IA* e IA, dos formas de inteligencia en diálogo                                                                  

El avance acelerado de la inteligencia artificial plantea una serie de interrogantes sobre el lugar de la inteligencia humana

En el presente artículo se explora la distinción conceptual entre la Inteligencia en Artificios (IA*), entendida como expresión creativa e intuitiva de la inteligencia humana, y la Inteligencia Artificial (IA), basada en modelos algorítmicos y aprendizaje automatizado. Se propone una reflexión crítica sobre la posibilidad de complementariedad entre ambas formas de inteligencia, en particular en el contexto educativo, donde convergen los desafíos éticos, tecnológicos y pedagógicos de la contemporaneidad.

ALBERTO D’ANDREA


Introducción

El avance acelerado de las tecnologías de inteligencia artificial plantea una serie de interrogantes sobre el lugar de la inteligencia humana en los procesos de creación, interpretación y toma de decisiones. En el ámbito educativo, estas preguntas cobran especial relevancia: ¿qué tipo de inteligencia estamos formando?, ¿qué lugar tiene lo humano frente a lo automatizable?, ¿puede una máquina enseñar o comprender en sentido pleno? Para abordar estas cuestiones, proponemos distinguir dos formas de inteligencia: la Inteligencia Artificial (IA) y lo que aquí denominamos Inteligencia en Artificios (IAA).

IAA. Inteligencia creativa, situada y artesanal

La IA* remite a la capacidad humana de inventar, diseñar y construir soluciones originales frente a problemas complejos, inciertos y contextuales. Se trata de una forma de inteligencia no reducible a datos ni algoritmos, sino sustentada en la experiencia, la intuición, la sensibilidad estética y la interpretación subjetiva. La IA* está presente en los procesos de invención tecnológica, pero también en las decisiones pedagógicas, en la creación artística, en la resolución de conflictos y en la construcción de sentido.

Esta inteligencia es flexible, abierta a la improvisación y atenta al entorno sociocultural. Se manifiesta especialmente en prácticas educativas innovadoras, donde no hay recetas predefinidas, sino una constante adaptación a las necesidades de los estudiantes, a los desafíos del contexto y a los objetivos ético-formativos de la enseñanza.

¿qué tipo de inteligencia estamos formando?, ¿qué lugar tiene lo humano frente a lo automatizable?, ¿puede una máquina enseñar o comprender en sentido pleno?

IA. Procesamiento automatizado y aprendizaje estadístico

La IA, por su parte, refiere a sistemas computacionales diseñados para simular ciertas capacidades cognitivas humanas mediante algoritmos, modelos estadísticos y aprendizaje automático. Es eficaz en el análisis de grandes volúmenes de datos, en la resolución de problemas estructurados y en la ejecución de tareas repetitivas o altamente precisas. Puede generar resultados que imitan creatividad o lenguaje humano, pero lo hace a partir de patrones ya existentes, sin comprensión genuina ni sensibilidad contextual. En el campo educativo, la IA ofrece herramientas potentes: plataformas adaptativas, análisis predictivo de desempeño, asistentes virtuales, entre otras. Sin embargo, su funcionamiento carece de la dimensión subjetiva que caracteriza a la IA*: no improvisa, no empatiza, no interpreta más allá de los datos disponibles.

¿Oposición o complementariedad?

Lejos de ubicarlas en una lógica de exclusión, proponemos pensar la IA* y la IA como formas de inteligencia distinta pero potencialmente complementarias. Mientras la IA puede asumir tareas de automatización, cálculo y organización de información, la IA*puede aportar diseño, dirección, sentido ético y contexto humano.

En el ámbito educativo, esta complementariedad podría traducirse en un nuevo paradigma pedagógico: docentes que integran inteligencias artificiales para optimizar recursos, pero sin delegar en ellas la dimensión formativa, crítica y humanizante de la enseñanza. La IA ejecuta; la IAA inventa. La primera procesa con velocidad; la segunda interpreta con profundidad.

docentes que integran inteligencias artificiales para optimizar recursos, pero sin delegar en ellas la dimensión formativa, crítica y humanizante de la enseñanza

Conclusión

Frente a una educación cada vez más atravesada por tecnologías inteligentes, resulta urgente revalorizar aquellas capacidades humanas que no pueden ser automatizadas: la creatividad, la empatía, el juicio ético, la capacidad de dar sentido. La IA*, entendida como inteligencia artesanal, situada y creadora, es un eje fundamental para pensar una educación crítica, innovadora y verdaderamente humana. En lugar de reemplazar a la inteligencia humana, la IA debería estar al servicio de ella. Solo así podremos construir un futuro en el que la tecnología amplíe, y no limite, nuestras posibilidades como sociedad.


Bibliografía

D’Andrea Alberto L. (2023). Neoeducación GPT. Espacios de Educación Superior. https://www.espaciosdeeducacionsuperior.es/08/11/2023/neoeducacion-gpt/

Gardner, H. (2010). Mentes creativas. Ediciones Paidós.

Mayer-Schönberger, V., & Cukier, K. (2013). Big Data: La revolución de los datos masivos. Turner Publicaciones.

Morin, E. (2000). La mente bien ordenada: repensar la reforma, reformar el pensamiento. Editorial Seix Barral.

Resnick, M. (2018). Lifelong Kindergarten: Cultivating Creativity through Projects, Passion, Peers, and Play. The MIT Press.


ALBERTO LUIS D’ANDREA, Director de Nanotecnología y Nuevas Tecnologías de la Universidad CAECE.


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