Encontrar a Ulises, encontrarnos a nosotros

Francisco Michavila, «Cuando encontré a Ulises»

AGHM

Cuando Francisco Michavila me contó que andaba escribiendo un libro sobre Ulises, ninguno de los dos sabía todavía que Christopher Nolan estaba rodando La Odisea. La coincidencia ha terminado siendo casi insolente: la película se estrenó el 17 de julio de 2026 y ha recaudado más de 1.600 millones de dólares, y el libro llegó a las librerías el 17 de septiembre, dos meses justos después, el mismo día del mes. Que un catedrático de Matemática Aplicada de Castelló y un cineasta británico de presupuestos siderales hayan sentido a la vez la necesidad de volver al hijo de Laertes dice algo que conviene no despachar como azar. 

ALFONSO GONZÁLEZ HERMOSO DE MENDOZA


Hay épocas que reclaman a Ulises y épocas que lo ignoran. Las nuestras —con sus fronteras que se cierran, sus retornos imposibles, sus naufragios reales en el mismo Mediterráneo que el héroe surcó— lo reclaman con insistencia casi clínica. Los departamentos de estudios clásicos de medio mundo se han preparado para un repunte del interés estudiantil, y no es solo efecto taquilla: es que el nostos, el regreso, ha vuelto a ser una categoría política. 

Conviene señalar de entrada el componente de autoficción que recorre el libro, porque es la clave de bóveda de su proyecto literario. El propio autor lo dice: esta obra «es continuador de otras tres que publiqué anteriormente», Mi París, Pasión por la educación e Inquietudes de un europeo. Quien haya leído el fragmento que publicamos en estas páginas bajo el título «¡Es Europa!» reconocerá el procedimiento: un yo que recuerda sus primeras clases y se interroga sin coartadas —«¿Me comprendían o solo, de manera mimética, trasladaban a sus hojas de notas lo que oían?»—. No hay aquí exhibición autobiográfica, sino la conversión de una biografía institucional en materia de pensamiento. 

La novedad es el marco. En esta ocasión Michavila ha elegido la novela policiaca. Seis amigos —tres franceses y tres españoles, todos dedicados a tareas científicas y educativas— viajan a Ítaca siguiendo la huella del héroe, y el robo de unas obras de arte del Museo Arqueológico de la isla, en Vathý, altera sus planes: unos griegos recién conocidos les piden ayuda para descubrir a los autores del delito contra su patrimonio. 

Tampoco podíamos imaginar entonces lo que vendría después. En la madrugada del 27 de agosto de este año fue robado el Tesoro de Villena, uno de los conjuntos de orfebrería prehistórica más importantes de Europa fechadas en torno al año 1000 antes de nuestra era, en un museo de la comarca del Alto Vinalopó. En tierras valencianas, las suyas. La ficción se adelantó a los hechos, y lo hizo con su explicación incorporada: el autor sitúa el origen del suspense en la desprotección de los museos arqueológicos de las islas jónicas como una de las consecuencias nefastas de la receta de Wolfgang Schäuble a la crisis de 2008. Los tesoros se roban donde los vigilantes se despidieron.

«No hay cosa más dulce que la patria y los padres», hace decir Homero a Ulises ante Alcínoo (Odisea, IX, en la versión de Luis Segalá y Estalella). La frase sostiene todo el libro, pero Michavila la desplaza: su patria es un continente. Porque Europa comparece aquí como espacio de salvación, y no por conveniencia retórica. Recordemos que el nombre lo puso una fenicia raptada por un toro y llevada a Creta: Europa nació ya como extranjera, como travesía forzada, como mestizaje. Ese origen mítico es exactamente el material del que está hecha la convicción europeísta del autor. 

Cuando encontré a Ulises es, en este plano, un minucioso recorrido por la cultura europea: de Mesolongi, donde murió Byron, a los populismos actuales, de los inmigrantes y sus motivos a la disputa entre ilustrados y nacionalistas primigenios. Para Michavila no hay otro futuro posible que el europeo, y lo repite sin coquetear con la duda. 

«¡Sufre, corazón, que algo más vergonzoso hubiste de soportar…!» (Odisea, XX, Segalá). Ulises se increpa a sí mismo antes de la matanza. Nadie le salva; se salva él.

Y aquí está, a mi juicio, el nervio del libro: encontrar a Ulises es encontrarnos a nosotros. El autor lo formula sin rodeos: «Ulises es la excusa que se utiliza en la obra para hacer una reflexión sobre nuestras vidas». 

La universidad está siempre presente,
aunque nunca como institución.
No es un escenario ni un asunto:
es el camino a Ítaca

Frente a Ulises, que vuelve, siempre estará Eneas, que no puede volver. Virgilio lo dijo de manera insuperable: una salus victis nullam sperare salutem, «solo una salvación les queda a los vencidos: no esperar ninguna» (Eneida, II, 354). Andrea Marcolongo, en El arte de resistir, lo glosa con exactitud: Eneas no para de hacer, para demostrar que, «vayan como vayan las cosas, él no deja de creer». Ulises es el héroe de la astucia y del retorno; Eneas, el de la fundación sin consuelo. Los seis viajeros de Michavila oscilan entre ambos, y sospecho que él también.

La universidad está siempre presente, aunque nunca como institución. No es un escenario ni un asunto: es el camino a Ítaca. Toda la vida de Michavila —director de la Escuela de Minas, rector fundador de la Universitat Jaume I, secretario general del Consejo de Universidades, creador de la Cátedra UNESCO de Gestión y Política Universitaria, consejero de Educación ante la OCDE, la Unesco y el Consejo de Europa— cabe en esa metáfora. De la gestión dice haber aprendido el valor del ejercicio permanente de humildad y la riqueza de la cercanía entre alumnos y profesores; de los jóvenes, que son el principal tesoro de un país y que estimular su creatividad es el mejor regalo que cabe hacerles. 

El libro se cierra con la reivindicación de aquella alma griega que combinaba armoniosamente la pasión por el conocimiento, la libertad y la búsqueda de la verdad y la belleza: «un alma en la que se fundían grandeza y vulnerabilidad». Michavila, que ha dedicado décadas a que la universidad española no renuncie a ninguna de las dos cosas, ha escrito un libro que se le parece.

Francisco Michavila, «Cuando encontré a Ulises», Tecnos, col. Ventana Abierta, Madrid, 2026, 448 pp.


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ALFONSO GONZÁLEZ HERMOSO DE MENDOZA


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