«Nos comunicamos digitalmente o pensamos en términos digitales, incluso cuando organizamos nuestras tareas cotidianas o tratamos de satisfacer nuestra curiosidad con herramientas de inteligencia artificial. ¿Cómo no va a ser entonces inevitable pensar que cualquier evolución educativa lleva una evolución tecnológica asociada, y viceversa? Lo importante es acompasarlas y entender cuáles son los puntos esenciales de sincronía: el estudiantado ya no concibe su proceso de aprendizaje de manera únicamente analógica, pero tampoco acepta la gratuidad de determinadas herramientas» señala Manel Jiménez-Morales vicerrector de Alianzas, Comunidad y Cultura UOC
Manel Jiménez-Morales ha sido profesor de Comunicación en la Universidad Pompeu Fabra (UPF) desde el año 2000. Tiene un doctorado en Comunicación Social de la misma universidad, un máster de Estudios Avanzados del mismo campo y dos licenciaturas: Comunicación Audiovisual (UPF) y Teoría de la Literatura y Literatura Comparada (UB). También ha sido profesor visitante en el Departamento de Literatura de la Universidad de Oxford (Reino Unido) y en el Departamento de Teatro, Cine y Televisión de la Universidad de California, Los Angeles (UCLA), y ha ejercido de investigador en el Instituto de Cine Británico (Londres). Hasta el 2023 ha sido vicerrector de Transformación Educativa, Cultura y Comunicación en la UPF y miembro del comité estratégico de la Asociación de Universidades Europeas.
Es curioso que no haya dos universidades en España que tengan un mismo organigrama para su equipo de gobierno. Aun así, permítame que llame la atención sobre la denominación del vicerrectorado que usted ocupa en la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), “Alianzas, Comunidad y Cultura”. ¿Nos podría explicar qué representa esta propuesta organizativa?
Efectivamente, no existen en España dos universidades con el mismo organigrama, a diferencia de otros países, donde la estructura de gobierno del rectorado viene marcada por ley, por lo menos en buena parte de los cargos. En ese sentido, el vicerrectorado que tengo el orgullo de ocupar es una apuesta valiente y disruptiva de la rectora, Àngels Fitó, quien quiso activar de manera decidida y explícita la misión y el compromiso de la OUC con el entorno social y productivo, así como la voluntad de desarrollar una labor comunitaria y cultural que responda al servicio público al que obedece la UOC.
El vicerrectorado se ocupa de establecer vínculos con empresas e instituciones con el objetivo de ser catalizador, a través del conocimiento, de determinadas dinámicas que pueden contribuir a transformar la sociedad. Ello pasa por el desarrollo de programas educativos conjuntos que favorezcan el aprendizaje a lo largo de la vida, la oferta de formación dual, profesional, en microcredenciales y a empresas u otras entidades, el desempeño de proyectos de investigación consorciados, la implementación de iniciativas conjuntas con instituciones públicas, o las diferentes fórmulas de estudio y transferencia conjuntas, como las cátedras o los doctorados industriales, entre otras. Finalmente, la cultura ocupa también un papel esencial en los objetivos del vicerrectorado, como cuarta misión que destaca la Unión Europea para las universidades, y, en nuestro caso, como activo de conocimiento en la encrucijada entre arte, ciencia, tecnología y sociedad.
En la mayor parte de las universidades en los últimos años han surgidos vicerrectorados o adjuntías a los rectores que promueven la transformación de las universidades enfatizando lo digital. En la Universitat Pompeu Fabra usted fue vicerrector de transformación educativa. ¿Las universidades necesitan antes una transformación educativa o digital?
Me parece una pregunta que esconde mucha profundidad desde su aparente sencillez. Yo diría que ambas transformaciones son indisociables en el contexto actual. Si bien es cierto que podemos hablar de prácticas educativas que no requieren específicamente de una intervención tecnológica, desde mi punto de vista, cualquier transformación en el ámbito universitario es y debe ser sistémica, y, por consiguiente, afecta a cualquier faceta, incluso a aquellas que no son estrictamente pedagógicas. Lo digital se ha convertido en nuestro oxígeno, lo queramos o no.
