«En todo caso es cierto que estas agencias (de calidad universitaria) por la vía de la verificación y la acreditación deberían haber impedido la creación de determinados títulos universitarios de baja calidad. Se trata de unos organismos muy burocratizados y dirigidos por talibanes espurios de una supuesta calidad. Se dedican a mirar con lupa las propuestas presentadas por las universidades públicas cuando la mayoría de ellas tienen calidad suficiente para hacer propuestas solventes que es innecesario evaluar ex ante«, señala Carlés Ramió
Carles Ramió Matas (Girona, 1963) es catedrático de Ciencia Política y de la Administración en la Universitat Pompeu Fabra. Ha sido director de la Escuela de Administración Pública de Cataluña y presidente de Ivàlua. Especialista en gestión pública, ha publicado más de 30 libros y 170 artículos sobre administración, función pública e innovación. Fue uno de los redactores de la Carta Iberoamericana de Innovación en la Gestión Pública y ha recibido varios reconocimientos internacionales por su trayectoria.
Según constata su libro “La privatización de la Universidad” el crecimiento en España del estudiantado en las universidades privadas es una evidencia que compromete el futuro del sistema público. Este debate presenta varios focos sobre los que quisiéramos saber su opinión. En los últimos dos años se han creado cinco universidades privadas, en los cinco años anteriores se crearon otras cinco todas localizadas en Madrid, y en la actualidad hay en distintas fases de tramitación aproximadamente otras diez. Circunstancia que se ve afectada por el hecho de que la universidad situada en el puesto 8724 del mundo, según el Ranking Web 2025, se haya vendido recientemente por más de 2000 millones de euros. ¿Estamos ante una burbuja especulativa? ¿Hay demanda para tanta oferta?
Todo parece indicar que la educación superior se ha convertido casi de golpe en España en un buen negocio que estimula que diversos emprendedores se atrevan a presentar propuestas para constituir nuevas universidades. No sé si se puede hablar de especulación directamente pero sí de un muy alto nivel de beneficios. Se considera que en determinadas titulaciones los beneficios pueden llegar a ser del 40% de lo que los alumnos pagan en sus matrículas (usualmente diez mil euros por curso). Son incentivos muy golosos.
Hasta el día de hoy las universidades privadas han tenido demanda básicamente por la falta de plazas en las universidades públicas. Esto es muy evidente en el caso de las maestrías (en especial en las maestrías habilitadoras a profesiones reguladas como es el caso de profesorado y abogacía). También destacan las escasas plazas públicas en los grados vinculados a las ciencias de la salud que poseen una gran demanda y empleabilidad. En la Comunidad de Madrid está a punto de haber más matriculados en medicina en las universidades privadas (a 23.000 euros por curso) que en las públicas. De momento hay demanda, pero a medio plazo no está tan claro ya que dentro de pocos años va a declinar la demografía de las personas con la edad más propicia para cursar estudios universitarios.
La irrupción de los fondos de inversión ha impactado significativamente en el ecosistema universitario español. Circunstancia que ha llevado a plantearse si la titularidad por entidades con ánimo de lucro de universidades es compatible con el marco de convivencia de la Constitución de 1978, en especial en lo que se refiere al respeto de la autonomía institucional y de la libertad académica. ¿Cuál es su opinión?
En España, desde la transición, ha habido un pacto tácito compartido por las formaciones de izquierda y derecha en fomentar una sanidad, unos servicios sociales y una educación de naturaleza pública. Este pacto se ha roto durante los últimos años estimulando de manera directa o indirecta una sanidad privada, una formación profesional privada y una educación superior también privada. España se aleja no solo de sus fundamentos democráticos fundacionales sino también del modelo que sigue la mayor parte de Europa continental.
Todo parece indicar que la educación superior se ha convertido casi de golpe en España en un buen negocio que estimula que diversos emprendedores se atrevan a presentar propuestas para constituir nuevas universidades
Hoy en día el sistema universitario español ya es materialmente de los más privatizados de Europa y esto ha sucedido en muy poco tiempo. Hay que evitar que España se encamine hacia los mayoritarios sistemas universitarios extraeuropeos que consisten en que poseen unas cuantas universidades privadas de élite, una o ninguna universidad pública de élite y de elevada calidad y una extensa red de universidades privadas y públicas muy mediocres.
Antes las universidades privadas en España ocupaban una posición marginal y obedecían a opciones ideológicas y religiosas. Ahora los promotores son confusos, aunque parece que la mayoría apuesta por el lucro puro y duro, sin ningún tipo de complicidad por la educación superior. En este nuevo escenario no tiene cabida la investigación, la gestión del conocimiento ni la innovación. Solo está presente la docencia instrumental semiprofesionalizadora más propia de una academia de barrio que de una universidad.
