La universidad aún no lo sabe

Diego López de Aragón y Carlos Dodero son cofundadores de Stud-IA, plataforma de inteligencia artificial aplicada a la educación universitaria.

Hay una conversación que tenemos con frecuencia entre nosotros y que rara vez sale de los despachos de quienes trabajamos en EdTech. Va más o menos así: el sistema educativo está respondiendo a la irrupción de la IA con la misma lógica con la que ha respondido a todas las transformaciones tecnológicas anteriores. Añadiendo capas. Sin retirar ninguna. El resultado es predecible. Más herramientas, misma estructura. Más inversión, mismo modelo. Y en el centro de todo, un docente universitario con menos tiempo, menos autonomía y más pantallas frente a las que rendir cuentas.

DIEGO LÓPEZ DE ARAGÓN Y CARLOS DODERO


Lo que sigue no es un análisis neutral. Es nuestra lectura del mercado, desde dentro, con nombre y apellidos.

El SaaS educativo está muerto. La universidad aún no lo sabe.

Carlos Dodero: Satya Nadella lleva desde 2024 repitiendo que el SaaS ha muerto. El CEO de Microsoft, cuyo software usamos hasta para pedir en el McDonald’s, sostiene que las aplicaciones tradicionales se van a disolver en agentes de IA que interactúan directamente con datos, automatizan lo que hoy requiere cinco herramientas distintas y operan sin fricción de interfaz. Los datos acompañan esa lectura: el 40% de las aplicaciones empresariales integrarán agentes de IA antes de que acabe 2026, y para 2028 el 70% de los proveedores habrán abandonado el modelo de precio por usuario.

Ahora traslademos eso a la universidad. Un estudiante abre una app para estudiar. Otra para flashcards. Otra para organizar su calendario. Otra para practicar ejercicios. Eso es exactamente el SaaS fragmentado del que habla Nadella. Lo que viene es distinto: un agente que conoce al estudiante, detecta que lleva dos intentos fallidos y cambia la estrategia solo, interviene antes de que llegue la frustración, conecta el progreso individual con los objetivos reales de la asignatura.

Canvas ya lanzó su IgniteAI Agent. Northeastern University despliega Claude en todos sus campus. La OCDE lo validó en su Digital Education Outlook 2026. El cambio de paradigma no es inminente. Ya está ocurriendo.

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El problema es que la universidad española está comprando herramientas del modelo que está muriendo para resolver los problemas del modelo que está llegando

Mientras tanto, estamos formando para empleos que la IA va a eliminar.

Diego López de Aragón: Y aquí es donde la cosa se vuelve realmente incómoda. Porque el problema no es solo tecnológico ni solo pedagógico. Es de propósito.

Dario Amodei, CEO de Anthropic, ha dicho públicamente que la IA destruirá el 50% de los empleos de nivel inicial en los próximos años. Sam Altman, CEO de OpenAI, afirma que la IA ya trabaja como un becario. Estas no son predicciones de futurólogos. Son los CEOs de las empresas que están construyendo la tecnología, firmando acuerdos con universidades e integrando sus modelos en las aulas. Formando estudiantes para un mercado laboral que sus propias herramientas están desmantelando.

Según datos de Eurostat 2024, el 35% de los graduados superiores españoles de entre 20 y 64 años trabaja en empleos para los que no se exige su nivel de cualificación, la tasa de sobrecualificación más alta de toda la Unión Europea, casi el doble de la media europea del 21,9%.

Y eso es antes de que la IA elimine los empleos de nivel inicial. El sistema educativo sigue organizando su respuesta en torno a una pregunta equivocada: ¿cómo incorporamos IA a lo que ya hacemos? La pregunta correcta es otra: ¿para qué mercado estamos formando a los estudiantes si ese mercado ya no va a existir tal como lo conocemos?

Nadie en el sector educativo quiere responderla en voz alta. Nosotros tampoco tenemos la respuesta completa. Pero creemos que nombrarla es el primer paso necesario

140 millones, una IA soberana y la pregunta que nadie del Gobierno quiere responder.

Diego López de Aragón: En marzo de 2026, el Gobierno anunció 140 millones de euros para desarrollar herramientas de IA para las aulas españolas. Los titulares fueron amables. Ninguno preguntó lo más importante.

El retrato que dibuja el informe TALIS 2024 de la OCDE, publicado en octubre de 2025 con datos de más de 1.000 centros españoles, no es el de un sistema listo para una transformación tecnológica. Es el de un profesorado al límite. El 64% de los docentes de secundaria declara que la carga administrativa es una fuente de estrés sistemático, 12 puntos por encima de la media de la OCDE. Solo uno de cada cuatro tiene participación real en el diseño curricular, frente al 47% en el promedio internacional. Y el 75% de quienes no usan IA en el aula señalan como principal barrera la falta de formación y conocimientos para hacerlo. No la falta de herramientas. La falta de formación.

Ese es el sistema sobre el que vamos a desplegar la mayor transformación tecnológica de la educación pública española.

El problema del programa no es la cifra. Es la secuencia. Primero la herramienta, después la formación si aplica, nunca el rediseño pedagógico. Es lo que llevamos viendo estos dos últimos años y es exactamente el orden equivocado. Lo que plantea el gobierno, tiene un nombre: digitalizar la mediocridad.

Pero hay algo más que la secuencia. Hay una opacidad que merece nombrarse.

