La universidad es uno de los actores más relevantes en la historia del progreso humano y social

Entrevista a Erika Rodríguez Pinzón, directora de la Fundación Carolina

«Las universidades españolas y latinoamericanas mantienen una colaboración estrecha y fructífera, reflejada en numerosos convenios y programas conjuntos. Si se me permite, la Fundación Carolina ha sido un actor clave en este proceso, facilitando la movilidad académica y promoviendo el intercambio entre ambas regiones. Estas relaciones han permitido la creación de redes académicas sólidas que contribuyen al desarrollo educativo y científico en Iberoamérica», señala Érika Rodríguez Pinzón directora de la Fundación Carolina


Érika Rodríguez Pinzón es socióloga y doctora en Relaciones Internacionales, con una sólida trayectoria en el ámbito académico, la cooperación internacional y la gestión pública. Nacida en Colombia, se ha formado en instituciones como la Universidad Nacional de Colombia, la Universidad Autónoma de Madrid y centros internacionales como FLACSO y el World Bank Institute. Ha trabajado como profesora, investigadora y consultora para organismos como la AECID, CAF, PNUD y la UE, y ha sido concejala del Ayuntamiento de Madrid entre 2016 y 2019. Desde 2024 es directora de la Fundación Carolina, y ha sido reconocida como una de las “Top 100 Mujeres Líderes en España” en varias ocasiones, además de recibir distinciones por su labor en favor de la igualdad y la cooperación.

La Fundación Carolina cumplirá en septiembre 25 años de actividad. ¿Cómo ha contribuido su labor a cambiar la realidad Iberoamérica?

En sus 25 años de funcionamiento han pasado más de 20.000 personas por los diferentes programas de la Fundación Carolina. La institución ha contribuido a cambiar la vida de miles de estudiantes dándoles la oportunidad de acceder a estudios de postgrado que les permitan desarrollar todas sus capacidades, pero también ha construido una red de profesionales que comparte su interés por el desarrollo de América Latina.

Nuestra contribución dentro de la cooperación iberoamericana ha sido fundamental para construir redes de intercambio, y diálogos políticos y académicos, que aportan a las mejoras institucionales y sociales que los países del sistema iberoamericano necesitan. Además, no puede olvidarse la contribución que ha hecho la Fundación, no solo a la institucionalidad o al conocimiento científico, sino también a la cultura a través del apoyo a centenares de artistas.

¿Cuáles son las prioridades en la actualidad para la elección de los ámbitos y las personas que participan en los programas de la Fundación Carolina?

La selección de las y los becarios es un proceso transparente en el que se cumplen criterios académicos, pero también sociales. La Fundación ha ido perfeccionamiento el sistema de adjudicación para dotarlo de garantías de transparencia, pero también para mejorar los criterios de asignación intentando que las becas tengan un retorno personal y sobre todo social, en términos de impacto real en el entorno de las personas beneficiarias.

En cuanto a los temas y la selección de los programas de formación, aplicamos criterios que tienen que ver con el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), con el prestigio acreditado de los programas universitarios, y con los requerimientos societales de la región. Asimismo, conforme a un proceso de diálogo continuo con los países de América Latina, estamos muy atentos al conocimiento de sus necesidades, y modulamos así la oferta académica en virtud de dichas demandas. Es importante señalar también el rol inestimable de las empresas patronas de la Fundación, que nos aportan su visión del sistema productivo, su sensibilidad social y sostenible, comprometiéndose en consecuencia con la financiación de un gran número de becas.

La Fundación Carolina ha contribuido a cambiar la vida de miles de estudiantes dándoles la oportunidad de acceder a estudios de postgrado que les permitan desarrollar todas sus capacidades.

En la presentación del 26 de febrero del informe anual de la Fundación titulado, “América Latina en un mundo perplejo: Inseguridad, turbulencias económicas y democracias asediadas”, usted señaló que, “Occidente se fragmenta, y su modelo institucional y político pierde anclaje. Necesitamos repensar el desarrollo y construir nuevos consensos” ¿Qué lugar les corresponde a las universidades en esta situación?

