Los meritos académicos pesan menos que el origen social y el género en el futuro profesional

Informe "Who Rides Out the Storm? The Immediate Post-College Transition and its Role in Socioeconomic Earnings Gaps" National Bureau of Economic Research

Pablo Santana

Los universitarios de familias con menos recursos ganan sensiblemente menos que sus compañeros de origen acomodados incluso cinco años después de graduarse, y la clave está en el primer empleo que consiguen. El hallazgo procede de un estudio de Judith Scott-Clayton, Veronica Minaya, CJ Libassi y Joshua KR Thomas, difundido como documento de trabajo del National Bureau of Economic Research (NBER) del que nos daba cuenta Ismael Sanz

​CECILIA LLOP


Origen social y primer empleo

El trabajo «Who Rides Out the Storm? The Immediate Post-College Transition and its Role in Socioeconomic Earnings Gaps» del National Bureau of Economic Research analiza a unos 80.000 graduados de un gran sistema público urbano de educación superior en Estados Unidos, enlazando expedientes universitarios con datos laborales. El estatus socioeconómico se mide por la recepción de becas Pell, el principal programa federal para estudiantes de bajos ingresos, lo que permite comparar de forma muy precisa a graduados de distinta renta familiar.​

Incluso controlando por instituto de procedencia, notas, evaluación en el SAT, universidad, carrera, expediente, tiempo hasta graduarse y empleo durante los estudios, persisten brechas salariales claras entre titulados de familias con menos y más ingresos cinco años después. El origen social emerge como la variable más determinante , por encima de diferencias de estudio, universidad o rendimiento académico, en la explicación de los ingresos posteriores.​

El origen social emerge como la variable más determinante , por encima de diferencias de estudio, universidad o rendimiento académico, en la explicación de los ingresos posteriores

Una brecha que no cierran los méritos

La universidad sigue proporcionando una prima salarial respecto al bachillerato, pero no compensa del todo el punto de partida familiar. Entre quienes siempre recibieron beca Pell (baja renta) y quienes nunca la recibieron (alta renta), la diferencia media de ingresos en el quinto año ronda el 12%, considerando solo a quienes están empleados.​

Tras ajustar por características previas y experiencia universitaria, los graduados de menor renta ganan alrededor de 4.900 dólares menos anuales que sus pares de mayor renta cinco años después. Esta brecha ajustada es mayor que la diferencia atribuible al origen racial y representa más de la mitad del diferencial salarial entre hombres y mujeres que se observa en la misma muestra.​

La trampa del primer empleo

El estudio concentra su aportación en la primera transición laboral : cuándo y dónde se coloca el graduado, con qué salario inicial y en qué tipo de empresa. Se define “primer empleo” como la primera relación laboral que dura al menos tres trimestres consecutivos tras la graduación, separándola de trabajos puntuales o arrastres de empleos de estudiante.​

Los datos muestran que la entrada al mercado es turbulenta para muchos jóvenes: entre los graduados de 2017, casi uno de cada cuatro tuvo ingresos por debajo del umbral de pobreza en su primer año completo tras acabar la carrera, y algo más de uno de cada cuatro pasó al menos un trimestre sin ingresos. Entre los jóvenes de menor renta, estos episodios de precariedad y vacíos de ingresos son más frecuentes, lo que aumenta la presión por aceptar el primer puesto disponible, aunque sea de baja proyección​.

Entre los jóvenes de menor renta, estos episodios de precariedad y vacíos de ingresos son más frecuentes, lo que aumenta la presión por aceptar el primer puesto disponible, aunque sea de baja proyección​

Dos tercios de la brecha se crean en el inicio

La pregunta central es cuánto de la desigualdad salarial puede atribuirse a ese primer paso laboral, una vez que se han igualado las cartas académicas de salida. Las conclusiones son contundentes: las diferencias en el primer empleo explican cerca de dos tercios de la brecha de ingresos por origen socioeconómico cinco años después de graduarse.​

El salario inicial por sí solo da cuenta de en torno al 54% de esa diferencia “residual”: cada 1.000 dólares extra en el sueldo anualizado del primer puesto se asocian con unos 700 dólares más de ingresos en el quinto año. Al agregar el tipo de empresa, el sector, el vínculo entre estudios y actividad, y la movilidad entre trabajadores, la brecha ajustada cae de 4.900 a unos 1.700 dólares anuales, lo que confirma el peso decisivo de la primera inserción laboral​.

