Cataluña ha sabido diseñar y desarrollar un auténtico sistema universitario

Entrevista a Josep M. Vilalta Verdú Secretario Ejecutivo de la Associació Catalana d'Universitats Públiques (ACUP) y director de la Global University Network for Innovation (GUNi)

Josep M. Vilalta Verdú (Barcelona, 1965) és el Secretari Executiu de l’Associació Catalana d’Universitats Públiques (ACUP) i Director Executiu de la Global University Network for Innovation (GUNi).

«El problema es la aparición de instituciones y empresas con finalidad de lucro que, aprovechando la legislación y las oportunidades de determinado contexto político-institucional, operan en la esfera de la educación superior sin los mínimos estándares de calidad. Se trata realmente de un problema creciente, sobre todo en determinados países y regiones. Para ello, debemos reclamar en todo momento estándares claros de lo que reconocemos como universidad o institución de educación superior, fijando filtros para evitar la proliferación de ofertas de dudosa calidad. Sabemos que la educación constituye un mercado creciente pero los gobiernos deben asegurar que, bajo la denominación de universidad, hay unos estándares a cumplir por parte de cualquier oferta o proyecto«, declara Josep M. Vilalta Verdú Secretario Ejecutivo de la Associació Catalana d’Universitats Públiques (ACUP) y director de la Global University Network for Innovation (GUNi)


Josep M. Vilalta Verdú (Barcelona, 1965) encarna como pocos la profesionalización de la gestión universitaria en España. Secretario Ejecutivo de la Associació Catalana d’Universitats Públiques (ACUP) y director de la Global University Network for Innovation (GUNi) —la red impulsada por la UNESCO, la Universidad de las Naciones Unidas y la propia ACUP—, Vilalta ha dedicado tres décadas a pensar y administrar lo público en la educación superior. Licenciado en Geografía e Historia por la Universitat de Barcelona, máster en Gestión Pública por la UAB y en Teoría Política y Social por la UPF, completó su formación con un postgrado en Higher Education Management en la Open University y la Universiteit Twente. Antes de liderar ACUP y GUNi fue Subdirector General de Investigación de la Generalitat de Catalunya y responsable del Área de Evaluación, Estudios y Cooperación Universitaria. Autor de casi un centenar de publicaciones sobre políticas científicas y universitarias, su trayectoria condensa un compromiso sostenido con la universidad pública como bien colectivo y como institución al servicio del progreso social.

GUNi nació en el año 2000, con el impulso de la UNESCO, la Universidad de las Naciones Unidas y en su momento la UPC. Han pasado ya veintiséis años. Si tuviera que señalar los dos o tres cambios más profundos que ha experimentado el sistema universitario mundial desde entonces, ¿cuáles serían?

Depende por supuesto de las dinámicas y las evoluciones históricas de las distintas regiones y países del mundo. Pero, sin duda, para mí la más destacada ha sido la extensión y crecimiento de la educación superior en el mundo, con tasas de alumnado y graduación nunca vistas.

En segundo lugar, el crecimiento significativo de las ofertas privadas de educación superior en muchos países, lo cual puede conllevar problemas de inequidad y falta de igualdad de oportunidades. El famoso ascensor social de las universidades está en entredicho en algunas regiones. Finalmente, destacaría la producción científica de muchas universidades, que ha permitido situarlas como la principal institución de creación de conocimiento.

Uno de los mensajes recurrentes de GUNi es la necesidad de que las universidades trabajen en red, no de forma aislada. En un contexto de competencia creciente por rankings, financiación y talento, ¿por qué sostiene que las alianzas interuniversitarias son hoy más una condición de supervivencia que una opción estratégica?

Las universidades, por su propia naturaleza y misión, trabajan en la doble escala local y global. Asimismo, sabemos que las instituciones de educación superior compiten a menudo entre ellas, por ejemplo, en la captación de fondos competitivos para la investigación o en la atracción y retención de talento (docentes, investigadores, estudiantes, gestores).

Las alianzas universitarias, sean dentro de países, a escala regional (como en Europa) o a escala mundial como GUNi nos permiten trabajar en red, compartir conocimiento, llevar a cabo benchmarkings, incluso mejorar nuestra gestión a escala institucional

Desde GUNi siempre hemos defendido que las universidades tienen una misión nuclear de compromiso social y de servicio público, de acuerdo con los principios fundacionales de la UNESCO de extensión de la educación, la cultura y la ciencia en todos los países y en todos los estratos socioculturales. En este sentido, las universidades desarrollan normalmente su actividad en esta doble condición de competencia y colaboración.

