Entre la esperanza y el escepticismo

La dedicación a la formación del estudiante como ciudadano con un proyecto vital es difícilmente reconocida como mérito

Hoy ya contamos con evidencia empírica suficiente para cuestionar que la ciencia básica y los desarrollos tecnológicos —o la innovación— por sí solos puedan, mágicamente, mejorar el bienestar social. En la actualidad, se “dirige” la investigación universitaria por sectores estratégicos, pero falta medir de forma cualificada la aplicación real, es decir, por resultados de impacto social y no solo de impacto académico. A veces, la producción científica universitaria es solo producción científica universitaria

MARÍA TERESA MARTÍN LÓPEZ


Valores y principios

La educación superior promueve valores y principios, además de los conocimientos científicos o técnicos. La universidad no puede ni debe renunciar a formar en ellos a toda la comunidad universitaria e ir más allá de su recinto, formando a toda la sociedad; este debe ser un compromiso social básico de toda institución de educación superior.

La capacitación profesional es también una misión social y, por ello, la universidad y las instituciones de educación superior deben ser accesibles, justas, equitativas, inclusivas y prolongarse a lo largo de la vida del ciudadano para que estos puedan convertirse en mejores versiones de sí mismos como personas y en mejores ciudadanos. Las universidades, en estas misiones sociales, en su compromiso social, deben ser innovadoras y transferir su conocimiento a toda la sociedad y, para ello, deben estar interconectadas, sea mediante acuerdos, asociaciones o redes universitarias.

La universidad comprometida debe formar parte de la esencia de una institución de educación superior, pero, sin embargo, cuál sea en concreto su contenido o las herramientas para lograrlo no está definido de forma unívoca. Distintas instituciones pueden tener un posicionamiento diferente respecto a cuáles son los valores, las competencias, el objeto de investigación, qué y cómo se debe transformar en sus entornos, etc. Ciertamente, algunas universidades incorporan la dimensión social en su estructura, potenciando un fortalecimiento institucional transversal, mientras que en otras queda reducido a algunas pocas acciones concretas en sus memorias de responsabilidad social universitaria.

algunas universidades incorporan la dimensión social en su estructura, potenciando un fortalecimiento institucional transversal, mientras que en otras queda reducido a algunas pocas acciones concretas en sus memorias de responsabilidad social universitaria

Una universidad comprometida requiere poner en práctica un conjunto de técnicas, herramientas y/o metodologías en todos sus ámbitos, y todo ello conectado con los valores y la ética que representa una sociedad democrática. Recordemos el conjunto de herramientas TEFCE y las siete dimensiones de la participación comunitaria: enseñanza-aprendizaje, investigación, servicio e intercambio de conocimientos, estudiantes, gestión/alianzas, gestión/políticas y apoyo entre iguales.

El breve análisis de algunas de estas herramientas en investigación (ciencia abierta y ciencia ciudadana), docencia (aprendizaje y servicio) y en transferencia (proyectos sociales o comunitarios) en las universidades españolas ha puesto de manifiesto el alto grado de compromiso de las universidades españolas. Al menos, por parte de sus profesores e investigadores lo hay. Como ya se expuso, cuestión distinta es el compromiso social estructural o institucionalizado, en donde hay más divergencia.

La esperanza en una universidad comprometida se hace presente. La universidad comprometida debe ser innovadora y crítica. Por ejemplo, en la forma en que se mide la producción del conocimiento por las universidades, que debe ser un conocimiento útil para la sociedad. La utilidad del conocimiento no se basa en la cantidad, en ningún lugar del mundo. Baste un ejemplo: la producción científica de los países latinoamericanos continuó creciendo en la base de datos SCOPUS y en 2021 representa un 82 % más que en 2012, superando los 200 mil artículos. Similares resultados encontraríamos en otras regiones.

La universidad justa socialmente debe también estar socialmente comprometida con sus docentes e investigadores, estudiantes y gestores

Hoy ya contamos con evidencia empírica suficiente para cuestionar que la ciencia básica y los desarrollos tecnológicos —o la innovación— por sí solos puedan, mágicamente, mejorar el bienestar social. En la actualidad, se “dirige” la investigación universitaria por sectores estratégicos, pero falta medir de forma cualificada la aplicación real, es decir, por resultados de impacto social y no solo de impacto académico. A veces, la producción científica universitaria es solo producción científica universitaria.

La universidad justa socialmente debe también estar socialmente comprometida con sus docentes e investigadores, estudiantes y gestores. Quizás la universidad no está siendo justa con su capital humano y está “dilapidando” su capital social. No puede medirse todo —y menos la capacidad docente e investigadora— por el número de aprobados o el número de publicaciones.

Claramente, se está desincentivando otras formas de enseñanza-aprendizaje y de producción de conocimiento que demandan más tiempo o cuyos resultados no son publicables. Dialogar con otros lleva tiempo, trabajar con otras disciplinas lleva tiempo; formar a personas lleva tiempo y requiere competencias, liderazgo, acción, recursos, etc., y no siempre está reconocido por la universidad ni por la sociedad.

Las prácticas docentes de compromiso social son difícilmente reconocidas como mérito, la investigación en inclusión social tampoco, la dedicación a la formación del estudiante como ciudadano con un proyecto vital que incluya el compromiso social tampoco. Hace falta que haya un reconocimiento específico como mérito docente, investigador o de transferencia. Entonces nos vence el escepticismo.

Este texto forma parte del artículo «La universidad comprometida socialmente» 


María Teresa Martín López

Profesor Titular Derecho Penal. Universidad Castilla La Mancha.


Martín López, M. T. (2016). Relaciones Universidad/sociedad. conceptos de responsabilidad social universitaria. En M. T. Martín y J. M. Velasco (Eds.). Responsabilidad social universitaria: sociedad, formación y actores (pp. 11-38). Tirant lo Blanch.

Martín López, M. T. (2021). Promoción de valores y Derechos europeos. En M. T. Martín y J. M. Velasco (Eds.) El fortalecimiento de los Derechos de los ciudadanos en la Unión Europea (pp. 217-248). Tirant lo Blanch

Martin López, M. T y Sastre Espada, J. (2021). Valores y comportamientos socialmente responsables en estudiantes universitarios, en Velasco Retamosa y Martín López (Dirs.), El fortalecimiento de los derechos de los ciudadanos en la Unión Europea. Tirant lo Blanch, ISBN 978-84-1378-647-6, págs. 467-487.

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