El presente texto forma parte del artículo «Hablemos de las universidades» en el que se nos ofrece un recorrido por los principales desafíos a los que se enfrenta la institución universitaria planteados desde una perspectiva global. El texto nos invita reflexionar sobre la singularidad y relevancia de las universidades, destacando la importancia de su integración en las sociedades que las acogen.
ALFONSO GONZÁLEZ HERMOSO DE MENDOZA
El auge del iliberalismo
Si el neoliberalismo resignifica a las universidades convirtiéndolas en un actor de la economía global del conocimiento, el iliberalismo va más allá y lo que plantea es su cancelación ideológica. La pretendida derogación del siglo XX es en buena medida la derogación de la obra de las universidades, y por tanto, de ellas mismas.
El programa electoral del candidato republicano a la presidencia de EEUU, Donald Trump, incluye la creación de una “universidad” pública, digital, gratuita y de acceso abierto para todos los norteamericanos: “The American Academy”. Una institución que estaría financiada con nuevos impuestos a las universidades de la “Ivy league”. Instituciones causantes, según el expresidente, de que: «Gastemos más dinero en educación superior que cualquier otro país y, sin embargo, las universidades están convirtiendo a nuestros estudiantes en comunistas, terroristas”. La visión compartida sobre aspectos esenciales de las universidades, que ha sido tan decisiva en la construcción de la convivencia democrática, se está resquebrajando.
Más allá de esta propuesta concreta del expresidente, el hecho es que cuestionar los fundamentos del sistema universitario es una realidad política evidente. Así lo demuestra el hecho de que trece estados de EEUU han aprobado en los últimos años regulaciones abiertamente contrarias a la autonomía de las universidades. Decisiones que vienen avaladas por el hecho de que, dos tercios de los estadounidenses piensan que la educación superior va en la dirección equivocada, incluida casi la mitad de los demócratas, según una encuesta reciente de Gallup.
Si el neoliberalismo resignifica a las universidades convirtiéndolas en un actor de la economía global del conocimiento, el iliberalismo va más allá y lo que plantea es su cancelación ideológica
La crisis global de la libertad académica
Esta situación no es un fenómeno exclusivo de los EEUU. Según el Índice de Libertad Académica de Academic Freedom Index, países de todo el mundo están sufriendo una disminución del respeto por la libertad académica. Igualmente en el informe, “Un año de ataques a la educación superior: la supresión del disenso y la propagación del antiliberalismo” de 2023, se señala que los ataques a la libertad académica “se están volviendo preocupantemente comunes en sociedades abiertas, democráticas y estables, donde los actores iliberales están utilizando el lenguaje de los derechos, la libertad y la excelencia para impulsar sus propias agendas y erosionar la libertad académica y la autonomía de las instituciones de educación superior”.
Detrás de esta visión de las universidades está el convencimiento de que son entidades ideologizadas que responden a intereses particulares. Además, no podemos olvidar, que son percibidas por una amplia parte de la sociedad como incapaces de cumplir sus promesas de promoción social y que actúan como legitimadoras de desigualdades a través de su discurso meritocrático. Circunstancias que no deberían pasar desapercibidas, ni ser atribuida a la estupidez de una parte de la población.
La llegada al poder de Donald Trump ha tenido efectos inmediatos en los ámbitos en los que la ciencia choca con la ideología iliberal por el control del cuerpo y el entorno. Así, han sido eliminadas bases de datos públicas esenciales para la construcción de evidencias científicas y se ha excluido de la financiación allí en donde se hable de diversidad, clima o biodiversidad. Por no hablar de la reducción radical de fondos públicos destinados a la investigación. Nos enfrentamos a un intento de domesticación y precarización de la vida universitaria, a una propuesta que no tiene otro fin que el de acabar con la libertad académica.
Desde 2021, más de 24 estados en EEUU han presentado o promulgado leyes, comúnmente conocidas como proyectos de ley anti-CRT (Teoría Crítica de la Raza), que restringen los debates sobre raza, diversidad e inclusión en los campus universitarios o proyectos de ley anti-DEI, propuestos en 26 estados para desfinanciar o eliminar oficinas y funcionarios de diversidad, equidad e inclusión. Esta dinámica, conocida como «legalismo represivo», llama la atención sobre las presiones y condiciones legales que llevan al profesorado a limitar preventivamente su trabajo protegido por miedo, incluso sin presiones legales formales.
Por otro lado, la pregunta sobre qué parte del programa universitario se corresponde con la replicación de las élites económicas y culturales, cada vez más globales y desarraigadas de los intereses de sus comunidades, merecería ser atendida con detalle en la ansiada transformación de las universidades para el siglo XXI.
los actores iliberales están utilizando el lenguaje de los derechos, la libertad y la excelencia para impulsar sus propias agendas y erosionar la libertad académica y la autonomía de las instituciones de educación superior
La apropiación del lenguaje académico
No podemos aislar este rechazo a las universidades del crecimiento del negacionismo científico que va del terraplanismo a los movimientos antivacunas, pasando por el diseño inteligente. Las Universidades como principales instituciones científicas están siendo cuestionadas en su capacidad para la creación de un “sentido común”, esto es, en la producción de hechos compartidos sobre los que construir la convivencia democrática. Mostrándose como instituciones más interesadas en argumentar y convencer que en conversar.
El respeto reverencial a las universidades se está resquebrajando, lo que junto con las legitimidades utilitaristas de las últimas décadas está conduciendo al colapso del sistema universitario tal y como lo hemos venido entendiendo. Mientras no terminan de emerger los términos de un nuevo acuerdo universidades/sociedad que rediseñe sus funciones y organización en torno al bien de sus comunidades de manera acorde con los desafíos del siglo XXI.






