VI El presente texto forma parte del artículo «Hablemos de las universidades» en el que se nos ofrece un recorrido por los principales desafíos a los que se enfrenta la institución universitaria planteados desde una perspectiva global. El texto nos invita reflexionar sobre la singularidad y relevancia de las universidades, destacando la importancia de su integración en las sociedades que las acogen.
ALFONSO GONZÁLEZ HERMOSO DE MENDOZA
La emergencia de nuevos operadores de aprendizaje
La plataformización de la educación superior
En una entrevista en 2024 el ex CEO de Coursera Jeff Maggioncalda nos recordaba que su empresa tiene en España 2.400.000 estudiantes, un 35% más que todo el sistema universitario español a 2024. “Aprender sin límites” parece ser más que un lema comercial. Otro de los gigantes de los MOOCs, Edx, en este caso bajo el eslogan, “Tú marcas el objetivo, nosotros marcamos el camino”, ofrece 3.500 cursos en línea, tantos como másteres oficiales en España, avalados por más de 250 universidades, empresas o entidades de la relevancia de IBM, Amazon o el Banco Interamericano de Desarrollo. De igual manera que bajo la promesa de, “Hacemos que lo digital sea una oportunidad para todos en todas partes”, 42 The Network está presente en 36 países, con más de 50 campus.
Comentar en relación con la transformación del sector que Greg Hart tras 23 años en Amazon, en donde lideró el desarrollo de Alexa desde su origen hasta el lanzamiento y dirigió la expansión global de Prime Video, es el actual CEO de Coursera. Su perfil sugiere una estrategia clara para Coursera: tratar el aprendizaje online más como un producto de consumo digital que como una institución académica. Priorizar retención, personalización algorítmica y escala de audiencia sobre la profundidad pedagógica tradicional, algo que genera debate: ¿optimizar el aprendizaje como se optimiza el consumo de contenido puede diluir el rigor académico que dio legitimidad a los MOOCs?
Harvard, la universidad entre las universidades, está vendiendo un curso de 699 dólares impartido por clones de inteligencia artificial de sus profesores. Foundry guía a los participantes a través de un marco para la creación de una empresa, desde el perfeccionamiento de la idea hasta su presentación a inversores y clientes.Foundry creó los vídeos generados por IA de los profesores en estrecha colaboración con HeyGen, creador de avatares de IA. La reacción positiva tanto a las versiones de chat de los profesores con IA como, especialmente, a los avatares de vídeo con IA, fue toda una sorpresa.
La Universidad de Tsinghua ha presentado los primeros días del 2026 MAIC (Massive AI-empowered Course), un modelo de enseñanza online apoyado en agentes de inteligencia artificial que busca reforzar la personalización y la interacción en entornos digitales de aprendizaje. La propia universidad describe esta propuesta como una nueva vía para la educación superior en línea, basada en el uso de un profesor virtual, asistentes y compañeros de clase en la que el estudiante interactúa no solo con un tutor virtual, sino también con varios “compañeros” generados por IA, diseñados con diferentes perfiles pedagógicos.
El aprendizaje autónomo ya es una realidad cotidiana posible en cualquier lugar y en cualquier momento. La plataformización y automatización del aprendizaje atrae la atención especialmente de los aprendices con pretensiones de capacitación laboral, y lo hace ofreciendo certificados o titulaciones no universitarias que compiten de manera ventajosa con los títulos oficiales de las universidades.
En este entorno imparable de digitalización no basta para defender el valor diferencial de las universidades con declaraciones formales o enérgicas reivindicaciones ideológicas. En último término, la salvaguardia de las universidades corresponde a cada profesor que ha de hacer sentir a cada estudiante la experiencia transformadora de su paso por las universidades.
Sería más que negligente que el mundo educativo no aprendiera de lo que ha sucedido a los medios de comunicación clásicos. Los jóvenes ya no se informan a través de ellos, sino de las redes sociales, donde cualquiera puede decir lo que quiera y, sobre todo, lo que sea más polémico, porque así llama más la atención.
De la formación a distancia a la hibridación
Entre medias de las “universidades no formales” y las universidades presenciales nos encontramos con el reconocimiento como universidades de centros de educación superior puramente virtuales. De hecho, la irrupción de las universidades virtuales, una vez superadas las dudas sobre los malos resultados estudiantiles y prácticas de reclutamiento abusivas que alimentaron la idea de que el aprendizaje en línea era deficiente, ha reconfigurado todos los sistemas universitarios.
