactividad psicológica por la que los sujetos de un experimento muestran algún tipo de modificación de su conducta como consecuencia del hecho de saber que están siendo estudiados, y no en respuesta a ningún tipo de manipulación contemplada en el estudio experimental.

2 Sobre el sistema de gobierno, véase Prieto Álvarez (2015: 30 y ss.).

3 María Teresa Miras es una voz relevante; presidió la Comisión de Expertos para la Reforma del Sistema Universitario Español que dio lugar al informe Propuestas para la reforma y mejora de la calidad y eficiencia del SUE, Ministerio de Educación, Madrid (2013).


PABLO ACOSTA

Profesor de la Universidad Rey Juan Carlos

Espacios de Educación Superior está dirigido a poner en contacto a las personas e instituciones interesadas en la sociedad del aprendizaje en Iberoamérica y España.