A veinticinco años del nacimiento de Wikipedia, el desafío ya no consiste únicamente en garantizar el acceso al conocimiento. En un ecosistema digital atravesado por la inteligencia artificial, la desinformación y profundas desigualdades de representación, necesitamos preguntarnos quién produce el conocimiento que circula por internet, desde qué lugares se construye y qué papel deben desempeñar las instituciones educativas en la defensa de un conocimiento abierto, plural y democrático.
MÓNICA BONILLA-PARRA [1]
En enero de 2001 apareció en internet un proyecto que, visto desde entonces, podía parecer improbable: construir una enciclopedia escrita de manera colaborativa por miles de personas alrededor del mundo y permitir que cualquier persona pudiera consultarla, reutilizarla y mejorarla libremente. Nada más y nada menos que La Encyclopédie de Diderot y d’Alembert ahora en la Web.
Veinticinco años después, Wikipedia se ha convertido en una de las mayores infraestructuras de conocimiento abierto construidas colectivamente. Millones de personas la consultan para resolver una pregunta, comprender un acontecimiento, acercarse por primera vez a un concepto o iniciar una investigación. Pero quizá su aporte más importante no sea solamente la enorme cantidad de información que contiene. Wikipedia demostró algo más profundo y es que internet también podía ser un espacio para construir bienes comunes de conocimiento.
Celebrar sus 25 años es, por eso, una oportunidad para mirar hacia atrás, pero sobre todo para preguntarnos qué tipo de internet y qué ecosistema de conocimiento queremos construir durante los próximos 25 año. La pregunta resulta especialmente urgente para quienes trabajamos en educación.
En un ecosistema digital atravesado
por la inteligencia artificial,
la desinformación y profundas
desigualdades de representación,
necesitamos preguntarnos quién
produce el conocimiento que circula
por internet, desde qué lugares se
construye y qué papel deben desempeñar
las instituciones educativas en la
defensa de un conocimiento
abierto, plural y democrático
Del acceso a la participación
Durante buena parte de las últimas décadas, uno de los grandes desafíos de la educación digital fue garantizar el acceso a la información. Internet parecía ofrecernos una respuesta extraordinaria: millones de documentos, bibliotecas, repositorios, bases de datos y recursos educativos podían estar disponibles desde un computador. Hoy sabemos que el acceso, aunque imprescindible, no es suficiente. Para el caso de Colombia, MinTIC desarrollar un informe donde presenta el Índice de Brecha Digital de Colombia, este ya no entiende la brecha simplemente como tener o no conexión. La mide a partir de dimensiones que incluyen acceso material, habilidades digitales, motivación y aprovechamiento. En los resultados de 2024, habilidades digitales y acceso material explicaban conjuntamente el 65,7 % de la brecha digital (MinTic, 2025)[2].
Las desigualdades de nuestras sociedades no desaparecen en internet: también determinan qué conocimientos se documentan, quiénes pueden producirlos, qué fuentes se consideran legítimas y qué lenguas, territorios y memorias logran hacerse visibles. Por eso, la brecha digital no es solo una cuestión de acceso, sino también de representación y participación en la producción de conocimiento. Y esto tiene consecuencias educativas y democráticas dado que si cada vez comprendemos más el mundo a través de lo que encontramos en los entornos digitales, quiénes pueden participar en la construcción de ese conocimiento también determina cómo comprendemos colectivamente nuestra sociedad, nuestra historia y nuestros futuros.
Las desigualdades de nuestras sociedades no desaparecen en internet: también determinan qué conocimientos se documentan, quiénes pueden producirlos, qué fuentes se consideran legítimas y qué lenguas, territorios y memorias logran hacerse visibles. Por eso, la brecha digital no es solo una cuestión de acceso, sino también de representación y participación en la producción de conocimiento. Por supuesto, esto tiene consecuencias educativas y democráticas: si cada vez comprendemos más el mundo a través de lo que encontramos en los entornos digitales, quiénes pueden participar en la construcción de ese conocimiento también determina cómo comprendemos colectivamente nuestra sociedad, nuestra historia y nuestros futuros.
Cuando buscamos información sobre una comunidad indígena, una científica colombiana, una especie de nuestros ecosistemas, una expresión cultural del Caribe, un acontecimiento de nuestra historia reciente o un municipio apartado de los grandes centros urbanos, no estamos realizando simplemente una consulta técnica. Estamos entrando en un sistema de representación del mundo. La pregunta, entonces, deja de ser únicamente quién tiene acceso a internet y empieza a incluir otras: ¿quién puede producir conocimiento en internet?, ¿qué conocimientos consideramos relevantes?, ¿quién documenta nuestros territorios?, ¿en qué lenguas lo hacemos?, ¿qué fuentes utilizamos?, ¿qué voces quedan por fuera?