Entre los años 2000 y 2020 sus estudiantes crecieron en el mundo un 900 %. En otoño de 2019 , el 32,7 % de los estudiantes de posgrado cursaban cursos completamente en línea, en comparación con tan solo el 14,8 % de los estudiantes de pregrado. En otoño de 2023, el 54,3 % de los estudiantes universitarios cursaba al menos un curso en línea, según un análisis de los últimos datos del Departamento de Educación de EE. UU.
Muchas universidades están trabajando en «una bifurcación de las expectativas tradicionales de los estudiantes residentes». Se produce así una hibridación de la educación dirigida a estudiantes de edad tradicional que viven en el campus, pero desean cursar una combinación de cursos en línea y presenciales. En un estudio de 2024 de UPCEA , una asociación de educación profesional, se señalaba que el 82 % de los directores de cursos en línea afirmó que un porcentaje cada vez mayor de sus estudiantes de pregrado tradicionales buscan cursos en línea «para al menos una parte de su carrera».
Si la orientación de las universidades al mercado está cambiando el software del sistema, las universidades on line lo están haciendo con el hardware. La regulación, siempre un paso atrás, espera a consolidar las disrupciones una vez sean aceptadas como irreversibles más allá del derecho a la educación.
Ofrecer educación en línea de calidad no es barato ni sencillo
Las claves de su expansión se pueden resumir en una oferta de títulos oficiales directamente vinculados a la capacitación profesional a precios asequibles, unas políticas comerciales innovadoras dirigidas a segmentos del estudiantado que difícilmente pueden compatibilizar su aprendizaje con las exigencias de las universidades tradicionales, y por encima de cualquier otro apartado en su capacidad para romper las fronteras nacionales, incluso las idiomáticas, para la obtención de los títulos. Hoy en día, lo que sucede en un sistema universitario incide de manera directa en las universidades de cualquier otro lugar en el mundo.
Pocas cuestiones han deteriorado tanto la imagen de las universidades como la proliferación de universidades con ánimo de lucro en línea en EE. UU.. Empresas que han arrastrado a colectivos raciales y desfavorecidos a deudas inasumibles mediante prácticas voraces de captación de clientes raciales y desfavorecidos bajo la promesa de títulos cuyo reconocimiento en el mercado se ha demostrado prácticamente nulo. Hasta el punto de acabar convirtiéndose este problema en un tema de primera magnitud nacional.
Si bien gigantes como la Universidad del Sur de New Hampshire y la Universidad de Phoenix atrajeron a cientos de miles de estudiantes, la educación en línea siguió siendo un ámbito prácticamente ignorado para muchas universidades, circunstancia que está cambiando aceleradamente. Lo que nos invita a pensar sobre la sensibilidad que han demostrado la mayoría de las universidades tradicionales, en un momento en el que una parte de la población cuestiona el valor de la educación superior, tanto para la incorporación de nuevos públicos, como para el uso de las tecnologías del aprendizaje.
La educación transnacional
La educación transnacional (TEN) se define como la provisión de educación superior por una institución en un país diferente al de su sede principal. Los estudiantes pueden acceder a educación en instituciones extranjeras sin necesidad de estar físicamente presentes en el país de origen de la institución. Esto puede incluir diversas modalidades como campus satélite, programas a distancia, programas de doble titulación y franquicias.
La educación transnacional ofrece ventajas significativas. Proporciona acceso a educación de calidad sin necesidad de movilidad física, reduciendo costos y el impacto ambiental. Esto facilita el desarrollo de programas conjuntos y colaboraciones internacionales, promoviendo la diversidad cultural y oportunidades laborales globales. Hay una tendencia creciente entre las instituciones anfitrionas a priorizar que las asociaciones de TEN sean equitativas y que brinden un equilibrio de beneficios tanto para ellas mismas como para la institución proveedora.
Mientras las naciones anglófonas toman medidas contra el número de estudiantes internacionales, la educación transnacional está recibiendo cada vez mayor atención. Los expertos del sector creen que el día en que los estudiantes de educación transnacional superen en número a los que llegan al Reino Unido podría estar cerca.
Críticos y sindicatos denuncian que estas sedes funcionan como meras «captadoras de ingresos» impulsadas por matrículas elevadas, priorizando el beneficio económico sobre la calidad académica. Informes del regulador (QAA) señalan un rendimiento estudiantil inferior y una oferta curricular fragmentada (enfocada casi únicamente en negocios o cursos top-up) en comparación con el campus principal. La falta de instalaciones propias (bibliotecas, residencias), el aislamiento social y la alta contratación de personal eventual menoscaban la experiencia universitaria tradicional. Tampoco faltan quienes señalan que la externalización de la enseñanza a socios privados diluye el control de calidad, dañando el prestigio de la institución matriz.