¿Hasta qué punto la eclosión de universidades privadas está soportada por una estrategia ideológica o simplemente responde a intereses clientelares?
Si los beneficios se presumen altos hay todo tipo de intereses privados que pueden canalizarse mediante sistemas clientelares privados e institucionales. Por la parte privada parece que domina el ánimo de lucro coexistiendo con posiciones ideológicas muy conservadoras. En la parte institucional parece que hay partidos políticos en los gobiernos autonómicos que poseen una inexplicable fobia hacia las universidades públicas y una filia hacia las privadas.
Hoy por hoy desconocemos si entre el entramado privado y el entramado institucional de las comunidades autónomas más activas en maltratar a las universidades públicas y en estimular la creación de nuevas universidades privadas existen o no lógicas clientelares.
hay partidos políticos en los gobiernos autonómicos que poseen una inexplicable fobia hacia las universidades públicas y una filia hacia las privadas
Son muchas las universidades públicas que dan títulos a través de entidades privadas ajenas, centros adscritos. Lo que supone una importante vía de financiación para las universidades públicas. ¿Cómo afecta esta situación a la privatización del sistema universitario?
Aquí se hace referencia a un entramado muy diverso y proceloso. Por una parte, existen centros adscritos tradicionales en estudios históricamente subfinanciados públicamente como enfermería, turismo, etc. En este sector también hay que tener en cuenta los ámbitos artísticos de educación superior totalmente desatendidos por las instituciones públicas. Estas titulaciones e instituciones privadas se adscribieron, en su momento, a las universidades públicas por lógicas de cuotas por imposición institucional.
A este panorama hay que añadir también determinadas propuestas territoriales de carácter público (fundaciones públicas) que crean estudios propios que deben adscribirse a una universidad pública. El caso de Tecnocampus en Mataró (propiciado por el Ayuntamiento de esta ciudad y a precios intermedios entre el ámbito público y el privado) es el más destacado en España con casi 4.000 estudiantes. En todos estos casos niego la mayor ya que considero que las universidades públicas no se financian por la vía de los centros adscritos ya que los cánones y servicios que cobran a los centros adscritos son equivalentes a los gastos de gestión que éstos incurren.
Pero hay dos opciones más de centros adscritos: el primero representado por fundaciones privadas creadas por las propias universidades para escapar del estricto marco regulatorio de lo público y para poder competir parcialmente con los centros privados. Si estos proyectos están bien diseñados y aportan valor público considero que son iniciativas positivas que, en efecto, pueden reforzar la financiación de la universidad pública. Considero que tenemos que admitir situaciones intermedias a la rígida dicotomía público o privado. Esta dicotomía diseñada desde el maximalismo y dogmatismo solo contribuye a reforzar lo privado y a debilitar lo público (por su exigua financiación y por la elevada densidad regulatoria que tiene que soportar).
Finalmente, existe la opción de centros adscritos privados que poseen alumnos on line en un modelo fordista y en los que la universidad pública se limita a acreditar los títulos y a obtener grandes beneficios sin apenas exigencias a nivel de calidad. Esta última opción es la que considero que hay que vigilar y combatir.
existe la opción de centros adscritos privados que poseen alumnos on line en un modelo fordista y en los que la universidad pública se limita a acreditar los títulos y a obtener grandes beneficios sin apenas exigencias a nivel de calidad. Esta última opción es la que considero que hay que vigilar y combatir
Hasta el COVID acudir a una universidad privada en España, salvo a dos o tres marcadamente elitistas, no tenía un componente reputacional para las clases medias y altas españolas ¿Ha cambiado la percepción de la sociedad a este respecto en los últimos años?
A mi entender se ha producido la conjunción de distintos factores y dinámicas:
Primero, los estudiantes que no encuentran una plaza pública en una maestría habilitadora para ejercer la profesión van en busca de una privada y les da absolutamente igual su prestigio y nivel de calidad. Solo van en a la búsqueda del título que los habilite profesionalmente, sin más. Si la exigencia docente es escasa pues mejor. Para muchos de estos alumnos es un simple trámite o peaje que tienen que pagar.
Segundo, tal y como se ha dicho antes, los que no logran acceder a un grado en una plaza pública y provienen de familias acomodadas acceden, sin gran entusiasmo, a una universidad privada. Las familias no analizan su prestigio sino que se limitan a salvar los muebles del naufragio.
Tercero, las familias acomodadas que poseen hijos algo distraídos y poco disciplinados optan por ir a una universidad privada ya que consideran que sus vástagos necesitan atención especial, y para ello reducidos grupos en al aula, control y disciplina. Son familias que desconfían de las universidades públicas que apelan a la autonomía y autodisciplina de sus estudiantes. En este sentido, no hay que menospreciar unas tendencias familiares cada vez más paternalistas y de sobreprotección de los hijos.