Las universidades son actores fundamentales en la construcción del nuevo marco del desarrollo. Su papel en la formación de pensamiento crítico y de habilidades técnicas y tecnológicas resulta decisivo. La universidad es uno de los actores más relevantes en la historia del progreso humano y social. Es el espacio por excelencia para el diálogo de actores diversos, para apoyar científicamente la toma de decisiones, para proponer soluciones extraídas de la experimentación y de la innovación, y para construir una amplia agenda pública, desde bases sólidas y empíricamente fundamentadas. A ello se agrega el creciente papel que las universidades desempeñan en clave de ODS, generando el conocimiento preciso para su consecución, y participando con voz propia en la definición de la agenda del desarrollo, como así lo reconoce el modelo de la Cooperación Española.

La creación de un Espacio común de educación superior UE-ALC es una necesidad compartida y declarada, por lo menos desde los compromisos asumidos por los jefes de Estado y de Gobierno de ambas regiones en la Primera Cumbre celebrada en Río de Janeiro en 1999. A este respecto, ¿cómo valora su situación actual?

Es un compromiso fundamental que se basa sobre una red de centros de investigación ya existente, muy potente, creada por la voluntad de las universidades y de los miembros de la comunidad académica. Sin embargo, a nivel institucional y político, aún hay mucho por construir y por aportar. Necesitamos un mayor empuje institucional: España juega un papel clave puesto que forma parte del Espacio Europeo de Educación Superior y trabaja desde hace años en la articulación de un Espacio Iberoamericano del Conocimiento. Desde ese cruce se trata de ir formalizando acuerdos, y llegar a consensos que puedan escalarse a nivel institucional. Pero esta ambición, que en parte ya opera en el plano técnico y funcional, tiene que venir respaldada de voluntad política.

Pero, sobre todo, ¿cuáles son los próximos pasos a dar desde España en esta dirección?

En España, tanto desde el modelo de cooperación como desde el sistema universitario se han hecho esfuerzos muy notables. Los últimos años han atestiguado en ambos sectores la aprobación de nuevas leyes (la LOSU, y la Ley 1/2023 de Cooperación), plenamente alineadas con los ODS, que precisamente han otorgado a la educación superior un rol crucial como agente transformador, donde la transferencia de conocimiento, el intercambio horizontal de saberes y experiencias, la movilidad y la internacionalización académica ocupan un lugar especialmente relevante y valorado. En consecuencia, los próximos años tienen que venir acompañados por un fortalecimiento de las redes de investigación iberoamericanas y, a ser posible, euro-latinoamericanas. A este respecto, es muy importante que el atractivo “científico-tecnológico” de España y Europa no decaiga y, a su vez, que las universidades latinoamericanas ganen por su parte en internacionalización.

¿Cómo valora las relaciones bilaterales existentes en la actualidad entre universidades españolas y latinoamericanas?

Las universidades españolas y latinoamericanas mantienen una colaboración estrecha y fructífera, reflejada en numerosos convenios y programas conjuntos. Si se me permite, la Fundación Carolina ha sido un actor clave en este proceso, facilitando la movilidad académica y promoviendo el intercambio entre ambas regiones. Estas relaciones han permitido la creación de redes académicas sólidas que contribuyen al desarrollo educativo y científico en Iberoamérica.

Pero todavía queda margen para la mejora, en el sentido de consolidar modelos de acreditación, de aseguramiento de la calidad y de reconocimiento de títulos realmente operativos, también a escala intrarregional. Todos estos procesos tienen un grado de complejidad técnica que no hay que subestimar, debido a la enorme heterogeneidad de la región, de la diversidad de sus sistemas académicos, e incluso de la alteración que están experimentado los esquemas de enseñanza superior con la llegada de la Inteligencia Artificial, que a su vez afecta a los perfiles de empleabilidad que requieren los mercados laborales. Pero los avances que se están produciendo son en todo caso muy notorios.

Las universidades españolas y latinoamericanas mantienen una colaboración estrecha y fructífera, reflejada en numerosos convenios y programas conjuntos. La Fundación Carolina ha sido un actor clave en este proceso, facilitando la movilidad académica y promoviendo el intercambio entre ambas regiones

Más allá de las oportunidades de negocio que supone facilitar la movilidad de estudiantes, profesores y conocimiento entre los dos lados del Atlántico ¿Qué tienen que aportar las universidades latinoamericanas a las instituciones de educación superior europeas y a sus estudiantes?

