«Nuestras actividades buscan fomentar el pensamiento crítico y la capacidad de análisis, fortalecer la confianza en los objetivos, procedimientos y resultados científicos, así como promover herramientas y recursos para detectar y combatir la desinformación y el negacionismo científico. Sabemos que la extensión de la educación y la cultura científicas se han de basar en proyectos sólidos, sostenibles y duraderos y que sus resultados no son inmediatos ni de fácil consecución por la diversidad y complejidad socio-cultural de la sociedad y por el auge desbordante de medios y redes sociales que ponen al alcance de cualquiera contenidos de todo tipo sin control ni matices como fuentes de verdad inmediata», señala la vicepresidenta Adjunta de Cultura Científica del CSIC.
Pura Fernández es Doctora por la Universidad Autónoma de Madrid y Profesora de Investigación en el Instituto de Lengua, Litera y Antropología del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC en Madrid. Ha desempeñado cargos como Vicedirectora del centro entre 2010 y 2012, y desde 2019 es Directora de Editorial CSI En 2022, fue nombrada vicepresidenta Adjunta de Cultura Científica del CSIC.
Su labor investigadora se centra en la historia de la literatura, la edición y la lectura en el ámbito hispánico de los siglos XIX al XXI, con especial atención al estatuto social del escritor profesional, la construcción de la identidad autoral femenina y las redes culturales y editoriales trasatlánticas. Es responsable del Grupo de Investigación sobre cultura, Edición y Literatura en el Ámbito Hispánico (GICELAH) y del portal académico en acceso abierto «Editores y Editoriales Iberoamericanos (ss. XIX-XXI)».
Usted ocupa la Vicepresidencia adjunta de Cultura Científica y Ciencia Ciudadana en el CSIC. Una posición que hace no demasiados años hubiese sonado como un doble oxímoron. Permítame dos preguntas al respecto.
¿Hemos encontrado en la cultura española la célebre rueda del carro de Ramón y Cajal?
La célebre frase atribuida a Santiago Ramón y Cajal -Al carro de la cultura española le falta la rueda de la ciencia– diagnosticaba certeramente una situación histórica de precariedad que ha alimentado muchos debates desde hace siglos sobre la existencia y, sobre todo, relevancia de una ciencia española. Nuestro premio Nobel (1906), siendo ya presidente de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, en sus recuerdos biográficos El mundo visto a los ochenta años. Impresiones de un arteriosclerótico (1934), ofreció un balance más optimista y esperanzador del avance de “nuestra prometedora ascensión cultural” en muchas disciplinas científicas precisamente por lo que supuso la creación de la JAE (1907), antecedente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Cajal ofrecía ya esa necesaria imagen de la cultura como una interacción e interdependencia de los saberes que tuvo un gran impulso por las políticas públicas, especialmente durante el período de la II República.
El CSIC actual, como heredero de ese espíritu que tan bien simbolizó el propio Cajal con su actividad incesante en el ámbito de las ciencias y las artes, es la demostración de ese buen ensamblaje, pero también de que la inversión en ciencia, como en educación, no es un gasto sino el acto más productivo si se acompaña de condiciones de estabilidad, desarrollo, modernización, evaluación, formación, transferencia, difusión y divulgación. Y en esto último insiste la Ley de la Ciencia (2011; 2022) cuando destaca el objetivo de impulsar la cultura científico-técnica a través de la divulgación en todos los sectores de la sociedad, así como la promoción de la participación activa de la ciudadanía, misión que aborda en el CSIC la Vicepresidencia adjunta de Cultura Científica y Ciencia Ciudadana (VACC).
La ciencia ciudadana en el CSIC es la vía de integración de la ciudadanía en los procesos que definen la investigación científica y la generación de nuevo conocimiento
¿Qué significa la Ciencia Ciudadana en una institución que lleva la investigación científica en su nombre como es el CSIC?