Cuarto, algunas familias y empresas desconfían de las universidades públicas por su concepción de base en formar a ciudadanos cultos y libres y no tanto a futuros empleados con habilidades instrumentales concretas. Son ámbitos sociales con una orientación muy instrumental y que apuestan por lo que consideran más seguro.
En todo caso es cierto que las universidades públicas deberían plantearse estas nuevas percepciones sociales para ser más atractivas a determinados ámbitos sociales que están desertando del sistema público.
Finalmente, considero que las privadas con elevado prestigio académico y social suelen ser la mismas de antes (muy pocas) sin añadir a ninguna de las nuevas y recientes universidades.
En todo caso es cierto que las universidades públicas deberían plantearse estas nuevas percepciones sociales para ser más atractivas a determinados ámbitos sociales que están desertando del sistema público
El gran incremento de estudiantado en las universidades privadas proviene fundamentalmente de dos ámbitos; la formación virtual, para atender a colectivos con difícil acceso a la universidad presencial, y a los másteres oficiales, en especial los habilitantes, en dónde se quedan fuera de las universidades públicas decenas de miles de estudiantes todos los años. ¿Qué han hecho las universidades públicas en la última década para atender o dar a conocer estas carencias?
Las universidades públicas han adolecido de insuficiente financiación y también de falta de incentivos institucionales. Otro tema es el de la formación por la vía virtual. Está bien que la gran mayoría de las universidades públicas hagan bandera de la presencialidad, pero esto no debería ser ningún obstáculo para que complementen su modelo presencial con otro on line. No puede ser que la oferta pública virtual se limite a la UNED (ahora sobre financiada por el Estado) o a la UOC (con precios y valores públicos, aunque formalmente sea privada).
Aquí las universidades públicas han pecado claramente de conservadurismo, corporativismo y elitismo. Algunas universidades públicas que lo han intentado (por ejemplo, un grado on line en Dirección Pública en la Universidad de Vigo) han sido capaces de hacerlo con una gran calidad y una gran capacidad de convocatoria. Habría que extender más este tipo de iniciativas a las universidades públicas con vacación presencial. Universidades tradicionales, pero con varios canales de aprendizaje. El mercado lo exige y hay que proporcionarle una respuesta pública.
Aquí las universidades públicas han pecado claramente de conservadurismo, corporativismo y elitismo
La LRU, la LOU y ahora la LOSU hablan de programación de la oferta por parte de las CCAA. ¿Qué responsabilidad tienen las administraciones de tutela frente a la falta de adecuación a la demanda social de la oferta de las universidades públicas?
Este es un gran tema. En los sistemas universitarios autonómicos en los que están presentes varias universidades es difícil sustraerse a la lógica política del café para todos. Si una tiene unos determinados estudios al regulador le cuesta negar esta posibilidad a las otras. Por otra parte, es muy poco amable e impopular que los estudios duplicados con baja demanda y empleabilidad sean cerrados o fusionados. Las universidades se resisten a muerte y se generan todo tipo de conflictos. El regulador (las CC.AA.) muy pocas veces regulan y se limitan a hacer complejos equilibrios para que no se produzcan quejas, agravios y escándalos. Hay una evidente falta de valentía por parte de los reguladores públicos.
Por otra parte, haría falta poseer una mayor capacidad de análisis de prospectiva y evitar que titulaciones que han sido durante los últimos años desprestigiadas y desprotegidas públicamente, se detecté de golpe que hay un déficit enorme de profesionales (por ejemplo, el caso de docentes vinculados a las filologías). Sin visión prospectiva y planificación a largo plazo vamos de susto en susto tapando de manera precaria los agujeros que se van presentando. Ahora en Cataluña se va a becar a los nuevos estudiantes en filología catalana ya que sino va a ser imposible reponer el profesorado en esta materia que está cercano a su jubilación. Hay en nuestros modelos un exceso de tactismo reactivo y una ausencia de estrategias proactivas.
Sin visión prospectiva y planificación a largo plazo vamos de susto en susto tapando de manera precaria los agujeros que se van presentando
Dentro de las múltiples propuestas que contiene su libro “La privatización de la Universidad» hay una sobre la que me gustaría profundizar espacialmente. Que el Gobierno de la Nación que, por lo tanto, no sólo regule, sino que aporte fondos de manera significativa para las universidades. ¿Nos podría explicar su propuesta?
La LOSU ya establece un incremento de la financiación pública que yo propongo incluso incrementar, aunque más vinculada a objetivos y estableciendo un sano sistema competitivo de carácter público.
