La calidad universitaria al margen de la demanda social

Informe Stakeholder involvement in quality assurance: ENQA thematic analysis 2025

FIRA Barcelona AGHM

La implicación de los grupos de interés se ha consolidado como un principio central de la garantía de calidad en la educación superior europea, asociada a ideas de legitimidad, apertura y modernización institucional. Sin embargo, Stakeholder involvement in quality assurance: ENQA thematic analysis 2025 muestra que, pese a su amplio reconocimiento formal, la participación sigue desplegándose de manera desigual , con una capacidad limitada para incidir de forma sustantiva en la gobernanza y en los procesos reales de aseguramiento de la calidad, así como centrada en colectivos muy cercanos y limitados.

CECILIA LLOP


La participación como exigencia normativa… y como promesa

El punto de partida del informe es claro: la implicación de stakeholders no es un añadido opcional, sino un requisito explícito de los Standards and Guidelines for Quality Assurance (ESG). En particular, los estándares 3.1 y 2.2 sitúan la participación en el corazón de la gobernanza y del diseño metodológico de las agencias de calidad. Sobre el papel, la cuestión está resuelta.

Sin embargo, el análisis de 50 revisiones externas realizadas entre 2020 y 2024 revela una brecha persistente entre norma y práctica. La mayoría de las agencias cumplen formalmente con los ESG, pero lo hacen a menudo desde una lógica de mínimos, centrada en demostrar conformidad más que en explorar el potencial crítico de la participación.

El informe sugiere, de forma implícita, que la participación se ha convertido en una categoría “obligatoria” pero todavía poco problematizada. Se asume que involucrar a stakeholders es positivo, pero rara vez se explicita para qué, en qué condiciones o con qué efectos esperados sobre la calidad.

La implicación de los grupos de interés se ha consolidado como uno de los ejes centrales del discurso sobre la garantía de calidad en la educación superior europea.

Quién cuenta como stakeholder (y quién no)

Uno de los hallazgos más reveladores del informe es la notable homogeneidad en los perfiles de stakeholders implicados. Académicos, estudiantes y profesionales externos concentran la inmensa mayoría de los espacios de participación. Su presencia está ya normalizada y, en muchos casos, institucionalizada.

Esta configuración tiene ventajas evidentes: aporta conocimiento experto, experiencia directa del aprendizaje y conexión con el mercado laboral. No obstante, el informe deja entrever una limitación estructural: el ecosistema de actores sigue siendo estrecho y relativamente conservador.

Otros posibles grupos de interés —organizaciones sociales, administraciones territoriales, colectivos profesionales emergentes o representantes de comunidades locales— apenas aparecen. La calidad se define, así, desde un círculo de actores familiar y controlable, lo que reduce la diversidad de miradas y, potencialmente, la capacidad de cuestionamiento del sistema.

Otros posibles grupos de interés —organizaciones sociales, administraciones territoriales, colectivos profesionales emergentes o representantes de comunidades locales— apenas aparecen. La calidad se define, así, desde un círculo de actores familiar y controlable, lo que reduce la diversidad de miradas y, potencialmente, la capacidad de cuestionamiento del sistema

Participar no es decidir: el problema de la influencia real

El informe distingue con claridad entre presencia y poder. Muchos stakeholders están sentados en comités, paneles o grupos de trabajo, pero su capacidad de influir en decisiones estratégicas es desigual y, en ocasiones, marginal. La participación existe, pero no siempre pesa.

En particular, ENQA señala que buena parte de los mecanismos participativos carecen de una formalización clara. No siempre están definidos los roles, las responsabilidades o los canales a través de los cuales las aportaciones se traducen en cambios concretos. Esto debilita la trazabilidad entre participación y resultado.

La consecuencia es una forma de participación simbólica: visible, auditable y fácilmente comunicable, pero con un impacto limitado en la orientación real de las políticas y metodologías de garantía de calidad. El informe no lo afirma de manera explícita, pero la evidencia acumulada apunta en esa dirección.