La ciencia ciudadana en el CSIC es la vía de integración de la ciudadanía en los procesos que definen la investigación científica y la generación de nuevo conocimiento y, por tanto, el fomento de la cultura científica. Este tipo de proyectos generan una comunidad activa y comprometida con la ciencia a partir de una interacción constante entre los equipos del CSIC y todas aquellas personas que quieran participar, ya sea recopilando o validando datos, colaborando con sus instrumentos y recursos, o incluso proponiendo nuevos protocolos u orientaciones en función del tipo de proyecto y del nivel de participación.
La investigación según los parámetros de la ciencia ciudadana permite a nuestra institución una relación bidireccional con los ciudadanos, lo que implica no solo que sean informados de la evolución y los resultados del trabajo, sino también el reconocimiento explícito de su contribución y su difusión abierta, así como el fomento de la experimentación y, en su vertiente educativa, de las vocaciones científicas. Desde el año de 2021 el CSIC comenzó a desarrollar una estrategia específica en ciencia ciudadana a través de la Vicepresidencia adjunta de Cultura Científica y Ciencia Ciudadana (VACC).
Una de las primeras iniciativas se centró en el mapeo y la dimensión de estos proyectos en el marco de la institución, y los resultados corroboraron la gran fortaleza y liderazgo del CSIC a nivel nacional e internacional, la diversidad y calidad de estos proyectos marcados por la interdisciplinaridad y la accesibilidad, así como su capacidad para captar colaboraciones y alianzas interinstitucionales y fondos competitivos. Los resultados de este estudio se reflejaron en la Breve Guía sobre Ciencia Ciudadana CSIC (2022) y en la formación del Grupo de Trabajo de Ciencia Ciudadana de la VACC, integrado por expertos/as en el diseño y coordinación de proyectos.

¿Podría señalar dos proyectos que muestren cómo se expresa la ciencia ciudadana y la cultura científica en el CSIC?
El CSIC participa en cerca de 80 proyectos y observatorios de ciencia ciudadana en la actualidad. Muchos de ellos se desarrollan desde hace años con logros notables y numerosos voluntarios/as –como Observadores del Mar, Melanogaster Catch the Fly! o Adopta una Planta– por lo que es complicado seleccionar uno. Pero por hablar de uno paradigmático, Mosquito Alert es un buen ejemplo. Esta plataforma de ciencia ciudadana se centra en la vigilancia y el control de especies de mosquitos vectores de enfermedades como el dengue, el zika, la fiebre amarilla o el chikungunya. Para su desarrollo, ha generado una red sólida en la que colaboran científicos y técnicos del CSIC y de numerosas universidades, profesionales y gestores de la salud pública, medio ambiente y educación, y un amplio número de ciudadanos de España y del resto del mundo.
Dado que se trata de un problema global, se ha logrado implantar este trabajo científico también de forma global, como puede comprobarse en el mapa interactivo del proyecto, que desde 2014 incluye los avistamientos de estos insectos y de posibles criaderos reportados por la ciudadanía a través de una aplicación móvil. Mosquito Alert ha puesto gratuitamente a disposición de gestores de salud y políticas públicas herramientas y materiales derivados de los datos ciudadanos validados por una comunidad internacional de entomólogos, ha diseñado estrategias efectivas de control y erradicación de poblaciones de mosquitos y ha desarrollado campañas informativas, de prevención y de predicción de riesgo de propagación de enfermedades, así como numerosas publicaciones científicas. Desde 2023 ha sido validado como herramienta de vigilancia del Ministerio de Sanidad español.
En el ámbito específico del fomento de la cultura científica y la participación ciudadana, la Vicepresidencia Adjunta de Cultura Científica y Ciencia Ciudadana y la red en que se integran las unidades de Cultura Científica del CSIC llevan a cabo su misión de forma intensa: en 2023 se desarrollaron 19.000 actividades presenciales y virtuales que implicaron a cerca de once millones de personas (más de un millón y medio presenciales)y casi siete millones de visitas a los recursos online. Estas cifras dan cuenta del compromiso de nuestra institución con el objetivo de lograr una ciudadanía informada y participativa, con la mirada puesta en la igualdad, la inclusión y la sostenibilidad.
