En un momento en que el conocimiento se ha convertido en uno de los principales vectores de poder económico, tecnológico y geopolítico, una decisión aparentemente académica obliga a replantear una cuestión de fondo: qué significa hoy validar conocimiento avanzado y qué papel debe desempeñar el doctorado en la arquitectura estratégica de los sistemas científicos. Lo que podría interpretarse como una reforma procedimental revela, en realidad, una disputa silenciosa sobre la función de la universidad, la articulación entre investigación e innovación y la posición de Europa en la economía global del conocimiento.
MIGUEL COPETTO
Redefinición del criterio de validación científica
El pasado 5 de febrero, la revista Nature llamó la atención sobre un cambio cuyo alcance trasciende el plano pedagógico: universidades chinas han comenzado a otorgar doctorados basados en la presentación de productos tecnológicos funcionales, en sustitución de la tradicional tesis textual.
No está en cuestión únicamente una modificación de procedimiento. Está en cuestión una redefinición implícita del propio criterio de validación del conocimiento avanzado. Cuando la madurez científica pasa a ser reconocida no solo por la capacidad de describir un problema, sino también por la capacidad de resolverlo, el doctorado deja de ser exclusivamente un rito académico y pasa a integrarse en la arquitectura más amplia de la capacidad tecnológica.
Es en este punto donde la cuestión deja de ser estrictamente académica.
Entre las instituciones implicadas se encuentra el Instituto de Tecnología de Harbin, una de las universidades centrales del sistema científico chino. Al admitir que un doctorado pueda concluirse mediante la presentación de una solución tecnológica funcional, se desplaza el eje de la validación científica: de la demostración discursiva del conocimiento a la demostración de capacidad. No se trata de un detalle técnico. Se trata de una decisión sobre el papel del conocimiento en el modelo de desarrollo.
Cuando la madurez científica pasa a ser reconocida no solo por la capacidad de describir un problema, sino también por la capacidad de resolverlo, el doctorado deja de ser exclusivamente un rito académico y pasa a integrarse en la arquitectura más amplia de la capacidad tecnológica
Una interrogación pendiente en Europa
Esta evolución obliga a reconsiderar una cuestión que el sistema universitario europeo ha venido posponiendo: ¿cuál es hoy la función del doctorado?
La interrogación, en realidad, no es completamente nueva. En junio de 2006, EMBO Reports, publicación de la European Molecular Biology Organization, planteaba una duda que anticipaba muchas de las tensiones actuales: ¿esta el sistema de doctorado formando investigadores según una lógica que ya no coincidía con su capacidad de absorción institucional? La pregunta surgía desde el interior de la propia comunidad científica. No era una crítica externa, sino una señal de conciencia interna.
Tal vez el diagnóstico ya estaba presente. Lo que ha cambiado, entretanto, es el contexto histórico en el que esta cuestión se plantea.
El doctorado como construcción institucional europea
El doctorado constituye una construcción institucional profundamente arraigada en la tradición de la universidad moderna europea. En el modelo humboldtiano, la investigación libre y la formación científica avanzada se organizaban en torno a una comunidad intelectual autónoma. El doctorado representaba el punto de entrada a ese espacio. Era, al mismo tiempo, certificación de competencia y mecanismo de reproducción de una determinada concepción de la universidad y del conocimiento.
Durante gran parte del siglo XX, este modelo resultó coherente con la evolución de los sistemas universitarios. La expansión de las instituciones y el crecimiento de la investigación permitían absorber una proporción significativa de los nuevos doctores. La reproducción académica respondía a una necesidad estructural del propio sistema. Hoy, ese equilibrio se ha alterado.

El desajuste estructural entre formación doctoral y mercado académico
Informes recientes de la National Science Foundation, en particular el Survey of Earned Doctorates y el Survey of Doctorate Recipients, muestran que solo una fracción de los doctores formados en Estados Unidos accede a posiciones académicas permanentes en los años posteriores a la obtención del grado, especialmente en las ciencias sociales y las humanidades. Una proporción significativa desarrolla su actividad fuera de la academia o permanece en posiciones temporales. El desajuste ha dejado de ser coyuntural. Se ha convertido en estructural.
Pero la cuestión no se limita a la relación entre doctorado y carrera académica.
solo una fracción de los doctores formados en Estados Unidos accede a posiciones académicas permanentes en los años posteriores a la obtención del grado
Conocimiento como activo estratégico en la economía contemporánea
El contexto en el que el conocimiento se produce, se aplica y se moviliza ha experimentado una transformación profunda. La inteligencia artificial, la transición energética, la digitalización de la economía y la reorganización de las cadenas globales de valor han situado el conocimiento en el centro de la capacidad competitiva de los sistemas económicos. El conocimiento ha dejado de ser únicamente un bien académico. Se ha convertido en un activo estratégico.
