La competencia mundial por el talento científico se ha intensificado hasta convertirse en una dimensión estratégica de la geopolítica contemporánea. Países con visiones de largo plazo y abundancia de recursos han comprendido que la investigación avanzada no prospera sin estabilidad, libertad operativa y reconocimiento real. Allí donde estos elementos se alinean, florecen comunidades científicas capaces de atraer a los mejores; allí donde fallan, surge un éxodo silencioso que erosiona la capacidad de innovar y de sostener proyectos de país.
JOSÉ MANUEL TORRALBA
La estrategia global de atracción de talento
Desde hace años, China tiene programas de atracción de talento con salarios y ofertas de financiación muy por encima de lo habitual en España (y en algunos caos que en la Unión Europea), tanto para “jóvenes” posdocs, como para investigadores senior. Algo parecido ocurre en otros países de oriente próximo como Arabia Saudí o Emiratos Árabes, aunque en estos casos más enfocado al talento senior.
Encontrar estas convocatorias, no siempre es sencillo, ya que son políticas que se aplican de forma discreta (e inteligente) y que a veces despiertan muchas suspicacias en los países donde se capta el talento y ni siquiera existe convocatoria, sino un contacto directo con la persona que quieren fichar.
Y en Europa, como siempre al pairo, estamos descubriendo cómo Arabia Saudí, Emiratos o China, están echando el resto para atraer y retener talento internacional con ofertas, a veces, apabullantes. Frente a esto, muchos compañeros del mundo académico se rasgan las vestiduras cuando se enteran que este o aquel investigador (especialmente si es de cierto renombre) “se ha vendido” al poder económico y de atracción que están empezando a tener estos países.
Estos que se rasgan las vestiduras caen en debates éticos y siempre empiezan hablando del tópico de que “se venden” a sistemas “no democráticos” a desarrollar investigación que se va a poner en marcha en entornos donde no se respetan los derechos humanos. Muchos son los mismos que denigran las investigaciones que tienen que ver con la defensa.
Por supuesto que la mayoría que caen en esta actitud, jamás han recibido ni recibirán una oferta de estos países, porque solo ofertan a verdaderos talentos. No pagan a quien no lo merece, pagan por talento de primer orden. Y en cuanto al debate ético, creo que todos los que aceptan este tipo de trabajo ya tienen una edad para poder decidir. Y esos críticos debieran leerse el informe Bush (“Ciencia, la frontera sin fin”, 1945).
No pagan a quien no lo merece, pagan por talento de primer orden
Condiciones que resultan irresistibles para el investigador
El denominador común de lo atractivo de estas ofertas se fundamenta en varios aspectos: 1) dinero suficiente para poder desarrollar investigación de calidad (incluyendo salarios y condiciones laborales) y sostenido en un periodo razonable, 2) ausencia de burocracia tanto en la consecución de la financiación y su renovación, y por supuesto en su justificación, 3) acompañamiento con medidas de acogida para la familia del o de la investigadora y en algunos casos vivienda y colegios para los hijos, 4) acceso a infraestructuras singulares 5) Facilidades extremas para visado y permisos de residencia del investigador y familia. Y en muchos casos, 6) una ayuda complementaria a los departamentos/grupos de investigación de origen del talento captado.
Existe en la actualidad una convocatoria de atracción de talento exterior en China (Qiming Program) (convocatorias a veces gestionadas a través de empresas que se dedican a la captación de talento, en China o en España, como por ejemplo Cibeles Talent) donde, dependiendo del candidato se pueden llegar a pagar salarios de más de 100.000 euros/año y proyectos de hasta 12 millones de euros para tres años, e incluyen, entre otras cosas, vivienda gratuita durante todo el proyecto.
