Pues yo creo que las reglas deben ponerlas las empresas más que las leyes educativas en las que no nos han dejado ni nos dejarán participar. El estudiante en prácticas debe ser contratado con las mismas exigencias que el resto. El contrato debe ser de un año, todo el ciclo estacional. El sueldo debería ser entre el 50%-60% de la categoría correspondiente del convenio en situación de trabajador sin experiencia. La cotización del estudiante-trabajador en prácticas debería ser bonificada un 100% y para la empresa debería ser deducible íntegramente del impuesto de sociedades de la empresa. Al estudiante-trabajador tendría que contabilizarse su año de trabajo a todos los efectos de cotización
JESÚS MARTÍN
Las universidades son “empresas”, las empresas son “universidades”, todo en la vida goza de esta bendita dualidad, en cada lugar y momento se enseña y se aprende algo, y se practica y se pone en valor eso mismo, ya sea tangible y práctico, o intangible y teórico. Y todo se incorpora, lo uno y lo otro, como teoría o práctica, al rico conjunto de contenidos y experiencias que abonan el conocimiento. No hay un solo momento en la vida que no nos aporte a cada quien una lección. La vida es “universidad” y “empresa”, incluso para los que de cada parte quieren echar y despreciar a la otra, pues viene a ser como desear que cada brazo nos ampute el otro brazo.
Las grandes empresas tienen estructuras, recursos y gestión para la formación específica del conocimiento que cada persona de la compañía necesita para su desempeño. Incluso financiar máster. Lo organizan para crear, innovar, gestionar las operaciones, manejar equipos y tecnologías, conducir equipos, valorar, controlar, …, y para ocuparse de analizar los perfiles que en el futuro necesitará para competir, por lo que van orientando las carreras profesionales de sus mejores talentos. La Iglesia, el deporte, el ejército, son ejemplos de evolucionar según los tiempos y de cómo gestionar los recursos humanos, su formación, su “cantera”, su futuro.
Y si hablamos del 95% de las empresas, éstas, mejor dicho, sus empresarios, no tienen tiempo ni para enfermar. Y sin embargo, en este 95% es donde se produce el milagro de la actividad económica. Allí se aprende de la escuela de la vida, no hay apuntes ni teorías, sólo experiencias, éxitos y fracasos, se doctoran en el mercado y el día que dejan de ser competitivos, el mercado les expulsa y les rompe el “título”.
Creo que la IA va a hacer estragos en las universidades, en los títulos, en los puestos de trabajo de cuello blanco, y que las empresas van a suministrarse del conocimiento y de su desempeño en las operaciones de gestión con mucha IA y muy pocas personas. No va a quedar ni un solo progre para contarlo.
Creo que la IA va a hacer estragos en las universidades, en los títulos, en los puestos de trabajo de cuello blanco, y que las empresas van a suministrarse del conocimiento y de su desempeño en las operaciones de gestión con mucha IA y muy pocas personas
Las prácticas externas
Toda la vida hemos hecho prácticas, nuestras generaciones se buscaban la vida para practicar. No había derechos, había el deber que cada uno se imponía de lograrlas (salvo en educación y sanidad). Había una correlación entre las profesiones más vocacionales y la necesidad de las prácticas oficiales para ejercer la profesión. Las profesiones más técnicas requerían firmar proyectos y sus carreras eran más largas para garantizar el valor profesional de la firma y su colegiación específica.
Mientras que en la industrias, el comercio, las restante actividades económicas, había aprendices desde los 13, 14 años, críos que trabajaban e iban al colegio a manejar las reglas básicas (saber leer, saber escribir, aritmética, regla de tres y proporciones) porque a saber estar con mayores, clientes y clientas, el día a día les espabilaba más que las clases, y los más talentosos acababan siendo grandes empresarios.
Llegó la progresía, la pedagogía, las AMPAS, y tantos escenarios y parlamentos para hablar, hablar, hablar, …, y no hacer gran cosa.
Los empresarios, grandes o pequeños, tienen muy buen olfato y en cuanto pasea por delante alguien talentoso de interés, lo saben captar
Vamos, que más que el derecho de los estudiantes a las prácticas, es el deber de que cada uno se busque la vida y las consiga. Los empresarios, grandes o pequeños, tienen muy buen olfato y en cuanto pasea por delante alguien talentoso de interés, lo saben captar.
Yo valoro los sistemas de formación dual, en los que se vive el trabajo y la formación simultánea y compartida, con todas las exigencias de los estudios y las obligaciones del trabajo en la empresa. Puede que en las aulas de los centros de estudio, institutos y universidades, lo que más éxito está teniendo es el crear talentos del absentismo y la improductividad (nuestros catedráticos exigían un estar en el aula sin el que no se puede estar en la sociedad).
Creo que la universidad debe reflexionar sobre lo que está produciendo en conocimientos y en actitudes de sacrifico, disciplina, esfuerzo, preparación para vida profesional que, en definitiva, es la más importante preparación para la vida.
Pensar que porque la ley establezca las prácticas, como tantas cosas, cuando las personas no están preparadas para esa ley, como para tantas otras leyes, es inútil, y las empresas no pueden perder el tiempo en cosas inútiles que no les aportan valor.
valoro los sistemas de formación dual, en los que se vive el trabajo y la formación simultánea y compartida, con todas las exigencias de los estudios y las obligaciones del trabajo en la empresa
La empleabilidad y la competencia no depende de las prácticas (también nos hemos inventado los máster habilitantes para ejercer de cualquier cosa menos de político) por lo que empleabilidad y competencia no se logran así, y eso lo saben muy bien los empresarios.
