El motor silencioso

Lo que las politécnicas ya han demostrado

Universidad Politécnica de Madrid AGHM

España cuenta con más de 90 universidades, de las cuales ninguna aparece entre las 100 mejores del mundo. Estas cifras invitan al desánimo y a pensar que nuestras instituciones superiores son incapaces de competir internacionalmente en la generación de nuevo conocimiento; y sin embargo, en una esquina pequeña del sistema, algo sí que funciona.

MADA JURADO


Una excepción que casi nadie mira

Desde distintos ángulos, llevamos meses señalando lo que nuestro sistema universitario todavía no sabe articular: para qué existe. ¿Sirve para generar conocimiento nuevo? ¿Para transferirlo? ¿Para formar trabajadores especializados, en competición directa con la formación profesional? ¿O para algo distinto?

En los albores de este nuevo año académico, quiero traer un nuevo enfoque y mirar al sistema, no en su conjunto, sino más de cerca y con una mayor granularidad y matización. Sí que es cierto que cuando se evalúa el sistema a nivel global, muchos de los aciertos que tiene en un sentido se contrarrestan con avances en otra dirección, llegando a poder contrarrestarse y dándonos un veredicto final más sombrío de lo que en realidad es. Pero al centrarnos en funciones específicas aisladas, tales como la generación y transferencia del conocimiento, se puede ver que ya tenemos parte de la respuesta, solo que en un rincón del sistema al que rara vez se le presta la atención que merece.

Según el U-Ranking 2026 de la Fundación BBVA y el Ivie, un grupo reducido de universidades, apenas el 11% de las instituciones analizadas, genera el 30% de los resultados de investigación e innovación de todo nuestro sistema. Entre ellas, año tras año, aparecen las politécnicas: la de Cataluña (UPC), la de Valencia (UPV) y la de Madrid (UPM). Algo están haciendo bien y mejor que el resto. El hecho de que los resultados sean consistentes a lo largo del tiempo indica que no es una mera anécdota estadística, sino la prueba de que su modelo funciona cuando se le deja funcionar. Merece la pena cuanto menos valorar si hay algo de lo que ellas hacen que se pueda replicar en el resto de facultades.

Cuando el conocimiento se convierte en empresa

España cuenta ya con más de
mil empresas de base tecnológica
nacidas de universidades y
centros de investigación, las cuales
facturan conjuntamente 1.400 millones
de euros al año y generan más de
13.400 empleos de alto valor añadido

El dato más motivador y que más puede sorprender de las politécnicas no son los resultados en investigación, sino los logros en transferencia tecnológica. Según el informe El ecosistema de spin-offs deep tech en España 2025, impulsado por Mobile World Capital Barcelona, España cuenta ya con más de mil empresas de base tecnológica nacidas de universidades y centros de investigación, las cuales facturan conjuntamente 1.400 millones de euros al año y generan más de 13.400 empleos de alto valor añadido.

Entre los centros que más spin-offs generan, la UPM encabeza el ranking nacional con el 8,7% del total, seguida muy de cerca por el CSIC, con el 8,5%, y la UPC, con el 5,3%. La UPV, por su parte, cerró 2025 con 119 millones de euros en ingresos por I+D+i, marca histórica para la institución, y treinta nuevas patentes solicitadas ese mismo año.

En contra de lo que pueda parecer, el sistema universitario español es uno de los líderes mundiales en producción científica, sobre todo open-source. Los profesores universitarios tienen una motivación muy fuerte para publicar, ya que gran parte de sus promociones se evalúan en torno al número de ellas (llevando a una cultura del “publicar o morir”, “publish or perish”). Eso puede conducir a malas praxis, tales como una producción inflacionaria de papers “al peso”, en su mayor parte derivativas y de bajo impacto. La universidad pública española está en el Top 10 de la producción científica, pero es una investigación que se queda en el papel y que no nos hace llegar muy lejos en rankings internacionales.

En contraposición, en el modelo de las politécnicas prima la transferencia del conocimiento tecnológico novedoso que se convierte en empresa, en empleo y en actividad económica verificable.

UPM AGHM

Identidad, incentivos y entorno: por qué funciona aquí y no en el resto

La respuesta de por qué la politécnica produce estos resultados consistentemente no es solo la especialización tecnológica, aunque ayuda. Es la combinación de tres factores que rara vez coinciden en el resto del sistema.

Para empezar, las politécnicas triunfan porque concentran recursos y talento en áreas STEM muy concretas para ser las mejores de España en esos nichos, en lugar de abarcar todas las disciplinas. Tienen una identidad institucional clara y no intentan ser todo para todos.