Sector, tamaño de empresa y campo de estudios.

Importa el salario de entrada, pero también dónde se inicia la carrera profesional. Quienes comienzan en empresas grandes, con salarios medios altos y en sectores relacionados con su campo de estudios, presentan ingresos muy superiores cinco años después. En particular, trabajar en firmas con salarios medios elevados y situarse inicialmente por debajo de ese promedio abre más margen de mejora salarial interna y está vinculado a mayores ingresos futuros, incluso controlando por el propio salario de arranque.​

Los titulados de familias de baja renta tienden a concentrarse más en empresas con salarios medios inferiores y aceptan sueldos iniciales más bajos que sus compañeros de mayor renta con expedientes similares. Aunque a veces su salario representa un porcentaje algo mayor de la media de la firma, el “techo” de crecimiento que les ofrece esa empresa es menor, lo que contribuye a anclar sus trayectorias en tramos salariales más bajos.​

Importa el salario de entrada, pero también dónde se inicia la carrera profesional. Quienes comienzan en empresas grandes, con salarios medios altos y en sectores relacionados con su campo de estudios, presentan ingresos muy superiores cinco años después

Género, raza y peso del origen social

El estudio también analiza las brechas de ingresos por género y por origen racial, pero el origen social resulta más determinante en la explicación de las diferencias salariales. Cinco años después de graduarse, las mujeres ganan menos que los hombres, incluso ajustando por carrera, universidad, notas y experiencia, lo que refleja patrones de segregación ocupacional y factores de discriminación o de normas sociales.​

En el caso del origen racial y étnico, los autores encuentran brechas claras entre graduados blancos, negros, hispanos y asiáticos, que persisten tras el ajuste por currículo académico y universitario. Sin embargo, una vez introducidos en el modelo el estatus socioeconómico y las características del primer empleo, una parte relevante de las diferencias por raza y género se solapa con las desventajas asociadas al origen social y la calidad del primer puesto, reforzando la idea de que el punto de partida socioeconómico es el eje estructurante de la desigualdad.​

El origen social resulta más determinante que el género o la raza en la explicación salarial

Estrés económico y protección insuficiente

El estudio documenta también el estrés económico en los primeros años de vida laboral. Aproximadamente un 9% de los graduados solicitan prestaciones por desempleo en los dos primeros años tras acabar la carrera, una cifra inferior al porcentaje que pasan periodos sin ingresos, lo que apunta a obstáculos de elegibilidad o de acceso al sistema de protección​.

Los graduados de baja renta no muestran menores tasas de empleo cinco años después, pero sí recurren más a las prestaciones de desempleo en los primeros 24 meses, lo que indica transiciones más frágiles y elevados episodios de paro o subempleo. Esa mayor vulnerabilidad en el arranque contribuye a orientar sus decisiones hacia empleos de supervivencia, con menor potencial de crecimiento, consolidando así la penalización inicial.​

Una nueva frontera para la política educativa

Los autores subrayan que trabajan con una sola gran universidad pública urbana, pero el patrón encaja con evidencias previas sobre los efectos duraderos de entrar en el mercado en malas condiciones o en empresas con menos oportunidades de promoción. La lección principal es que las políticas de equidad no pueden limitarse al acceso y la permanencia en la universidad: el acompañamiento a la primera inserción laboral, especialmente de los graduados de menor renta, es ya una pieza central de la agenda de movilidad social.​

A partir de la evidencia recopilada —y puesta en el radar gracias a Ismael Sanz— ganan peso propuestas como reforzar la orientación profesional, mejorar las redes de acceso a empresas de alto potencial y ofrecer apoyos específicos durante la búsqueda del primer empleo para titulados de origen más desfavorecidos. Si el primer puesto explica la mayor parte de la brecha, la ventana para intervenir se abre precisamente en ese momento crítico de transición entre el campus y el mercado de trabajo.

Acceso al informe «Who Rides Out the Storm? The Immediate Post-College Transition and its Role in Socioeconomic Earnings Gaps»


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CECILIA LLOP EsdiES


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