Nos comunicamos digitalmente o pensamos en términos digitales, incluso cuando organizamos nuestras tareas cotidianas o tratamos de satisfacer nuestra curiosidad con herramientas de inteligencia artificial. ¿Cómo no va a ser entonces inevitable pensar que cualquier evolución educativa lleva una evolución tecnológica asociada, y viceversa? Lo importante es acompasarlas y entender cuáles son los puntos esenciales de sincronía: el estudiantado ya no concibe su proceso de aprendizaje de manera únicamente analógica, pero tampoco acepta la gratuidad de determinadas herramientas. Hay que pensar la tecnología desde una clave humana, aunque parezca una perogrullada, y entender cuál es su rendimiento efectivo según los usos y las potencialidades del estudiantado.
cualquier transformación en el ámbito universitario es y debe ser sistémica, y, por consiguiente, afecta a cualquier faceta, incluso a aquellas que no son estrictamente pedagógicas
Como experto en comunicación social nos gustaría conocer su opinión sobre el desapego de una parte creciente de la población norteamericana de sus universidades, y hasta qué punto esta ola puede llegar a este lado del Atlántico.
Es difícil explicarlo a través de una sola causa, probablemente es un fenómeno multifactorial que tiene que ver con cuestiones no solo sociodemográficas, sino también culturales y económicas. Es ya consabida la inversión presupuestaria que hace un/a estudiante en su preparación universitaria en los Estados Unidos. La mayoría se hipoteca esperando obtener un retorno que no solo cubra la deuda, sino que además le sitúe en una buena posición social.
Sin embargo, la precariedad laboral también ha azotado buena parte del país y el mercado global, la emersión de otras propuestas formativas y el peso de demostración de competencias aplicadas por encima de la acreditación de unos estudios superiores pueden haber precipitado esa desafección. El paso por la universidad, desde mi perspectiva, va más allá de la certificación de un título e incluso de la adquisición de competencias profesionales específicas, supone una etapa de maduración e intercambio sin duda muy valiosos. No es que esa ola pueda llegar a este lado del Atlántico, es que deberíamos estarnos planteando ya por qué no hemos pensado en estrategias para surfearla.
Otro aspecto en el que nos gustaría conocer su opinión, dada su vinculación con la academía anglosajona y las humanidades es, ¿por qué en las universidades españolas tienen tan poca presencia “las artes liberales”?
El concepto de “artes liberales” en la época contemporánea es ya una propuesta de origen anglosajón, con lo que ese contexto nos lleva, para empezar, la ventaja de la apropiación actual del término. Pero, al mismo tiempo, los modelos educativos anglosajones son, de manera general, más flexibles y permiten una mayor combinatoria y personalización de los currículums.
Algunas universidades incluso permiten confeccionar el propio programa del estudiantado bajo una tutorización que ayude a dar coherencia a elecciones totalmente abiertas. El sistema español es más rígido y parte de la especialización. Se habla mucho y desde hace tiempo de “transversalidad”, pero la preparación sigue siendo muy segmentada y la acreditación de programas (y de perfiles de profesorado) por parte de las agencias de calidad no siempre cuenta con los mejores mecanismos para hacer propuestas singulares y multidisciplinares.
El paso por la universidad va más allá de la certificación de un título e incluso de la adquisición de competencias profesionales específicas, supone una etapa de maduración e intercambio sin duda muy valiosos
Frente a los nuevos operadores globales y digitales de la industria del aprendizaje, ¿cuál debería ser la propuesta de valor de las universidades para diferenciarse?
La primera de ellas, para mí, sería la capacidad de acompañar al estudiantado en la cocreación del conocimiento de una manera desinteresada. En segundo lugar, la ciencia y la investigación puestas al servicio de la docencia y los aprendizajes compartidos. Y, finalmente, la idea de que las universidades son un órgano poliédrico de un valor multiplicador único en el sistema no solo de la generación de conocimiento, sino también de la transformación social.