El CSIC participa en cerca de 80 proyectos y observatorios de ciencia ciudadana en la actualidad. Muchos de ellos se desarrollan desde hace años con logros notables y numerosos voluntarios/as
Entre la variedad de iniciativas y formatos empleados para difundir el conocimiento científico-técnico generado en el CSIC, el proyecto Ciudad Ciencia es de los más longevos y exitosos, pues arrancó en 2012 y continúa creciendo a día de hoy. Se trata de una iniciativa sin precedentes en nuestro país por su duración y magnitud que lleva gratuitamente a municipios de entre 10 000 y 50 000 habitantes lo que llamamos Ciencia a la Carta para todos los colectivos sociales: las actividades se programan en función del contexto local y de los intereses concretos recabados por los ayuntamientos.
En la actualidad, este programa pionero de divulgación local, de proximidad, se lleva a cabo en una red de 60 localidades distribuidas en todas las comunidades autónomas con más de 1400 actividades que, a lo largo de todo el año, ponen en contacto directo al personal investigador y técnico con la ciudadanía a través de talleres interactivos, exposiciones, clubes de lectura, catas, visitas guiadas, cuentacuentos, teatros, monólogos, conferencias, etc.
La diversidad de temas abordados, siempre vinculados con la actualidad científica y las inquietudes sociales, es un reflejo de la riqueza y amplitud de las tres áreas en que se articula la investigación del CSIC, Vida, Sociedad y Materia. Los ciudadanos seleccionan los temas y formatos sobre los que quieren ser informados y pueden dialogar con el personal científico-técnico del CSIC que ha diseñado las propuestas. De esta forma, la cultura científica llega de forma abierta a territorios en los que antes no existía esta oferta y se refuerza el vínculo entre la comunidad local y los centros del CSIC del entorno.
La diversidad de temas abordados, siempre vinculados con la actualidad científica y las inquietudes sociales, es un reflejo de la riqueza y amplitud de las tres áreas en que se articula la investigación del CSIC, Vida, Sociedad y Materia
Es importante destacar que los datos alcanzados por el CSIC en cultura científica y ciencia ciudadana responden a un trabajo colaborativo y en red con los centros de investigación del CSIC, donde la VACC proporciona espacios, recursos y proyectos comunes. De igual modo, se potencia el alcance y la trascendencia de iniciativas, como por ejemplo Fotciencia, que celebra dos décadas promoviendo el diálogo entre ciencia y fotografía; o Inspiraciencia, impulsora de la creatividad literaria con base científica; y otras propuestas que han visto trascender sus ámbitos de origen para convertirse en referentes de la divulgación y participación científica a escala nacional.

Frente a estas tendencias, ¿cómo explica el auge del negacionismo científico, ya sea climático, el terraplanismo o los movimientos anti vacunas?
Nuestras actividades buscan fomentar el pensamiento crítico y la capacidad de análisis, fortalecer la confianza en los objetivos, procedimientos y resultados científicos, así como promover herramientas y recursos para detectar y combatir la desinformación y el negacionismo científico. Sabemos que la extensión de la educación y la cultura científicas se han de basar en proyectos sólidos, sostenibles y duraderos y que sus resultados no son inmediatos ni de fácil consecución por la diversidad y complejidad socio-cultural de la sociedad y por el auge desbordante de medios y redes sociales que ponen al alcance de cualquiera contenidos de todo tipo sin control ni matices como fuentes de verdad inmediata.
