Hablamos con Jaime Alberto Leal, rector de la UNAD, la universidad más grande de latinoamérica

Entrevista a Jaime Alberto Leal, rector Universidad Nacional Abierta y a Distancia, UNAD, Colombia

Jaime Alberto Leal Afanador es un destacado académico y líder universitario colombiano, reconocido por su amplia trayectoria en la educación superior y por su papel fundamental en la consolidación d. A lo largo de su carrera ha impulsado modelos innovadores de formación, con especial énfasis en la educación virtual, la democratización del acceso al conocimiento y la inclusión de poblaciones históricamente alejadas de la universidad. Su liderazgo ha sido clave para fortalecer a la UNAD como una institución pública de referencia nacional e internacional en educación a distancia.

Leal Afanador ha promovido una visión de universidad moderna, flexible y comprometida con el desarrollo social del país. Su trabajo se ha orientado a ampliar oportunidades educativas para miles de colombianos, especialmente en regiones apartadas, mediante estrategias académicas apoyadas en la tecnología y en la calidad institucional. Su trayectoria refleja una combinación de experiencia administrativa, visión estratégica y vocación educativa, que lo han consolidado como una de las figuras más representativas de la educación superior en Colombia.


Los resultados de una institución educativa no necesitan de grandes discursos cuando hablan con la contundencia de los hechos. Siempre he creído que la verdadera educación no debe segmentar, sino integrar. Hoy en día, la Universidad Nacional Abierta y a Distancia (UNAD) se consolida como la única institución en Colombia capaz de ofrecer una ruta formativa completa que abarca todos los niveles y ciclos del aprendizaje humano. Desde los programas de alfabetización básicos, pasando por la primaria, el bachillerato, y la articulación con la formación técnica y tecnológica, hasta alcanzar la educación superior en pregrado, postgrado, maestrías y doctorados. Diseñamos un ecosistema formativo global, abriendo un abanico de disciplinas que responde de forma directa a las múltiples realidades de nuestro entorno social.

Sin embargo, el tamaño y la complejidad de este proyecto educativo no residen únicamente en su oferta curricular, sino en su profundo arraigo territorial. La UNAD cuenta con 74 centros regionales que cumplen una labor titánica al conectar las oportunidades académicas con 1.136 municipios colombianos. Esto representa una presencia geográfica invaluable, un puente constante donde convergen de forma ininterrumpida servicios educativos y dinámicas de desarrollo local. Con una comunidad que ya roza los 390.000 estudiantes tanto dentro como fuera de nuestras fronteras, nos enfrentamos diariamente al desafío de demostrar que la inclusión masiva no está reñida con la excelencia. Mi meta constante al frente de la institución ha sido clara: no basta con ser la universidad más grande del país; tenemos que ser, de forma indiscutible, la mejor. Los sellos de acreditación de alta calidad y las evaluaciones periódicas de nuestra sostenibilidad académica, financiera y tecnológica respaldan este compromiso.

La UNAD cuenta con 74 centros regionales que cumplen una labor titánica al conectar las oportunidades académicas con 1.136 municipios colombianos

El Verdadero significado de aprender

El conocimiento se puede adquirir a través de múltiples caminos, pues lo único que muta con el tiempo son los métodos y las mediaciones. Lo verdaderamente trascendental es la semilla que la universidad siembra en cada individuo que cruza sus puertas virtuales o físicas, ya sea en calidad de trabajador, docente, estudiante o egresado. El legado más valioso que les otorgamos es el desarrollo de una competencia fundamental para el siglo XXI: la capacidad de aprender a aprender. Esta perspectiva se nutre de experiencias vivenciales, amplía destrezas y fortalece habilidades que permiten a las personas adaptarse a un mundo hiperconectado y cambiante. Nos definimos, por ende, como una universidad de puertas abiertas, flexible en sus modelos de gestión curricular, profundamente innovadora en el uso de tecnologías digitales y guiada por un inquebrantable sentido de impacto social.

Bajo esta filosofía, entiendo que el objetivo último de la educación es combatir y transformar las dinámicas informales del mercado laboral. Debemos dignificar el esfuerzo diario del trabajador común a través de una cualificación que no solo mejore sus ingresos, sino que le otorgue herramientas reales para una movilidad social ascendente. Cuando una persona se educa, el beneficio no se queda en ella; se extiende a su núcleo familiar, impacta a su comunidad inmediata y termina por reconfigurar el tejido de la sociedad entera. La educación jamás puede ser vista bajo una lógica cortoplacista; es un eje transversal e intrínseco a la experiencia humana que nos acompaña a lo largo de toda la vida.

