«En España se necesita una estrategia global de cualificación que articule de manera coherente la educación formal, la formación profesional, la universidad, la capacitación continua en el mundo de las empresas y su relación con el mundo universitario. Esto permitiría adaptar las competencias al mercado laboral y a los cambios tecnológicos, facilitar la movilidad entre FP, universidad y empresas, reducir el desempleo estructural y mejorar la empleabilidad de los colectivos vulnerables o no ante el reto tech que nos viene, además de alinear los recursos públicos y privados, evitando duplicidades y aumentando la eficiencia económica y uso de recursos», señala Fernado Botella CEO de Think&Action
Fernando Botella es CEO de Think&Action, empresa española especializada en innovación, talento y transformación organizativa. Licenciado en Ciencias Biológicas por la Universidad de Valencia y formado en programas ejecutivos en ESADE, IE Business School y The Walt Disney Company, ha construido una trayectoria centrada en el desarrollo de personas y el liderazgo en entornos de cambio.
Compagina su labor directiva con una intensa dedicación a la formación, donde destaca como conferenciante y como autor de obras sobre creatividad, aprendizaje continuo y liderazgo efectivo. Su trabajo se caracteriza por una convicción firme: las organizaciones solo avanzan cuando las personas aprenden, experimentan y se atreven a pensar de forma diferente.
Finalizada la formación universitaria, bien sea de grado o de máster, la mayor parte del aprendizaje profesional de una persona se realiza en el seno de la empresa. ¿Qué lugar ocupan las universidades a partir de ese momento?
Creo, que una vez se acaba le época universitaria, gran parte de la adquisición de competencias profesionales ocurre en el entorno laboral, aun así, las universidades deben mantener un papel importante que sea complementario y de continuidad en la formación posterior a la realización de un grado o máster.
Primero, ofrecen crear andamiajes teóricos y metodológicos nuevos, necesarios, gracias a la investigación que permite a los profesionales re-interpretar, evaluar y transformar sus prácticas. No se trata solo de saber «hacer», sino de comprender el porqué y el cómo innovar. Segundo, fomentan el pensamiento crítico y la autonomía, cualidades decisivas para que una persona pueda reciclarse y afrontar nuevos retos sin depender exclusivamente de la formación que se le dé en una empresa o cualquier otro tipo de organización.
Las universidades deben ser motores de investigación e innovación porque deberían conectan el conocimiento emergente con la industria y servir de puente para transferir tecnologías y mejoras a las organizaciones. Además, deberían proporcionan recursos de formación continua —cursos, másteres especializados y programas de posgrado— que permitan actualizar competencias a lo largo de la vida laboral. También aportan redes profesionales, acreditaciones y una dimensión ética y social que orienta a la práctica profesional hacia objetivos de bien común.
Por todo ello, ojalá existiese una relación óptima, de complementariedad, entre la empresa como espacio donde se aplica y madura la experiencia y la universidad, laboratorio de ideas, lugar que nutre de sentido, rigor y renovación intelectual a esa experiencia.
Ojalá existiese una relación óptima, de complementariedad, entre la empresa como espacio donde se aplica y madura la experiencia y la universidad, laboratorio de ideas, lugar que nutre de sentido, rigor y renovación intelectual a esa experiencia
¿Cómo podríamos mejorar el papel de las universidades, públicas y privadas, como proveedores de formación para las empresas en el marco del Sistema Nacional de Formación Profesional?
Para mejorar el papel de las universidades, tanto públicas como privadas, como proveedoras de formación para las empresas dentro del Sistema Nacional de Formación Profesional, es necesario fortalecer su conexión con el tejido productivo y adaptar su oferta formativa a las necesidades reales del mercado laboral.
Algunas líneas de mejora serían:
Colaboración estructurada con las empresas: crear consejos mixtos universidad-empresa que identifiquen competencias emergentes y definan conjuntamente programas y contenidos formativos. Una buena forma de sacar la universidad del campus a la calle.