Las formaciones duales permiten conocer cómo responden las personas en la empresa, tanto a nivel de operaciones como de relaciones, éste conocimiento, que además permite al propio estudiante contrastar día a día con los que le rodean y, así, moldearse, transformarse, evolucionar hasta poder convertirse en uno más del equipo, es esencial (no estoy hablando de la Iglesia, ni del deporte, ni del ejército) La empresa no es un edifico o una nave con una marca, es un montón de gente haciendo trabajos, que establecen lenguajes, estilos, modos, comportamientos, códigos de todo tipo, … Las prácticas no es ir a cubrir un expediente para conseguir los créditos por ley educativa, sino a acreditarse entre los demás para la vida.
Allí donde se da esta posibilidad (lo vemos aquí en la feria de las profesiones con los alumnos de dual que trabajan en los stand de las empresas en las que están haciendo la prácticas, venden -hasta chulearse- los productos de su empresa anfitriona entre la satisfacción de sus compañeros de la empresa y las palmadas de los compañeros del instituto) es allí donde las empresas conocen realmente a sus futuros trabajadores llegando a ser la empleabilidad altísima, superior al 80%.
Un buen empresario, como a cualquier chino comunista después de Mao, cuando el buen Deng Xiaoping anunció “No importa que el gato sea blanco o negro, lo que importa es que cace los ratones”, pues al buen empresario español no le importará si el estudiante en prácticas “duales” es blanco privado o negro público, lo que querrá es no ver un solo ratón en la empresa.
Pero es que nuestros empresarios parecen comunistas chinos en un mundo de progresistas europeos
Las prácticas no es ir a cubrir un expediente para conseguir los créditos por ley educativa, sino a acreditarse entre los demás para la vida
Las prácticas en línea y presenciales
Por el bien de todos (salvo casos excepcionales por cuestiones de grave inmovilidad) deberían limitar, mejor prohibir, el teletrabajo y sólo permitirlo bajo estricta grabación del trabajador en su cometido (el trabajador y su trabajo son un tesoro para la empresa y para el propio trabajador, y como tal tesoro es motivo de la mayor seguridad, una empresa no es el Louvre)
Otra cuestión son las reuniones on-line, trabajador desde su empresa con trabajador desde la suya, lo que es muy beneficioso, o profesor con alumno, pero todo bajo control. Que el tiempo del trabajo no es gratis, no podemos permitir que el estado pierda casi más del 50% de su expolio al trabajador y a la empresa.
Habrá quedado claro que yo me siento muy orgulloso con el término trabajador ya que la inmensa mayoría de los empresarios son los mejores trabajadores de sus empresas (más de 3 millones).
Pues yo creo que las reglas deben ponerlas las empresas más que las leyes educativas en las que no nos han dejado ni nos dejarán participar. El estudiante en prácticas debe ser contratado con las mismas exigencias que el resto. El contrato debe ser de un año, todo el ciclo estacional. El sueldo debería ser entre el 50%-60% de la categoría correspondiente del convenio en situación de trabajador sin experiencia. La cotización del estudiante-trabajador en prácticas debería ser bonificada un 100% y para la empresa debería ser deducible íntegramente del impuesto de sociedades de la empresa. Al estudiante-trabajador tendría que contabilizarse su año de trabajo a todos los efectos de cotización.
A ninguna empresa se le puede obligar a aceptar estudiantes en prácticas y, si fuese necesario para la subsistencia de la profesión en el sistema, que le paguen el total de los costes a la empresa, porque ésta no tendría opciones de contratar a este perfil.
¿Cómo podríamos generalizar el aprendizaje dual? Motivando a las empresas, queriéndolas, respetándolas, contando con ellas a la hora de legislar contra ellas, dejando de insultarlas y faltarlas al respeto, dejando de perseguirlas y matarlas con normas e impuestos, inspecciones y maltratos. No en vano el mundo empresarial privado es el sistema que garantiza desde el origen todo el sistema de recursos de un estado del bienestar. No estaría mal nombres de empresarios en calles, esculturas en las plazas y jaculatorias de los progres en reclinatorios tapizados de rojo.
No he conocido caso alguno de profesor universitario de la pública impartiendo (y aprendiendo -dualidad siempre presente aunque algunos no lo sepan-) un curso en una empresa
Profesionales de la empresa en la universidad y viceversa
Las ventajas son muchas, pero nunca he sabido por qué las universidades no se pelean por invitar a los mejores profesionales y, sin embargo, profesionales de dudoso talento y con tiempo libre se pelean por ser profesores asociados (hasta cátedras persiguen lo más bajo de la sociedad).
En la universidades privadas se ficha (casi como en el deporte) a profesionales muy reputados para que intervengan, aunque sea a unos módulos más cortos que largos. Es cierto que hay profesores de la pública que procuran invitar a conocidos de alto nivel. Las barreras administrativas de la pública, a pesar de multiplicar al número de funcionarios de la privada, parecen más infranqueables.
Antes, intervenir en una universidad era un gran honor, hoy puede que no lo sea, y la atención del alumnado puede que tampoco sea la más apropiada.
No he conocido caso alguno de profesor universitario de la pública impartiendo (y aprendiendo -dualidad siempre presente aunque algunos no lo sepan-) un curso en una empresa. Seguramente lo hay en empresas financieras, de seguros, consultoras, ingeniería, …, pero no creo que lo haya ni en la educación ni en la sanidad (los progres de su universidad los defenestrarían al instante).
Aunque el marco público lo facilitase, los progres lo impedirían, ya se sabe que sería por objeción de conciencia pública.

JESÚS MARTÍN SANZ ha sido presidente de AEDHE (Asociación de Empresarios del Henares) y miembro del Consejo Social de la UAH