Ninguna otra entidad se encarga, a la vez, de impartir docencia, promover la investigación, detectar talento, desarrollar la innovación, potenciar el compromiso social, establecer alianzas internacionales, tejer vínculos con el territorio, contribuir a la ocupación, colaborar con servicios públicos… La implosión de todo eso a la vez convoca un ecosistema imbatible que, además, se ofrece desde una cierta neutralidad y de manera altruista. Para que eso sea una apuesta de valor única y robusta, hace falta que esas actividades no sean dispares y converjan de manera multiplicadora en los procesos de aprendizaje del alumno. Si los operadores solo pueden cubrir una o unas pocas de esas facetas, no estarán satisfaciendo lo que el estudiantado puede encontrar en una universidad.
Desde su posición privilegiada como miembro del comité estratégico de la Asociación de Universidades Europeas, ¿será posible que las universidades públicas europeas dispongan de una plataforma propia de Inteligencia Artificial que las libere del control de las corporaciones tecnológicas?
Mientras respondo a estas preguntas me encuentro en el Forum de Docencia y Aprendizaje de la European University Association. Hace un año que acabé mi segundo mandato como miembro del comité estratégico, pero siento que el debate sobre la inteligencia artificial sigue estando todavía -y razonablemente- en suspense. Sinceramente, no creo que sea posible que las universidades públicas europeas dispongan de una plataforma propia a este respecto, de la misma manera que ni siquiera la tienen para sus campus virtuales o para herramientas de aprendizaje que podrían ser comunes. Sí que pienso que las políticas de conocimiento abierto y de interoperabilidad pueden ofrecer soluciones comunes, pero, ojalá me equivoque, tener una plataforma libre me parece una quimera.
Ninguna otra entidad se encarga, a la vez, de impartir docencia, promover la investigación, detectar talento, desarrollar la innovación, potenciar el compromiso social, establecer alianzas internacionales, tejer vínculos con el territorio, contribuir a la ocupación, colaborar con servicios públicos…
La IA ha disparado las alarmas en cuanto a la falta de integridad académica del estudiantado. ¿Esta situación se resuelve con más tecnología, o con más educación?
Con más educación, sin duda, pero con una educación diferente, que se preocupe por aprender a aprender, y por interrogarse sobre los paradigmas epistemológicos actuales: qué se aprende, cómo se aprende y cómo se demuestra que se ha aprendido. Es difícil, porque significa un giro copernicano, pero para mí la respuesta a la falta de integridad está en la falta de creatividad que a veces tenemos a la hora de observar qué necesita saber el estudiantado y cómo lo demuestra. Eso no tiene por qué pasar por el utilitarismo del conocimiento, sino por qué tiene sentido evaluar y qué no.
El fraude en los títulos universitarios se ha convertido en un problema ineludible, tanto por los títulos expedidos por las denominadas universidades garaje, como por la compra de títulos falsificados, que según el Consejo de Europa mueve al año en el mundo 7000 millones de euros. ¿Qué pueden hacer las universidades frente a esta degradación de sus titulaciones?
Pueden hacer diversas cosas, pero destacaría dos por encima de todas. La primera de ellas es afianzar sus mecanismos de calidad basados en el conocimiento científico y la dedicación a las metodologías de enseñanza/aprendizaje mediante su integración en sistemas consorciados de otras universidades que no solo sean un apoyo mutuo, sino un órgano de reconocimiento multilateral de la integridad educativa. En esos sistemas de identificación compartida se hayan también las agencias de calidad y los gobiernos, que tienen un papel fundamental en la preservación de unas políticas de educación éticas.
En segundo lugar, lo que pueden hacer las universidades es mejorar su necesidad social, su papel catalizador para la transformación del futuro mediante una enseñanza de calidad, un acompañamiento y una atención de primer nivel al alumnado, una investigación puntera, una permanente innovación, un compromiso con la sociedad, un vínculo estrecho con el tejido laboral y una capacidad de reinventarse y reinventar el avenir siguiendo estándares de máximo cumplimiento.
la falta de integridad está en la falta de creatividad que a veces tenemos a la hora de observar qué necesita saber el estudiantado y cómo lo demuestra
¿Cómo adapta la UOC la experiencia universitaria virtual que ofrece a su estudiantado para garantizar la adquisición del currículum oculto o los aprendizajes tácitos vitales para los universitarios?