Flexibilización de la oferta: promover cursos modulares y programas cortos adaptables a la demanda concreta de las empresas, con reconocimiento oficial dentro del sistema nacional.
Actualización constante del profesorado: fomentar estancias de docentes en empresas y participación de profesionales del sector en la docencia, para asegurar una conexión viva entre teoría y práctica. Menos límites entre los diferentes tipos de profesionales de una misma materia, entre los que enseñan y los que se dedican cada día a algo en el ámbito profesional ejecutivo de cualquier tipo.
Integración con la Formación Profesional: favorecer itinerarios compartidos y pasarelas de tránsito entre la FP y la universidad, evitando que sea percibido como en la actualidad que son compartimentos estancos. Y permitiendo, y facilitando, trayectorias formativas continuas entre ambos mundos.
Uso de la investigación aplicada: impulsar proyectos conjuntos de innovación, transferencia tecnológica y resolución de problemas reales del entorno empresarial. Investigar en el seno de la empresa.
Evaluación por resultados: medir la eficacia de la formación universitaria no solo por la titulación otorgada, sino por la empleabilidad y el impacto en la productividad y la actualización de competencias necesarias.
Financiación y reconocimiento institucional: establecer incentivos públicos para las universidades que colaboren activamente con empresas y contribuyan al desarrollo de la Formación Profesional continua.
El desarrollo de credenciales y programas flexibles permitiría que los saberes adquiridos en el trabajo o por vías informales se integren progresivamente en itinerarios universitarios reconocidos
A lo largo de la vida profesional una persona va acumulando competencias y experiencias susceptibles de ser valoradas e integradas. En no pocos casos, además, estas personas han completado alguna educación postsecundaria, pero no han obtenido un título (Some College, No Credential, SCNC). ¿Qué papel tienen, o pueden tener, las universidades como certificadoras de competencias profesionales y, en último término, como integradoras en títulos oficiales de estas realidades?
Las universidades deberían asumir un papel clave como certificadoras de competencias profesionales y como integradoras de trayectorias formativas. Pero tenemos un problema actualmente, a mi modo de ver, las universidades no están preparadas para poder valorar la experiencia laboral y la formación no formal de aquellas personas que, aun habiendo cursado estudios universitarios en el momento actual están en el ámbito de la empresa.
Estaría bien que pudiese ser así, pero no estamos preparados para ello, al menos no en nuestro país.
Sería fantástico se pudiera, porque así el desarrollo de credenciales y programas flexibles permitiría que los saberes adquiridos en el trabajo o por vías informales se integren progresivamente en itinerarios universitarios reconocidos. Este enfoque no solo ampliaría las oportunidades de acceso y permanencia en la educación superior, sino que también fortalecería el vínculo entre universidad, empleo y aprendizaje permanente, haciendo del sistema universitario un eje integrador de talento y experiencia acumulada a lo largo de la vida profesional.

Junto a las universidades hay otro gran proveedor de formación tradicional: las escuelas de negocio. ¿Cómo valora la relación entre estas y las universidades?
Viven en mundos separados. Por desgracia… La relación entre las universidades y las escuelas de negocio debería entenderse como complementaria más que competitiva. Pero no es así.
Mientras las universidades aportan el fundamento teórico, la investigación y la visión crítica que permite comprender los fenómenos económicos y sociales en profundidad, las escuelas de negocio ofrecen un enfoque eminentemente práctico, orientado a la acción, el liderazgo y la toma de decisiones en entornos reales. Cuando colaboran —mediante programas conjuntos, dobles titulaciones o proyectos de transferencia— se logra una formación más completa, que une la rigurosidad académica de la universidad con la relevancia profesional de los formadores que enseñan en estas escuelas de negocio.
