La educación en ciencias de la salud está en un punto de inflexión global que convierte este informe de Tendencias de aprendizaje y educación continua en salud 2026 de Unió Consorci Formació (UCF) y el Observatorio del Instituto para el Futuro de la Educación (IFE), en una referencia especialmente oportuna para las universidades españolas, llamadas a repensar cómo forman a los profesionales que sostendrán un sistema sanitario tensionado, digitalizado y crecientemente exigente en términos humanos y tecnológicos.
ALFONSO GONZÁLEZ HERMOSO DE MENDOZA
Por qué este informe llega en el momento justo
En 2030 se estima que la fuerza laboral sanitaria mundial alcanzará los 84 millones de profesionales, un 29% más que en 2020, pero con enormes desequilibrios regionales y un déficit previsto de 18 millones de trabajadores en países de ingresos bajos y medios para lograr la cobertura sanitaria universal, además de 9 millones de enfermeras y matronas adicionales para cumplir el ODS 3. Esta presión cuantitativa se acompaña de una transformación cualitativa: los sistemas sanitarios requieren perfiles capaces de trabajar con salud digital, inteligencia artificial, datos masivos, nuevos modelos de atención y demandas sociales de equidad, personalización y participación.
La encuesta internacional que sustenta el informe —1.156 profesionales, mayoritariamente de España (sobre todo Cataluña) y México, junto con otros países de América Latina, Norteamérica y Europa— confirma que las necesidades de formación atraviesan todos los niveles: grado, posgrado, residencias y educación continua. El 70% de las personas encuestadas trabaja en instituciones sanitarias, un 23% en universidades y el resto en ONG, consultoras, industria farmacéutica y empresas privadas, lo que otorga al diagnóstico una mirada amplia sobre las interdependencias entre universidad, sistema sanitario y otros actores.
los sistemas sanitarios requieren perfiles capaces de trabajar con salud digital, inteligencia artificial, datos masivos, nuevos modelos de atención y demandas sociales de equidad, personalización y participación
Retos de la formación de los futuros profesionales
Los expertos entrevistados coinciden en que el modelo tradicional, centrado en clases magistrales largas, aprendizaje pasivo y escasa participación estudiantil, ya no responde ni al tipo de problemas de salud que afrontan las sociedades ni al perfil de las nuevas generaciones. La pandemia de COVID‑19 actuó como acelerador y espejo: puso en evidencia tanto la capacidad de adaptación como las fragilidades de la educación sanitaria, especialmente en la integración de tecnologías, en la flexibilidad metodológica y en la capacidad de mantener la calidad formativa en contextos de crisis.
Entre los retos más señalados destacan:
- La necesidad de profesionales que combinen dominio clínico con competencias digitales, capacidad de interpretar datos, pensamiento crítico y trabajo en equipos interprofesionales.
- La exigencia de integrar salud mental, gestión del estrés y bienestar profesional como elementos estructurales de la formación, sobre todo desde la perspectiva de directivos y responsables de equipos, que priorizan estos aspectos como competencia clave de futuro.
- La transformación de la relación profesional‑paciente en contextos de alta digitalización, donde el paciente contrasta información en redes y buscadores, cuestiona más y espera una comunicación clara, empática y basada en evidencia.
Tanto los profesionales como los directivos coinciden en que las competencias digitales son hoy una prioridad, seguidas de habilidades comunicativas y relacionales, humanización y experiencia del paciente, trabajo multidisciplinar, pensamiento crítico y capacidad de análisis y toma de decisiones. La formación ya no puede limitarse a transmitir conocimientos, sino que debe entrenar juicio clínico, ética, liderazgo, inteligencia emocional e innovación en contextos complejos y cambiantes.
La formación ya no puede limitarse a transmitir conocimientos, sino que debe entrenar juicio clínico, ética, liderazgo, inteligencia emocional e innovación en contextos complejos y cambiantes
Elementos comunes y lecciones transversales para todas las universidades
Aunque el informe se nutre de experiencias de múltiples países y sistemas, identifica un conjunto de elementos comunes que afectan a cualquier universidad que forme profesionales de la salud. Entre ellos:
- Centralidad del estudiante y del aprendizaje activo: los enfoques basados en problemas, casos, retos, simulación y trabajo en equipo se consideran los métodos pedagógicos más efectivos actualmente, tanto por docentes como por equipos directivos.
