El valor de la universidad no reside en certificar, sino en acompañar

Entrevista a Andrea Martínez Cuenca, PATIO Campus.

«El gran desafío de los sistemas educativos actuales no es la falta de aprendizaje, sino la falta de reconocimiento estructurado del aprendizaje informal que ocurre en el ámbito profesional. Las personas adquirimos competencias clave desde que entramos en el mercado laboral. Algunas de ellas, como liderazgo, gestión de proyectos o resolución de problemas, rara vez encuentran una traducción académica clara», según afirma Andrea Martínez Cuenca, PATIO Campus.


Andrea Martínez Cuenca ha desarrollado su trayectoria en la intersección entre educación universitaria, innovación y empresa, con un foco claro en la transformación de los modelos de aprendizaje y en la conexión entre universidad y entorno profesional. Fue directora del Grado Universitario LEINN (Liderazgo, Emprendimiento e Innovación) en la sede de Madrid y posteriormente en la apertura del grado en Málaga, desde donde lideró la evolución del modelo educativo, la experiencia formativa del alumnado y la expansión territorial del programa. En esta etapa acompañó la creación, incubación y aceleración de más de 60 startups y coordinó equipos docentes y mentores de emprendimiento en un entorno internacional.

Actualmente forma parte del equipo impulsor de PATIO Campus, donde trabaja en proyectos de innovación abierta, talento y cultura junto a grandes corporaciones, startups y agentes del ecosistema. Su perfil combina visión estratégica, experiencia internacional y una firme convicción en la educación como motor de impacto social y económico.

Finalizada la formación universitaria, bien sea de grado o de máster, la mayor parte del aprendizaje profesional de una persona se realiza en el seno de la empresa. ¿Qué lugar ocupan las universidades a partir de ese momento?

Una vez finalizada la formación inicial, considero que la universidad debería dejar de ser un “proveedor” puntual de títulos para convertirse en una infraestructura permanente de aprendizaje a lo largo de la vida (lo que tantos años venimos nombrando como Life Long Learning).

En el mundo en el que vivimos, cada vez más incierto y cambiante, el conocimiento se vuelve obsoleto rápidamente y las trayectorias profesionales ya no son lineales, por lo que el valor de la universidad no reside tanto en “certificar un punto de llegada” sino en acompañar procesos continuos de actualización, reconversión y profundización profesional.

Tenemos muy buenas referencias de universidades en Finlandia u Holanda que han asumido este rol ofreciendo programas modulares, flexibles y altamente conectados con la práctica profesional, invitando a los egresados a volver a la universidad en distintos momentos de su carrera. De este modo, la universidad actúa como un agente estratégico del ecosistema productivo, no como una etapa específica en nuestras vidas.

El valor de la universidad no reside tanto en “certificar un punto de llegada” sino en acompañar procesos continuos de actualización, reconversión y profundización profesional

A lo largo de la vida profesional una persona va acumulando competencias y experiencias susceptibles de ser valoradas e integradas. ¿Cómo podemos mejorar su acreditación para mejorar su empleabilidad? ¿Sería deseable que tuvieran reflejo en la adquisición de títulos oficiales?

Considero que sí. El gran desafío de los sistemas educativos actuales no es la falta de aprendizaje, sino la falta de reconocimiento estructurado del aprendizaje informal que ocurre en el ámbito profesional. Las personas adquirimos competencias clave desde que entramos en el mercado laboral. Algunas de ellas, como liderazgo, gestión de proyectos o resolución de problemas, rara vez encuentran una traducción académica clara.

Algunos países han avanzado en sistemas de reconocimiento de aprendizajes previos (RPL), donde la experiencia profesional puede convalidarse parcial o totalmente en itinerarios formales. Me parece que este enfoque no desvaloriza los títulos oficiales, sino que los hace más permeables y más conectados con la realidad práctica del mercado laboral.

El gran desafío de los sistemas educativos actuales es la falta de reconocimiento estructurado del aprendizaje informal que ocurre en el ámbito profesional

¿Cómo valoran las empresas la irrupción de las microcredenciales?

Desde mi visión como profesional dentro de la empresa, opino que están siendo valoradas como instrumentos de precisión, capaces de señalar competencias específicas de manera más ágil que los títulos tradicionales. No sustituyen al grado o al máster, pero sí aportan una granularidad que el mercado laboral llevaba tiempo demandando.

Muchas empresas utilizan microcredenciales universitarias para procesos de reskilling y upskilling internos, especialmente en áreas tecnológicas. Su valor radica en que permiten alinear formación, necesidad concreta y aplicación dentro de la empresa. No obstante, su legitimidad depende en gran medida de quién las emite y bajo qué estándares, para lo cual aún no tenemos criterios uniformes.

¿Qué lugar ocupan las acreditaciones digitales de competencias para las empresas?

Empresas multinacionales, especialmente en sectores tecnológicos y de innovación, ya utilizan estas acreditaciones para identificar talento interno, diseñar itinerarios de desarrollo y facilitar la movilidad profesional. Iniciativas como European Digital Credentials for Learning avanzan en esa dirección a escala continental.

Estas acreditaciones digitales nos ayudan a tener un lenguaje común entre personas, universidades y empresas. De esta forma, podemos comunicar competencias de manera más transparente y trazable, en comparación con un currículum tradicional.

AGHM

¿Cómo afectará la inteligencia artificial a los servicios de formación para empresas de las universidades?

Afectará, y ya está afectando, tanto en contenedor como en contenido. La inteligencia artificial tiene el potencial de transformar radicalmente la formación universitaria para empresas, no solo en los contenidos sino también en la forma de diseñar, personalizar y evaluar el aprendizaje. La IA permite detectar brechas competenciales, anticipar necesidades futuras y adaptar itinerarios formativos a perfiles concretos.