Competir en ciertos aspectos nos hace mejores, pero colaborar también. Un buen ejemplo de ello puede ser el desarrollo de la investigación social o de la investigación biomédica. Colaborar, generar proyectos conjuntos, compartir información y resultados nos hace progresar tanto a escala local como global. De hecho, la ciencia es por naturaleza de carácter global y desde GUNi promovemos la investigación y la innovación responsables, para la sociedad y con la sociedad.

Las alianzas universitarias, sean dentro de países, a escala regional (como en Europa) o a escala mundial como GUNi nos permiten trabajar en red, compartir conocimiento, llevar a cabo benchmarkings, incluso mejorar nuestra gestión a escala institucional.

El octavo informe de GUNi, Higher Education in the World, se tituló «New Visions for Higher Education towards 2030» y reunió a más de noventa expertos internacionales. ¿Qué diagnóstico de aquel informe considera que se ha confirmado con mayor nitidez en estos últimos años, y cuál diría que ha quedado desmentido por los acontecimientos?

Los informes Higher Education in the World, que publicamos cada 2-3 años, intentan analizar temáticas y cuestiones relevantes de la política universitaria a escala global. Son, sin duda, una de nuestras actividades de mayor prestigio por su repercusión entre la comunidad universitaria y su impacto en gobiernos, decisores públicos y expertos en la materia.

las instituciones de educación superior deberán transformarse profundamente en los próximos años

En el octavo informe nos propusimos hacer un ejercicio de prospectiva y analizar cómo deberán transformarse las universidades en los próximos años para poder atender los nuevos retos sociales, económicos y tecnológicos que vivimos en la actualidad. El diagnóstico es claro: las instituciones de educación superior deberán transformarse profundamente en los próximos años y para ello se requiere una gran determinación, liderazgo y capacidades de gestión del cambio en una institución que a menudo reacciona con lentitud y con muchas inercias y resistencias.

De hecho, fruto de las reflexiones del Informe, desde GUNi hemos desarrollado tres programas estratégicos para ayudar en estos procesos de transformación institucional: la GUNi International Call to Action, el Higher Education Leadership and Management Hub y el Cities and Universities Program.

Las universidades han sido tradicionalmente uno de los instrumentos más eficaces de soft power de los Estados: atraen talento, generan prestigio y tejen relaciones diplomáticas informales a través de la ciencia. ¿Cómo está alterando la fragmentación geopolítica actual —guerras comerciales, restricciones a la movilidad académica, rivalidad tecnológica— esa función tradicional?

Efectivamente, las universidades pueden ejercer estas capacidades de soft power o diplomacia académica/científica para la colaboración internacional, el multilateralismo y el fortalecimiento de su propia sociedad. De hecho, las universidades, desde nuestra perspectiva, forman no solo profesionales sino también ciudadanos, comprometidos y críticos, por lo cual atesoran un papel central para el fortalecimiento de las comunidades, la democracia y el progreso.

El cuestionamiento del multilateralismo que estamos viviendo, las guerras comerciales y la fuerza de algunas grandes multinacionales ponen en crisis esta concepción, impiden en algunos casos la movilidad de estudiantes e investigadores y la colaboración académica y científica. Es un retroceso que nos preocupa enormemente y por ello seguimos creyendo en el rol estratégico de las instituciones de las Naciones Unidas como la propia ONU, la UNESCO, la Organización Mundial de la Salud y las demás. Fijémonos en los grandes retos como planeta, como son el cambio climático y la pérdida de biodiversidad, las pandemias, el comercio internacional, la fuga de capitales: sin esta cooperación internacional, donde el soft power ocupa un espacio central, no seremos capaces de resolverlos óptimamente.

Vinculado a lo anterior, ¿qué papel le corresponde a la universidad en la defensa de la democracia liberal en un momento en que esta se ve cuestionada en varias latitudes, incluida Europa? ¿Es realista pedirle a la institución universitaria una función cívica de ese calibre sin que ello comprometa su pretendida neutralidad académica?

Como decía hace un momento, soy de los que piensa que las universidades deben formar no solo profesionales sino también ciudadanos (informados, críticos y comprometidos con la sociedad). Me refiero sobre todo a las universidades públicas o de vocación de servicio público, que tienen este mandato en su misión fundacional y su arquitectura legal. Asimismo, las universidades deben comprometerse socialmente, tanto a escala local como global.