Las universidades franquiciadoras
La búsqueda de financiacióny la presión por ampliar la matrícula pueden llevar a las universidades a avalar títulos ofrecidos por otras instituciones mediante acuerdos de franquicia o subcontratación. Esta práctica, aunque puede abrir nuevas oportunidades de acceso a la educación superior y diversificar las fuentes de ingresos, entraña riesgos significativoss cuando no se acompaña de una supervisión rigurosa.
Entre los principales peligros se encuentran la falta de control sobre la calidad académica, la dificultad para detectar malas prácticas como el plagio o el fraude, y la admisión de estudiantes que no cumplen con los requisitos mínimos, especialmente en competencias clave como el idioma. Estos factores pueden desembocar en la concesión de títulos que no cumplen los estándares exigidos, poniendo en entredicho el valor de la formación recibida.
Además, el aval de títulos de terceros puede comprometer gravemente la reputación de la universidad que los respalda, ya que cualquier deficiencia o irregularidad en los programas asociados repercute directamente en su imagen institucional. La proliferación de acuerdos mal gestionados puede erosionar la confianza del público y de los empleadores en el sistema universitario, afectando tanto a los estudiantes como al prestigio de la educación superior en su conjunto.
Por ello, es fundamental que las administraciones y organismos reguladores mantengan una vigilancia estricta sobre estas prácticas, exigiendo transparencia, controles de calidad efectivos y responsabilidad en la gestión de las colaboraciones externas, para evitar que la búsqueda de financiación prevalezca sobre la integridad académica y la protección de los intereses de los estudiantes.
Las otras universidades
Tampoco podemos olvidar en este capítulo el potencial de las universidades promovidas por grandes empresas. Instituciones que unas veces toman la forma de universidades no formales corporativas, u otras de “spin-offs” específicos para el mercado educativo, o bien directamente de universidades propias dentro de sus entramados corporativos, o en alianza con universidades existentes.
El futuro de las universidades de empresas corre de la mano del de las empresas universitarias. Figuras como el aprendizaje dual o los itinerarios conjuntos de formación profesional superior y universidad parecen marcar un futuro alentador para estas iniciativas. Su complementariedad con las universidades tradicionales dependerá del desarrollo de una regulación adecuada y, en último término, de quién perciba el estudiantado que aporta más valor a su aprendizaje.
La sombra de la formación vocacional
Junto a estos actores hay que añadir el creciente atractivo de las instituciones de formación profesional o vocacional postsecundaria, dotadas de una oferta de titulaciones cada vez menos diferenciable de la universitaria, que, sin embargo, ofrecen estudios más cortos en el tiempo, menos costosos, más sencillos de compatibilizar con actividades retribuidas, más experienciales y con una vinculación al empleo más directa. [Un modelo educativo del que aprender que no para de crecer y de atraer a colectivos hacia la educación, como jóvenes varones que antes proyectaban sus ilusiones en las universidades, o aquellos que no tienen la esperanza de poder asistir a los campus universitarios.
Revisar la inserción entre la formación profesional y la universitaria es una necesidad global que empieza a ser urgente. No falta quien señala que, en lugar de ir de la educación secundaria a la universidad y luego al trabajo, deberíamos reordenar la progresión, de la educación secundaria al trabajo y luego a la universidad. Todo un desafío de organización e inversiones para los gobiernos y los empleadores que quieran asomarse a este camino.
En este sentido, es de destacar el proyecto Campus, respaldado por Sam Altman (además de Shaquille O’Neal y Founders Fund), un college en línea que ofrece títulos de associate degree impartidos en directo por profesores adjuntos de grandes universidades como Stanford, Princeton o NYU, combinando así el prestigio académico formal con un modelo de acceso flexible y económico.
Mezcla habilidades prácticas y titulación reglada: todos sus títulos —en administración de empresas, TI y sanidad— incorporan ya una concentración de seis cursos en IA Aplicada, integrando formación técnica directamente en el currículo oficial. El objetivo declarado es que los graduados puedan transferirse a universidades de cuatro años como NYU o Penn State.
