Las prácticas externas deben entenderse como espacios donde la universidad y la empresa generan conocimiento conjunto

Entrevista con Carmen Palomino, CEO de la Fundación Universidad-Empresa (FUE)

Aprender separado de la realidad hoy es, en cierto modo, un aprendizaje incompleto. El conocimiento se genera en red, las soluciones nacen de la colaboración y la frontera entre lo académico y lo profesional se diluye. En ese espacio híbrido —entre la universidad, la empresa y la vida— es donde se activa el talento para una nueva era, sostiene Carmen Palomino, CEO de la Fundación Universidad-Empresa.


Carmen Palomino lidera desde la Fundación Universidad-Empresa una transformación profunda del vínculo entre educación superior y mundo laboral. Ingeniera y gestora con una larga trayectoria en innovación y desarrollo de talento, ha impulsado iniciativas que revalorizan las prácticas como espacios de cocreación y aprendizaje mutuo, promoviendo una cultura de colaboración entre universidades y compañías.

Su visión parte de una convicción clara: las empresas son hoy espacios de conocimiento y las universidades deben abrirse al impacto real. Bajo su liderazgo, la FUE ha convertido la empleabilidad juvenil y la conexión universidad-empresa en ejes estratégicos para la formación del talento del siglo XXI.

Aprenderen el siglo XXI

Aprender separado de la realidad hoy es, en cierto modo, un aprendizaje incompleto. Durante mucho tiempo, la universidad fue un espacio protegido, casi aislado del mundo laboral o social, donde el conocimiento se producía y transmitía de forma unidireccional. Pero el mundo ha cambiado. El conocimiento se genera en red, las soluciones nacen de la colaboración y la frontera entre lo académico y lo profesional se diluye naturalmente y el aprendizaje que se construye esté pegado a la realidad.

Universidades como Cambridge lo han entendido bien al apostar por el modelo students as partners: los estudiantes dejan de ser receptores pasivos para convertirse en co-creadores de conocimiento, en agentes activos de su propio aprendizaje. Esa es la dirección hacia la que avanza también la relación entre universidades y empresas.

Hoy, el verdadero aprendizaje ocurre cuando la teoría se encuentra con la práctica, cuando el aula se abre a la sociedad y cuando el estudiante se enfrenta a problemas reales y a decisiones que transforman. En ese espacio híbrido —entre la universidad, la empresa y la vida— es donde se activa el talento para una nueva era. En la Fundación Universidad-Empresa creemos que el conocimiento solo cobra sentido cuando se traduce en impacto. Aprender no es solo entender, es también hacer, conectar y transformar.

Hoy, el verdadero aprendizaje ocurre cuando la teoría se encuentra con la práctica, cuando el aula se abre a la sociedad y cuando el estudiante se enfrenta a problemas reales y a decisiones que transforman

“Chief Learning Officer”

Las empresas ya no ven el aprendizaje como un coste auxiliar, sino como un activo estratégico. La figura del Chief Learning Officer (CLO) lo refleja: ese ejecutivo de alto nivel tiene una misión global de talento, aprendizaje continuo, cultura organizativa y alineamiento con la estrategia empresarial. Así, muchas organizaciones generan contenidos internos, permiten aprendizaje entre pares, utilizan tecnología, miden resultados, poniendo en valor el impacto de la formación.


Para la FUE esto significa que la frontera entre empresa y universidad se difumina. Las empresas son espacios formativos, y las universidades pueden pensar en impacto empresarial y profesional. Cuando el talento se gestiona como aprendizaje permanente, crece la competitividad, la innovación y el compromiso.

AGHM

Las prácticas externas

Las prácticas externas ya no pueden verse como meros periodos de observación o tránsito pasivo; deben entenderse como espacios de colaboración activa, de cocreación de valor, donde la empresa invita al estudiante a participar y aprender, y la universidad y la empresa generan conocimiento conjunto.

En la FUE lo llevamos provocando muchos años: nuestros programas de prácticas conjugan aprendizaje práctico, acompañamiento y vínculo empresarial para que los jóvenes aporten y aprendan y retroalimentación de los aprendizajes en todos los contextos. Este enfoque construye confianza entre universidad-empresa, acelera la empleabilidad y transforma al estudiante en agente de cambio. En esta nueva era, las prácticas son una puerta hacia el desarrollo profesional y un laboratorio de innovación compartida.