En este contexto, el doctorado adquiere un significado que trasciende el plano institucional de la universidad. Constituye uno de los principales mecanismos de formación de capital humano altamente cualificado. Su organización influye directamente en la capacidad de producción científica, en la transferencia de conocimiento y en la articulación entre investigación e innovación.
Es en este plano donde la organización del doctorado adquiere relevancia estratégica.
El doctorado adquiere un significado que trasciende el plano institucional de la universidad
Doctorado, ecosistemas de innovación y articulación institucional
La forma en que el doctorado está estructurado condiciona la articulación entre universidad, sistema productivo y el conjunto de instituciones que participan en la producción, transferencia y utilización del conocimiento avanzado. Influye en la capacidad de formar investigadores que participan no solo en la producción de conocimiento, sino también en su aplicación en contextos tecnológicos, industriales y sociales. Influye, en última instancia, en la capacidad de un sistema económico para sostener trayectorias de desarrollo basadas en el conocimiento.
Históricamente, la universidad europea estructuró el doctorado según una lógica predominantemente orientada a la reproducción académica. Este modelo produjo ciencia de excelencia y contribuyó decisivamente al desarrollo científico europeo. Pero el contexto en el que operaba era distinto. La universidad ocupaba una posición más central y más exclusiva en la producción y validación del conocimiento avanzado.
Hoy, el conocimiento se produce en ecosistemas más amplios, en los que universidades, centros tecnológicos y empresas con capacidad propia de investigación participan directamente en la producción científica y tecnológica. En este nuevo marco, la organización de la formación doctoral ha dejado de ser una cuestión exclusivamente académica. Se ha convertido en una variable relevante en la capacidad de movilización del conocimiento y en la articulación entre investigación y desarrollo.
Hoy, el conocimiento se produce en ecosistemas más amplios, en los que universidades, centros tecnológicos y empresas con capacidad propia de investigación participan directamente en la producción científica y tecnológica
Finalidad, no solo formato: la decisión estratégica
No se trata de instrumentalizar el doctorado ni de subordinar la universidad a una lógica estrictamente económica. Se trata de reconocer que la forma en que la formación avanzada es concebida influye profundamente en la posición de un sistema científico y tecnológico en el contexto internacional.
Es desde esta perspectiva que decisiones como las observadas en el sistema universitario chino adquieren significado estratégico. No porque sustituyan una tesis por un producto, sino porque reflejan una integración explícita entre formación avanzada y estrategia tecnológica.
Europa no necesita replicar ese modelo. Pero no puede ignorar la cuestión que pone de manifiesto.
Reducir programas puede producir ajustes cuantitativos. Preservar el modelo existente garantiza continuidad institucional. Pero ninguna de estas respuestas afronta la cuestión central, que no es de naturaleza operativa ni organizativa. Es una cuestión de finalidad.
No se trata de instrumentalizar el doctorado ni de subordinar la universidad a una lógica estrictamente económica
El doctorado como variable estructural de capacidad
El doctorado constituye el nivel más elevado de formación universitaria. En él se condensa una determinada concepción de la universidad, del conocimiento y de su relación con la sociedad. Interrogar el doctorado es, por tanto, interrogar el propio papel de la universidad en un contexto en el que el conocimiento se ha convertido en un elemento estructural de la capacidad científica, tecnológica y económica.
En este plano, lo que está en juego no es únicamente el número de doctores formados ni el formato de las tesis producidas, sino la claridad respecto a la función que la formación avanzada debe desempeñar en el marco más amplio de las estrategias de desarrollo y autonomía científica.
La cuestión que se plantea a la universidad europea no es, por tanto, meramente institucional. Es una cuestión de capacidad estratégica. La forma en que el doctorado es concebido y estructurado influye directamente en la capacidad de producir conocimiento avanzado, de transferirlo al tejido económico y de sostener trayectorias de innovación tecnológica autónoma.
La forma en que el doctorado es concebido y estructurado influye directamente en la capacidad de producir conocimiento avanzado, de transferirlo al tejido económico y de sostener trayectorias de innovación tecnológica autónoma
Europa en la economía global del conocimiento
En un contexto en el que el conocimiento se ha convertido en uno de los principales factores de poder, la organización de la formación doctoral ha dejado de ser una materia circunscrita al ámbito universitario. Se ha convertido en una variable relevante en la capacidad de los países y de la propia Europa para afirmar su posición en un sistema internacional marcado por una creciente competencia tecnológica, por la acción de grandes empresas con capacidad científica propia y por la emergencia de nuevos polos globales de innovación.
En este marco, la formación doctoral deja de ser únicamente una dimensión de la organización universitaria. Pasa a formar parte de las condiciones estructurales que determinan la capacidad de producir, movilizar y aplicar conocimiento en contextos de elevada intensidad tecnológica.
Lo que está en juego no es el futuro de un grado académico. Es la posición de Europa en la economía global del conocimiento.

Miguel Copetto
Director Executivo APESP- Associação Portuguesa do ensino Superior Privado