Y deben hacerlo desde su autonomía institucional y académica. En este sentido, la defensa de la democracia, de la equidad y la igualdad de oportunidades debe ser asumida como consustancial en nuestro marco de convivencia. Siempre desde el rigor científico y académico y sin entrar en las pugnas partidistas concretas. Sabemos que esa línea es muy compleja, pero desde mi perspectiva la universidad debe ser fuente de progreso, de bienestar y de compromiso cívico inequívoco.  

las universidades, desde nuestra perspectiva, forman no solo profesionales sino también ciudadanos, comprometidos y críticos, por lo cual atesoran un papel central para el fortalecimiento de las comunidades, la democracia y el progreso

Estados Unidos y China representan hoy los dos polos de amenaza más visibles para la autonomía universitaria, aunque de signo distinto: en un caso, la presión proviene de recortes presupuestarios, litigios y control ideológico sobre los campus; en el otro, de un capitalismo de Estado que subordina la investigación a la estrategia nacional. ¿Considera equiparables ambos riesgos, o hay una asimetría de fondo que conviene no perder de vista?

Son realidades muy distintas como bien dices. Y estas tensiones y amenazas a la autonomía universitaria y la libertad académica no solo se producen en los Estados Unidos de América y en China sino también en otros muchos países, con intensidades y circunstancias diversas, y como bien sabemos.

Considero que las universidades deben fortalecer en todo momento sus capacidades estratégicas y defender en todo lo posible su autonomía institucional y académica. Haciéndolo sirven a la comunidad para su progreso. Para ello, pienso que la mejor estrategia es demostrar día a día, ante la sociedad y los representantes políticos (con evidencias, datos y proyectos concretos), que las universidades tiene impactos muy relevantes en la economía y la sociedad y que, asimismo, están totalmente abiertas a la sociedad y sus problemáticas. Asimismo, instituciones como la Magna Charta Universitatum o la propia GUNi debemos trabajar intensamente en esta dirección y sumar esfuerzos.

Han proliferado en los últimos años universidades cien por cien digitales, sin campus físico ni comunidad presencial en el sentido clásico. ¿Cabe seguir llamándolas «universidades» en el sentido pleno del término, o estamos ante un modelo institucional distinto que simplemente ha tomado prestado el nombre?

las universidades tiene impactos muy relevantes en la economía y la sociedad y que, asimismo, están totalmente abiertas a la sociedad y sus problemáticas

Creo que la problemática no es respecto a si las universidades son digitales, híbridas o presenciales. Se trata de una cuestión de política universitaria y de aseguramiento de la calidad. De hecho, conocemos universidades de calidad y prestigio que son digitales. En nuestro contexto universitario local es el caso de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).

El problema es la aparición de instituciones y empresas con finalidad de lucro que, aprovechando la legislación y las oportunidades de determinado contexto político-institucional, operan en la esfera de la educación superior sin los mínimos estándares de calidad. Se trata realmente de un problema creciente, sobre todo en determinados países y regiones. Para ello, debemos reclamar en todo momento estándares claros de lo que reconocemos como universidad o institución de educación superior, fijando filtros para evitar la proliferación de ofertas de dudosa calidad. Sabemos que la educación constituye un mercado creciente pero los gobiernos deben asegurar que, bajo la denominación de universidad, hay unos estándares a cumplir por parte de cualquier oferta o proyecto.

Cambiamos de registro para hablar de su otra responsabilidad, más cercana al territorio: la Secretaría Ejecutiva de la ACUP.

La ACUP se define estatutariamente como la voz colegiada de las universidades públicas catalanas. ¿Cuáles son sus funciones concretas y por qué, a diferencia de otras asociaciones universitarias europeas, la ACUP ha optado por integrar únicamente a instituciones públicas, dejando fuera a las privadas?

La ACUP se creó con la finalidad de ser la voz conjunta de las universidades públicas de Cataluña. La forman las ocho universidades públicas y desarrolla actividades de relaciones institucionales, proyección social y representación ante los distintos estamentos políticos, institucionales, económicos y sociales. Asimismo, la ACUP desarrollo proyectos estratégicos de sistema universitario, allí donde trabajar en cooperación tiene pleno sentido, ya que permite reforzar nuestras capacidades institucionales y generar mayor eficacia y eficiencia. De hecho, en los últimos dos decenios ha promovido una gran cantidad de iniciativas y programas que se han ido institucionalizando con los años y que refuerzan cada una de nuestras universidades y el conjunto del sistema universitario catalán.

