«Al estudiantado, a la población joven, en general, siempre hay que escucharla», entrevista al Rector de la Universidad de Valladolid

«Le aseguro que las universidades en su relación con el mundo empresarial son totalmente vigilantes a la hora de no caer en falsas campañas “verdes” o en blanquear la pretendida sostenibilidad de una empresa, si no es el caso. El vinculo con el mundo empresarial es fundamental para el avance del conocimiento y la transferencia del mismo, y esos son los mimbres. No hay otros», señala el Rector de la Universidad de Valladolid.


Antonio Largo Cabrerizo es un destacado Catedrático de Química Física y Rector de la Universidad de Valladolid. Su reconocida trayectoria docente e investigadora, lo ha posicionado como una figura clave en la gestión universitaria. Se licenció y doctoró en Ciencias Químicas, obteniendo en ambas ocasiones el Premio Extraordinario, y ha complementado su formación con estancias postdoctorales en IBM-Kingston (EEUU) y la Universidad de Kent (Inglaterra). Su investigación se centra en la Química Computacional y la Química Interestelar.

Antonio Largo Cabrerizo ha desempeñado diversos cargos en la gestión universitaria antes de su nombramiento como Rector. Entre ellos, ha sido Secretario de Departamento y Facultad, Vicedecano, y Coordinador de programas internacionales como Sócrates y SICUE, entre otros. En la actualidad, como Rector, preside la Comisión Intersectorial Crue para la Agenda 2030 y es Secretario de la Comisión de Rama de Ciencias del Consejo de Universidades, reafirmando su compromiso y liderazgo en la promoción de prácticas sostenibles y responsables desde el ámbito universitario

En el 2019 la CRUE firmó la iniciativa mundial de los centros de Educación Superior sobre el estado de emergencia climática, al poco tiempo se aprobó el documento “Propuestas de acciones para la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible en el seno de las universidades” ¿Están integrados los ODS en los objetivos y en la gestión de las universidades?

Todas las universidades, en mayor o menor medida, han venido en los últimos años incorporando este nuevo paradigma de la sostenibilidad en el desarrollo de las funciones y las misiones que, como instituciones comprometidas con el desarrollo de la sociedad, tienen: docencia, investigación y transferencia de conocimiento. En este sentido, los ODS están plenamente incorporados a la vida universitaria, y son mayoría las universidades que cuentan, además, con estructuras de gobierno y gestión (vicerrectorados, delegaciones del rector, direcciones de área, etc.) encargadas de velar por todo ello.

El compromiso de las universidades españolas con la Agenda 2030 es ineludible, y así aparece claramente reflejado y refrendado en el manifiesto que con este mismo título fue firmado por la CRUE (“La Universidad española está en un proceso de reflexión estratégica sobre la integración de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, algo que implica abordar estos objetivos de forma transversal en las políticas universitarias e integrar la Agenda en los distintos ámbitos de acción de la universidad: la formación, la investigación y la extensión universitaria”). A este respecto, fue interesante la reflexión suscitada en el documento de referencia titulado: Universidad 2030. Propuestas para el debate (CRUE, 2021), en el que nos preguntamos como colectivo “Qué Universidad queremos para el 2030?”. Una universidad, reitero, comprometida con los desafíos y los retos de nuestro mundo contemporáneo y globalizado, una universidad sostenible ambiental, social y desde el punto de vista de su gobernanza.  

los ODS están plenamente incorporados a la vida universitaria, y son mayoría las universidades que cuentan, además, con estructuras de gobierno y gestión encargadas de velar por todo ello

La Red Española de Agencias de Calidad Universitaria (REACU)  aprobó en 2019 un memorándum titulado: Inclusión de los Objetivos Sostenible (ODS) en el Aseguramiento de la Calidad en la Educación Superior y poco después la agencia de calidad de Aragón (ACPUA) ponía en marcha ALCAEUS, un programa que ayuda a avanzar en la Agenda 2030 a las universidades. ¿Cuál ha sido el impacto de esta propuesta?

