La expansión de la educación superior ha generado una paradoja inquietante: nunca ha habido tantos titulados y, sin embargo, nunca ha sido tan evidente la fragilidad de ciertas competencias esenciales para la vida profesional. En un mercado laboral marcado por la automatización, la inteligencia artificial y la obsolescencia acelerada del conocimiento técnico, las organizaciones comienzan a valorar con mayor intensidad la capacidad de relacionarse, resolver problemas complejos y actuar con criterio ético. La cuestión ya no es cuántos títulos se acumulan, sino qué tipo de personas se forman y qué lugar ocupa la universidad en esta encrucijada histórica.
Pilar Vivó Murciano es una profesional de sólida y prolongada trayectoria que ha sabido integrar la práctica clínica, la orientación educativa y el liderazgo empresarial en un proyecto coherente de impacto formativo. Psicóloga clínica desde 1990 y orientadora educativa desde 1992, ha desarrollado una labor continuada de acompañamiento y desarrollo personal, a la vez que, como CEO de Ivep Formación desde 1996 y de Editorial Ivep desde 2000, ha impulsado iniciativas editoriales y programas de formación orientados a la excelencia académica y al fortalecimiento de competencias humanas. Su perfil conjuga rigor técnico, visión estratégica y compromiso ético, consolidándola como una figura de referencia en el ámbito de la educación y la capacitación profesional.
¿Qué valores ponderan las empresas para seleccionar personas procedentes de las universidades?
En el entorno laboral actual, las empresas valoramos más las capacidades relacionales y de resolución de problemas que los conocimientos técnicos adquiridos en la universidad. La razón es que la tecnología y los métodos cambian con rapidez, mientras que habilidades como comunicar con claridad, colaborar en equipos diversos y enfrentar situaciones imprevistas permanecen esenciales.
Además, estas competencias permiten adaptarse mejor a nuevos retos y aprender herramientas específicas cuando es necesario. Por ello, las organizaciones buscan profesionales capaces de conectar con otros, liderar procesos y encontrar soluciones creativas que impulsen resultados sostenibles. Estas cualidades fortalecen la competitividad profesional en contextos dinámicos. Sin habilidades sociales, un empleado es fácilmente sustituible por un programa digital.
La inteligencia artificial ha irrumpido en los procesos de selección, como lo ha hecho en los demás ámbitos de nuestra vida. ¿Cuáles son los tres elementos que priorizaría su algoritmo para la selección de un/a candidato/a recién titulado/a?
Los tres elementos que priorizaría para contratar empleados o proveedores de servicios en mi empresa, por orden de importancia, son:
- Capacidades relacionales y de resolución de problemas.
- Utilización de la competencia digital con soltura suficiente como para emplear la inteligencia artificial.
- Honestidad y calidad humana.
la tecnología y los métodos cambian con rapidez, mientras que habilidades como comunicar con claridad, colaborar en equipos diversos y enfrentar situaciones imprevistas permanecen esenciales
¿Hay que realizar un máster o un doble grado para asegurarse un empleo?
De ningún modo. En ocasiones es incluso perjudicial. Los candidatos tienen suficiente preparación técnica y, por el contrario, muy escasa predisposición para adaptarse a las particularidades y necesidades de las empresas.
¿Hasta qué punto la reputación de la universidad de origen condiciona el proceso de contratación de los candidatos?
En mi caso, y en muchos otros de mi entorno empresarial, muy poco. Me importa la persona. La procedencia de la universidad solo me aporta información sobre los contenidos en los que se ha formado. Poco más.

¿Cómo se valora la posesión de un título en universidades extranjeras o de un doble título?
En mi caso, escasamente. Valoro el dominio de idiomas, pero sobre todo la capacidad de manejar adecuadamente alguno de ellos, preferiblemente el castellano.
¿Cuáles son las diferencias entre los titulados online y los presenciales?
No pretendo ser descortés, pero sí clara. Los titulados online son una “caja de sorpresas”: o bien consiguieron el título incluso de forma vicaria —es decir, otra persona tituló en realidad por él—, o bien son gratamente autónomos.
¿Existen “universidades garaje” que ofrecen títulos sin garantía de calidad en España?
Desgraciadamente, estas universidades y sus titulaciones crecen exponencialmente. Comercializar títulos universitarios se ha convertido en un negocio en sí mismo, con independencia de la calidad de la formación.
En mi caso, solo recomendaría dos universidades que titulan online. La oferta de universidades que ofrecen titulaciones online es ingente. El marketing digital enmascara completamente la veracidad de la información, por lo que, si los potenciales clientes o estudiantes no cuentan con referentes expertos en formación dentro de su entorno de confianza, pueden adquirir cualquier producto con el cuño de título universitario.
El marketing digital enmascara completamente la veracidad de la información, por lo que, si los potenciales clientes o estudiantes no cuentan con referentes expertos en formación dentro de su entorno de confianza, pueden adquirir cualquier producto con el cuño de título universitario
Se repite que las empresas buscan habilidades y competencias (no tanto títulos) en sus procesos de búsqueda de talento. ¿Han dejado de acreditar los títulos universitarios las capacidades necesarias para el empleo?
Por supuesto que sí. La escasez de habilidades y competencias es directamente proporcional al incremento de competencias digitales desarrolladas en entornos de aprendizaje aislado.

¿Existe un problema real de sobrecualificación en la selección de personal?
Sobrecualificación no es la palabra que escogería. Diría que existe una sobredosis de títulos universitarios o de formación superior y una escasez muy preocupante de cualificación humana.
¿Por qué los graduados de humanidades tienen más dificultades de empleabilidad?
Porque ser humano ha dejado de ser rentable económicamente. El silicio es más rentable que la célula.
¿Cómo de relevante es la posesión de una titulación oficial universitaria para la carrera profesional dentro de la empresa?
Para mí sigue siendo muy importante. Al menos algunas personas que han pasado por la universidad y no la universidad por ellas han despertado cierto espíritu crítico sobre la sociedad en la que vivimos. Mientras las personas sigan cuestionando “bits” de información, la tecnología será una herramienta utilizada por el ser humano y no al revés.
Estamos, en mi opinión, en un momento crítico y decisivo.
No compensar las desigualdades de partida ofreciendo posibilidades reales para la diversidad polariza mentalidades, escinde en clases sociales y nos devuelve a lógicas premodernas
En los Estados Unidos se evidencia un sesgo negativo en la selección de recién titulados vinculado a razones raciales o socioeconómicas. ¿Cómo valora la “selección ciega” o blind recruitment?
No compensar las desigualdades de partida ofreciendo posibilidades reales para la diversidad polariza mentalidades, escinde en clases sociales y nos devuelve a lógicas premodernas. De nosotros depende el rumbo que adoptemos.
El cortoplacismo nos ha conducido históricamente a retrocesos en nuestros avances evolutivos. Hasta ahora hemos sabido reconducir errores colectivos. El siglo XXI será humano o no habrá siglo XXII. Esa es, en mi opinión, la encrucijada.
Y la pregunta final permanece abierta: ¿a qué juegan las universidades?
ENTREVISTA POR CECILIA LLOP
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