La relación ideal entre ambas es la de establecer programas que generen una buena alianza que combine los binomios de pensamiento y práctica, conocimiento y gestión, investigación e impacto empresarial. Hoy, en nuestro país, no es así. Universidades y Escuelas de negocio, salvo honrosas ocasiones, viajan por separado.
La relación entre las universidades y las escuelas de negocio debería entenderse como complementaria más que competitiva
Uno de los temas de mayor relevancia en el debate sobre educación superior en el Reino Unido en estos momentos es la relación entre formación profesional y universidad. ¿Cómo cree que podría mejorarse la movilidad entre ambas en España?
Actualmente, FP y universidad en España funcionan casi como mundos separados, parecido a lo que comentábamos en el caso de Escuelas de negocios. Pasar de uno a otro suele ser complicado.
Para mejorarlo habría que:
Reconocer entre ellas créditos y competencias. Lo que aprendes en FP cuente en términos valorativos en la universidad, evitando empezar de cero cuando se pasa de FP a Universidad. Itinerarios flexibles. Es decir, diseñar caminos de estudio que permitan avanzar poco a poco, sin obligar a elegir solo una vía. Currículos más conectados, para que los contenidos de FP y universidad tengan puntos comunes y así que la transición sea natural. Programas conjuntos FP–universidad. Con cursos o proyectos donde estudiantes de ambos sistemas trabajen y aprendan juntos. De forma colaborativa. Orientación práctica que permita asesorar a los estudiantes sobre cómo continuar su formación sin perder tiempo ni esfuerzo en cualquiera de las dos estancias, universidad o FP.
En resumen, se trata de que moverse de FP a la universidad sea un proceso natural, donde la experiencia y los conocimientos ya adquiridos se valoren y sumen, en lugar de descartarse, y tener que empezar de cero.
Actualmente, FP y universidad en España funcionan casi como mundos separados
Son muchas las personas que, por cambios tecnológicos o reestructuraciones empresariales, se ven abocadas al desempleo. Asimismo, hay otras muchas que, partiendo de situaciones desfavorecidas, ven comprometida su empleabilidad desde el inicio. ¿Qué papel corresponde a las universidades en la capacitación de estas personas? ¿Cómo podrían colaborar las empresas?
Ante situaciones de desempleo o empleabilidad limitada, las universidades deberían no huir, esconderse, mirar para otro lado, y actuar como centros de capacitación y reciclaje profesional, ofreciendo formación accesible, flexible y orientada a competencias demandadas por los mercados.
Deberían, para esos casos, tener previstos programas de duración corta, con credenciales y con reconocimiento de aprendizajes, que permiten actualizar el talento, las habilidades de manera rápida y práctica para poder así reincorporarse cuanto antes, y más formados al ámbito profesional de las organizaciones.
Al mismo tiempo, las empresas pueden colaborar aportando a la universidad información sobre competencias emergentes, ofreciendo prácticas y proyectos reales en sus instalaciones, y participando en el diseño de los programas que comentábamos. También cediendo horas de profesionales que se integren en esos programas formativos en el ámbito de la universidad. Esta colaboración garantiza que la formación universitaria sea relevante, aplicable, efectiva y apetecible, facilitando la reinserción laboral y potenciando la empleabilidad a más largo plazo.

¿Qué han aportado las universidades online a las necesidades de formación de las empresas?
Las universidades online han aportado sobre todo flexibilidad, accesibilidad y rapidez a la formación empresarial. Permiten a profesionales y empleados capacitarse sin interrumpir su trabajo, acceder a programas especializados inaccesibles físicamente, desde cualquier lugar, y adaptar además el ritmo de estudio a sus necesidades.
También facilitan formación a medida, actualizada y basada en competencias concretas demandadas por el mercado, así como cursos cortos, reconocidos oficialmente que las empresas pueden integrar en sus planes de desarrollo profesional. Todo esto ha ayudado a acercar un poco la universidad a la empresa, acortando tiempos y costos de formación para las organizaciones. Pero a mi modo de ver, sigue siendo insufienciente.