Las prácticas externas ya no pueden verse como meros periodos de observación o tránsito pasivo; deben entenderse como espacios de colaboración activa, de cocreación de valor

Conocer a sus futuros trabajadores

Acompañar a un estudiante durante sus prácticas es mucho más que una oportunidad de evaluar talento: es una forma de participar en su crecimiento. Cuando las empresas se implican en los procesos formativos, se convierten en agentes activos de aprendizaje, y eso tiene un retorno inmediato.

Las organizaciones que abren sus puertas a los jóvenes ganan en frescura, visión digital y pensamiento crítico; a cambio, ofrecen contexto, propósito y experiencia. Es una relación de aprendizaje mutuo que fortalece la cultura corporativa y el compromiso con la innovación.

El Sello ‘Empresa Impulsora del Talento Joven’ nació precisamente para reconocer a las empresas que entienden las prácticas como una inversión estratégica y no como un trámite. Este distintivo acredita la calidad de los programas de formación práctica y el compromiso con el acompañamiento de los estudiantes a través de tutores formados y proyectos con sentido. Las compañías que lo poseen no solo forman a sus futuros profesionales: contribuyen a crear un ecosistema en el que el conocimiento se transforma en impacto real.

Acompañar a un estudiante durante sus prácticas es mucho más que una oportunidad de evaluar talento: es una forma de participar en su crecimiento

Profesionales de la empresa

La presencia de profesionales que vienen del mundo empresarial enriquece de forma tangible la experiencia universitaria. Introduce una perspectiva actualizada sobre el mercado, la tecnología y la gestión, y conecta el aula con los retos que viven las organizaciones en tiempo real y las soluciones que presentan.

Además, aporta un tipo de conocimiento que no siempre está en los libros: el de la experiencia, la toma de decisiones, la incertidumbre y la innovación aplicada. Esa mezcla entre teoría y práctica hace que los estudiantes entiendan el aprendizaje no solo como transmisión de contenidos, sino como una forma de interpretar el mundo y actuar sobre él.

El resultado son aulas más dinámicas, programas más conectados con la realidad y profesionales que salen preparados para aportar desde el primer día. La universidad gana relevancia, los docentes amplían su impacto y las empresas encuentran espacios naturales para compartir y aprender también.

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Profesores universitarios públicos en las empresas

El intercambio entre universidad y empresa debería ser mucho más fluido. Existen avances en materia de transferencia de conocimiento, pero los marcos actuales todavía no facilitan suficientemente que los docentes universitarios puedan integrarse temporalmente en entornos empresariales o de innovación.

Cuando eso ocurre, se produce un efecto muy valioso: el profesor se convierte en puente entre la investigación y la aplicación práctica, lleva nuevos aprendizajes de vuelta al aula y genera vínculos estables que benefician tanto a la institución como al tejido productivo.

Promover fórmulas de colaboración más abiertas y flexibles —intercambios, estancias, proyectos conjuntos— ayudaría a que universidad y empresa dejen de funcionar como dos realidades paralelas. Solo así la educación superior podrá responder con agilidad a los desafíos de esta nueva era del conocimiento.

Promover fórmulas de colaboración más abiertas y flexibles —intercambios, estancias, proyectos conjuntos— ayudaría a que universidad y empresa dejen de funcionar como dos realidades paralelas

Universidades públicas y privadas y prácticas externas en empresas

El riesgo de brecha existe, sobre todo cuando las oportunidades de prácticas dependen de los contactos personales, la localización o los convenios exclusivos de cada universidad. Sin embargo, los datos muestran que la clave no está tanto en el tipo de institución, sino en la calidad del modelo de prácticas y en el altruismo de las empresas que, en este momento, compromete sus recursos asumiendo la complejidad burocrática de la administración y de la universidad, sobre todo cuando interactúa con las particularidades de cada una.