Como comentaba en la reflexión anterior, las universidades somos conscientes de los desafíos y retos del mundo actual. Las universidades hacen suya la hoja de ruta que, emanada de las Naciones Unidas en 2015, aboga por una agenda de desarrollo sostenible en el que todos nos hemos de sentir concernidos y comprometidos con la mirada puesta en 2030. La CRUE, consciente de todo ello, ha creado dentro de su estructura organizativa la Comisión de CRUE Universidades Españolas para la Agenda 2030 (“La Comunidad Universitaria está realmente implicada en el seguimiento y cumplimiento de la Agenda 2030 y, por consiguiente, con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). 

Desde marzo de 2019, CRUE Universidades Españolas cuenta con una Comisión para la coordinación de acciones conjuntas que aseguren ese cumplimiento de dichos objetivos y a su vez impulsen la concienciación con el entorno por parte de la comunidad universitaria. Queremos que la sociedad esté totalmente identificada con este espíritu de cambio”).

Las universidades son entornos abiertos a la colaboración, neutrales a los intereses políticos y económicos y especialmente capacitados para la cocreación de conocimiento lo que les convierte en laboratorios ideales para el desarrollo de políticas públicas vinculadas a los ODS. ¿Cuál ha sido el lugar que ha correspondido a las universidades en el reparto de los fondos “Next generation”?

Y no solo de los fondos “Next generation”. Las universidades tienen un papel fundamental como elementos dinamizadores del entramado social y territorial en el que se insertan. Y todos los programas de captación de fondos, y más en lo relativo a la transferencia del conocimiento y a la aplicabilidad de los saberes tienen en cuenta la perspectiva ODS. Todo ello aparece perfectamente reflejado y sintetizado en el documento: Propuesta de acciones de sensibilización para la implementación de la Agenda 2030 e inquietudes de las universidades en relación con el cumplimiento de los ODS (CRUE, 2020).

La Secretaría de Estado de la Agenda 2030 ha encargado a la CRUE el Informe sobre los indicadores de Progreso de la Estrategia de Desarrollo Sostenible. ¿Podría destacar algunos de los proyectos de esta estrategia en los que las universidades han participado?

Las universidades en el marco de sus competencias y del principio de la autonomía universitaria, pero conscientes siempre de la lealtad y colaboración institucional, vienen alineando sus políticas de desarrollo sostenible con las Agendas 2030 del Gobierno de España y de las comunidades autónomas, principalmente. En este sentido, y siguiendo lo contenido en el Plan de Acción para la implementación de la Agenda 2030. Hacia una Estrategia Española de Desarrollo Sostenible (Gobierno de España, 2018) y las recomendaciones, igualmente interesantes, de la Red Española para el Desarrollo Sostenible (Cómo empezar con los ODS en las Universidades, La contribución de las Universidades a la Agenda 2030, Cómo evaluar los ODS en las Universidades, Implementado la Agenda 2030 en la Universidad) es como se ha ido armando un corpus teórico que, en el caso de mi universidad, la Universidad de Valladolid, se ha materializado en el diseño y desarrollo de la Estrategia UVa 2030, como proyecto propio en el que nos sentimos concernidos con esos indicadores de Progreso de la Estrategia de Desarrollo Sostenible.

A escala general, me fue grato hacerles partícipes con el envío del Informe sobre los indicadores de Progreso de la Estrategia de Desarrollo Sostenible (2023), realizado por el Grupo de personas expertas constituido por CRUE, en el marco del Convenio con la Secretaria de Estado de la Agenda 2030, del que pueden extraer una rica y completísima información sobre la participación de las universidades en la implementación de la Agenda 2030 y la consecución de los ODS.

Al estudiantado, a la población joven, en general, siempre hay que escucharla. Ellos están detrás de las dinámicas de la sociedad, son grandes activos para el desarrollo y a ellos les corresponde hacer frente a los desafíos del futuro, que ya se hacen presente.

Recientemente The Guardian publicaba que “La presión estudiantil empuja a las instituciones de educación superior a comprometerse a desinvertir en combustibles fósiles. Los estudiantes exigen cada vez más que sus instituciones se administren de manera sostenible y ética” ¿Cuál es la actitud del estudiantado en España?