Por eso, el CSIC, al tiempo que desarrolla y difunde la investigación científica y tecnológica de carácter multidisciplinar para el avance del conocimiento y el desarrollo económico, social y cultural, promueve a través de la VACC la educación científica desde los primeros años de la infancia hasta la edad más madura, a través de proyectos que llevan décadas funcionando, como El CSIC en la Escuela o Ciencia en el Barrio, valores seguros en la transmisión intergeneracional de lo aprendido y el refuerzo de la confianza en la ciencia y sus instituciones. En este sentido, buscamos siempre la participación activa y fórmulas de sensibilización social hacia la ciencia y la evidencia, como herramientas frente a la proliferación de la desinformación y las falsedades que, según el último Foro Económico Mundial de Davos, constituye la primera amenaza mundial en nuestro sistema de confianza global y requiere la implicación de gobiernos, medios de comunicación, sociedad civil y empresas tecnológicas.
Nuestras actividades buscan fomentar el pensamiento crítico y la capacidad de análisis, fortalecer la confianza en los objetivos, procedimientos y resultados científicos
Más recientemente hemos lanzado el programa Cazabulos, basado específicamente en el lema de que la ciencia no se opina, se demuestra. Para ello, acercamos al alumnado de secundaria de España y América Latina recursos gratuitos para verificar contenidos en redes sociales como TikTok, donde abundan la desinformación, las noticias sesgadas, erróneas y, en buena medida, la mentira y el bulo. Se trata de evidenciar los intereses espurios y no declarados que con frecuencia impulsan los bulos en redes sociales, los sesgos cognitivos, el uso del lenguaje seudocientífico, la simplificación emocional o los conflictos de interés.
Este proyecto, que permite asistir a espectáculos de ciencia amena y participar en un concurso de vídeos, busca movilizar a los estudiantes en la búsqueda de las fuentes, la referencia o el contexto de la noticia o el vídeo, así como estimular su capacidad analítica y la reacción activa frente a la potencial desinformación. Otra de las múltiples iniciativas de nuestra institución en este ámbito es la reciente colaboración con la versión digital de la revista Muy Interesante La Ciencia Responde-CSIC.
Por otro lado, desde Editorial CSIC se está ampliando también la oferta de propuestas que acerquen la ciencia a un público amplio con textos amenos y asequibles escritos o asesorados por personal del CSIC, como la serie Mentes Curiosas, Curiosas Mentes, la colección divulgativa ¿Qué Sabemos de? o los documentos en acceso abierto Ciencia para las Políticas Públicas / Science for Policy. Estos materiales destacan el valor de la comunidad científica como fuente de asesoramiento para las administraciones y gobiernos y la toma de decisiones en temas de honda preocupación y relevancia sociales como la política sanitaria, pesquera, agrícola o cultural, la seguridad medioambiental o digital, el cambio energético o la gestión de los océanos.
La ciencia es un proyecto ético que en gran medida se soporta en la ejemplaridad que trasladan a la sociedad los científicos en su búsqueda de la verdad de una manera desinteresada. ¿Cómo afecta a la percepción social de la ciencia las frecuentes noticias sobre comportamientos contrarios a la integridad académica protagonizados por investigadores?
La confianza pública en la ciencia reside en la rigurosidad y fiabilidad de sus objetivos, resultados y aplicaciones, en la fundamentación ética de sus motivaciones y procesos. Los profesionales científico-técnicos son garantes no solo del avance del conocimiento y su difusión, sino también de la transmisión de esos valores a la sociedad: el rigor metodológico, la integridad, la imparcialidad e independencia, y la transparencia son valores que, junto con el esfuerzo, la solidaridad y la vocación, caracterizan a los protagonistas de la ciencia pública, que se someten a constantes procedimientos de evaluación periódica a lo largo de su trayectoria profesional. Desde la VACC fomentamos su presencia pública como ejemplo del buen hacer de la ciencia y su rendimiento en la cotidianidad de la sociedad.
El esfuerzo en comunicación y en divulgación de la cultura científica por medio de sus agentes principales, la comunidad investigadora, es fundamental para intentar neutralizar las generalizaciones derivadas de casos aislados de mala conducta científica que crean mucha alarma, amenazan la credibilidad del sistema de supervisión y evaluación de la ciencia y desalientan a los propios investigadores.