Una semana después del anuncio oficial, seguíamos sin saber qué modelo de IA usará la herramienta, quién la construirá, con qué datos se entrenará ni bajo qué criterios pedagógicos operará. El Gobierno habla de «soberanía digital educativa» como si fuera un valor en sí mismo. No lo es. Es una condición necesaria pero no suficiente, y en este caso ni siquiera está definida.

La apuesta por independencia tecnológica es estratégicamente correcta: la educación pública no puede depender de empresas cuyos objetivos de negocio no están alineados con el interés educativo. Pero esa misma lógica se aplica al propio Gobierno. Una IA pública con criterios de entrenamiento opacos no es más libre que una privada con criterios opacos. Solo tiene distinto dueño.

Cuando una startup lanza un producto sin especificaciones técnicas públicas, la llamamos beta sin terminar. Cuando lo hace un gobierno con 140 millones, la llamamos política estratégica. Esa diferencia de trato dice todo sobre el nivel de exigencia que aplicamos a la inversión pública en educación.

La soberanía digital real se demuestra con modelos auditables, datos de entrenamiento documentados y mecanismos de rendición de cuentas independientes. Nada de eso está sobre la mesa todavía

El agente no reemplaza al profesor. Reemplaza las quince herramientas que le roban tiempo.

Carlos Dodero: Hay una frase que usamos internamente y que resume mejor que cualquier deck de inversión lo que creemos que debería hacer la tecnología en educación: el agente no reemplaza al profesor. Reemplaza las quince herramientas que le roban tiempo.

Ocho de cada diez centros de educación superior ya han incorporado IA en sus programas. La mayoría de estudiantes la usa a diario para estudiar. Pero lo que están usando es IA de propósito general aplicada sin diseño pedagógico. ChatGPT que explica conceptos. Resúmenes automáticos. Ejercicios generados en segundos. Útil. No transformador.

El OCDE Digital Education Outlook 2026 lo documenta con un experimento de campo en Turquía: el uso de GPT-4 en formato tutor pedagógico elevó el rendimiento inmediato un 127%. Pero cuando se evaluó el conocimiento sin la herramienta, los resultados fueron equivalentes al grupo de autoaprendizaje. En el caso del chatbot de propósito general, el rendimiento posterior fue un 17% peor. La propia OCDE lo nombra sin ambages: el riesgo es la «pereza metacognitiva», la tendencia a delegar en la tecnología tareas cognitivas que son las que construyen el aprendizaje real.

La diferencia entre una herramienta que transforma y una que sustituye no está en el modelo. Está en si el sistema en el que opera tiene criterio pedagógico o no

Lo que el AI Act no resuelve y nadie quiere decir.

Diego López de Aragón: El AI Act clasifica como alto riesgo los usos de IA vinculados a evaluación del alumnado, admisiones y supervisión académica. Las obligaciones son concretas: trazabilidad, gestión de riesgos, supervisión humana, auditoría. El objetivo es legítimo.

Pero hay una tensión real que la comunicación institucional evita: cuando el marco normativo precede a la capacidad real de implementación, el efecto más probable no es adopción responsable. Es parálisis. Y el docente que sigue sin infraestructura de apoyo no está protegido por la regulación. Está simplemente solo, con más obligaciones de cumplimiento y el mismo nivel de desbordamiento.

La soberanía digital real no es que el Estado controle los datos. Es que docentes y estudiantes puedan usar cualquier herramienta con criterio pedagógico propio. Eso no lo garantiza ninguna plataforma pública. Lo construye la formación. Y la formación es la parte más difícil, más cara y menos fotogénica de cualquier programa educativo.

Formación antes que herramienta. Propósito antes que plataforma. Docente antes que algoritmo.
El reloj ya está corriendo.

Nuestra posición, con nombre y apellidos

Carlos Dodero: El modelo que está llegando no es el de más aplicaciones educativas. Es el de menos fricción entre el estudiante y su proceso de aprendizaje. Agentes que personalizan, detectan, intervienen y conectan. El estudiante que en 2030 no sepa orquestar herramientas de IA para aprender estará en la misma posición que el estudiante de 2010 que no sabía buscar en Google. La brecha no va a ser de acceso. Va a ser de criterio.

Diego López de Aragón: Y construir ese criterio en 576.000 docentes y 8,3 millones de estudiantes es exactamente el trabajo que ninguna herramienta puede hacer sola. El sistema educativo español tiene ahora mismo regulación europea en marcha, voluntad política declarada e inversión histórica disponible. Eso no ocurre cada legislatura. La pregunta no es si vamos a transformar la educación con IA. Es si vamos a hacerlo en el orden correcto.

Formación antes que herramienta. Propósito antes que plataforma. Docente antes que algoritmo.

El reloj ya está corriendo.


Diego López de Aragón y Carlos Dodero son cofundadores de Stud-IA, plataforma de inteligencia artificial aplicada a la educación universitaria.


Referencias

OCDE / INEE. TALIS 2024 — Informe español.Publicado octubre 2025. Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes. OCDE (2026). Digital Education Outlook 2026. Experimento GPT-4 en formato tutor, Turquía. Eurostat (2024). Sobrecualificación de graduados superiores en la UE. Recogido en Fundación CYD / Informe CYD 2024. García Sabater, J.P. (2026). «La IA ha ocupado todo el espacio que ya habíamos vaciado». ESdiES. Gobierno de España / Ministerio de Educación (2026). Programa de Inteligencia Artificial en Educación. 140M€. Nadella, S. (2024-2025). Declaraciones públicas sobre el fin del modelo SaaS. Microsoft. Amodei, D. (2025). Declaraciones públicas sobre impacto de IA en empleo de nivel inicial. Anthropic. Altman, S. (2025).


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