Para Colombia, estas preguntas son fundamentales. Somos un país profundamente diverso en términos culturales, lingüísticos, ambientales y territoriales, pero esa diversidad todavía no está representada de manera equivalente en los grandes espacios digitales de conocimiento. Buena parte de nuestra memoria continúa fuera de internet o permanece en archivos, bibliotecas, museos, universidades y comunidades cuyos materiales todavía encuentran numerosas barreras para circular de manera abierta. Por eso necesitamos pasar de una educación centrada exclusivamente en consumir información a otra que enseñe también a participar en su construcción.
Las desigualdades de nuestras
sociedades no desaparecen en internet:
también determinan qué conocimientos
se documentan, quiénes pueden
producirlos, qué fuentes se consideran
legítimas y qué lenguas, territorios
y memorias logran hacerse visibles
Wikipedia como espacio educativo y democrático
Wikipedia ofrece un escenario especialmente interesante para pensar esa transición. Editar Wikipedia obliga a hacer algo que debería resultar familiar para cualquier institución educativa como formular preguntas, buscar información, contrastar fuentes, evaluar su confiabilidad, sintetizar argumentos, citar correctamente y discutir con otras personas acerca de la manera más adecuada de representar un tema. Además incorpora una dimensión que con frecuencia falta en los ejercicios académicos: el resultado deja de existir solamente entre estudiante y profesor.
Cuando una persona mejora un artículo de Wikipedia, documenta un territorio en Wikimedia Commons o estructura información en Wikidata, su trabajo puede convertirse en parte de una infraestructura pública utilizada por personas que probablemente nunca conocerá. La experiencia educativa cambia entonces de escala. Dado que un ejercicio de clase puede convertirse en una contribución al conocimiento público. Una investigación universitaria puede ayudar a cubrir un vacío de información. Una colección patrimonial puede encontrar nuevas formas de circulación. Un grupo de estudiantes puede descubrir que no solamente utiliza internet: también tiene la capacidad de intervenirlo.
Estas capacidades son fundamentales para la educación, pero también para la democracia. Una sociedad democrática necesita personas capaces de formarse un juicio propio, de encontrarse con perspectivas diferentes y de participar en la construcción de los relatos con los que entendemos nuestro pasado, explicamos nuestro presente e imaginamos nuestro futuro. En un momento marcado por la desinformación, la polarización y una circulación de contenidos cada vez más rápida —ahora también producidos y mediados por sistemas de inteligencia artificial—, aprender a relacionarnos críticamente con la información se convierte en una forma de ciudadanía. Por eso, cuando enseñamos a una persona a editar Wikipedia, no estamos enseñándole solamente a utilizar una plataforma: estamos practicando cómo buscar evidencias, citar fuentes, hacer visibles los límites de lo que sabemos, discutir con otros y asumir responsabilidad sobre el conocimiento que ponemos en común.

Una nueva pregunta en tiempos de inteligencia artificial
La expansión reciente de la inteligencia artificial generativa hace todavía más urgente esta conversación. Durante años enseñamos a nuestros estudiantes a buscar información en internet. Ahora debemos enseñarles también a desenvolverse en un ecosistema en el que una parte creciente de la información será mediada, resumida o generada por sistemas algorítmicos. Esto transforma radicalmente el problema.
Los sistemas de inteligencia artificial no producen conocimiento desde el vacío. Dependen de enormes cantidades de datos y contenidos previamente producidos por seres humanos. Las ausencias, desigualdades y sesgos existentes en nuestro ecosistema informativo pueden, por tanto, proyectarse sobre las tecnologías que construimos a partir de él. Si el conocimiento disponible digitalmente sobre Colombia es limitado, si determinadas regiones están poco documentadas, si algunas comunidades aparecen representadas principalmente desde miradas externas o si una parte importante de nuestra producción académica y cultural permanece encerrada detrás de barreras de acceso, tenemos también un problema para el futuro de la inteligencia artificial.
Por eso la pregunta por quién construye el conocimiento abierto ha adquirido una nueva dimensión. No basta con preguntarnos qué puede hacer la inteligencia artificial por la educación. También debemos preguntarnos qué conocimiento estamos aportando nosotros al ecosistema digital del que aprende y sobre el que opera esa inteligencia artificial.
necesitamos pasar de una educación
centrada exclusivamente en consumir
información a otra que enseñe
también a participar en su construcción.
Construir internet desde Colombia
Desde Wikimedia Colombia hemos intentado situar precisamente esta conversación en nuestro contexto. Nuestro trabajo parte de una idea sencilla: Colombia no debe ocupar solamente el lugar de consumidora de las grandes infraestructuras globales de conocimiento. Tenemos la capacidad —y quizá también la responsabilidad— de participar activamente en su construcción. Esto significa trabajar con comunidades, instituciones culturales, universidades, docentes, estudiantes, investigadores y organizaciones sociales para reconocer qué conocimientos están ausentes, cuáles necesitan mejores fuentes y qué capacidades debemos desarrollar para documentarlos de manera abierta y responsable.