Las universidades latinoamericanas aportan una perspectiva única y enriquecedora a las instituciones europeas. Su diversidad cultural, enfoques innovadores y experiencias en contextos socioeconómicos variados ofrecen una comprensión más amplia y profunda de los desafíos globales. Hay que tener en cuenta que el propio sentido de la cooperación al desarrollo ha cambiado mucho en los últimos decenios, más aún con América Latina. Los aprendizajes que se producen ahora son recíprocos, de ida y vuelta.

Aun reconociendo las asimetrías de partida, todos los países del mundo —incluyendo los europeos—, están “en desarrollo” puesto que el marco (global) de la transición verde y energética exige transformar nuestros modelos de producción y consumo, que son insostenibles. Por otra parte, en Europa han emergido problemas, como la seguridad ciudadana, en los que la región tienen un bagaje acumulado, técnico y empírico, enormemente útil. Así es como debe fomentarse una nueva cooperación, horizontal, avanzada, en áreas técnicas y de investigación clave, promoviendo soluciones conjuntas a problemas compartidos.

¿Qué tienen que aportar las universidades europeas a las sociedades latinoamericanas?

Las universidades europeas han contribuido tradicionalmente al fortalecimiento de las capacidades académicas y científicas en América Latina mediante la transferencia de conocimientos, metodologías avanzadas y modelos educativos de vanguardia. En línea con la anterior pregunta, de lo que se trata ahora es de abrir espacios de colaboración conjunta para el desarrollo de proyectos que aborden desafíos regionales, desde una mirada que promueva el progreso socioeconómico, la sostenibilidad ambiental y el respeto a los valores democráticos. Otro elemento que pueden aportar los centros de la UE radica en su expertise relativo a los mecanismos internos de cooperación instrumental, normativa, en términos de movilidad estudiantil y del profesorado y, consecuentemente, de generación de una conciencia supranacional.

Por un lado, las políticas de atracción de talento de los países desarrollados a menudo contribuyen a la “fuga de cerebros” en regiones en desarrollo, por otro la globalización de las universidades puede traer consigo visiones poco respetuosas con los saberes y las prácticas locales. ¿Cómo pueden las universidades crear un Espacio común equitativo y sostenible?

Para construir un espacio común de educación superior equitativo y sostenible entre la Unión Europea y América Latina, es esencial que las universidades implementen políticas de cooperación basadas en la reciprocidad y el respeto mutuo. Esto implica fomentar programas de movilidad que no solo atraigan talento, sino que también promuevan el retorno y la reintegración de los profesionales en sus países de origen. Además, es fundamental que las instituciones académicas valoren y respeten los conocimientos y prácticas locales, integrándolos en los currículos y proyectos de investigación, para evitar la homogenización cultural y fortalecer la diversidad académica.

¿Qué papel deben jugar las universidades de UE ALC en la lucha contra el cambio climático? ¿Cree que las instituciones educativas están preparando adecuadamente a los futuros líderes para enfrentar esta crisis global?

Las universidades de la Unión Europea y América Latina y el Caribe tienen un papel crucial en la lucha contra el cambio climático. Deben liderar la investigación en sostenibilidad, desarrollar tecnologías limpias y promover políticas ambientales innovadoras. Además, es esencial que incorporen la educación ambiental en sus programas académicos, formando a futuros líderes con una conciencia ecológica sólida y las habilidades necesarias para enfrentar los desafíos climáticos. La clave reside en constatar que la sostenibilidad ambiental es un bien público global, y en ver que Europa y América Latina son las regiones que, unidas, pueden liderar este punto de la agenda internacional. 


Agradeceremos sus comentarios y preguntas sobre este artículo. Envíe  un correo electrónico a los editores o envíe una carta para su publicación.


Entrevista Alfonso González Hermoso de Mendoza y Lucía Bécquer


Otras entrevistas sobre el Espacio común de ES ALCUE:

Espacios de Educación Superior está dirigido a poner en contacto a las personas e instituciones interesadas en la sociedad del aprendizaje en Iberoamérica y España.