Muchos stakeholders están sentados en comités, paneles o grupos de trabajo, pero su capacidad de influir en decisiones estratégicas es desigual y, en ocasiones, marginal

Estudiantes: presentes, pero de forma desigual

La participación estudiantil ocupa un lugar central en el análisis y, al mismo tiempo, revela algunas de las mayores incoherencias del sistema. Los estudiantes están formalmente incluidos en muchas agencias y procesos, pero los paneles externos detectan grandes variaciones en cómo se valora su papel.

En algunos casos, los estudiantes participan activamente en paneles de evaluación y órganos consultivos. En otros, su presencia es más bien testimonial o limitada a funciones muy acotadas. Esta heterogeneidad genera evaluaciones inconsistentes y expectativas poco claras.

El informe sugiere que el problema no es solo operativo, sino conceptual. No existe una visión compartida sobre qué tipo de conocimiento aportan los estudiantes ni sobre cómo debe integrarse en los juicios de calidad. La participación estudiantil sigue siendo, en muchos contextos, una promesa más que una práctica consolidada.

No existe una visión compartida sobre qué tipo de conocimiento aportan los estudiantes ni sobre cómo debe integrarse en los juicios de calidad. La participación estudiantil sigue siendo, en muchos contextos, una promesa más que una práctica consolidada

Buenas prácticas… aún frágiles

ENQA identifica y valora positivamente varias prácticas que apuntan hacia modelos más maduros de participación. Entre ellas destacan los procesos colaborativos sostenidos, las iniciativas piloto para explorar nuevos formatos y los mecanismos de retroalimentación estructurada entre agencias y stakeholders.

Estas experiencias muestran que es posible pasar de una participación formal a una participación con sentido. Allí donde los stakeholders son involucrados de forma temprana, informada y recurrente, los procesos de garantía de calidad ganan en coherencia y legitimidad.

No obstante, el informe advierte que muchas de estas buenas prácticas dependen de liderazgos concretos o de contextos específicos. Al no estar plenamente institucionalizadas, su continuidad no está garantizada. La innovación participativa sigue siendo frágil.

muchas de estas buenas prácticas dependen de liderazgos concretos o de contextos específicos. Al no estar plenamente institucionalizadas, su continuidad no está garantizada. La innovación participativa sigue siendo frágil

La gran tensión: estandarizar o contextualizar

Uno de los debates más interesantes que atraviesa el informe es el relativo a la futura revisión de los ESG. Las inconsistencias detectadas en la evaluación de la participación sugieren la necesidad de mayor claridad normativa. Pero una regulación excesiva podría ahogar la adaptación a contextos nacionales y culturales diversos.

El texto deja abierta una pregunta clave: ¿hasta qué punto debe la participación estar normativamente prescrita? ¿Y hasta qué punto debe ser un principio flexible, interpretado localmente? Esta tensión entre estandarización y contextualización es central para el futuro de la garantía de calidad en Europa.

Más allá de los aspectos técnicos, lo que está en juego es una concepción de la calidad como proceso vivo o como procedimiento cerrado. El informe invita, aunque de forma contenida, a inclinarse por la primera opción.

¿hasta qué punto debe la participación estar normativamente prescrita? ¿Y hasta qué punto debe ser un principio flexible, interpretado localmente? Esta tensión entre estandarización y contextualización es central para el futuro de la garantía de calidad en Europa

Lo que el informe dice sin decirlo

Leído en profundidad, el análisis temático de ENQA apunta a una conclusión más amplia: la garantía de calidad europea ha avanzado mucho en transparencia y rendición de cuentas, pero menos en incorporar la participación como motor de aprendizaje institucional.

La implicación de stakeholders se ha normalizado como requisito, pero todavía no se ha asumido plenamente como fuente de conocimiento incómodo, capaz de cuestionar supuestos y reorientar prácticas. En ese sentido, la participación sigue siendo más gestionada que escuchada.

El valor del informe no reside solo en sus conclusiones explícitas, sino en las preguntas que deja abiertas. Si la calidad quiere ser algo más que cumplimiento normativo, la participación deberá dejar de ser un indicador y convertirse en una práctica verdaderamente transformadora.

El informe completo puede consultarse en Stakeholder involvement in quality assurance: ENQA thematic analysis 2025 y constituye una referencia clave para entender los límites actuales —y las posibilidades futuras— de la participación en la garantía de calidad en Europa.


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Cecilia González Llop Espacios de educación superior


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