- Integración sistemática de tecnología educativa: plataformas de e‑learning, simulación clínica, realidad virtual y aumentada, telemedicina y entornos virtuales de aprendizaje dejan de ser accesorios para convertirse en infraestructura básica de la formación sanitaria.
- Enfoque competencial e interdisciplinario: la educación médica basada en competencias, la educación interdisciplinar y el trabajo en equipos interprofesionales son tendencias centrales, porque la práctica real exige coordinar múltiples perfiles en torno al paciente y su contexto social.
- Evaluación y uso de datos para mejorar: la analítica de aprendizaje y el uso de grandes volúmenes de datos se consolidan como herramientas para personalizar la formación, detectar dificultades y talentos, ajustar la docencia y tomar decisiones pedagógicas más informadas.
Además, la encuesta muestra que la formación continua se apoya sobre todo en cursos, jornadas y talleres, tanto presenciales como en línea, complementados por aprendizaje en el puesto de trabajo, consulta de guías y bibliografía científica, sesiones clínicas y participación en comunidades de práctica. Esto subraya la necesidad de que las universidades piensen sus programas no como etapas cerradas, sino como nodos de un ecosistema de aprendizaje permanente en conexión con hospitales y otros proveedores.

La relevancia de UCF y del Instituto para el Futuro de la Educación
El informe nace de una alianza entre Uni Consorci Formació (UCF), iniciativa de formación continua en salud de la Unió, Associació d’Entitats Sanitàries i Socials y el Consorci de Salut i Social de Catalunya, y el Observatorio del Instituto para el Futuro de la Educación (IFE) del Tecnológico de Monterrey. UCF es un centro especializado que acompaña formativamente a más de 70 hospitales y 150.000 profesionales en Cataluña, con una media de 65.000 participantes anuales, lo que le otorga un conocimiento muy próximo de las necesidades reales de los servicios de salud.
Por su parte, el Instituto para el Futuro de la Educación del Tecnológico de Monterrey se ha consolidado como referente internacional en el análisis del futuro educativo, con un observatorio pionero en recursos educativos abiertos y en seguimiento de tendencias clave de innovación pedagógica. Desde la Unidad de Investigación e Innovación en Ciencias de la Salud del IFE, el Tecnológico de Monterrey trabaja con TecSalud para articular educación, práctica clínica, investigación e innovación como pilares de una estrategia 2030 que busca situar las ciencias de la salud como plataforma líder en México y América Latina.
Esta combinación de un consorcio de formación continua profundamente enraizado en el sistema sanitario catalán con un instituto universitario de alcance internacional ofrece una doble legitimidad: proximidad y experiencia práctica, por un lado, y visión comparativa y prospectiva, por otro. De ahí que el informe se presente explícitamente como una herramienta para orientar decisiones estratégicas, identificar prioridades y concentrar esfuerzos en las áreas que impulsarán la evolución de los modelos formativos y clínicos.
Esto subraya la necesidad de que las universidades piensen sus programas no como etapas cerradas, sino como nodos de un ecosistema de aprendizaje permanente en conexión con hospitales y otros proveedores
Transformación de las maneras de aprender
El cambio no es solo tecnológico, sino sobre todo metodológico y cultural. Muchas voces del informe insisten en que no basta con incorporar maniquíes de alta fidelidad, software o plataformas sofisticadas si no se redefinen las metodologías y los objetivos pedagógicos con los que se usan.
Entre las transformaciones destacadas:
- Simulación clínica presencial y virtual: desde simuladores básicos hasta quirófanos virtuales y maniquíes avanzados como el SimMan 3G, la simulación se consolida como paso imprescindible antes del contacto con pacientes reales, tanto por seguridad del paciente como por la limitación de campos clínicos. Esta práctica permite repetir procedimientos, entrenar trabajo en equipo, mejorar la comunicación y promover la reflexión crítica a través del debriefing.
- Entornos virtuales y telemedicina: plataformas como Canvas y Canvas Catalog permiten ofrecer programas modulares y monetizar cursos a públicos externos, mientras comunidades virtuales como e‑oncología amplían el acceso a formación especializada en todo el mundo. La generalización del trabajo y la formación remotos ha creado una base cultural y técnica para la telemedicina, que se incorpora tanto a la práctica clínica como a la enseñanza.