La buena praxis científica y el compromiso social en la investigación es el eje nodal de la cultura institucional del CSIC, plenamente comprometida con la conducta responsable e íntegra de sus miembros y con la aplicación de la legislación y normativa vigentes para que el avance del conocimiento se haga respetando la dignidad del ser humano, el bienestar animal y la preservación del medio ambiente. La ciencia excelente implica tanto el respeto absoluto de las exigencias bioéticas y de bioseguridad de la investigación como la evaluación ética de la investigación que se realiza en los centros del CSIC para evitar la mala praxis científica (desde el plagio al falseamiento de datos y resultados) y los conflictos de intereses.
El CSIC cuenta con un Comité de Ética que constituye el órgano institucional con competencias específicas sobre los principios éticos y deontológicos de la investigación.
De igual forma, la Editorial CSIC fue también pionera en la presentación de un código de conducta para la gestión y difusión de los resultados científicos en sus publicaciones: Guía de buenas prácticas para la edición científico-académica. La publicación de revistas y libros en Editorial CSIC. El CSIC cuenta con un Comité de Ética que constituye el órgano institucional con competencias específicas sobre los principios éticos y deontológicos de la investigación.

Pese al silencio mediático e institucional, el 1 de julio se cumplieron los 25 años de la Declaración de Budapest de la UNESCO. Manifiesto que proponía a los gobiernos orientar las políticas científicas hacia las demandas de la sociedad, al servicio del desarrollo y la paz. ¿Cuál es la vigencia de esta declaración? ¿Tenemos hoy en día instrumentos para medir la repercusión social de la ciencia? ¿Acaso sólo medimos las propuestas de valor de la ciencia que realmente importan?
En lo que compete a la cultura científica y la ciencia ciudadana, los indicadores de medición son variados y transversales y se encuentran en continuo proceso de adecuación y refinamiento precisamente porque nuestra labor es hacer llegar el valor social de la ciencia al mayor número de colectivos, de ciudadanos. En la VACC nuestros proyectos parten siempre de una estrategia de seguimiento y de evaluación para conocer el alcance y resultados, así como para calibrar la percepción de la ciencia y de sus protagonistas, con la ayuda de centros especializados como el Instituto de Estudios Sociales Avanzados (IESA) del CSIC.
En la actualidad, hemos formado un grupo de trabajo para avanzar en la metodología e indicadores que permitan identificar las prácticas más efectivas para la evaluación en cultura científica y ciencia ciudadana, así como en la elaboración de una guía de evaluación de las acciones en cultura científica basada en objetivos y alineada con la política institucional en cuanto a los indicadores que nos competen en los diversos sistemas de medición y evaluación vigentes (PCO, CONCIENCIA, COARA, Contrato de Gestión del CSIC).
En los últimos años se ha producido una auténtica revolución en el interés y en los recursos disponibles para informar a la sociedad de los resultados de la investigación con la mayor precisión y claridad. ¿Cómo valora el compromiso de los científicos con el derecho ciudadano al conocimiento científico, así como, la actitud de los medios de comunicación a la hora de tratar temas vinculados a la ciencia?
La participación del personal investigador del CSIC en medios de comunicación, actividades de fomento de cultura científica y proyectos de ciencia ciudadana no ha dejado de aumentar en los últimos años. Según datos de nuestra encuesta anual de indicadores de cultura científica, más de 4.500 trabajadores del CSIC; cerca de un tercio del personal de la institución, participaron en 2023 en alguna de estas iniciativas. En una carrera tan competitiva y exigente como es la investigación, que cada vez más científicos y técnicos del CSIC dediquen parte de su tiempo a acercar los resultados de su trabajo a la ciudadanía pone de manifiesto que el compromiso del CSIC con la cultura científica no es solo un mandato institucional, sino un objetivo que buena parte del personal siente como propio y que disfruta llevando a cabo, tal como se recoge en las evaluaciones de nuestras actividades de divulgación.