En distintos territorios hemos encontrado una y otra vez la misma evidencia: construir conocimiento abierto no consiste simplemente en enseñar a utilizar una plataforma. Implica conversar sobre quién tiene autoridad para narrar una historia; reconocer las relaciones entre conocimiento, territorio y memoria; preguntarnos qué significa abrir una colección; discutir los límites éticos de documentar determinadas prácticas o comunidades; reconocer las desigualdades de acceso y participación; y crear condiciones para que nuevas personas puedan convertirse en productoras de conocimiento.
En ese proceso, proyectos como Wikipedia, Wikimedia Commons y Wikidata funcionan como espacios de experimentación colectiva. Nos permiten conectar conocimientos locales con infraestructuras globales y, al mismo tiempo, preguntarnos críticamente por las formas mediante las cuales representamos el mundo.
Desde Colombia podemos aportar conocimientos sobre nuestra biodiversidad, nuestras lenguas, nuestras culturas y nuestro patrimonio. Podemos documentar también nuestras desigualdades, nuestros conflictos, nuestras transformaciones sociales y las múltiples maneras en que las comunidades han construido memoria y conocimiento. No se trata únicamente de hacer que haya “más Colombia” en Wikipedia. Se trata de ampliar las condiciones para que más personas desde Colombia puedan participar en la definición de aquello que internet sabe sobre nosotros y sobre el mundo.
Construir conocimiento abierto no
consiste simplemente en enseñar a
utilizar una plataforma. Implica conversar
sobre quién tiene autoridad para narrar
una historia; reconocer las relaciones
entre conocimiento, territorio y memoria;
discutir los límites éticos de documentar
determinadas prácticas o comunidades;
reconocer las desigualdades de acceso
y participación…
Una invitación a las instituciones educativas
En este escenario, las universidades y las instituciones educativas tienen una oportunidad extraordinaria. Durante décadas hemos producido enormes cantidades de conocimiento dentro de las aulas: trabajos de curso, investigaciones, fotografías, bases de datos, cartografías, colecciones, tesis y proyectos que muchas veces terminan siendo consultados por un número muy reducido de personas. ¿Qué ocurriría si una parte de ese trabajo pudiera dialogar sistemáticamente con infraestructuras abiertas de conocimiento?
No significa convertir Wikipedia en sustituto de la investigación académica. Significa reconocer que la universidad puede desempeñar un papel mucho más activo en la construcción del conocimiento público. Podemos imaginar estudiantes que aprendan historia contribuyendo a documentar archivos locales; lingüistas que ayuden a hacer visibles nuestras lenguas y variedades dialectales; biólogos que conecten información sobre biodiversidad; humanistas que trabajen con colecciones patrimoniales; científicos de datos que exploren Wikidata; docentes que diseñen recursos educativos abiertos y comunidades universitarias capaces de detectar y reducir brechas de conocimiento. No hay límites cuando conectamos a Wikimedia con todo lo que ocurre en las aulas de clase. En todos estos casos y en los que nos quedan por imaginar, el aprendizaje deja de consistir solamente en demostrar que sabemos algo. Empieza también a preguntarnos qué podemos aportar con aquello que sabemos.
Los próximos 25 años
Wikipedia nació acompañada de una idea que en 2001 parecía radical “imaginar un mundo en el que cada persona pudiera compartir libremente la suma de todo el conocimiento”. Veinticinco años después, esa aspiración continúa incompleta. Tenemos más información disponible que en cualquier otro momento de nuestra historia y, al mismo tiempo, enfrentamos nuevas formas de concentración tecnológica, desinformación, desigualdad digital y automatización de la producción de contenidos. La inteligencia artificial nos obliga además a reconsiderar qué significa producir, verificar y preservar conocimiento humano.
Frente a este escenario, la educación tiene una responsabilidad que va mucho más allá de enseñar a utilizar las tecnologías del presente. Necesitamos formar personas capaces de preguntarse cómo están construidas esas tecnologías, qué información utilizan, qué voces representan, cuáles dejan fuera y cómo podemos intervenir colectivamente para transformarlas. Tal vez esa sea una de las lecciones más importantes que Wikipedia puede ofrecernos después de 25 años de funcionamiento: internet no es únicamente algo que recibimos. Es también algo que construimos.
Desde Colombia tenemos conocimientos, memorias, lenguas, preguntas y experiencias indispensables para esa construcción. El desafío de los próximos 25 años será conseguir que muchas más personas puedan participar en ella. Porque construir un conocimiento más abierto, diverso y situado no es solamente una discusión sobre tecnología. Es una discusión sobre educación y, fundamentalmente, sobre democracia.
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[1] MÓNICA BONILLA-PARRA Directora Ejecutiva de Wikimedia Colombia. Docente. Investigadora. Líder de estrategias tecnológicas y proyectos de tecnologías libres y abiertas.
[2] Enlace al informe Índice de Brecha Digital 2024 en Colombia: https://colombiatic.mintic.gov.co/679/w3-article-411724.html






