La colaboración industria-academia no es algo opcional para la financiación, el impacto o la relevancia, es un deber público. La mayoría de la legislación sobre universidades y ciencia incluye la valorización y la transferencia del conocimiento como una responsabilidad fundamental, vinculando la investigación con el avance del conocimiento y el desarrollo económico y social. La colaboración con el sector productivo es esencial para cumplir ese mandato.
JOSÉ MANUEL TORRALBA
Ciencia e innovación: una relación estructuralmente necesaria
La relación entre el mundo académico y el mundo de la empresa es imprescindible. Es posible que, tanto de un lado como de otro, actores importantes piensen lo contrario. Incluso que piensen que es una pérdida de tiempo y dinero o prestigio, dependiendo del lado, pero en mi opinión están muy equivocados. Hoy en día, la ciencia no puede considerase como algo ajeno a su proyección en la sociedad. Y la innovación, fundamental para la supervivencia de las empresas, no se puede concebir sin la investigación científica. Es por tanto impensable que ambos mundos vivan de espaladas.
Ambos mundos se necesitan y, los mejores investigadores suelen ser los que más y mejor transfieren y las empresas más innovadoras son las que más invierten en una I+D real. En “10+1 rules for improving academia-industry collaboration in R&D”, trato de justificar estas afirmaciones y, además, repaso una serie de consejos que, en mi experiencia, pueden ayudar a propiciar o mejorar esa relación entre la academia y la industria. Son consejos que sirven para los dos lados, aunque son las dos caras de la misma moneda.
La colaboración como responsabilidad pública y oportunidad estratégica
Recomiendo leer el artículo, aunque eséncialmente me baso en principios que podrían vincularse a cualquier tipo de relación entre distintos, empezando por la necesidad de encontrar un lenguaje común que sirva para permitir la comunicación fluida, y eliminando las suspicacias habituales que existen entre mundos distintos y, muchas veces, alejados.
también las empresas deben cuestionarse, seriamente, la importancia de la colaboración con el mundo académico
La colaboración industria-academia no es algo opcional para la financiación, el impacto o la relevancia, es un deber público. La mayoría de la legislación sobre universidades y ciencia incluye la valorización y la transferencia del conocimiento como una responsabilidad fundamental, vinculando la investigación con el avance del conocimiento y el desarrollo económico y social. La colaboración con el sector productivo es esencial para cumplir ese mandato.
Además, las prioridades de la financiación pública casi siempre se alinean con los objetivos de desarrollo sostenible y trabajar con la industria mejora las posibilidades de lograr ese impacto. Pero además existe un incentivo práctico. Muchas convocatorias públicas de propuestas requieren la colaboración entre el sector público y el privado. Es mucho más sencillo conseguir financiación si se va de la mano.
Barreras culturales y claves para una cooperación efectiva
Pero también las empresas deben cuestionarse, seriamente, la importancia de la colaboración con el mundo académico. Nadie duda ya que la innovación se basa en una I+D de calidad, desarrollada por personas cualificadas y con medios suficientes para desarrollarla. Y la mayoría de las veces las empresas no suelen poder permitirse la infraestructura y el personal científico del que disponen las universidades y los centros de investigación.
SI estos planteamientos son tan claros, ¿porqué es tan difícil cruzar esa barrera para la colaboración entre empresas y universidades o centros de investigación? Hay varias respuestas: desconfianza, dificultad en la comunicación, desconocimiento de las necesidades de unos y de las capacidades de los otros, posiblemente sean las más relevantes. En “10+1 rules for improving academia-industry collaboration in R&D” ofrezco algunas claves para poder superar estos problemas
La asociación industria-academia para hacer I+D y a la postre innovación, es claramente una situación “win-win”. Todos ganan. Esto debiera ser suficiente fuerza motriz para activar la colaboración.

JOSÉ MANUEL TORRALBA Catedrático de la UC3M y Ex director del IMDEA Materiales
Miembro de la Real Academia de Ingeniría
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