En un momento en que los líderes políticos vacilan, el mundo académico debe ser una voz activa y crítica que ayude a definir nuevos modelos de convivencia global. Este análisis destaca el acelerado reposicionamiento geopolítico mundial y las crecientes debilidades del liderazgo europeo en un contexto de alianzas inestables y multilateralismo fragmentado. La influencia de Donald Trump en Estados Unidos y el avance de potencias como China, Rusia e India han desafiado el orden global, mientras que en Europa las respuestas políticas siguen siendo dispersas y reactivas.
En este escenario, las universidades emergen como actores estratégicos, capaces de ofrecer una visión independiente y contribuir al fortalecimiento de las relaciones internacionales, como lo demuestra la reciente propuesta de un Espacio Común Eurolatinoamericano de Educación Superior.
MIGUEL COPETTO
Reconfiguración geopolítica mundial: desafíos y oportunidades para Europa
La geopolítica mundial se está reposicionando rápidamente. La elección de Donald Trump en Estados Unidos, combinada con la creciente influencia de los principales países BRICS, como Rusia, China e India, ha traído nuevas alianzas y un multilateralismo fragmentado, temático e inestable. En este nuevo ajedrez, Europa muestra persistentes debilidades en su liderazgo político.
Los distintos gobiernos europeos están desorientados, adoptando estrategias ad hoc para hacer frente a problemas profundos. Los viejos idealismos políticos han perdido sus raíces ideológicas, y el enfrentamiento entre el wokismo y la extrema derecha no ha fortalecido las democracias liberales ni mejorado la vida de los ciudadanos. Además, los compromisos internacionales a menudo sólo se cumplen parcialmente. Un claro ejemplo son los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030, cuyo avance se limita al 17%, a solo cinco años de la meta.
Para hacer frente a este escenario, Europa necesita reafirmar sus valores fundamentales, tanto ideológica como institucionalmente, asumiendo un papel activo en un mundo en el que a menudo se ha cuestionado su relevancia. Si la construcción de la Unión Europea fue un avance civilizatorio, ahora este espacio democrático debe reforzar sus alianzas con países y regiones con proximidad histórica, promoviendo relaciones económicas, educativas y culturales más estables y duraderas.
Europa necesita reafirmar sus valores fundamentales, tanto ideológica como institucionalmente, asumiendo un papel activo en un mundo en el que a menudo se ha cuestionado su relevancia
El papel clave de las universidades en la configuración de un futuro común
Las universidades, por su credibilidad y tradición, desempeñan un papel decisivo en esta estrategia. Como centros de excelencia en educación, tecnología, innovación y ciencia, representan una masa crítica intelectual capaz de ofrecer una visión independiente e informada, contribuyendo (mediante la docencia, la investigación y la divulgación académica a través de redes transeuropeas) a configurar decisiones estratégicas que beneficien tanto a las sociedades locales como al equilibrio internacional, promoviendo la paz, la cooperación y el desarrollo sostenible no sólo entre gobiernos, sino también entre las sociedades civiles.
Un ejemplo concreto de esta capacidad transformadora fue la reciente reunión en Heredia, Costa Rica, donde rectores, académicos, investigadores y estudiantes de América Latina, el Caribe y la Unión Europea propusieron en un comunicado a los Jefes de Estado y de Gobierno la creación de un Espacio Común Eurolatinoamericano de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación.
Publicado en El Observador
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MIGUEL COPETTO
Director Ejecutivo de la Asociación Portuguesa de Enseñanza Superior Privada (APESP)






