Necesitamos una estrategia global de cualificación

El verdadero capital es el humano, su capacidad de formarse, renovarse y adaptarse a las demandas y necesidades del mercado

Panteón de Agripa. AGHM

Necesitamos, sin duda una estrategia global de cualificación que integre, flexibilice y de coherencia a todo en ecosistema formativo. Una estrategia que interconecte los diferentes sistemas, la FP, la universidad, la formación para el empleo, y la educación reglada, para que manejen un lenguaje común. Y por supuesto, una estrategia que garantice la actualización permanente, que abra las puertas a los profesionales a un reciclaje continuo, a la posibilidad de cambios de sector o incluso a profundizar en nuevas competencias

IGNACIO CAMPOY


En el contexto empresarial actual, marcado por la velocidad, la transformación de los mercados laborales y la irrupción de la tecnología como un acelerador de cambios, la cualificación de los profesionales ha cobrado un valor estratégico. El posicionamiento de un país para crecer en los mercados internacionales y desarrollar una política de desarrollo basada en la innovación que le garantice estar en un tablero de “players” ya no depende de sólo de sus infraestructuras o de sus recursos naturales. Ahora el verdadero capital es el humano, su capacidad de formarse, renovarse y adaptarse a las demandas y necesidades del mercado. Eso sí, demandas que prácticamente se van creando en tiempo real. Y en esta capacidad de adaptación tiene mucho que ver la capacidad de adquirir competencias por parte de la ciudadanía de un territorio.

El valor del aprendizaje continuo establece hoy una línea separadora entre aquellos países que figuran en los primeros puestos de las listas de los preparados para los grandes desafíos y los que no.  España, he de decir, todavía está entre los rezagados. Y digo bien, nuestro país todavía tiene un largo camino por recorrer, ya que carece de una estrategia global de cualificación. Dicho de otra manera, de un marco común que conecte a los diferentes sistemas formativos y permita a sus ciudadanos ejercer el derecho a aprender a lo largo de toda la vida.

Países europeos como Finlandia, Estonia o Alemania destacan por sus itinerarios formativos flexibles, donde prima un enfoque en la personalización del aprendizaje, la oferta de itinerarios diversificados y la combinación de la enseñanza teórica con la práctica. Esto permite a los estudiantes gozar de una mayor autonomía y de un seguimiento individualizado. Aquí todavía nos cuesta arrancar y persiste esa rigidez propia de estructuras estancas: la formación profesional, la universidad, la formación para el empleo. Son realidades que tienen sus propios caminos, independientes y que apenas dialogan entre sí.

Países europeos como Finlandia, Estonia o Alemania destacan por sus itinerarios formativos flexibles, donde prima un enfoque en la personalización del aprendizaje, la oferta de itinerarios diversificados y la combinación de la enseñanza teórica con la práctica

Esta fragmentación tiene consecuencias, porque claramente, si un estudiante de Formación Profesional quiere dar el salto a la universidad, tiene que afrontar un laberinto burocrático que convierte el intento en toda una prueba de obstáculos. De igual manera, un titulado universitario si se quiere reciclar en programas de formación continua se encuentra con una oferta que muchas veces no se adapta a su perfil. Y no digamos si un trabajador con una amplia y cualificada experiencia necesita reconocer sus competencias, adquiridas durante el tiempo y valiosas para el puesto que desempeña.

En el caso del Reino Unido el paso o transferencia de la Formación Profesional a la Universidad es natural y sin complicaciones.  Es el caso del conocido como “Top Up” de las universidades británicas. Con este programa de uno o dos años, los estudiantes que ya tengan en su haber académico dos o tres años de estudios como por ejemplo, un Ciclo Formativo de Grado Superior, si es en su país de origen, o un título británico (el Higher National Diploma) pueden completar un Grado Universitario y obtener un título con reconocimiento internacional en poco tiempo para  impulsar su carrera profesional en el Reino Unido y a nivel global.

En definitiva, desperdicio de talento y un impacto negativo en la competitividad de nuestras empresas, debido a la falta de un sistema formativo flexible y diseñado para facilitar la movilidad y alejarse de recorridos rígidos que hoy ya no tienen sentido para el contexto actual y futuro.

Necesitamos, sin duda una estrategia global de cualificación que integre, flexibilice y de coherencia a todo en ecosistema formativo. Una estrategia que interconecte los diferentes sistemas, la FP, la universidad, la formación para el empleo, y la educación reglada, para que manejen un lenguaje común. Y por supuesto, una estrategia que garantice la actualización permanente, que abra las puertas a los profesionales a un reciclaje continuo, a la posibilidad de cambios de sector o incluso a profundizar en nuevas competencias.

Ahora necesitamos un eje que coordine y universidades, formación profesional y la acreditación de competencias. Todo ello bajo el paraguas de una agencia de coordinación estatal, representada por las diferencias comunidades autónomas, empresas, agentes sociales, y entidades educativas. Un marco integrador que establezca puentes y pasarelas entre sistemas y que supervise y garantice su buen funcionamiento

En Europa, la Agenda Europea de Capacidades establece objetivos ambiciosos y cuantitativos para la mejora de las competencias existentes y la recualificación (formación en nuevas competencias). La citada agenda, señala la necesidad de promover la asociación de los Estados miembros, las empresas y los interlocutores sociales para trabajar juntos por el cambio, capacitando a las personas para que se embarquen en el aprendizaje permanente y utilizando el presupuesto de la UE como catalizador para desbloquear la inversión pública y privada en las capacidades de las personas. En otras palabras, insiste en la necesidad de crear sistemas integrados, desde la cooperación y la flexibilidad. De igual manera insiste el Marco Europeo de Cualificaciones.

Si seguimos las recomendaciones de estos organismos y emulamos a nuestros vecinos europeos, España logrará mayores niveles de empleo de calidad y una mejor adaptación a los desafíos de el contexto socioeconómico actual.

Pero eso sí, una buena noticia. En los últimos años se han producido significativos avances como la revalorización y modernización de la FP, la expansión de programas de acreditación de competencias y la implicación creciente de las universidades en la formación continua.  Ahora necesitamos un eje que coordine y universidades, formación profesional y la acreditación de competencias. Todo ello bajo el paraguas de una agencia de coordinación estatal, representada por las diferencias comunidades autónomas, empresas, agentes sociales, y entidades educativas. Un marco integrador que establezca puentes y pasarelas entre sistemas y que supervise y garantice su buen funcionamiento. 

La estrategia global de cualificación es una necesidad. Significa un salto cultural para pasar de un sistema fragmentado, sin conexión, a un ecosistema de aprendizaje permanente que nos sitúe a la altura de lo que nuestro país merece. Liderar el futuro al lado de los que ocupan los primeros puestos. 


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