¿Cómo describiría hoy la relación entre las universidades catalanas y la Generalitat en materia de planificación del servicio público universitario? ¿Dispone la administración autonómica de instrumentos suficientes para ordenar la oferta de titulaciones y evitar la duplicidad, o sigue primando la autonomía institucional de cada universidad sobre cualquier lógica de sistema?

Cataluña dispone del Consell Interuniversitari de Catalunya (CIC), órgano político representado por la Generalitat de Catalunya (mediante el Departamento con competencias en universidades e investigación) y todas las universidades de Cataluña, en total 12. Su función principal es ordenar y planificar el sistema universitario mediante diversas comisiones y grupos de trabajo.

Más allá de su complejidad, creo que Cataluña ha sabido diseñar y desarrollar un auténtico sistema universitario, con políticas e instrumentos de sistema, más allá de cada una de las universidades. Un ejemplo de ello ha sido el impulso de instituciones como la Agencia Catalana de Aseguramiento de la Calidad Universitaria (AQU Catalunya), la Agencia de Gestión de Ayudas Universitarias y de Investigación (AGAUR) o el Consorcio de Servicios Universitarios de Catalunya (CSUC). Con la perspectiva internacional que atesoro, creo que el sistema universitario catalán es uno de los más cohesionados de Europa, sobre todo si lo comparamos con países y realidades de países pequeños o medianos.

En los últimos veinte años se ha instalado la percepción de que el sistema universitario catalán se ha convertido en una referencia dentro de España, tanto por resultados de investigación como por internacionalización. ¿Comparte ese diagnóstico y, en caso afirmativo, a qué factores atribuye ese despegue relativo?

Creo que los datos corroboran esta percepción. Disponemos de un sistema robusto, con universidades intensivas en investigación y con una oferta docente muy amplia y de calidad. Ello se refleja también en nuestra capacidad de colaboración europea, en captación de recursos europeos para la investigación (donde Cataluña es una de las regiones europeas líderes) y más recientemente en la participación en las alianzas universitarias europeas. Sin embargo, esta realidad positiva se ve amenazada por dos constricciones que la ponen en peligro: de una parte, un sistema normativo y procedimental de lo público que genera burocracia y rigidez si valor añadido, en un sistema universitario y de investigación e innovación que requiere flexibilidad, capacidad de acción y máxima autonomía institucional. Por otra parte, la financiación pública de las universidades. Seguimos con aportaciones públicas bajas, sobre todo si nos comparamos con universidades europeas (que pueden llegar a doblar o triplicar los presupuestos de nuestras universidades), pero también a escala española. De no revertir esta realidad, las universidades públicas en Cataluña irán perdiendo capacidad de acción y de impacto en los próximos años.

Cataluña ha sabido diseñar y desarrollar un auténtico sistema universitario

Ampliando el foco a Europa: ¿qué impacto real está teniendo la construcción de un espacio universitario europeo más integrado —alianzas de universidades europeas, movilidad, reconocimiento de créditos— sobre universidades de tamaño medio como las catalanas?

Nuestra participación en el espacio europeo de educación superior, en el espacio europeo de investigación y, más recientemente, en la construcción de alianzas europeas es en líneas generales muy provechoso. Nos permite desarrollar investigación e innovación de frontera, desarrollar programas de movilidad y de títulos a escala europea y trabajar codo a codo con universidades de larga tradición y reconocimiento. Todas las universidades públicas catalanas, del tamaño que sean, creo que se encuentran totalmente integradas en Europa y valorando positivamente lo que ello conlleva para el propio crecimiento institucional y académico.

Para cerrar, una pregunta que nos parece pertinente en el contexto actual: ¿está garantizada hoy la calidad universitaria en España para todos los estudiantes, con independencia de que cursen sus estudios en modalidad presencial o en universidades enteramente virtuales?

Lo he mencionado hace un momento: no se trata de si la oferta universitaria es presencial, virtual o híbrida. Lo relevante es como, desde los gobiernos responsables de la política universitaria, se establecen estándares y mecanismos de control de la calidad. Y en el caso de las universidades públicas, normativas que promuevan la autonomía universitaria y una financiación suficiente que asegure una oferta de educación superior de calidad para todos. Sabemos, como he dicho, que la educación es también un mercado, pero no podemos permitirnos que se instauren ofertas de dudosa calidad y sin los estándares académicos suficientes. No hacerlo pone en riesgo la reputación de los estudios y de las universidades y revierte en una mala calidad para los estudiantes y la sociedad en general.


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