En cuanto a los medios de comunicación, es evidente que en las últimas décadas se han multiplicado los profesionales y los medios especializados, así como los canales y formatos para comunicar la ciencia. Por desgracia, este proceso ha ido en paralelo a la reducción de las plantillas en muchos medios tradicionales, la apuesta por el clickbait de algunos de ellos y el auge de la desinformación en redes sociales. Esto hace más necesario que nunca que los organismos públicos de investigación tengan sus propios canales de comunicación. En este sentido es fundamental contar con profesionales especializados en la comunicación científica, un ámbito que el CSIC cuida especialmente y que le permite un diálogo fluido y riguroso con el personal investigador y los avances de las investigaciones desarrolladas en la institución.
Esto hace posible una constante producción de notas de prensa y materiales informativos que difunden los logros y evolución de nuestros proyectos, trabajos y actividades a la sociedad (como la revista gratuita semestral CSIC Investiga), así como una mediación en tiempo real con los medios de comunicación y una presencia continua de la institución en distintas redes sociales. El Departamento de Comunicación del CSIC es el principal responsable de esta actividad, que cuenta también con la participación activa de las unidades de cultura científica en los centros y delegaciones del CSIC y de la VACC, que además organiza cursos de formación interna para facilitar la necesaria y frecuente colaboración del personal del CSIC con los medios de comunicación.
La participación del personal investigador del CSIC en medios de comunicación, actividades de fomento de cultura científica y proyectos de ciencia ciudadana no ha dejado de aumentar en los últimos años
Por último, es importante señalar que la política institucional de Acceso Abierto y Ciencia Abierta asegura el derecho ciudadano al conocimiento científico, no solo a través del repositorio DIGITAL CSIC, sino con iniciativas constantes como el acceso diamante a las 40 revistas académicas del CSIC, todas gratuitas, indexadas en WOS y Scopus, con el sello de calidad FECYT entre muchos otros de calidad académica.
Las tensiones a las que se ven sometidos los científicos desde que Ralph Proctor nos mostrara en libro “El holocausto dorado” la fuerza de la industria tabaquera, no han hecho más que crecer. Dos cuestiones nos suscita esta situación, por un lado, ¿cómo garantizamos la libertad de los investigadores para manifestarse en temas con gran impacto económico o político? Por otro lado, ¿cómo evitamos el greenwashing o los conflictos de intereses?
El hostigamiento a la comunidad científica que interviene en el debate público en torno a temas que suscitan controversia y polaridad por sus implicaciones económicas, políticas o culturales forma parte del devenir histórico y de la construcción del conocimiento independiente de los intereses y presiones externos a los procedimientos científicos. El tema de las vacunas durante la pandemia de COVID, el cambio climático, la investigación con animales o el tratamiento de los mitos e imaginarios culturales o religiosos son solo algunos de los temas que han suscitado auténtico hostigamiento en las redes sociales y en algunos medios –también incluso en sus apariciones públicas– hacia investigadores e investigadoras que pueden sentir peligrar su salud emocional y el valor reputacional de su trabajo.
En este sentido, las instituciones, asociaciones científicas, autoridades competentes y la prensa tienen un papel crucial a la hora de respaldar a las víctimas de este acoso y en defensa de la libertad y de la difusión de la investigación; para ello, hay recomendaciones como las del Science Media Centre de Reino Unido (SMC), asumidas por la SMC España. En nuestro caso, además de lo que ya he señalado respecto a las garantías sobre el conflicto de intereses y las competencias del Comité de Ética del CSIC, nuestra institución tiene un compromiso estricto con el fomento y respeto de un entorno de trabajo libre e inclusivo y contra la discriminación y acoso de cualquier orden, además de protocolos y canales internos para abordar estas situaciones que atentan contra la integridad de la investigación y sus agentes desde una perspectiva legal, informativa y psico-sanitaria.






