Recuperar la universidad

Francisco Pomares

En los escenarios de constante transformación en los que tenemos que resolver problemáticas urgentes de carácter global, se requiere que recuperemos aspectos fundamentales de la misión universitaria. Los laboratorios ciudadanos pueden ser el camino para recuperarla y desde ahí, abrir paso al bienestar

LOURDES EPSTEIN CAL Y MAYOR


¿Por qué hacer laboratorios ciudadanos en la universidad?

Cuando pienso en la trayectoria recorrida con los laboratorios ciudadanos en mi labor como docente universitaria, me viene a la mente una escena de la película infantil “La espada en la piedra” de Walt Disney; en ella vemos la batalla entre la bruja hechicera Madame Mim contra el mago hechicero Merlín. La metáfora me parece interesante porque, por un lado, el combate se despliega en progresivas transformaciones de los combatientes en las que sus cuerpos operan armas. Por otro, porque mientras que la hechicera aumenta su tamaño en los sucesivos embates, el hechicero por el contrario, se hace cada vez más pequeño. El desenlace ocurre cuando Madame Mim, convertida en un poderoso dragón, parece haberle ganado la partida a Merlín, encarnado en un indefenso ratón. Pero la última transformación de Merlín cambia dramáticamente la contienda; cuando parecía que haber desertado, escuchamos su voz diciendo que se ha convertido en un virus y que ha contagiado a su adversaria. 

El lugar desde donde rescato estas ideas quizá no sea lo más apropiado desde una óptica académica, pero la metáfora de cómo una comunidad puede transformar un sistema, me recuerda las ideas que presenta Rosi Braidotti en la entrevista que le hiciera Iu Andrés para Centre de Cultura Contemporània de Barcelona. Si el capitalismo es inquebrantable como modelo de conducta, según Braidotti, “es porque se transforma, se adapta y adopta cualquier modalidad posible”. Propone “desvincularnos y de tomar distancia de estos modelos y entender que “los cambios que podemos conseguir son colectivos, pero paso a paso, tomando distancia”.

La idea de ser como virus no es muy atractiva, concedo; pero la posibilidad de alterar un sistema desde dentro sí que lo es. Y aquí la cuestión: ¿Cómo podemos transformar un sistema desde dentro y, al mismo tiempo, desvincularnos y tomar distancia? 

Y aquí la cuestión: ¿Cómo podemos transformar un sistema desde dentro y, al mismo tiempo, desvincularnos y tomar distancia? 

Habitando discursos

En mi experiencia implementando laboratorios ciudadanos desde la universidad este ha sido el reto. Desde el primer laboratorio en el que participé como promotora –Ciudades que aprenden– me quedó claro que había otra manera de entender la construcción del conocimiento y el aprendizaje.

Al año siguiente, con un grupo de colectivos dedicados a la atención de personas con discapacidad, diseñamos e implementamos  el laboratorio La diversidad como emprendimiento, que al igual que el anterior, tuvo una convocatoria internacional  de mas de 100 personas. En 2019 nos lanzamos con un laboratorio local en la Ciudad de México, que buscó explorar las posibilidades en el tema del los presupuestos participativos; con Emprende tu colonia desarrollamos posibilidades de participación de alumnas y alumnos, que en los otros dos ejercicios no habíamos logrado.

De manera paralela, y como una estrategia de movilización, empezamos a diseñar e implementar bibliotecas humanas, siguiendo el modelo de la organización danesa Human Library. Desde la primera experiencia trabajando con libros humanos, nos dimos cuenta de que estábamos mediando en un laboratorio ciudadano por cuenta propia. Para inicios de 2020 ya habíamos logrado más de 10 bibliotecas humanas, con licencia de Human Library, en Ciudad de México, Monterrey y Mérida.

Las colecciones que habíamos publicado presentaron libros humanos de personas con discapacidad, trabajo inclusivo, diversidad sexual, adultos mayores y de activistas de causas sociales y medioambientales. Para ese otoño, teníamos planeada nuestra primera biblioteca humana con la colección de migración, acompañada por estudiantes de una materia de la carrera de Comunicación; la pandemia cambió nuestros planes y tuvimos que movernos al formato digital. Así nació Biblioteca de Narrativas, una iniciativa que nos permitió seguir trabajando con nuestras bibliotecas nómadas como una de muchas experiencias de story telling que se han generado en las últimas décadas. 

En mayo pasado, pudimos celebrar nuestra primera biblioteca humana post pandemia, con libros humanos de migración, en vivo y presencial en un evento con la UNAM. Para el otoño tenemos programadas otras dos bibliotecas humanas: la primera en octubre durante la Feria Internacional del Libro de Monterrey con una colección de migración, y la segunda en noviembre en el campus de la Ciudad de México con colección múltiple que explorará temas de marginación vinculados con salud, trabajo, migración, género, agencia política, entre otros.

A través de una cocina cívica, la Iniciativa de Laboratorios Ciudadanos de la Escuela de Humanidades del Tecnológico de Monterrey retomará, junto con la Secretaría de Cultura de Nuevo León y el LabNL, el prototipo de Bibliotecas Madrinas para hacer un taller de retos para bibliotecas públicas; buscaremos reunir a bibliotecarios, editores, ilustradores, libreros y promotores de lectura, que se darán cita en la FIL Monterrey.

Ciencia ciudadana para abrir la universidad

Si mi apuesta es que implementar laboratorios ciudadanos en la universidad es una manera de recuperarla, es porque coincido plenamente con Fernando Savater cuando afirma que la educación debe buscar la formación de ciudadanos, no solo de empleados. La visión laboral de la educación superior, cuando ocupa el máximo de la atención y presupuestos de la vida académica, provoca una miopía para entender el mundo complejo en el que vivimos, y en lugar de aumentar nuestras posibilidades de agencia, disminuye nuestra capacidad de participar responsablemente en la solución de problemáticas de las comunidades a las que nos debemos.