Esto se traduce en una hiperconexión con la empresa (prácticas, cátedras y proyectos reales desde el grado), una investigación aplicada orientada a patentes y soluciones del mercado, y una internacionalización agresiva para captar fondos europeos y estudiantes globales. Su ADN es la empleabilidad y la transferencia tecnológica, no la erudición teórica. Sus incentivos internos, de financiación, de contratación y de cultura académica están alineados con esa identidad y la fomentan.

Tercero y más importante, tienen ecosistemas industriales maduros en el entorno (Madrid, Barcelona y Valencia) que demandan investigación aplicada y están dispuestos a pagarla. 

La hoja de ruta que no exige inventar nada

Obviamente, no se trata de que todas las universidades españolas se conviertan en politécnicas. Eso sería tan absurdo como pedir que todas investiguen exactamente lo mismo, o que dejemos de tener facultades en Humanidades. No obstante, la lección que podríamos sacar es que cada institución identifique su propio nicho de especialización territorial (allí donde ya exista o pueda construirse un tejido productivo afín) y que empiece a resolver problemas reales. El sistema de financiación podría empezar a premiar esa especialización, en lugar de exigir a todas las universidades que hagan de todo un poco o que publiquen “lo que sea”, sin llegar a resolver nada en concreto a nadie.

Las Humanidades deben pasar
de «enseñar qué pasó» a
«enseñar cómo usar el pasado
y el potencial humano para
resolver problemas del presente»

Por ejemplo, aquellas universidades con campus rurales podrían apostar por especializarse en agrotecnología y bioeconomía, fusionando ciencias e ingeniería agrónoma con datos masivos (Big Data) para agricultura de precisión y posgrados en gestión de residuos y energías alternativas. Así serían referentes nacionales en su nicho.

Para que las facultades de Humanidades fueran más competitivas y resolutivas sin perder su esencia, la clave podría estar en aplicar el método politécnico a las letras: especialización de nicho, empleabilidad tangible y transferencia a la sociedad. No se trata de imitar a las ingenierías, sino de demostrar que el pensamiento crítico, la comunicación y la ética son tecnologías blandas imprescindibles. Las Humanidades deben pasar de «enseñar qué pasó» a «enseñar cómo usar el pasado y el potencial humano para resolver problemas del presente», con proyectos tangibles, alianzas externas y un enfoque emprendedor. Podrían empezar por especializarse en ser Humanidades Digitales (arqueología con drones, filología para IA), o podrían ofrecer asesoría estratégica a empresas en storytelling, ética algorítmica y gestión de reputación; o apostar por una internacionalización con sello propio en patrimonio cultural o diplomacia, con programas en inglés y con alianzas con instituciones como la UNESCO.

En lo que se refiere a la generación y transferencia del conocimiento, por tanto, las politécnicas no son la excepción que confirma que el resto del sistema funciona mal. Más bien pueden ser la prueba y la inspiración de que, cuando identidad, entorno e incentivos se alinean, la universidad pública española puede competir con cualquier otra.

¿Qué le impide al resto del sistema universitario español mirar este modelo y preguntarse, con la misma honestidad, cuál es su propio nicho de especialización?


Si quieres conocer lo que no se ve de la educación superior sigue el canal de Espacios de educación superior en WhatsApp: https://whatsapp.com/channel/0029VbDK8OGIt5rvxYwRCG0j


Referencias

Fundación BBVA e Ivie (2026). U-Ranking 2026: Indicadores sintéticos de las universidades españolas. https://www.ivie.es/es_ES/ocho-universidades-publicas-destacan-u-ranking-2026-volumen-resultados-rendimiento-docencia-investigacion-e-insercion-laboral/

Ministerio para la Transformación Digital y de la Función Pública / Mobile World Capital Barcelona (2025). El ecosistema de spin-offs deep tech en España 2025. https://digital.gob.es/comunicacion/notas-prensa/mtdfp/2025/10/2025-10-27

Universitat Politècnica de Catalunya (2025). The UPC, a driving force for deep tech innovation in Catalonia. https://www.upc.edu/en/press-room/news/the-upc-a-driving-force-for-deep-tech-innovation-in-catalonia

Universitat Politècnica de València, Oficina de Transferencia de Conocimiento (2026). Informe UPV Innovación 2025. https://innovacion.upv.es/noticias/la-universitat-politecnica-de-valencia-batio-en-2025-todos-sus-records-de-ingresos-en-proyectos-de-i-d-i/

Euronews (18 de agosto de 2026). Las mejores 1.000 universidades de 2026, de ellas 30 son españolas. https://es.euronews.com/2026/08/18/espana-pierde-6-universidades-en-el-ranking-de-shanghai-liderado-por-harvard-en-eeuu


Mada Jurado, PhD Experta en Ecosistemas de Aprendizaje Product Strategist  & Learning Architect (EdTech)

https://www.linkedin.com/in/madajurado


Espacios de Educación Superior está dirigido a poner en contacto a las personas e instituciones interesadas en la sociedad del aprendizaje en Iberoamérica y España.