Este artículo parte de una consulta directa a la industria EdTech. En total, se han recabado respuestas a un cuestionario común por parte de veinte entidades empresariales del sector tecnológico-educativo, entre las que se encuentran desde multinacionales como Microsoft hasta compañías consolidadas en el mercado nacional e internacional como Seidor, ODILO, UNIVERSITAS XXI, Tresipunt, o EDT&Partners. También han participado startups, emprendedores del sector y asociaciones representativas. A partir de estas respuestas, el artículo traza una visión integrada de la evolución digital de las universidades españolas en los últimos cinco años
LUCÍA BÉCQUER
En marzo de 2020, la pandemia del COVID-19 obligó a las universidades de todo el mundo a cerrar sus aulas y trasladar su actividad al entorno digital. Aquella situación de emergencia aceleró de forma vertiginosa el uso de herramientas tecnológicas en la educación superior, y con ella se impuso una idea que parecía inevitable: había comenzado, por fin, la transformación digital de las universidades.
Han pasado cinco años desde aquel momento disruptivo. ¿Qué ha quedado realmente de aquella promesa de cambio? ¿Han sabido las universidades españolas consolidar lo aprendido y avanzar hacia un modelo educativo más innovador, inclusivo y adaptado a los desafíos del siglo XXI? Y sobre todo: ¿cómo lo ve la industria tecnológica que trabaja a diario con las instituciones de educación superior?
Un diagnóstico compartido: avances importantes, pero con brechas
Hay cierto consenso entre las veinte entidades consultadas: la digitalización universitaria ha avanzado desde el confinamiento de 2020, pero lo ha hecho de forma desigual y a menudo reactiva. La pandemia actuó como catalizador, forzando a las universidades a migrar su actividad a entornos digitales. Sin embargo, muchas de estas soluciones fueron “parches”, no proyectos de transformación profunda.
Desde ANCYPEL (Asociación Nacional de Centros y Proveedores de e-Learning), su presidente —también presidente del Clúster EdTech español—, Antonio Tejada, resume bien el proceso vivido: “La pandemia del COVID-19 marcó un punto de inflexión, pero cinco años después vemos que muchas universidades se quedaron en la digitalización de emergencia. Hubo avances importantes: se adoptaron plataformas, se flexibilizaron modelos, se impulsó la personalización. Pero también se evidenciaron desigualdades profundas: brechas digitales, escasa formación docente y una cultura aún reticente al cambio”.
Tejada, como figura reconocida del sector, insiste en un matiz fundamental: “Hablar de transformación digital no puede reducirse a hablar de herramientas. Estamos hablando de modelos de enseñanza, de gestión del dato, de visión estratégica. Y ahí aún tenemos recorrido”.
la digitalización universitaria ha avanzado desde el confinamiento de 2020, pero lo ha hecho de forma desigual y a menudo reactiva
Según el informe UNIVERSITIC 2022, elaborado por CRUE-TIC, el 90 % de las universidades españolas reconoce que la digitalización es una línea estratégica prioritaria y el 87 % cuenta con estructuras de gobierno —vicerrectorados o direcciones específicas— dedicadas a la transformación digital. Además, gracias al Plan UNI Digital, aprobado en 2021, se destinaron 143 millones de euros a las universidades públicas para fortalecer sus capacidades tecnológicas.
Desde Microsoft España, Manuel Abellán destaca el impacto de este plan: “Se ha realizado una inversión muy importante para dotar a las aulas de equipos audiovisuales y videoconferencia. Además, se han desarrollado proyectos conjuntos entre universidades que permiten generar credenciales verificables, mejorar la interoperabilidad y avanzar en analíticas de aprendizaje basadas en IA”.
Sin embargo, ese mismo entusiasmo institucional no siempre se traduce en una transformación pedagógica efectiva. Como advierte Guillermo Torres, de MarketingHouse, muchas universidades “pusieron parches digitales durante la pandemia” y han hecho poco más desde entonces: “La digitalización real es estratégica, comercial y cultural. Sin equipos formados y estructuras ágiles, la tecnología solo será una fachada”.
el 90 % de las universidades españolas reconoce que la digitalización es una línea estratégica prioritaria y el 87 % cuenta con estructuras de gobierno dedicadas a la transformación digital
La transformación cultural, el gran reto pendiente
La mayoría de las entidades coincide en señalar que el mayor obstáculo no es tecnológico, sino cultural. Como sintetiza Ana Isabel Calvo, de EDT & Partners: “Digitalizar no es solo incorporar herramientas, sino transformar la forma en que aprendemos, enseñamos y colaboramos”.
Este enfoque lo comparte Ainhoa Marcos, de ODILO: “El verdadero desafío sigue siendo el cambio cultural. Muchas universidades han integrado tecnología, pero sin transformar sus modelos docentes”.
En términos más críticos, algunas voces —como la del emprendedor Anas Andaloussi— sostienen que no ha existido una verdadera transformación digital: “Se digitalizó lo antiguo, pero no se repensó la educación. Seguimos operando bajo estructuras rígidas, preparando a estudiantes para profesiones que ya están siendo reemplazadas por la tecnología”.
También desde Tresipunt se apunta a que buena parte de la innovación sigue dependiendo del compromiso individual del profesorado, sin que se haya institucionalizado una cultura digital sólida y compartida.