In-corporar la ciencia ciudadana a la vocación universitaria significa mucho más que abrir el acceso a la producción académica. Significa que entendamos que el asistencialismo es una práctica patriarcal y colonialista que frena el desarrollo en todo sentido. Construir comunidades de aprendizaje y práctica es con toda seguridad una necesidad inaplazable para pensar – hacer -con – otros lo que necesitamos para vivir dignamente dentro y fuera de la universidad. 

Cuando hablamos de responsabilidad social universitaria, debemos distinguirla de la tradicional extensión solidaria como de un mero compromiso unilateral declarativo (Vallaeys, 2014) y entenderla como la obligación de cada universidad a una autocrítica institucional constante, que ponga en tela de juicio sus presupuestos epistémicos y su currículo oculto.

Abrir la universidad a la ciencia ciudadana y a la inteligencia colectiva es una excelente alternativa para arraigar la pertinencia y legitimidad del saber frente a la decadencia de una enseñanza varada en puertos funcionalistas. Las convocatorias, el codiseño y coproducción, sumados a la publicación abierta de resultados, posibilitan que habitemos discursos comúnmente desiertos.

El espacio para la experimentación y la exploración, pese a la incertidumbre y retrocesos que implica, es condición sine qua non para la libertad de la universidad.

Recuperar la universidad desde dentro, distanciándonos de sesgos cognitivos ajenos al saber y al bien común, implica que su autonomía y libertad no solo se refieran a las políticas y normas administrativas. Requiere sobre todo la capacidad de construir conocimiento desde lo local, lo situado y descolonizado. A ello nos impele un compromiso con la experimentación y la exploración; darle la bienvenida al ensayo y al error en lugar de colocarles como algo indeseable.

Entre la exploración y la explotación, el aprendizaje y la planificación, la imaginación y la actuación aparece una negociación, un compromiso de equilibrio entre dos características deseables pero incompatibles en la simultaneidad (Gopnik,2016). Si bien los laboratorios ciudadanos no son la panacea de experimentación, sí que devuelven condiciones hospitalarias para repensar procesos, métricas e instrumentos de investigación para ver más allá, para recorrer lo inédito. El espacio para la experimentación y la exploración, pese a la incertidumbre y retrocesos que implica, es condición sine qua non para la libertad de la universidad. 

Atravesar la universidad

La apertura y experimentación se suman a una dimensión de cuidados indispensable para transformar la universidad desde dentro, eludiendo códigos binarios, patriarcales y racistas. La invitación para el trabajo colectivo desde y para la participación horizontal, posibilitan iniciativas que conllevan naturalmente un abanico de perspectivas indispensables en la construcción del conocimiento y el desarrollo de procesos autogestivos.

Con perspectiva de género, la universidad reconoce su vocación de imparcialidad e igualdad; con una perspectiva de derechos, recatamos del ámbito de la rentabilidad lo que en justicia nos corresponde; desde una perspectiva de la diversidad, recuperamos nuestra verdadera riqueza, alejados de prejuicios y marginación. Por último, aunque no menos importante, hablar de cuidados sin considerar la perspectiva de la sostenibilidad, es una empresa estéril.

Si bien todos los beneficios que he adjudicado a los laboratorios ciudadanos para recuperar a la universidad son posibles y verificables, primero hemos de lograr que nuestras instituciones de educación superior se reconozcan como afectadas por las problemáticas globales y como responsables de solucionarlas. Contagiadas al grado de apartar la mirada de la productividad, para darle el papel protagónico al bienestar. Habitadas por la convicción de que en nuestra currícula, nada de lo humano nos sea ajeno y por el principio democrático de “nada sobre nosotrxs, sin nosotrxs”. Recuperar la universidad es “asumir que en la compleja y mercantilizada realidad actual, la relevancia de la universidad depende (…) de su capacidad para vincularse a las comunidades a las que sirve, de ocuparse de los problemas del mundo, de esforzarse por abrir el saber (González, 2022). 


Referencias

Andrés, Iu. (2 abril 2019). Entrevista con Rosi Braidotti: Necesitamos una transformación radical, siguiendo las bases del feminismo, el antirracismo y el antifascismo. Centre de Cultura Contemporània de Barcelona. https://lab.cccb.org/es/rosi-braidotti-necesitamos-una-transformacion-radical-siguiendo-las-bases-del-feminismo-el-antirracismo-y-el-antifascismo/. Recuperado el 30 de junio, 2022.

Cayuela Gally, Ricardo (31 marzo 2002). Entrevista con Fernando Savater. Letras Libres. https://letraslibres.com/revista-espana/entrevista-con-fernando-savater/. Recuperado el 30 de junio, 2022.

González, Alfonso (10 mayo 2022). Laboratorio para la libertad. El País Educación. 

https://elpais.com/educacion/2022-05-10/laboratorio-para-la-libertad.html. Recuperado el 30 de junio, 2022.

Gopnik, Alice. (2016). The gardener and the carpenter: what the new science of child development tells us about the relationship between parents and children. New York, NY: Farrar, Straus and Giroux. 

Reitherman, Wolfgang. (Director). (1963). La espada en la piedra [Film]. Walt Disney.

Vallaeys, François. (2014). La responsabilidad social universitaria: un nuevo modelo universitario contra la mercantilización. Revista Iberoamericana de Educación Superior5(12), 105–117. https://0-doi-org.biblioteca-ils.tec.mx/10.1016/S2007-2872(14)71945-6

LOURDES EPSTEIN Líder Nacional de la Iniciativa de Laboratorios Ciudadanos Tecnológico de Monterrey

Twitter @lourdesepstein


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