Salarios por encima de los habitualmente pagados en España y fondos de investigación prometidos que triplican o cuadruplican una “Advanced Grant” del European Research Council. Por supuesto no siempre son estas condiciones, y depende de si se trata de jóvenes doctores, o investigadores senior, pero lo que se ofrece es lo suficientemente atractivo para que mucha gente se lo piense y, acabe marchándose. Por otro lado, quienes participen en estos planes deben conocer que no están muy bien vistos por el gobierno de EE.UU.
Y esos que se van, ¿que tienen “en casa”? Muchas veces poco o ningún reconocimiento al trabajo que hacen (hay casos -yo los conozco- en los que, habiendo conseguido los mejores proyectos europeos durante años, sus departamentos no les promocionan a figuras estables o de catedrático). Una vida muy frustrante donde para conseguir un proyecto hay que escribir cuatro o cinco propuestas. Una burocracia extrema, donde a veces es complicado justificar la compra de un bolígrafo, un repuesto para un equipo, un viaje a una reunión. Donde comprar un equipo es una pesadilla en forma de licitación. A veces una carga docente aplastante.
Lo que se ofrece es lo suficientemente atractivo para que mucha gente se lo piense y acabe marchándose
En muchos casos falta de espacio para crecer (la gente con éxito en propuestas europeas o con empresas, normalmente necesitan crecer), espacio que muchas veces está en manos de inútiles con escasa actividad que nos son capaces de renunciar a esos espacios para mantener su estatus, y esto acompañado de la existencia de gestores universitarios que, en vez de respaldar a los buenos, defienden a los mediocres.
Este conjunto de condicionantes podría considerarse algo equivalente a la maldición Sísifo. Y no estoy hablando del caso particular de los miles de españoles talentosos que ya están en el extranjero y que no tienen, no les damos, la oportunidad de volver a España.
El contraste europeo y español: rigideces, burocracia y desafección
¿Y estamos haciendo algo? Tenemos una financiación en el sistema universitario público por debajo de la media de la OCDE. En el ámbito de la ciencia estamos muy lejos de la docena de países con los que competimos dentro de la Unión Europea. En las universidades tenemos vigente un sistema y usos totalmente endogámicos, donde la entrada de alguien externo es prácticamente imposible. Las promociones siguen dependiendo de decisiones que no se basan en el mérito.
Solo hay dos comunidades autónomas (Cataluña y Pais Vasco, y en parte Galicia) con políticas de atracción de talento eficientes. El estado español tiene algunas convocatorias de talento (Ramón y Cajal y ahora el programa ATRAE) totalmente insuficientes y con cuantías que son dudosamente competitivas. Y son de “atracción”, no de retención.
No existe una estrategia real de atracción y, sobre todo, de retención del talento
Si alguien “top” de nuestro sistema recibe una oferta de Arabia Saudí o China, ¿Qué puede hacer una universidad o un centro de investigación para retenerle? Ni siquiera le puede ofrecer un salario mayor. Y peor aún, ¿le interesa al rector en cuestión retenerle/la? (hay muchas posibilidades de que ese rector piense “mira que bien, el pesado que no hace más que pedirme laboratorios ¡me va a dejar en paz!”).
España, con docenas de miles de científicos, ingenieros y sanitarios en la diáspora, que no tiene ningún plan para retornarlos (incluso teniendo en cuenta las cantidades ingentes de plazas que están quedando libres en el sector público a causa de la jubilación de los “boomers”), que además no tiene una estrategia de atracción y retención de talento, con una legislación que, además, lo dificulta… es ese país donde mucha gente se escandaliza de que se nos vayan los mejores con este tipo de ofertas. Ese país donde es prácticamente imposible entrar al sector público “desde fuera”.
Una pérdida anunciada: riesgos geopolíticos y ausencia de estrategia
China, ya nos tiene en sus manos en relación con las materias primas y en muchos ámbitos tecnológicos. Ahora ha decidido lanzarse a por nuestro talento, talento que no somos capaces de retener. España, Europa, debiera tomar medidas. Ya es tarde.