Al estudiantado, a la población joven, en general, siempre hay que escucharla. Ellos están detrás de las dinámicas de la sociedad, son grandes activos para el desarrollo y a ellos les corresponde hacer frente a los desafíos del futuro, que ya se hacen presente. Veo al estudiantado, por regla general, comprometido y siendo consciente de los graves problemas a los que nos enfrentamos, ahora y en el futuro más inmediato (entre ellos el cambio climático y más aún el cambio global). En ese sentido, la transición de un modelo basado en el consumo de los combustibles fósiles finitos, contaminantes y degradantes ambientalmente, a las denominadas energías “verdes” es una cuestión que como universidades abordamos (docencia, investigación en las materias, transferencia de los conocimientos para ayudar al cambio) y practicamos (políticas de eficiencia y ahorro energético).

El gran compromiso como centros educativos de las universidades con la sostenibilidad es el curricular ¿Qué actividades se están utilizando preferentemente para avanzar la sostenibilización curricular? 

Incorporar la dimensión y la perspectiva del desarrollo sostenible y de la adquisición de conocimientos y competencias en ODS de una manera transversal a todos los planes de estudio (grados, másteres).

Por la ubicación de los centros universitarios, y por el número de desplazamientos diarios contar con un plan de movilidad sostenible se hace del todo necesario en aras a “calmar la vida de las ciudades”

Las universidades en sus respectivos territorios son uno de los actores más relevantes de la movilidad. El proyecto de ley de movilidad obliga a todas las universidades a desarrollar planes de movilidad universitaria sostenible. ¿Pueden las universidades contribuir a calmar la vida de las ciudades? 

En efecto. Me consta que la mayor parte de las universidades desarrollan acciones a este respecto. En la Universidad de Valladolid, evidentemente la que mejor conozco, tenemos implementado un plan de movilidad sostenible, en plena sintonía con el plan general del ayuntamiento de la ciudad.

Por la ubicación de los centros universitarios, elementos claves en la articulación y configuración de la morfología y funciones urbanas, y por el número de desplazamientos diarios (estudiantes, personal docente e investigador, de administración, gestión y servicios) contar con un plan de movilidad sostenible se hace del todo necesario en aras a “calmar la vida de las ciudades”, parafraseándolos. Solo así haremos de nuestras ciudades espacios más saludables, sostenibles y comprometidos desde la esfera local con los problemas globales.

La transición energética es una prioridad indiscutible. ¿Disponen las universidades públicas de marcos presupuestarios para atender a este reto?

No solo es que dispongamos de marcos presupuestarios para atender este reto. Es que es este reto el que nos exige contemplarlo desde el punto de vista del presupuesto de cada universidad. Los planes de ahorro, sostenibilidad y eficiencia energética son una realidad en la universidad española. Y han venido para quedarse.

La colaboración con las empresas es un elemento fundamental en la consecución de los ODS, ahora, ¿cómo evitamos que utilicen a las universidades en estrategias de greenwashing?

Le aseguro que las universidades en su relación con el mundo empresarial son totalmente vigilantes a la hora de no caer en falsas campañas “verdes” o en blanquear la pretendida sostenibilidad de una empresa, si no es el caso. El vinculo con el mundo empresarial es fundamental para el avance del conocimiento y la transferencia del mismo, y esos son los mimbres. No hay otros.

Los movimientos negacionistas y supremacistas han situado la Agenda 2030 de Naciones Unidas como uno de los ejes de la guerra cultural descalificándola como “propuesta ideológica”. ¿Dónde queda la libertad académica y la autonomía universitaria en este conflicto?

La universidad es el templo del saber, se suele decir. La universidad debe velar por el conocimiento. Nuestro rigor académico se basa en la ciencia. Y hay cuestiones que son irrefutables a día de hoy científicamente. La libertad es total. Es más, es una obligación para con la sociedad.


Alfonso González Hermoso de Mendoza

Lucía Bécquer

Espacios de Educación Superior está dirigido a poner en contacto a las personas e instituciones interesadas en la sociedad del aprendizaje en Iberoamérica y España.