La transición entre etapas educativas exige superar el aislamiento sectorial mediante una colaboración permanente y estructural entre secundaria, FP y universidad. El primer paso es reconocer que los estudiantes no llegan con competencias homogéneas: la FP forma en la superación de pruebas mediante aprendizaje guiado, mientras la universidad presupone autonomía, lectura independiente y pensamiento crítico. En lugar de presuponer estas competencias, debe enseñarse explícitamente su tránsito. Esto requiere diálogo continuo entre centros para compartir metodologías y criterios de evaluación, además de integrar la preparación en el propio currículo universitario —asignaturas, módulos, inducción— con apoyo específico en competencias digitales y alfabetización académica durante el primer año.
Titulaciones ultrarrápidas
El fenómeno del «degree hacking»o «college speed runs» ha ganado atención mediática recientemente en EE.UU. Algunas universidades en línea permiten a los estudiantes cursar asignaturas sin límite a su propio ritmo, lo que genera titulaciones muy rápidas y preocupación por la devaluación de las credenciales.
El modelo lo explota especialmente Western Governors University (WGU), basado en educación por competencias: los estudiantes avanzan demostrando dominio de la materia tan rápido como pueden, incluyendo el uso de la IA. Esto ha generado un debate sobre si tal ritmo devalúa el título. El fenómeno, también llamado «hackeo de titulaciones»«, ha generado una industria de influencers que documentan en vídeo lo rápido que obtuvieron su título y animan a otros a imitarlos.
Voces críticas del sector son contundentes: Marjorie Hass, presidenta del Council of Independent Colleges (más de 600 instituciones), afirmó que preferiría que estos títulos se llamasen de otra forma distinta a «grado». Comunidades de exalumnos, como las de Reddit, han denunciado públicamente que estas prácticas dañan la reputación institucional.
Como señaló Jane Jacobs en su último libro Dark Age Ahead; «La acreditación, más que la educación, se ha convertido en la principal actividad de las universidades norteamericanas. A largo plazo, esto no beneficia a los empleadores. Quienes seleccionan a los candidatos buscan cualidades deseables como la perseverancia, la ambición y la capacidad de cooperar y adaptarse, es decir, la capacidad de trabajar en equipo. Como mínimo, obtener un título universitario de cuatro años, independientemente de la disciplina, parece garantizar estas características».
Las universidades fantasma
Por otra parte, más allá de la reputación de los sistemas nacionales, en un mercado global de la educación superior no podemos olvidar la dificultad de garantizar que detrás de la expresión “Universidad” haya un servicio público universitario de calidad. Se trata de instituciones que ofrecen títulos universitarios sin rigor académico, ya sea vendiéndolos directamente, operando con estándares educativos extremadamente bajos o falsificándolos. Conviene recordar cómo, bajo la denominación “Universidad” operan tanto las conocidas como “Mickey Mouse, patito, garaje o de cartón”, como un sinfín de instituciones de aprendizaje no formal de difícil valoración.
En el límite contiguo a los títulos de ínfima calidad o a la publicidad engañosa, el mercado ha creado su propio mercado negro de titulaciones universitarias. Las fábricas de títulos universitarios se han convertido en un próspero negocio global que poco tiene que envidiar en su extensión y sofisticación al de otras industrias de la falsificación del crimen organizado.
El mercado negro de titulaciones
El Instituto Tecnológico de California (Caltech) cuenta con un nuevo equipo de admisiones llamado » escuadrón antifraude » para verificar la veracidad de las afirmaciones de los solicitantes, dado que la IA ha provocado un auge en los currículos falsificados
Un negocio de 7.000 millones de dólares al año, que ha producido decenas de millones de títulos falsos, con un impacto, no solo en las instituciones universitarias atacadas y en las personas de buena fe que puedan ser engañadas, sino directamente en la sociedad, incalculable. Esta situación ha sido denunciada por Consejo de Europa a través del Comité Directivo de Educación (CDEDU), pidiendo a los Estados que establezcan medidas de manera urgente y ha llevado a la creación de un Observatorio dedicado a prevenir y combatir el fraude educativo.
Naciones Unidas da una cifra de 24.000 organizaciones en el mundo, ootras fuentes multiplican por dos este número, que con la denominación de Universidad, desarrollan las más diversas actividades. La marca Universidad desvinculada de la institución concreta y del sistema universitario de origen, cada vez aporta menos referencias en cuanto a la relevancia del aprendizaje ofertado. Parafraseando a León Tolstói podemos afirmar que «Todas las buenas universidades se parecen; cada mala universidad es mala a su manera.»







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