Ante situaciones de desempleo o empleabilidad limitada, las universidades deberían no huir, esconderse, mirar para otro lado, y actuar
Desde el punto de vista de la eficiencia y la eficacia empresarial, ¿pueden competir las universidades con los servicios y resultados de aprendizaje de los MOOC, los infoproductos o los bootcamps?
En mi opinión hoy en día, no.
Desde el punto de vista de eficiencia y rapidez del aprendizaje, los MOOC, los infoproductos y las bootcamps suelen ganar a las universidades porque son más cortos, más flexibles en los contenidos y materias, más centrados en habilidades concretas y en la demanda real, y además más baratos. Lo cual permite a empresas y profesionales actualizar competencias rápidamente sin hacer uso de las universidades.
Por otra parte, las universidades ofrecen profundidad, rigor académico y reconocimiento oficial, así como un desarrollo mayor en pensamiento crítico, investigación y competencias transversales, que estos formatos breves difícilmente pueden reemplazar. Pero no suelen ser de mucho interés real en el mundo de la empresa. No suelen estar actualizados, ni ofrecer una oferta acorde a la demanda real.
Las universidades podrían integrar elementos de los MOOC o bootcamps para ganar eficiencia, mientras mantienen su valor académico y estratégico a largo plazo. Esta sería una idea necesaria en la relación empresa y universidad.
Los MOOC, los infoproductos y las bootcamps suelen ganar a las universidades porque son más cortos, más flexibles y más centrados en habilidades concretas
¿Cómo afectará la inteligencia artificial a los servicios de formación para empresas de las universidades?
Yo creo que la IA, como a otros niveles en las organizaciones, ya está transformando los servicios de formación universitaria para empresas. Permite una mayor personalización del aprendizaje. La IA permitirá en un futuro inmediato diseñar programas adaptados a las necesidades y al ritmo de cada empleado, identificando lagunas de competencias y recomendando contenidos específicos. La gente de RRHH en las organizaciones cada día empiezan a hacer mayor uso de estas herramientas.
Además, la IA permite ya automatización de contenidos y de evaluaciones. Los cursos con simulaciones y test pueden generarse y corregirse automáticamente, reduciendo tiempos y costos para los departamentos de formación. Esto es ya una realidad. La IA facilita medir en tiempo real cómo la formación mejora las competencias y resultados empresariales, que impacto está produciendo casi en tiempo real, y así permitir ajustes inmediatos.
Por otra parte, la IA nos genera aprendizajes continuos y en modelo on-demand. Los empleados pueden acceder a formación en el momento exacto en que la necesitan, con recursos dinámicos y actualizados. Y en sus mejores horarios y lugar de acceso al aprendizaje. Y, la IA también nos permite integrar la formación con herramientas de uso cotidiano de la empresa. La formación ya se puede conectar directamente con sistemas de gestión, proyectos y flujos de trabajo, haciendo que el aprendizaje sea más aplicable.
La IA permitirá diseñar programas adaptados a las necesidades y al ritmo de cada empleado, identificando lagunas de competencias y recomendando contenidos específicos
¿Necesitamos, como país, una estrategia global de cualificación?
Sí, en España se necesita una estrategia global de cualificación que articule de manera coherente la educación formal, la formación profesional, la universidad, la capacitación continua en el mundo de las empresas y su relación con el mundo universitario. Esto permitiría adaptar las competencias al mercado laboral y a los cambios tecnológicos, facilitar la movilidad entre FP, universidad y empresas, reducir el desempleo estructural y mejorar la empleabilidad de los colectivos vulnerables o no ante el reto tech que nos viene, además de alinear los recursos públicos y privados, evitando duplicidades y aumentando la eficiencia económica y uso de recursos.
En definitiva, garantizaría que el talento se desarrolle para el mundo organizativo profesional de forma planificada y sostenible, beneficiando a personas, empresas y al país en su conjunto.