Hay de fondo un problema de legalidad constitucional. El Estado se encarga de la regulación general (ahora con la LOSU) y las CC.AA. les corresponde la regulación mas concreta y específica (yo solicito que sea la menor posible o inexistente), de ejercer la función de principal de cada sistema universitario ya que es el que financia a las universidades. En este sentido hay problemas legales con aquellas ayudas que el Estado (la AGE) quiera inyectar directamente a las universidades ya que carece de competencias para ello (no puede financiar un ámbito que es de financiación autonómica). A pesar de ello lo ha logrado recientemente con algunas ayudas directas para incrementar la planta de profesorado. Pero no se puede abusar de esta vía. Quizás la alternativa (no soy especialista ni en el ámbito jurídico ni en el de financiación pública) sería realizar transferencias a las CC.AA. de carácter finalista para sus respectivos sistemas universitarios.
En este sentido hay problemas legales con aquellas ayudas que el Estado (la AGE) quiera inyectar directamente a las universidades ya que carece de competencias para ello (no puede financiar un ámbito que es de financiación autonómica)
Cuando se habla de “chiringuitos universitarios” se suele olvidar que la responsabilidad de que esto pueda suceder está en último término en las agencias de calidad universitaria. ¿Cómo valora el funcionamiento técnico y la autonomía de gestión de estas instituciones cruciales?
Con el nuevo Real Decreto sí que será una responsabilidad imputable a las agencias de calidad universitaria. Hasta ahora no estaba tan claro y no lo era de entrada. En todo caso es cierto que estas agencias por la vía de la verificación y la acreditación deberían haber impedido la creación de determinados títulos universitarios de baja calidad. Se trata de unos organismos muy burocratizados y dirigidos por talibanes espurios de una supuesta calidad. Se dedican a mirar con lupa las propuestas presentadas por las universidades públicas cuando la mayoría de ellas tienen calidad suficiente para hacer propuestas solventes que es innecesario evaluar ex ante.
En cambio, con las privadas cometen un error de bulto: como las privadas son conscientes de sus debilidades cuando presentan propuestas de nuevos títulos no tienen ningún problema en presentar cinco propuestas distintas para que prospere solo una (y de calidad muy dudosa). Estas agencias no se atreven a denegar las cinco propuestas de una universidad privada y, al final, aceptan a regañadientes autorizar una que es aparentemente solvente gracias a las recomendaciones de las propias agencias (acaban rellenando ellas propuestas con sus detallados consejos). Al final el resultado es que acaban pasando pésimas iniciativas de titulaciones de universidades privadas por estos filtros. En este sentido, las universidades privadas son muy listas y no les importa multiplicar por cinco la burocracia académica si se salen con la suya…
En mi opinión un título no debería ser acreditado si el título del mismo no se corresponde con los contenidos y si no hay suficiente masa crítica docente para impartir este título. Así de fácil, hay que mirar lo sustantivo y no enredarse en centenares de indicadores e indicios insignificantes.
hay que mirar lo sustantivo y no enredarse en centenares de indicadores e indicios insignificantes
En una reciente encuesta de a Asociación espacios de educación superior, con más de 11.000 estudiantes participantes, pudimos apreciar que, la calidad percibida por parte de los estudiantes de las universidades privadas era superior, en los 28 indicadores utilizados, en relación a los estudiantes de las universidades públicas. ¿El éxito de las universidades públicas en las actividades de investigación, en una década de recortes presupuestarios y precariedad del profesorado, puede tener que ver con esta menor satisfacción del estudiantado público?
Pues la verdad es que da que pensar, aunque también hay alguna universidad pública que aparece muy bien posicionada en esta encuesta. Las universidades públicas deberíamos hacer un diagnóstico y propuestas serias pera revertir esta percepción. En todo caso es cierto que estas encuestas poseen desviaciones naturales: los estudiantes de la pública suelen ser más autocríticos y desapegados de unos estudios que les cuestan pocos recursos ya que están mayoritariamente financiados públicamente. En cambio, los estudiantes de la privada y pagando precios tan elevados les cuesta mucho más ser críticos ya que representaría una especie de agravio a los muy elevados esfuerzos que están haciendo sus familias.
Aunque todo esto es cierto es evidente que en la percepción de la calidad docente de las universidades públicas hay algo que falla y habría que analizarlo seriamente para mejorar la situación. Aunque sostengo que todas las 50 universidades públicas son de calidad y aportan valor hay muchos elementos a mejorar. Hay que superar la falta de autocrítica de las universidades públicas y definir nuevas estrategias e implantar cambios en unas organizaciones muy reaccionarias si desean sobrevivir en un contexto cada vez más complejo y preñado de amenazas.






