“Si se invirtiera en docencia de calidad, si se reconociera esto en la carrera académica, los profesores universitarios tendrían más tiempo para codiseñar procesos de aprendizaje que generen conocimiento cocreado con los estudiantes, porque hacer esto exige mucho más tiempo que dar formación a la antigua, la que se basa solo en transferir conocimiento.” Según señala Amalio Rey, director de Emotools.
Amalio Rey es director de Emotools, consultor y divulgador reconocido por su pensamiento innovador sobre creatividad, gestión del conocimiento y transformación educativa. Con una trayectoria amplia en el impulso de la innovación abierta y el aprendizaje colaborativo, se ha consolidado como una de las voces más lúcidas y humanistas en el debate sobre cómo repensar la relación entre conocimiento, empresa y universidad.
¿Se puede aprender algo significativo en el siglo XXI separado de la realidad concreta en la que se produce?
No creo que la universidad rechace eso o se plantee esa separación. Van rezagadas pero no tanto. Para mí, el gran cáncer son los rankings y el excesivo peso que estos rankings dan a las publicaciones. También cómo está diseñada la carrera académica, la promoción según méritos, que van en dirección contraria a ese objetivo de conectar con la realidad.
Para mí, el gran lío es que el único incentivo que existe para conectar con las empresas es por dinero, es el financiero, porque el tipo de generación de conocimiento que se premia en la carrera académica tiene un difícil encaje colaborando con el tipo de organizaciones que hay en la comunidad y el área de influencia de las universidad. Para publicar a partir de esa colaboración, tienes que apuntar muy alto, a socios que hacen I+D, y eso deja fuera a gran parte del ecosistema.
Hay un problema grave de desalineación de incentivos, al menos si contemplas los académicos. Por eso, cuando el personal universitario coopera con las empresas, lo hace mayoritariamente para captar ingresos (€), y esto tiene mala prensa. Genera un sesgo de autoselección que tipifica (o estigmatiza) a ciertos profesores.
Por otra parte, la idea de “students as partners” (estudiantes como creadores de conocimiento) necesita de más conexión con la realidad, pero, sobre todo, de un cambio de mentalidad por parte del profesorado. Y en el fondo del fondo de esto, tenemos lo que ya escribí: un desprecio por la docencia.
Si se invirtiera en docencia de calidad, si se reconociera esto en la carrera académica, los profesores universitarios tendrían más tiempo para codiseñar procesos de aprendizaje que generen conocimiento cocreado con los estudiantes, porque hacer esto exige MUCHO MAS TIEMPO que dar formación a la antigua, la que se basa solo en transferir conocimiento.
cuando el personal universitario coopera con las empresas, lo hace mayoritariamente para captar ingresos (€), y esto tiene mala prensa. Genera un sesgo de autoselección que tipifica (o estigmatiza) a ciertos profesores
Cada vez es más frecuente en las empresas la figura del “Chief Learning Officer”. ¿Cómo están cambiando las empresas en cuanto a considerarse espacios de gestión del aprendizaje y del conocimiento, por así decirlo, en “cuasi universidades”?
Están cambiando, eso es cierto. Y era hora. Pero no tengo tan claro que esto de los CLO (“Chief Learning Officer”) sea algo realmente genuino, asumido e integrado en la cultura de esas empresas (no hay manera de conseguir el resultado buscado si no se integra eso en la cultura organizativa). Muchas se apuntan por moda, por usar y sacar a pasear la nomenclatura, que tienen un cargo así, porque saben que eso da reputación de modernez
Yo no las veo como universidades, ni lo serán. Aquí yo tengo una pelea fuerte, porque defiendo que el aprendizaje en la universidad es distinto al que se da en las empresas, y que eso es lo que hace distinta a la universidad.
Por eso defiendo esto, que es contraintuitivo: «Es habitual oír críticas como «la universidad está desconectada del mercado» y, aunque algo de verdad hay en ello, lo que no se dice tanto es que esa distancia puede ser su mayor valor. Conectar la universidad con el mundo profesional puede ser útil, sí, pero desconectarla también»
Ni las universidades pueden ser empresas, ni las empresas universidades. Cada uno tiene su papel y su espacio bien diferenciado. Lo que tienen que hacer es colaborar, pero sin traicionar su rol.
Debería haber un “contrato de aprendizaje” mucho más claro, más orientado a ese enfoque. Esto me parece algo relativamente fácil de conseguir
¿Hasta qué punto las prácticas son una expresión más de una relación de confianza, e incluso de cocreación de conocimiento, entre la empresa y la universidad?
Las prácticas en empresas son una buena idea. No cabe duda. Pueden ser un “anticipo” de la experiencia laboral, una oportunidad para seguir aprendiendo con una visión más aplicada, durante el tiempo que la hacen y también cuando regresan a los estudios. Esas prácticas pueden ser una oportunidad de CoCreación, pero para que eso ocurra, deben diseñarse mejor entre la universidad que envía los alumnos y las empresas que los acogen.
Debería haber un “contrato de aprendizaje” mucho más claro, más orientado a ese enfoque. Esto me parece algo relativamente fácil de conseguir. Sería interesante que en ese período de prácticas, se fijen “objetivos de aprendizaje” muy claros, y ambiciosos.