El verdadero desafío sigue siendo el cambio cultural. Muchas universidades han integrado tecnología, pero sin transformar sus modelos docentes
Comparativa internacional
En cuanto al lugar que ocupa España en el contexto internacional, las opiniones son bastante unánimes: el país ha progresado, pero sigue por detrás de sistemas universitarios como el británico, el escandinavo o el neerlandés.
Según el Informe CYD 2024, España dedica un 1,43 % del PIB a la educación superior, frente al 1,48 % de la media OCDE. Además, la proporción del gasto público destinado a educación superior (2,19 %) es inferior al promedio europeo (2,44 %) y de la OCDE (2,72 %). En el ámbito específico de la tecnología, el gasto medio por estudiante es de 330 euros, cifra que queda lejos de la inversión que hacen universidades punteras de Reino Unido, Países Bajos o Alemania.
Desde Seidor, Baptista Borrel advierte que esta situación no puede entenderse solo en términos económicos. “La madurez digital varía mucho dentro de España. Algunas privadas están al nivel de las mejores universidades europeas. Pero la brecha aparece cuando analizamos ámbitos como la captación de estudiantes o la fidelización, donde Reino Unido nos lleva ventaja”.
De forma similar, Oscar González, experto en transformación universitaria, afirma que “la diferencia con los sistemas más avanzados no es tanto tecnológica como estratégica”. Es decir, el reto está en la gobernanza, la visión institucional y la integración de la tecnología como eje estructural.
el reto está en la gobernanza, la visión institucional y la integración de la tecnología como eje estructural
Donde sí se avanza: gestión, automatización y cloud
Pese a las sombras, también hay luces. Uno de los campos donde más se ha avanzado es la digitalización de la gestión universitaria. Plataformas de gestión académica, automatización de procesos administrativos y la generalización de la firma electrónica han hecho que hoy buena parte del funcionamiento interno de las universidades se apoye en herramientas tecnológicas.
Manuel Rivera, de UNIVERSITAS XXI, explica que la pandemia aceleró el uso de la nube y naturalizó prácticas como la virtualización de trámites, la gestión documental electrónica o el uso de ERP integrados: “Lo que antes eran plataformas de apoyo se convirtieron en el único campus. Esa experiencia dejó huella y sentó las bases para nuevos desarrollos en postgrado y formación continua”.
Asimismo, el uso de CRM para la captación de estudiantes y el auge de la ciberseguridad como prioridad tecnológica son mencionados como áreas de crecimiento sostenido.
¿Y la docencia? Moodle y PDFs vs. personalización e IA
La digitalización de la docencia es, probablemente, el terreno más polémico. Si bien todas las universidades incorporaron plataformas LMS durante la pandemia, su uso sigue siendo limitado en muchos casos. Como señala Anas Andaloussi, “en España muchas universidades siguen atascadas con Moodle y poco más. Mientras fuera ya se usan Canvas, Brightspace, Labster o evaluaciones con IA, aquí seguimos subiendo PDFs”.
En contraste, Pau, de Tresipunt, observa avances en el uso de herramientas como IA generativa para crear actividades dinámicas o apoyar al docente en tareas de retroalimentación. También identifica una tendencia emergente: el interés por el microlearning y las microcredenciales, como nuevas formas de expandir la oferta educativa en contextos más flexibles.
El problema es que la innovación sigue condicionada por estándares técnicos y estructuras académicas poco ágiles: “Entre estandarizar e innovar, la balanza está demasiado inclinada hacia lo primero. Y eso implica que nos estamos quedando atrás”.
La industria tecnológica educativa lo tiene claro: la digitalización es un proceso estructural, no un parche temporal
Casos destacables y señales de cambio
Pese al tono crítico de algunas respuestas, también se destacan señales positivas. Varias entidades subrayan que algunas universidades privadas y escuelas de negocio han logrado dar un salto cualitativo, integrando tecnología de forma estratégica, sobre todo en el ámbito de la captación internacional y la experiencia del usuario.
Desde MarketingHouse se insiste en que la diferencia está en el liderazgo: “Allí donde hay ganas de competir y visión clara, hay avance real. Las universidades que entienden que la digitalización no es un gasto, sino una inversión, están despegando”.
Por otro lado, se valora la existencia de alianzas interuniversitarias y el crecimiento del ecosistema edtech español, con cada vez más actores ofreciendo soluciones avanzadas para diferentes aspectos del ciclo formativo.
Conclusión: una oportunidad aún abierta
Cinco años después del mayor experimento digital involuntario de nuestra historia reciente, la educación superior española se encuentra ante una encrucijada. Ha demostrado capacidad de reacción, ha incorporado herramientas y ha creado estructuras para liderar el cambio. Pero la transformación real, la que va más allá de la tecnología, sigue pendiente.
La industria tecnológica educativa lo tiene claro: la digitalización es un proceso estructural, no un parche temporal. Implica inversión sostenida, gobernanza valiente, actualización de modelos pedagógicos, y una apuesta decidida por la experiencia del estudiante como eje del aprendizaje.
Si las universidades son capaces de asumir esa visión estratégica, de avanzar hacia una cultura digital compartida y de colaborar activamente con su ecosistema, la brecha con los modelos más avanzados podrá cerrarse. Si no, corren el riesgo de quedarse atrapadas en un pasado digitalizado, pero no transformado.
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