A mi juicio, el reto más que tecnológico es cultural. Universidades como MIT o Stanford ya utilizan sistemas de análisis predictivo para ajustar su oferta formativa a las dinámicas del mercado. En este contexto, la universidad puede pasar de ofrecer catálogos cerrados a diseñar soluciones formativas a medida, basadas en datos y en colaboración estrecha con las empresas.

La inteligencia artificial tiene el potencial de transformar radicalmente la formación universitaria para empresas

¿Cómo podemos preparar las universidades en España para operar como plataformas de aprendizaje adaptativo sin perder su rigor académico y su misión crítica?

Ahí está la cuestión que considero que debemos abordar con mayor agilidad en nuestras instituciones.

¿Qué aporta la formación en línea a las necesidades de formación de las empresas? ¿Se han adaptado las universidades a esta modalidad?

La formación en línea aporta flexibilidad, escalabilidad y acceso continuo, elementos esenciales para las empresas y profesionales que nos movemos en entornos cambiantes y globales. Permite aprender sin interrumpir la actividad profesional y facilita la actualización constante de competencias.

Sin embargo, muchas universidades aún trasladan modelos presenciales al entorno digital sin repensar las metodologías. Las experiencias con mejores resultados combinan diseño pedagógico específico, tutorización o mentorización y conexión con problemas reales del entorno laboral. Me parece fundamental que se viva una experiencia de aprendizaje que integre reflexión y práctica, y que superemos la lógica de contenidos meramente consumibles que proliferan en muchas plataformas.

La formación en línea aporta flexibilidad, escalabilidad y acceso continuo

¿Cuál es la relación entre la formación que proporcionan las universidades y los servicios y resultados de aprendizaje que ofrecen los MOOC, los infoproductos o los bootcamps?

Los MOOC, los infoproductos y los bootcamps han evidenciado que el aprendizaje puede ser rápido, focalizado y orientado a resultados concretos. Tal vez las universidades no compitan con estos formatos en velocidad, pero sí pueden diferenciarse en profundidad, pensamiento crítico y legitimidad institucional.

Tenemos ejemplos donde se están explorando modelos híbridos, de forma que las universidades integran bootcamps o MOOC certificados dentro de itinerarios oficiales. Esto sugiere una relación de complementariedad más que de sustitución.

La cuestión estratégica es si la universidad se posiciona como un actor aislado o como un orquestador de experiencias de aprendizaje diversas, integrando lo mejor del ecosistema sin perder su identidad.

Los MOOC, los infoproductos y los bootcamps han evidenciado que el aprendizaje puede ser rápido, focalizado y orientado a resultados concretos

¿Cómo colaboran empresas y universidades en la definición de la oferta de formación permanente?

Bajo mi experiencia, seguimos en un sistema en el que la empresa “encarga” formación y la universidad la “imparte”. Sin embargo, en los proyectos en los que ambas entidades co-diseñan la oferta desde el inicio, donde la empresa se involucra en la definición de competencias, metodologías y evaluación, la formación gana relevancia y aplicabilidad.

Considero que en España seguimos en un modelo relacional de colaboración poco operativo, donde aún nos cuesta establecer alianzas estratégicas de aprendizaje en las cuales universidad y empresa aprendan mutuamente.

AGHM

A la hora de atender las demandas de formación de las empresas, ¿hay diferencias entre las universidades públicas y privadas?

Sí. Las universidades privadas suelen mostrar mayor agilidad organizativa y orientación al cliente, mientras que las públicas aportan escala, legitimidad y capacidad de impacto territorial. Ambas tienen fortalezas complementarias.

En sistemas como el nórdico, las universidades públicas han desarrollado unidades específicas para formación ejecutiva y permanente con altos niveles de flexibilidad. Esto demuestra que la diferencia no es de naturaleza, sino de gobernanza, incentivos y marco normativo.

Para mí el reto reside en crear las condiciones y el contexto en el que todas puedan hacerlo, poniendo en valor su misión y su diversidad.

Las universidades privadas suelen mostrar mayor agilidad organizativa y orientación al cliente, mientras que las públicas aportan escala, legitimidad y capacidad de impacto territorial

¿Cómo cree que podría mejorarse la movilidad entre la formación universitaria y la formación profesional en España?

Mejorar la movilidad requiere romper jerarquías culturales entre itinerarios y construir pasarelas reales, no simbólicas. En España, esto implica repensar marcos normativos y también narrativas sociales: dejar de presentar la FP como una opción “alternativa” y reconocerla como una vía de excelencia profesional.

Una de las claves es crear sistemas de créditos compatibles y reconocimiento mutuo. Como mencionaba previamente, lo considero más un tema de mentalidad que de capacidades. Podremos mejorarlo en la medida en que prioricemos trayectorias flexibles y acumulativas en lugar de caminos cerrados y excluyentes.

Mejorar la movilidad requiere romper jerarquías culturales entre itinerarios y construir pasarelas reales

¿Necesitamos, como país, una estrategia global de cualificación?

Sin duda. Sin una estrategia global de cualificación, las políticas educativas, laborales y de innovación operan de forma desagregada. Una estrategia nacional permitiría anticipar futuros, coordinar diversas entidades y garantizar que nadie quede fuera del aprendizaje a lo largo de la vida.

Pero esta estrategia no puede ser solo técnica; debe ser también cultural y social.

¿Queremos un país que reaccione a los cambios o uno que aprenda de forma colectiva y permanente para anticiparlos?

Sin duda me quedo con la segunda opción.


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