En el Libro Blanco de las Prácticas, impulsado por la REDFUE, confirma esta idea. El estudio analiza miles de experiencias y destaca que los factores que más influyen en la calidad de las prácticas no son los recursos de la universidad, sino la existencia de tutores formados, un seguimiento continuo y proyectos con propósito.

De hecho, los estudiantes valoran significativamente mejor su experiencia cuando cuentan con tutores que les acompañan, les explican el porqué de las tareas y les ayudan a conectar lo que aprenden con los objetivos de la empresa.

Garantizar la equidad, por tanto, no pasa solo por ampliar plazas, sino por asegurar la calidad y la coherencia de los programas. Cuando el acompañamiento es sólido, la brecha entre universidades públicas y privadas se reduce. Las prácticas se convierten así en una experiencia transformadora para cualquier estudiante, independientemente del punto de partida.

la equidad, por tanto, no pasa solo por ampliar plazas, sino por asegurar la calidad y la coherencia de los programas

Prácticas 100 % en línea

El formato en línea aporta flexibilidad, acceso global y oportunidades de aprendizaje digital, como en el caso de la formación online, es un proceso de aprendizaje que no es comparable y que sólo es factible si se cumplen una serie de requisitos de idoneidad en función de los objetivos a conseguir. 

Lo ideal es un modelo híbrido, donde lo digital complemente espacios de presencialidad: proyectos, en remoto, combinados con encuentros presenciales, tutorización virtual reforzada por sesiones en empresa, trabajo autónomo acompañado de feedback continuo.

La burocracia no puede convertirse en un muro entre universidad y empresa. Facilitar el acceso, homogeneizar procedimientos y reconocer la labor formativa de las empresas son pasos imprescindibles para que el talento fluya sin obstáculos.

La clave está en mantener vivo el componente relacional y experiencial, porque ahí es donde realmente se desarrollan las competencias que marcan la diferencia: la colaboración, la empatía y la capacidad de adaptación.

La clave está en mantener vivo el componente relacional y experiencial, porque ahí es donde realmente se desarrollan las competencias que marcan la diferencia: la colaboración, la empatía y la capacidad de adaptación




Barreras fundamentales para los estudiantes en prácticas

Uno de los principales obstáculos para que las empresas acojan estudiantes en prácticas no es la falta de voluntad, sino la complejidad burocrática del proceso. La tramitación de convenios, los requisitos legales dispares, la documentación asociada y la ausencia de una plataforma única de gestión suponen una carga desproporcionada, especialmente para las pymes y startups.

El Libro Blanco de las Prácticas, promovido por RedFUE, lo refleja con claridad: las empresas coinciden en que el exceso de procedimientos administrativos y la falta de homogeneidad entre universidades actúan como freno. En muchos casos, el entusiasmo inicial por colaborar se diluye ante la rigidez normativa o los tiempos de gestión.

Superar esta situación exige simplificar los procesos y digitalizar la gestión. Una regulación más ágil, marcos comunes entre universidades y empresas, y herramientas tecnológicas compartidas permitirían dedicar más energía a lo esencial: formar, acompañar y generar experiencias de aprendizaje reales.

La burocracia no puede convertirse en un muro entre universidad y empresa

Aprendizaje dual

El modelo dual tiene un enorme potencial porque sitúa a la empresa no solo como un lugar donde practicar, sino como un verdadero espacio de aprendizaje. Pero para que funcione de forma sostenible, es necesario que todo el ecosistema —centros educativos, empresas y administración— esté preparado.

En este nuevo marco, las compañías asumen un papel formador que requiere tiempo, tutorización y planificación, sin contar aún con los incentivos, la formación o el apoyo necesarios para hacerlo con garantías. La normativa ha querido acelerar la implantación de la FP dual, pero la velocidad del cambio ha superado la capacidad de adaptación de muchos agentes implicados.

El reto no está en la intención, sino en la madurez del sistema. Aspirar a modelos como el alemán es positivo, siempre que se entienda que detrás hay décadas de cultura de colaboración y una infraestructura muy consolidada. En España, la prioridad debería ser construir ese camino con una estrategia compartida, progresiva y centrada en la calidad del aprendizaje.


ENTREVISTA POR ALFONSO GONZÁLEZ Y CECILIA LLOP ESdeES


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