Las Agencias de calidad frente a la “fatiga de evaluación”

Las Agencias de aseguramiento de la calidad han jugado un papel fundamental en la construcción del Espacio Europeo de Educación Superior. Sin embargo, después de más de 20 años de aseguramiento de la calidad “a la europea”, es patente una cierta «fatiga de evaluación”: percepción de una excesiva burocratización, tendencia al formalismo y falta de verdadero valor añadido de los procesos de aseguramiento de calidad. Este artículo plantea la necesidad de abordar nuevas fórmulas para enfrentarse a esta “crisis de madurez” de las Agencias de aseguramiento de calidad.

TERESA SÁNCHEZ CHAPARRO 


El aseguramiento de la calidad de los programas e instituciones de educación superior ha sido uno de los pilares del proceso de Bolonia desde su creación. El aseguramiento de la calidad tiene como principal misión el construir y mantener la confianza entre las Instituciones de Educación Superior y otros grupos de interés (los estudiantes, las empresas, las administraciones públicas y la sociedad en general). Junto con otros elementos estructurales, como como el Marco Europeo de Cualificaciones y el Sistema Europeo de Transferencia de Créditos, el aseguramiento de la calidad constituye la base para el reconocimiento de titulaciones y, por ende, es una de las claves para una movilidad fluida de estudiantes y graduados a lo largo del EEES.

Los Criterios y directrices para el aseguramiento de la calidad en el Espacio Europeo de Educación Superior (ESG), el documento clave que establece los estándares europeos en esta materia, distinguen entre “garantía interna de la calidad” –las prácticas y estrategias de aseguramiento puestas en práctica por las instituciones de educación superior para asegurar su propia calidad educativa– y “garantía externa de la calidad” –las estrategias y procesos implementados por organismos externos (también conocidos como Agencias de aseguramiento de calidad). Estas agencias se han venido desarrollando desde principios de este siglo y ahora están bien implantadas en la mayoría de los países europeos. ENQA, la red europea que aglutina las agencias oficialmente reconocidas en Europa, cuenta hoy en día con 51 miembros en 29 países del EEEs. En España, existen ocho agencias de este tipo reconocidas a nivel europeo; una, la ANECA, opera como agencia estatal y las otras siete funcionan en el nivel autonómico (ACC-DEVA-Andalucía; ACPUA-Aragón; ACSUCYL-Castilla León; ACSUG-Galicia; AQU-Catalunya; Madri+d-Madrid; UNIBASQ-País Vasco).

Las Agencias de calidad juegan un papel fundamental en el entramado europeo del aseguramiento de la calidad. Por un lado, tienen la misión de apoyar a las universidades, siempre desde el respeto a su autonomía, en la implementación de sus sistemas internos de aseguramiento; por otro lado, son entes prescriptores y, como tales, pueden jugar un papel de liderazgo en la introducción de nuevos modelos y paradigmas en el sector. Sin embargo, el desarrollo y consolidación de estas agencias no ha sido sencillo, ya que en muchas ocasiones han sido percibidas como “cuerpos extraños” por el sistema y se han enfrentado a fuertes resistencias.

¿Cómo plantear sistemas de aseguramiento de la calidad más ligeros, pero que consigan de manera más eficaz aportar valor al estudiante y a la sociedad? ¿Cómo concebir sistemas de evaluación que nos ayuden a avanzar hacia modelos de docencia, investigación y transferencia más competitivos internacionalmente y con mayor trascendencia social?

Después de más de 20 años de aseguramiento de la calidad “a la europea” y varios de ciclos de evaluación, parece que las universidades han acabado por aceptar la existencia de las agencias; sin embargo, se percibe desde hace unos años una cierta «fatiga de evaluación». Es decir, las universidades, los profesionales del sector y diversas fuentes académicas y profesionales se refieren a menudo a una excesiva burocratización de los procesos de aseguramiento de calidad, que demandan una gran inversión en tiempo y recursos. Muchos procesos de calidad pasarían al margen de lo esencial y tenderían a centrarse en cuestiones formales, que aportan poco valor añadido a los programas y las instituciones. Las recientes crisis económicas han aumentado la sensibilidad general hacia una reducción de la carga burocrática y una racionalización de recursos, lo que ha llevado incluso a la supresión o fusión de agencias en varios países, como en Irlanda o Países Bajos. En definitiva, asistimos a una verdadera “crisis de madurez” de los sistemas de aseguramiento externo de la calidad, que los sistemas universitarios europeos deben abordar si quieren aumentar su capacidad para afrontar los retos considerables a los que se enfrenta el sector.