La flexibilidad y la accesibilidad son dos de las máximas de la Universitat Oberta de Catalunya. Eso quiere decir que el estudiantado puede hacerse con el conocimiento desde cualquier lugar y cualquiera que sea su situación personal. De ese modo, la composición de los títulos también es abierta, como el nombre de la propia universidad: existen, por supuesto, los programas reglados y, por lo tanto, acreditados por la agencia de calidad, pero, asimismo, el estudiantado puede escoger otros contenidos, como materias libres o como conocimientos competenciales duros o blandos, que puede desarrollar en paralelo y a lo largo y ancho de la vida para personalizar su currículum.
Pero, además, la UOC está poniendo en marcha el proyecto Insignia, que, en pocas palabras, cuenta con una herramienta, el GPS, que hace un cruce en la detección de competencias que necesita el mercado labora en cada ámbito, los que ya tiene adquiridos el estudiantado y los que le faltan para adquirir. De esa manera, el alumnado puede afinar el desarrollo de su formación con los aprendizajes que le pueden ser más útiles para su desempeño profesional y personal. Asimismo, Insignia cuenta con otra herramienta, el Folio, un portafolio laboral donde el estudiantado destaca las competencias adquiridas mediante trabajos concretos, credenciales, opiniones del profesorado, del resto del alumnado o de los organismos en los que ha estado participando.
¿Cómo usa la UOC la tecnología para hacerse visible y captar a los futuros estudiantes?
La UOC, más que en captación de estudiantes, piensa en ofrecimiento de espacios de conocimiento para aquellas personas que lo requieran. Es una institución orientada al servicio público y viene a proveer, desde su naturaleza singular, aquello que otras universidades tienen más difícil ofrecer por sus características presenciales. Por ello, el uso de la tecnología para visibilizarse ante el futuro alumnado está pensado desde la voluntad de darse a conocer en vistas a aportar soluciones venideras.
El principal y más genuino objeto de visibilización es el propio campus, que ofrece contenidos y experiencias educativas muy elocuentes de lo que es un aprendizaje en la UOC. Pero, además, las experiencias de compartición de competencias y atención y acompañamiento al alumnado están presentes a través de testimonios que, desde las redes sociales, pueden visibilizar el servicio de la UOC. Finalmente, la enorme comunidad Alumni también contribuye, desde su presencia en espacios cuya narrativa se transmite mediante la tecnología, a acercarse al futuro estudiantado.
La flexibilidad y la accesibilidad son dos de las máximas de la Universitat Oberta de Catalunya. Eso quiere decir que el estudiantado puede hacerse con el conocimiento desde cualquier lugar y cualquiera que sea su situación personal
¿Cómo utiliza la UOC la tecnología para acercar a sus egresados al mercado laboral?
Lo hace mediante diferentes mecanismos, entre los cuales destacaría dos: los programas de la comunidad Alumni que se transmiten digitalmente y que permiten un acercamiento a la industria, y los programas de capacitación laboral que, a través de propuestas formativas digitales, ayudan al desarrollo de habilidades para la empleabilidad. Finalmente, la herramienta digital de Insignia y el portafoliio digital del que hemos hablado anteriormente, Folio, deberán poder facilitar ese acercamiento en muy breve a toda la comunidad de personas egresadas.
¿Cómo se plantea la UOC las relaciones con Iberoamérica?
Lo hace esencialmente como complemento del sistema de los países latinoamericanos, participando en colaboraciones con otras universidades o instituciones públicas para desarrollar movilidades virtuales, programas conjuntos, investigación consorciada, formación de profesionales, concesión de becas para el estudio, y asesorías y consultorías a organismos terceros, entre otros. La estrategia de internacionalización no pasa por una captación del alumnado, aunque la comunidad iberoamericana de la UOC es enorme y muy activa, sino por el apoyo y la colaboración con otras entidades para la generación de conocimiento mutuo.
Las dificultades de acceso a la enseñanza en Latinoamérica adquieren una escala mayor que en España, aunque sea únicamente por cuestiones de tamaño, de condición sociodemográfica y por razones geográficas. La UOC se propone como un soporte adicional a la hora de facilitar el acceso al conocimiento. Y lo hace a través de esos acuerdos multilaterales que quiere seguir manteniendo como una de las vocaciones más íntimas de la propia universidad.