Lo verdaderamente trascendental es la semilla que la universidad siembra en cada individuo que cruza sus puertas virtuales o físicas, ya sea en calidad de trabajador, docente, estudiante o egresado

Calidad, autonomía y justicia social

Frente a quienes dudan de los modelos abiertos o a distancia, mi respuesta es categórica: respondemos no solo por la pertinencia del modelo formativo, sino por la rigurosa calidad de los títulos que entregamos. Los diplomas de la UNAD gozan del más alto reconocimiento legal y técnico, respaldados por registros institucionales y certificaciones nacionales e internacionales de alta calidad. Además, nuestras sólidas alianzas estratégicas permiten que nuestros alumnos accedan a opciones de doble y triple titulación con prestigiosas academias de Europa y Estados Unidos. El rigor científico y el humanismo van de la mano; entregamos a los sectores productivos profesionales técnicamente impecables que son, ante todo, buenos ciudadanos y excelentes seres humanos.

Esta labor se cobija bajo el principio de la autonomía universitaria. Considero que las instituciones de educación superior públicas poseemos el enorme privilegio y la responsabilidad de autogobernarnos bajo esquemas transparentes, éticos y morales que fomenten la participación colectiva. Es desde este autogobierno que construimos lo que llamamos «justicia social». La justicia social no es un concepto abstracto ni una mera pregunta retórica; es el efecto palpable que experimenta el ciudadano de a pie cuando nota que su esfuerzo de tiempo, dinero y energía educativa valió la pena y transformó el destino de su familia.

Para que esta justicia social sea duradera, se requieren tres pilares gubernamentales:

  1. Buenas políticas: Entendidas como la clara enunciación de propósitos comunes que beneficien al colectivo social.
  2. Normas efectivas: Leyes que se adecúen de forma dinámica a los objetivos de las políticas públicas, y no políticas que terminen asfixiadas por el corsé de normativas rígidas.
  3. Recursos suficientes: El financiamiento necesario para asegurar la coherencia ética entre lo que se sueña, lo que se promete y lo que finalmente se construye.

En el contexto colombiano, la legislación actual —derivada de la histórica Ley 30 de 1992— nos impulsa hacia la autosostenibilidad. Es un reto que a muchas instituciones públicas les cuesta asumir, pero una organización madura debe ser capaz de optimizar sus presupuestos corrientes para reinvertirlos en activos tangibles e intangibles contemplados en sus planes de desarrollo a largo plazo. La investigación que financiamos no puede quedarse acumulando polvo en los anaqueles olvidados de una biblioteca; los resultados investigativos deben traducirse en la resolución inmediata de problemas comunitarios y en el aprovechamiento real de oportunidades territoriales.

El rigor científico y el humanismo van de la mano; entregamos a los sectores productivos profesionales técnicamente impecables que son, ante todo, buenos ciudadanos y excelentes seres humanos.

El deber con la diáspora y la integración latinoamericana

Nuestra proyección internacional nos obliga a mirar con detenimiento los fenómenos migratorios. Un Estado verdaderamente responsable debe velar por sus ciudadanos migrantes, garantizando que su llegada a nuevos entornos sea un aporte al tejido productivo y social de la nación de acogida. Pero también debe prepararlos para un eventual retorno con dignidad. La UNAD se ha convertido en el puente perfecto para que los núcleos familiares que decidan regresar lo hagan con mayores cualificaciones formativas y con la frente en alto.

Nuestra fuerte presencia en España es un reflejo de estas proporciones migratorias. Muchos colombianos acuden a la educación de este país atraídos por su innegable excelencia académica, compartiendo elementos de arraigo vitales como el idioma y la cultura. La UNAD complementa este panorama al ofrecer una alternativa sumamente flexible para aquellos que no vienen exclusivamente a estudiar, sino que deben trabajar largas jornadas para ganarse la vida con el sudor de su frente. Nos convertimos en la herramienta que rompe la exclusión, permitiéndoles cualificarse sin descuidar sus obligaciones laborales básicas.

Finalmente, esta visión nos conecta con espacios globales como la Unión de Universidades de América Latina (UDUAL), donde compartimos con instituciones hermanas no solo las virtudes de un mismo idioma, sino las profundas y dolorosas heridas estructurales de nuestro continente: la exclusión educativa, la pobreza extrema, la inseguridad y la violencia estructural. Resulta paradójico y casi vergonzoso que, tras más de dos siglos de vida republicana e independiente, nuestras naciones sigan padeciendo estos flagelos. Esto nos demuestra que los sistemas educativos tradicionales no han sido lo suficientemente efectivos ni pertinentes. Si de verdad aspiramos a sociedades más equitativas, justas y con una distribución económica digna, las universidades debemos replantear nuestro impacto y entender que la educación es la única vía real para erradicar las desigualdades permanentes que aún fragmentan a nuestros pueblos.


Espacios de Educación Superior está dirigido a poner en contacto a las personas e instituciones interesadas en la sociedad del aprendizaje en Iberoamérica y España.