¿Cómo plantear sistemas de aseguramiento de la calidad más ligeros, pero que consigan de manera más eficaz aportar valor al estudiante y a la sociedad? ¿Cómo concebir sistemas de evaluación que nos ayuden a avanzar hacia modelos de docencia, investigación y transferencia más competitivos internacionalmente y con mayor trascendencia social? ¿Cómo ligar el aseguramiento de la calidad a una mejora del reconocimiento de las titulaciones? ¿Cómo incentivar desde los procesos de evaluación y acreditación externa que las universidades se conviertan en espacios de referencia en la lucha contra las desigualdades y el deterioro ambiental?

Desde diferentes espacios académicos y profesionales, se están planteando desde hace años nuevas opciones. Por ejemplo, diversos países, encabezados por Noruega, Reino Unido y Australia, han implantado enfoques basados en la evaluación de riesgos. Es decir, se aplica una línea de base “ligera” al conjunto del sistema, y al mismo tiempo se desarrolla un sistema de indicadores que permite identificar señales de alarma; estas alarmas desencadenarían procesos de evaluación o control de mayor alcance e intensidad. Por supuesto, la calibración de estos enfoques no es fácil. Por ejemplo, Australia comenzó a aplicar enfoques basados en riesgos en el 2012 y, ante las fuertes protestas iniciales, ha ido progresivamente modificando su marco de indicadores hacia un conjunto más simplificado y robusto. 

¿Cómo ligar el aseguramiento de la calidad a una mejora del reconocimiento de las titulaciones? ¿Cómo incentivar desde los procesos de evaluación y acreditación externa que las universidades se conviertan en espacios de referencia en la lucha contra las desigualdades y el deterioro ambiental?

Otra propuesta interesante es el “enfoque apreciativo”, implementado en Flandes desde el año 2014. Se trata de un esquema totalmente flexible, donde la evaluación se plantea como una discusión contextualizada y libre, no sujeta a un esquema o estándar prefijado, en torno a temas relevantes elegidos por la propia universidad; es decir, un enfoque totalmente volcado en acompañar al programa o institución hacia la mejora y la consecución de sus propios objetivos, y no en garantizar la conformidad con respecto a un estándar.

También desde las Agencias españolas están surgiendo propuestas de gran interés. Por ejemplo, la ACPUA (Agencia de Calidad y Prospectiva Universitaria de Aragón) lanzó recientemente ALCAEUS, un programa pionero en Europa y que acaba de finalizar su fase piloto en el 2021, que persigue la certificación del compromiso de los centros y universidades con la Agenda 2030. También resulta digno de mención el sistema de sellos internacionales puesto en marcha por ANECA hace algunos años. También, las menciones creadas por UNIBASQ para fomentar la internacionalización y la implantación de titulaciones en modalidad “dual” (modalidad recientemente incluida en la regulación universitaria española y con un gran interés social y que consiste en plantear itinerarios en alternancia entre una universidad y una empresa o entidad). Asimismo, merece la pena destacar los esfuerzos recientes de AQU-Catalunya o de ANECA en materia de igualdad de género.

Las Agencias de calidad han sido fundamentales en la construcción del EEEs. Pero deben reinventarse para seguir acompañando a las universidades y cumplir verdaderamente su misión como catalizadores y dinamizadores del Espacio Europeo de Educación Superior. En otras palabras, debe iniciarse un debate amplio en España y en otros países, con la participación, no sólo de las Agencias, sino también de las universidades, los estudiantes, las administraciones y otros grupos de interés, para examinar la validez del actual paradigma y explorar posibles alternativas que nos permitan, si no romper, al menos desafiar la “jaula de hierro” en la que se han ido encerrando nuestros sistemas de aseguramiento de calidad.


TERESA SÁNCHEZ CHAPARRO Es profesora en la Universidad Politécnica de Madrid y experta en aseguramiento de la calidad en la enseñanza superior. Entre otros puestos relacionados con el sector, ha sido directora ejecutiva de la Commission des Titres d’Ingénieurs y miembro del board de ENQA entre 2014 y 2017.

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