- Aprendizaje experiencial y colaborativo: el llamado “aprendizaje líquido”, los espacios abiertos de reflexión en hospitales y universidades, las misiones académicas internacionales y las redes profesionales apuntan a un modelo donde el conocimiento circula entre personas, equipos e instituciones, más allá del aula.
- Hibridación presencial‑digital: uno de los grandes desafíos señalados por los expertos es discriminar cuándo la tecnología añade valor y cuándo la presencialidad es insustituible, buscando combinaciones equilibradas ajustadas a objetivos concretos.
Docentes y directivos convergen en considerar más efectivos los enfoques basados en problemas y casos, el aprendizaje en equipo, la educación médica basada en competencias, la educación interdisciplinaria y la integración de tecnologías digitales. Se trata de pasar de “dar clase” a diseñar experiencias de aprendizaje que articulen teoría, práctica, reflexión y colaboración.
El cambio no es solo tecnológico, sino sobre todo metodológico y cultural. Muchas voces del informe insisten en que no basta con incorporar maniquíes de alta fidelidad, software o plataformas sofisticadas si no se redefinen las metodologías y los objetivos pedagógicos con los que se usan
Formación continua y rol ineludible de las universidades
La sección dedicada al aprendizaje a lo largo de la vida y la educación continua enfatiza que “sin formación no hay mejora continua”: no hay práctica clínica de calidad sin un aprendizaje sostenido, independientemente del formato (aula, tableta, entorno virtual o trabajo de campo). La rápida obsolescencia de tecnologías y procedimientos —como ilustra el caso de un radiólogo que declara necesitar actualizarse cada tres meses para no quedar desfasado— obliga a interiorizar el aprendizaje permanente como parte de la identidad profesional.
Según la encuesta a 586 profesionales, los mecanismos de formación continua más utilizados son la formación en línea, la formación continua presencial o mixta, la participación en jornadas, congresos y talleres, el aprendizaje en el puesto de trabajo, la consulta de manuales, guías y literatura científica y las sesiones clínicas. Aunque todavía minoritarios, la simulación clínica, el trabajo colaborativo en retos, el uso de asistentes virtuales e inteligencia artificial y experiencias inmersivas aparecen como vías emergentes que ganarán peso en los próximos años.
La rápida obsolescencia de tecnologías y procedimientos obliga a interiorizar el aprendizaje permanente como parte de la identidad profesional
Aquí las universidades tienen una tarea doble e inaplazable:
- Rediseñar la formación inicial
- Incorporar de manera transversal competencias digitales, salud digital, inteligencia artificial, interpretación de datos, ética de la tecnología y humanidades médicas.
- Profundizar en metodologías activas, simulación y trabajo interdisciplinario desde los primeros cursos, evitando la separación rígida entre “teoría” en la universidad y “práctica” en los centros sanitarios.
- Liderar la arquitectura de la formación continua
- Desarrollar microcredenciales, módulos cortos, programas híbridos y ofertas flexibles que permitan a los profesionales combinar trabajo y aprendizaje, con reconocimiento formal de las competencias adquiridas.
- Establecer alianzas estructurales con hospitales, redes sanitarias y entidades como UCF para co‑diseñar itinerarios formativos ajustados a necesidades reales de equipos y organizaciones.
El informe muestra que la resistencia al cambio, las brechas de infraestructura digital, la falta de personal capacitado y las inercias de modelos educativos conservadores son obstáculos comunes. Superarlos requiere que las universidades asuman un liderazgo claro en la capacitación docente, en la gobernanza de la innovación tecnológica y en la construcción de culturas institucionales que valoren la experimentación pedagógica y la evaluación sistemática de resultados.
Para las universidades españolas, acostumbradas a una fuerte vinculación con sistemas sanitarios públicos y a un alto nivel de profesionalización clínica, este informe ofrece un mapa muy útil: sitúa la educación en salud en un escenario global de transición, identifica tendencias convergentes y sugiere que la clave ya no es elegir entre tradición e innovación, sino combinarlas críticamente para construir experiencias de aprendizaje modulares, personalizadas, interdisciplinarias, tecnológicamente habilitadas y, sobre todo, profundamente humanas.
Acceso al informe de Tendencias de aprendizaje y educación continua en salud 2026

ALFONSO GONZÁLEZ HERMOSO DE MENDOZA
Presidente de la Asociación Espacios de Educación Superior