¿Qué ventajas tiene para una empresa conocer a sus futuros trabajadores en el proceso de aprendizaje que suponen las prácticas?
Tiene muchas ventajas, siempre y cuando las empresas que los acogen los vean realmente como sus potenciales “futuros trabajadores”, y eso es algo que hay que preparar bien. Las empresas que reciban estudiantes en prácticas con esa mirada, con ese objetivo, lo van a hacer mucho mejor que las que usan este programa para otros fines más cortoplacistas.
Conozco empresas que hacen esto muy bien, que aprovechan esas prácticas para seducir a esos estudiantes, con el fin de que quieran volver después. “Seducir” no solo porque los traten bien, sino también porque les ponen retos de aprendizajes que les motivan. Esto de ponerles retos es bueno tanto para la empresa como para los alumnos.
Los Asociados o externos sienten que no son tratados igual que los titulares, y se ven solo como un complemento para la docencia
¿Qué ventajas tiene para las universidades disponer de profesionales procedentes de la empresa entre sus profesores?
Muchas ventajas, como era de esperar. Y esto aporta más en la medida que se favorece la polinización cruzada entre esos profesores (habitualmente asociados) y los que son puramente académicos, que no es algo que siempre se dé. A menudo se relacionan y se enriquecen mutuamente muy poco, se mueven en espacios distintos. Los Asociados o externos sienten que no son tratados igual que los titulares, y se ven solo como un complemento para la docencia.
Esos profesores son el puente ideal para facilitar después contratos de práctica con las empresas donde trabajan, conocen a alumnos que pueden proponer para esas prácticas y, lo que me parece más interesante (si se aprovecha), introducen una visión aplicada, que enriquece a la académica. Pero, insisto, para que esto ocurra, tiene que haber más polinización entre los dos tipos de profesores. Y esa colaboración tiene que ser gestionada genuinamente entre iguales.
Aquí yo tengo una pelea fuerte, porque defiendo que el aprendizaje en la universidad es distinto al que se da en las empresas, y que eso es lo que hace distinta a la universidad
¿Favorece el marco actual la presencia de profesores universitarios públicos que compartan su conocimiento y aprendan también en las empresas?
Que yo sepa, no hay marcos normativos públicos, estables y garantistas, para asegurar esto. Responde, más bien, a iniciativas de universidades concretas. Esto me parece estupendo para los propios profesores, pero también para las empresas.
Aquí, de nuevo, volvemos al problema de siempre: alinear incentivos, para que las dos partes tengan ganas de hacerlo y se beneficien de la experiencia. Creo que ayuda que se diseñen “proyectos de movilidad”, con objetivos concretos de aprendizaje, en las dos direcciones. Que antes de que el profesor o profesora inicie su período en la empresa, se discutan objetivos y se haga un plan de aprendizaje, para que se aproveche bien ese tiempo.

¿Se está abriendo una brecha entre los estudiantes de las universidades públicas y privadas debido a las condiciones de acceso a las prácticas externas en empresas?
Es bastante probable, pero me faltan datos para asegurarlo. Mi respuesta (solo intuitiva) es que sí, porque las universidad privadas “venden” esa ventaja en su propuesta de valor, y dedican recursos a gestionar bien esa parte, porque saben que es uno de sus fuertes, dentro de la oferta educativa que tratan de diferenciar de las públicas. Tengo más dudas sobre ese “contrato de aprendizaje” que gestionan con las empresas, si es que existe algo así. No sé si las prácticas externas que acuerdan con las empresas cuidan bien esto.
¿Tienen sentido las prácticas en un formato 100 % en línea?
Casi nada tiene sentido 100% en línea. Y menos las prácticas, que son una oportunidad para ver otros mundos, otras realidades, distintas a las académicas. Creo que las prácticas, más que cualquier otra cosa, recomiendan más contacto con la realidad, salir de las pantallas y de las aulas. Aparte del aprendizaje directo, el técnico, hay un aprendizaje cultural, de “vivir la empresa”, que en lo digital no existe.
En mi opinión, los estudiantes en las prácticas deberían hacer exactamente lo mismo que los trabajadores de las empresas que los acogen. Esto significa que si hacen prácticas en una empresa que funciona “totalmente en digital”, sí puede tener algo de sentido, pero recomendaría siempre hacerlas en otras donde haya más contacto presencial.
En mi opinión, los estudiantes en las prácticas deberían hacer exactamente lo mismo que los trabajadores de las empresas que los acogen
¿Cuáles son las barreras fundamentales, desde la posición de las empresas, para la acogida de estudiantes en prácticas? ¿Cómo podemos ir superándolas?
No estoy muy informado de esto. Mi opinión es poco fiable aquí. Son meras suposiciones:
- Falta de recursos profesionales para atender a los estudiantes
- Desajuste entre lo que saben los estudiantes y las necesidades profesionales de las empresas para los puestos que ocupan en las prácticas
- (supongo que) burocracia universitaria para gestionar esos contratos
- Posibles resistencias de los equipos de la empresa a acoger a estudiantes que los distraen de su trabajo principal
ENTREVISTA ALFONSO GONZÁLEZ Y CECILIA LLOP





